¿Puede la contradicción convertirse en principio de vida y de pensamiento? Este nuevo ensayo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo la dialéctica hegeliana, heredera de Fichte y fuente de Marx y Nietzsche, transforma al “otro” en enemigo y convierte el choque en necesidad vital. En el ámbito eclesial, esta lógica fomenta divisiones, falsas conciliaciones y escándalos, alimentando tanto el modernismo como el pasadismo lefebvriano. En el campo político y teológico, su desenlace es el nihilismo, denunciado por el Papa Francisco y el Papa León como uno de los males más graves de nuestro tiempo. La advertencia es clara: la verdad no nace de la contradicción, sino de la fidelidad al principio de identidad y de la caridad que une en Cristo. [En la imagen: Jardines Vaticanos].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
jueves, 4 de junio de 2026
La dialéctica hegeliana como principio de la guerra (1/3)
La dialéctica hegeliana como principio de la guerra
Primera Parte (1/3)
(Traducción al español de la primera parte del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicada en su blog el 30 de mayo de 2026. Version original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/la-dialettica-hegeliana-come-principio.html)
Sea vuestro hablar sí, sí; no, no;
lo demás viene del maligno
Mt 5,37
Nuestra conducta moral depende de nuestro modo de pensar
Como ha demostrado con sólidos argumentos el doctísimo y acutísimo Padre Cornelio Fabro ¹, remitiéndose a los principios de Santo Tomás de Aquino, la dialéctica hegeliana está basada en un modo de pensar sofístico, que transgrede los principios y las reglas fundamentales del pensar y del argumentar, se opone a la evidencia, hace parecer verdadero lo falso y favorece la doblez.
La dialéctica, ya explicaba Aristóteles, tiene una dignidad cognoscitiva, pero también ella, como la lógica y la ciencia, está obligada a respetar ciertas reglas y principios, faltando a los cuales ya no se es investigador o expositor de la verdad, sino vulgares charlatanes o impostores. En los casos más graves, Santo Tomás llega a hablar de «protervia», y es de notar que el Aquinate suele ser muy sobrio en asignar calificaciones negativas a sus adversarios.
Respetar aquellas reglas y aquellos principios, en efecto, no es requerido solo por la exigencia de organizar el pensamiento o el discurso de modo lógico, coherente y racional, sino también por la conciencia de que la comunicación a los demás del propio pensamiento implica una precisa y grave responsabilidad moral respecto del prójimo, que es la de favorecer y no obstaculizar su camino en la verdad y en el saber, así como de profundizar la común participación en la verdad, considerando los graves daños morales y materiales que provoca la difusión de ideas falsas sobre la realidad, sobre el hombre, sobre la moral y sobre Dios.
El primer deber moral que tenemos respecto del prójimo es la lealtad: hablarle de tal modo que le comuniquemos la verdad y no lo engañemos, sino que lo ayudemos en la búsqueda y en la conquista de la verdad. Quien comunica o absorbe malas ideas, daña a sí mismo y a los demás, bloqueando para sí y para los demás el camino hacia Dios.
Ahora bien, la dialéctica hegeliana es un modo de pensar, de razonar y de exponer el propio pensamiento, que de propósito no respeta el principio de identidad ni el de no-contradicción y, en consecuencia, tampoco el principio del tercero excluido, sino que abiertamente declara basarse en lo contradictorio y en lo imposible. En efecto, para Hegel, aquello que es imposible, es decir, que el ser sea y no sea simultáneamente, no solo es posible, sino que es verdadero, lógico, cierto, científico, racional y necesario.
En consecuencia, si el ser es el no-ser, se vuelve no solo lícito sino obligatorio contradecirse, si es verdad que la ciencia debe reflejar la realidad del ser. Si el ser es el no-ser, es lógico que el afirmar coincida con el negar. Si la verdad ontológica es la coincidencia del ser con el no-ser, la verdad del pensamiento estará en la autocontradicción.
Sin embargo, el pensamiento hegeliano no es simplemente un pensamiento que se destruye a sí mismo. Las tesis fundamentales él las declara con claridad y son conocidas por todos. Entre estas tesis está precisamente la negación de los principios de identidad y de no-contradicción. Pero esto no ha impedido a Hegel presentar su pensamiento en forma clara y neta.
