¿La Iglesia está realmente retrasada doscientos años, como afirmó al final de su vida el cardenal Martini, o más bien es el mundo iluminista el que ha quedado atrás frente a la trascendencia del Evangelio? ¿Debe la Iglesia dejarse guiar por la modernidad secularista, o es ella misma la que propone la verdadera modernidad a través del Concilio Vaticano II? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli cuestiona el sentido de la modernidad, distingue entre progreso auténtico y modernismo engañoso, y plantea si el éxito mundano de ciertos discursos no es más bien fruto de un diálogo irenista que diluye las exigencias del Evangelio. ¿Qué Iglesia es la que avanza: la que se adapta a los valores del mundo, o la que se mantiene fiel a la Palabra de Dios? ¿No será que la verdadera Iglesia moderna es la que supera el Iluminismo y abraza la luz eterna de Cristo? [En la imagen: fragmento de "El triunfo de la Iglesia sobre la Furia, la Discordia y el Odio", óleo sobre tabla, de alrededor de 1625, obra de Peter Paul Rubens, de la colección del Museo Nacional del Prado, Madrid].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
martes, 26 de mayo de 2026
¿La Iglesia avanza o sigue estando retrasada?
¿La Iglesia avanza o sigue estando retrasada?
Reflexiones tras la muerte del Cardenal Martini
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado el 3 de septiembre de 2012 en el blog Riscossa Cristiana. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/la-chiesa-avanza-o-resta-indietro-riflessioni-dopo-la-morte-del-card-martini-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
No puedo sino unirme también yo a la conmoción general por la muerte del Cardenal Martini. Ruego por su alma y para que Dios quiera acogerlo en su gloria después de una vida tan larga y laboriosa gastada al servicio de la Palabra de Dios y de la Iglesia.
No se puede no permanecer admirados ante una personalidad tan rica y poliédrica, con una cultura tan vasta y una humanidad tan sensible a los graves problemas y a los valores de nuestro tiempo, ávida de encarnar las exigencias morales del Evangelio en los casos humanos de mayor actualidad con soluciones audaces y tal vez discutibles, así como con ese impulso, ese entusiasmo y a veces esa temeridad que caracteriza en ocasiones el espíritu de aventura, si se me permite expresarlo así, de los hijos de San Ignacio, siempre en busca de nuevas fronteras ad maiorem Dei gloriam.
Llaman la atención también los numerosos testimonios de estima que provienen de muchos ambientes de fuera y ajenos a la Iglesia, desde los judíos a los protestantes, de los laicistas a los no-creyentes, y de parte de todos grupos y las clases de la sociedad civil y eclesial. Todo esto indudablemente para nosotros los católicos produce placer; sin embargo -y aquí quiero ser franco- no sabemos en qué medida este éxito oceánico es debido a un testimonio integral y lineal del Evangelio o en qué medida en cambio no tenga el sabor del éxito mundano debido aparentemente a un excesivo e indiscriminado apego del Cardenal a la modernidad con sus valores, pero también con sus peligros y defectos, o cuánto no sea más bien debido a un diálogo irenista más preocupado por el consenso que no por expresar con claridad y franqueza las arduas exigencias del Evangelio, tal como vienen mediadas e interpretadas por el dogma y por la doctrina de la Iglesia en su cristalina y luminosa precisión.
Al respecto, y obviamente prescindiendo de una gran cantidad de ejemplos que se podrían dar, quiero detenerme solo en una afirmación muy desafortunada, muy infeliz, y cuanto menos equívoca, expresada por el Cardenal en una reciente entrevista publicada hace unos días por el Corriere della Sera.
Cuando se le pidió un juicio sobre la actual situación de la Iglesia, el Purpurado ha afirmado que "la Iglesia ha quedado retrasada doscientos años". La primera pregunta que nos viene a la mente ante una afirmación de ese género es la siguiente: ¿ha quedado retrasada respecto a qué? Viene espontáneamente y nos parece lógico responder: a quedado retrasada respecto de la modernidad, como si en su camino por la historia la Iglesia no fuera luz y guía del mundo, sino como si debiera ser el mundo con su progreso el que debiera ser luz y guía para la Iglesia.
El Corriere della Sera, por su parte, ha dado noticia del comentario que la BBC, la conocida agencia radiofónica inglesa, ha dado a esta frase. El comentarista, todo regodeándose, ha dicho que estaba asombrado de escuchar estas palabras de un Cardenal de la Santa Romana Iglesia, quien con tales palabras habría llevado a modelo el Iluminismo, notoriamente afirmado en Inglaterra en el siglo XVIII, en cuanto a que esta tendencia cultural ha florecido precisamente hace alrededor de dos siglos.
Por otra parte, también sabemos en qué medida la modernidad está impregnada del iluminismo, como nos lo ha recordado varias veces el papa Benedicto XVI. Ahora bien, es muy sabido cómo tal corriente filosófica no está desprovista de algunos valores, que por otra parte también se encuentran en la masonería fundada en Londres en 1717, contiene en sí misma una orientación racionalista y antropocéntrica, que considera como superstición y fanatismo esa dimensión mistérica y sobrenatural de la Iglesia, que es precisamente objeto de la fe católica y el clima espiritual en el cual vive la caridad cristiana.
El verdadero problema de la Iglesia hoy no es que ella se haya quedado atrás, no se sabe bien con respecto a cual modernidad. El verdadero problema es el de realizar esa verdadera modernidad, bien distinta del modernismo, que nos es propuesta por una recta interpretación del Concilio Vaticano II. Esta es la verdadera y sana modernidad respecto a la cual no se debe decir que la Iglesia haya quedado retrasada, porque es la Iglesia misma la que la propone, y si acaso, el que ha quedado retrasado es un pequeño sector de la Iglesia, el cual, por un mal entendido concepto de Tradición no es capaz de asumir la renovación promovida por el Concilio. Por lo tanto, no se trata de superar el Concilio para una "modernidad" completamente equívoca, sino simplemente de realizarlo.
Por el contrario, en las palabras del cardenal Martini se tiene la clara impresión de que en su mente haya un modelo iluminista, secularista y modernista, que no corresponde al retrato que la Iglesia hace de sí misma según las enseñanzas de la Tradición, de la Escritura, del Concilio y del mismo Magisterio perenne de la Iglesia. Entonces, ¿cuál "Iglesia" sería la que ha quedado retrasada?
Si la verdadera Iglesia es aquella que nos viene del Iluminismo, como deja entender el cardenal Martini, no hay otra alternativa a esa Iglesia sino el pensar en la Iglesia que nos es presentada por el Magisterio mismo de la Iglesia, el cual en la persona del Papa, nos presenta todavía hoy una Iglesia verdaderamente moderna en oposición al Iluminismo.
Más bien la Iglesia atrasada es la del Iluminismo, y por tanto la del cardenal Martini, entendiendo por Iluminismo aquella forma mentis, aquella mentalidad, que está restringida a la pura verdad empírica y que no es capaz de elevarse o de expandirse, como dice el Papa, para acoger la superior verdad de la Palabra de Dios. Es este modelo iluminista de Iglesia que aparece como atrasado y por lo tanto superado por la Iglesia, que va más allá del Iluminismo para abrazar la trascendencia del Evangelio.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna 3 de septiembre de 2012
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