Las tesis fundamentales de él son la identidad del pensamiento con el ser, del ser con el no-ser, del ser con Dios, del ser con el devenir, de la naturaleza humana y de la naturaleza divina, de Dios como unidad de Dios con el mundo, de Dios como principio del bien y del mal.
Esto además no impide a Hegel recurrir a su discreción, por ejemplo para refutar a los adversarios, al principio de no-contradicción y de identidad; pero esta actitud suya entra precisamente en su método de hacer uso y no hacer uso de aquellos principios según como le agrada. Para él la coherencia está en juntar la coherencia con la incoherencia; la identidad está en juntar la identidad con la no identidad; lo verdadero es el conjunto de lo verdadero y de lo falso; el bien es el conjunto del bien y del mal; el sí es el acoplamiento del sí y del no.
Por esto en la exposición hegeliana la contradictoriedad del discurso es estructural al discurso mismo, de modo que, preguntándonos cuáles son los puntos fundamentales de la filosofía de Hegel, dado que Hegel afirma con igual seguridad tanto una tesis como su contraria, quienes lo leen llegan inevitablemente a dos interpretaciones opuestas.
El caso más macroscópico de este efecto del proceder hegeliano es el problema de Dios, que indudablemente está, por su misma declaración, en el centro del interés de su pensamiento. Como es sabido, los discípulos de Hegel se dividieron en dos partidos: la llamada «derecha», según la cual Hegel creía en Dios y además fue un teólogo, y la llamada «izquierda», la cual estaba convencida de que Hegel era un ateo, que pretendía sustituir la divinidad del Dios trascendente del cristianismo con la divinidad del hombre. Hegel dijo que sus intérpretes auténticos eran los primeros, pero el hecho está en que, a causa de su sistemático contradecirse, su pensamiento podía muy bien ser interpretado en sentido ateístico.
La dialéctica hegeliana
La dialéctica en general, como enseña Santo Tomás siguiendo a Aristóteles ², es un uso de la lógica material ³ por el cual la razón se aproxima a la verdad científica o filosófica, sin alcanzarla sin embargo, sino permaneciendo en el horizonte de la apariencia y por tanto de lo opinable, es decir, de tesis que pueden ser confirmadas por verdaderas pruebas o pueden ser desmentidas, en cuanto se revelan falsas.
La sustancia o esquema-base de la dialéctica hegeliana es conocida incluso por los estudiantes del liceo. La fórmula-base en tres términos es muy simple y no carece de verdad. A veces la fórmula comprende cuatro términos. Pero lo que más debe notarse es la bien conocida violación de principio de los primeros principios de la razón, aunque luego obviamente Hegel, para hacerse entender, se ve obligado a usarlos.
El mismo Hegel la expone o teoriza y explica de varios modos: ella comporta tres momentos: un primero, afirmación de la tesis; un segundo, su negación; y un tercero, la negación de la negación, con la reafirmación de la tesis. O más brevemente: el en sí (an sich), el para sí (für sich) y el en sí-para sí (an sich-für sich).
En muchos lugares Hegel define la esencia de su dialéctica y cómo funciona. Elegimos aquí cuatro particularmente claros y significativos.
«La dialéctica es la propia y verdadera naturaleza de las determinaciones intelectuales de las cosas y de lo finito en general. La reflexión es al inicio el ir más allá de la determinación aislada, y una referencia mediante la cual esta es puesta en relación, pero por lo demás se conserva en su valor aislado. La dialéctica, por el contrario, es esta resolución inmanente, en la cual la unilateralidad y limitación de las determinaciones intelectuales se expresa como lo que ella es, es decir, como su negación. Todo finito tiene esto de propio, que se suprime a sí mismo. La dialéctica forma, entonces, el alma motriz del progreso científico, y es el principio único por el cual la conexión inmanente y la necesidad entran en el contenido de la ciencia: en ella sobre todo está la verdadera y no extrínseca elevación sobre lo finito» ⁴.
Hegel alaba a Kant por haber elevado la dialéctica de argumentación opinable a método científico, pero en realidad va más allá de las intenciones de Kant, que no aspiraba a tanto, sino que pretendía referirse solo a una ilusión natural de la razón, que la crítica tenía la tarea de desvelar:
«Uno de sus mayores méritos fue el de mostrar la dialéctica como una obra necesaria de la razón. … La idea general que Kant puso como base e hizo valer es la objetividad de la apariencia y la necesidad de la contradicción perteneciente a la naturaleza de las determinaciones del pensamiento. … Tomado en su lado positivo, este resultado no es sino la negatividad interna de aquellas determinaciones, su alma moviéndose por sí misma, el principio, en general, de toda vitalidad natural y espiritual. … En este elemento dialéctico, como se toma aquí, y por tanto en comprender lo opuesto en su unidad, es decir, lo positivo en lo negativo, consiste lo especulativo» ⁵.
La negación y la contradicción es el principio de la dialéctica que mueve el pensamiento hacia la verdad:
«La contradicción es lo negativo en su determinación esencial, el principio de todo movimiento que no consiste sino en un explicarse y mostrarse de la contradicción. … El movimiento es la contradicción misma en la forma del existir. De igual manera el moverse interno, el verdadero y propio moverse, el instinto en general (el apetito o el nisus de la mónada, la entelequia de la esencia absolutamente simple) no consiste en otra cosa, sino en que algo es, en sí mismo, sí y la carencia, lo negativo de sí mismo bajo un único y mismo respecto. La abstracta identidad consigo mismo no es todavía vitalidad, pero para que lo positivo sea en sí mismo la negatividad, por eso él sale fuera de sí y entra en el cambio. Algo es entonces verdaderamente vital solo en cuanto contiene en sí la contradicción. Y es propiamente esta fuerza, de comprender y sostener en sí la contradicción … El pensar especulativo consiste solo en que el pensamiento mantiene firme la contradicción y a causa de esta deja que sus determinaciones se resuelvan solo en otras, o bien en la nada» ⁶.
«El intelecto determina y mantiene firmes las determinaciones. La razón es negativa y dialéctica, porque disuelve en nada las determinaciones del intelecto. Ella es positiva, porque genera lo universal y en él comprende lo particular … En su verdad la razón es espíritu, y el espíritu está por encima de los dos, de la razón intelectual o del intelecto racional. Él es lo negativo, aquello que construye la cualidad tanto de la razón dialéctica como del intelecto: el espíritu niega lo simple y así pone la determinada diferencia del intelecto. Pero al mismo tiempo la disuelve y así es dialéctico. Sin embargo él no se detiene en la nada de este resultado, sino que en este mismo resultado es igualmente positivo, y ha restaurado aquel primer simple» ⁷.
Hegel advierte que su concepción de la dialéctica, considerada la importancia que él da a la nada, corre el riesgo de conducir al nihilismo. Él busca poner remedio, sosteniendo que la conclusión del ciclo dialéctico no es la pura nada, sino la nada de aquello de lo cual proviene la conclusión, que sería un positivo superior al punto de partida. Sin embargo, el verdadero progreso en el ser y en el saber requiere que lo positivo inicial no sea simultáneamente conservado y quitado según el mecanismo de la Aufhebung hegeliana, sino que debe ser simplemente conservado, porque lo positivo de la conclusión no debe negar lo positivo del inicio, sino debe confirmarlo, aumentarlo y mejorarlo.
La dialéctica hegeliana está hecha para sujetos litigiosos y sofistas en los cuales falta la conciencia de la universalidad de la verdad y la buena voluntad de buscar la unión en el amor o en la caridad, superando los contrastes, y en cambio basan su pensar y actuar animados por un principio sistemático de negación y de hostilidad. En ellos en efecto es fundamental la voluntad de afirmar el propio yo y de prevalecer sobre el otro, o eliminándolo o reduciéndolo con la violencia a ser igual a sí.
Esto ya es evidente en la dialéctica de Fichte, que Hegel hace suya: lo distinto de mí no es un otro, diverso de mí y recíprocamente complementario a mí, no: el otro es el "no-yo", aquel que se opone a mí, por tanto el enemigo. Ante el enemigo que niega mi ser o quiere mi no-ser porque él quiere ser, yo, si quiero ser, no tengo más que dos medios: o lo elimino o lo reduzco igual a mí, por tanto sujeto a mí. Pero la característica de la dialéctica fichteana es que si el yo y el no-yo por una parte se excluyen recíprocamente, por otra son necesarios el uno al otro: son enemigos-amigos, porque el yo está constituido de tal modo, en base a la contradicción.
Naturalmente el yo fichteano es también un nosotros, que está sujeto a la misma dialéctica de exclusión-inclusión recíproca. Marx tomará inspiración de esta visión para la mediación de Hegel, para su concepción de la lucha de clases, aunque esta resienta también del escatologismo bíblico de la victoria final de los justos sobre los impíos, mientras que para Fichte y Hegel bien y mal se corresponden eternamente, como será luego para Nietzsche.
La dialéctica hegeliana es un método de proceder en el pensar y en el razonar que, como toda forma de pensamiento, tiene una salida en la acción y mueve la voluntad. ¿Qué efectos produce en la voluntad? El dialéctico hegeliano, en la convicción de promover el progreso en el saber y en la costumbre, y de que la conciliación surja del choque de los opuestos, muy lejos de la intención de suavizar los ángulos y allanar los contrastes, los fomenta y los exacerba, y encuentra su satisfacción en el choque con el adversario. Tener un adversario para el hegeliano es una necesidad vital y si no lo tiene se lo crea. Así hoy vemos cómo en la Iglesia el modernista necesita del pasadista, para tener un adversario con el cual polemizar, y de modo semejante el pasadista se crea el adversario modernista para que su dialéctica sea posible.
En el campo eclesial la práctica de la dialéctica hegeliana promueve una falsa conciliación, que no es otra cosa que la yuxtaposición de los opuestos extremismos, pero en realidad es causa de cisma, de desobediencia, de rebelión, de división. Ella en efecto no sabe encontrar un punto medio, tal que concuerde los extremos, y no sabe hacer otra cosa que juntarlos con la fuerza, sin que entre ellos haya alguna comprensión recíproca.
Hoy en la Iglesia existen movimientos cismáticos e incluso heréticos poderosos no oficialmente reconocidos y tolerados por la autoridad eclesiástica e incluso tratados con indulgencia y consideración, hasta apoyados, obviamente no en los aspectos negativos, sino en los positivos. Son los modernistas.
Viceversa, respecto de los lefebvrianos, cuyas posiciones doctrinales son defectuosas solo en relación con las doctrinas del Concilio y con el Magisterio del postconcilio, la Iglesia ha recurrido a medidas disciplinarias, hasta la excomunión. Al respecto, hay que prestar atención a dar a las cosas el justo peso: si los modernistas no están oficialmente excomulgados, ellos sin embargo no están de hecho en comunión con la Iglesia, sino que, como han señalado los mismos Papas del postconcilio, la están dañando desde dentro. Viceversa, los lefebvrianos, aunque excomulgados, exhiben, más allá de sus defectos doctrinales, un patrimonio de valores tradicionales, que contribuye al bien de la Iglesia.
En el campo político y teológico la dialéctica hegeliana es generadora tanto de conservadurismo como de subversión, según que se tome lo positivo inicial libre de la negación o con la negación. Pero si se mantiene la negación, la conclusión nihilista es inevitable, a pesar del remedio que Hegel intentó aplicar. Por esto, cuando el Papa Francisco y el Papa León XIV han denunciado el nihilismo como uno de los más graves males de nuestro tiempo, ciertamente han pensado en el hegelismo.
Fin de la Primera Parte (1/3)
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 26 de mayo de 2026
Notas
¹ Véase Introduzione a Giorgio G. F. Hegel, La dialettica, La Scuola Editrice, Brescia 1960 y La prima riforma della dialettica hegeliana, Editrice del Verbo Incarnato, Segni (RM), 2004.
² Commento alla Metafisica di Aristotele, l. IV, lect. IV, nn.572-578, Edizioni Marietti, Torino, 1964, pp.160-161; véase también el comentario de Maritain en Sept leçons sur l’être et les prermiers principes de la raison spéculative, Téqui, Paris 1933, pp.46-50.
³ La lógica material es aquella parte de la lógica que concierne a la materia del razonamiento y por tanto a la demostración científica, y por tanto trata de la verdad o verosimilitud del razonamiento. La primera es materia de la ciencia. La segunda es materia de la dialéctica. Se distingue de la lógica formal, la cual contiene las reglas del razonamiento correcto, independientemente del contenido. Véase J. Gredt, Elementa philosophiae aristotelico-thomisticae, Edizioni Herder, Friburgi Brisgoviae, 1937, vol. I - Logica.
⁴ Enciclopedia delle scienze filosofiche in compendio, Edizioni Laterza, Bari, 1963, p.87.
⁵ Scienza della logica, Edizioni Laterza, Bari 1984, p.38.
⁶ Scienza della logica, op.cit., pp.491-492.
⁷ Ibid., p.6.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum dialectica hegeliana sit via ad veritatem vel potius principium belli et nihilismi
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod dialectica hegeliana sit via ad veritatem.
1. Quia se exhibet ut methodus scientifica, elevans dialecticam ex mera opinione ad instrumentum rigorosum, et multi eam reputant motorem progressus in scientia et in historia.
2. Praeterea, dici potest contradictionem esse vim vitalem, cum motus et vita consistant in contrarietatem in se continere, et propter hoc dialectica esset principium vitalitatis naturalis et spiritualis.
3. Item, asseritur reconciliationem oriri ex conflictu oppositorum, ita ut dialectica promoveat progressum in cogitatione et in societate, et ideo non debet reputari destructiva.
Sed contra dicit Dominus in Evangelio: Sit autem sermo vester, est, est; non, non; quod autem his abundantius est, a malo est (Mt 5,37). Aristoteles docet principium non-contradictionis esse fundamentum omnis veri cogitandi. Sanctus Thomas affirmat quod deficere ab his principiis est protervia, et quod qui falsas ideas communicat nocet sibi et aliis, impediens iter ad Deum.
Respondeo dicendum quod dialectica hegeliana, negans principia identitatis et non-contradictionis, non ducit ad veritatem, sed ad auto-contradictionem et ad nihilismum. Ipsa declarat impossibile, scilicet quod ens simul sit et non sit, non solum esse possibile, sed verum, logicum, scientificum et necessarium. Sic veritas cogitationis consisteret in auto-contradictione. Hoc autem destruit ipsam fundamentum rationis et communicationis fidelis cum proximo.
Praeterea ostenditur quod haec dialectica, a Fichte derivata, concipit alterum non ut complementarium, sed ut non-ego, inimicum, ita ut ego, si vult esse, non habeat nisi duo media: aut illum eliminare aut illum reducere aequalem sibi, subiectum sibi. Ex hoc sequitur quod dialecticus fovet et exacerbat contraria, invenit suam satisfactionem in conflictu cum adversario, et in campo ecclesiali promovet falsam reconciliationem quae re vera est causa schismatis, inoboedientiae, rebellionis et divisionis. In campo politico et theologico, ipsa est generatrix tam conservatismi quam subversionis, et si negatio servatur, conclusio nihilistica est inevitabilis, sicut Pontifices denuntiaverunt nihilismum esse unum ex gravissimis malis temporis nostri.
Ergo concludo quod dialectica hegeliana non est via veritatis nec pacis, sed principium belli, sophismatis et nihilismi, et repudianda est ab eo qui veritatem quaerit in fidelitate Magisterio et caritati quae in Christo unit.
Ad primum ergo dicendum quod, licet dialectica hegeliana se exhibeat ut methodus scientifica, re vera destruit ipsa principia scientiae, cum neget identitatem et non-contradictionem, sine quibus nullus est verus scientiae habitus. Non est igitur motor progressus, sed confusionis.
Ad secundum dicendum quod, licet motus vitalis contineat tensiones, vita tamen non consistit in contradictione essentiali, sed in conservatione et perfectione entis. Dialectica quae facit contradictionem principium vitae ducit ad nihilismum, non ad veram vitalitatem.
Ad tertium dicendum quod, licet reconciliatio oriatur ex conflictu, dialectica hegeliana non quaerit unionem in caritate, sed violentam coniunctionem extremorum, quae generat divisionem et scandalum. Ideo non promovet verum progressum, sed bellum et schisma.
JG
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