Este nuevo artículo del padre Giovanni Cavalcoli nos invita a contemplar el martirio de Santa María Goretti como testimonio luminoso de la verdadera dignidad cristiana. ¿No es sorprendente que una niña de once años prefiriera la muerte antes que traicionar la virtud de la castidad? ¿No es escandaloso que algunos pretendan reducir su gesto a una frustración sexual o a una manipulación hagiográfica? ¿No es más bien la prueba de que la conciencia cristiana puede ser más fuerte que el instinto y que la belleza no es incitación al pecado, sino don de Dios para el amor? ¿No revela su perdón al agresor la fuerza de la caridad que vence al odio y obtiene la conversión? Este texto del docto teólogo dominico nos desafía a redescubrir la grandeza de la castidad y la igualdad de dignidad entre mujer y varón, en fidelidad al Evangelio y a la enseñanza de la Iglesia. [En la imagen: fragmento de una fotografía de Santa María Goretti en 1902].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
miércoles, 8 de julio de 2026
El significado del martirio de Santa María Goretti
El significado del martirio de Santa María Goretti
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 8 de julio de 2026. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-significato-del-martirio-di-santa.html)
¿María Goretti es un modelo para la mujer?
Tres teólogas alemanas han comentado recientemente el gesto de Santa María Goretti, que aceptó ser asesinada con tal de no pecar contra la castidad ¹.
Según estas teólogas el gesto de María no sería digno de ser puesto como ejemplo, sino al contrario sería tal que supondría una concepción de la mujer irrespetuosa de su dignidad.
Puesto que los argumentos de estas teólogas pueden presentar una aparente persuasividad, he pensado en responder punto por punto a lo que escriben. Uso un texto traducido por Google del alemán.
1. “El modo en que se cuenta la historia de María Goretti –y qué aspectos de su muerte se enfatizan– es significativo. Desde el principio, la Iglesia interpretó su muerte como un martirio. En el centro de esta visión estaba la idea de que María había sacrificado su propia vida para preservar su pureza.”
Tengamos presente que la práctica de la castidad comporta una obediencia a la voluntad divina, ejecutando la cual la persona humana realiza su propia integridad física y espiritual. El papa Benedicto XVI y el papa Francisco dirían que es un valor no negociable.
Ahora bien, la vida física es ciertamente un bien precioso, pero la recta conciencia moral, como reconoce también Kant, exige estar dispuestos a renunciar incluso a la vida física con tal de poner en práctica el imperativo categórico.
El mismo Jesucristo en el Evangelio nos manda no temer a aquellos que pueden matar el cuerpo y luego no pueden hacer nada más. Debemos más bien temer a Aquel que puede mandar a la gehenna alma y cuerpo (Cf Mt 10,28). Jesús se refiere al temor de Dios, en nombre del cual debemos estar dispuestos a renunciar a todo.
Famoso es también el dicho de santo Domingo Savio: “la muerte, pero no pecados”. Cito también el Cantar de los Cantares: “si uno diera todas las riquezas de su casa en cambio del amor, no obtendría sino desprecio” (Ct 8,7).
El martirio es exactamente la disponibilidad a dejarse matar con tal de no traicionar la propia conciencia cristiana. Es asombroso que una niña de 11 años haya podido tener una conciencia moral tan fuerte como para estar dispuesta en su nombre a renunciar a la vida.
Hoy sin embargo muchos consideran que la relación sexual prematrimonial o extramatrimonial no es un pecado, sino que es un acto de amor del todo natural. Por lo tanto, según esta teoría, la Goretti habría sido una frustrada sexual, una sexofóbica, por haber considerado culpa lo que culpa no es. Al contrario, ella habría debido contentar a Serenelli, porque le hacía una propuesta de amor. La reacción de Serenelli sería por tanto comprensible o al menos excusable, porque se sintió rechazado por una persona a la cual ofrecía amor e, irritado por este hecho, quiso castigarla.
Si la mentalidad mencionada hoy está difundida, tengamos sin embargo presente que aún hoy la Iglesia considera pecado las relaciones extramatrimoniales, mientras con valentía condena el aborto y propone a todos, también a los jóvenes, la castidad, hablándoles del valor de la familia, de la igual dignidad y de la colaboración entre varón y mujer, tanto en el ámbito social como eclesiástico. Basta recordar por ejemplo las enseñanzas de san Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV.
2. “Fue canonizada por el papa Pío XII en 1950.”
Tengo que precisar que la Iglesia desde siempre, siguiendo el Evangelio, ha enseñado a sus fieles a preferir la muerte antes que cometer un pecado mortal, se trate o no se trate de castidad, como por ejemplo la idolatría, la obediencia a un mandato injusto o la abjuración de la propia fe para abrazar otra fe. Por esto la referencia a Pío XII está fuera de lugar.
A propósito de este gran Papa quiero recordar que su mérito histórico es haber sido el primer Papa en reconocer oficialmente la igual dignidad personal del varón y de la mujer y su recíproca complementariedad como querida por Dios en el plan originario de la creación. Todo el pontificado de Pío XII, de 1939 a 1958, está marcado por intervenciones oficiales periódicas dedicadas a tratar este tema.
3. “Desde entonces, ha sido –y continúa siendo– propuesta a generaciones de muchachas católicas como modelo de referencia, acompañada del mensaje según el cual es preferible morir antes que renunciar a la propia integridad sexual.”
Hago presente, entre otras cosas, que el acto sexual no es la infracción de una cierta integridad física, sino que en sí mismo es un acto natural. El mismo san Pablo VI, en la encíclica Humanae Vitae, dice que el acto conyugal expresa el amor e incrementa el amor. Son palabras que, como hizo notar después san Juan Pablo II, interpretan el cap. 2 del Génesis, donde se dice que hombre y mujer serán una sola carne.
María Goretti no era en absoluto una sexofóbica y tampoco había hecho voto de virginidad, es más, según resulta, ella no veía mal un futuro matrimonio con Alejandro, pero justamente juzgaba que era demasiado pronto para realizar un acto que concierne sólo al matrimonio.
4. “María Goretti era, ante todo, una niña de once años víctima de un crimen violento. Sin embargo, en la tradición hagiográfica y en la práctica de veneración de la Iglesia, la historia de esta niña ha sido instrumentalizada para imponer roles comportamentales específicos a mujeres y muchachas. No es en absoluto inocuo, de hecho, que la representación de su santidad se concentre casi exclusivamente en dos exigencias dirigidas a la víctima: la pureza sexual y el perdón del agresor.”
Las teólogas dirigen palabras calumniosas contra la praxis de la Iglesia concerniente a la propuesta de modelos de santidad. Al enseñar la santidad la Iglesia no impone, sino que propone, y un santo canonizado no es en absoluto una persona instrumentalizada para fines de poder sobre las conciencias, sino que es propuesto a las conciencias como ideal de perfección a elegir libremente.
El hecho de que la Iglesia, de vez en cuando, nos lleve a concentrar la atención sobre una particular virtud, en la cual el santo ha sido excelente, es un método pedagógicamente muy eficaz, que ha dado frutos en estos dos mil años de cristianismo.
¿Por qué María perdona a Alejandro? Precisamente porque le quería bien y tenía confianza en él, es decir, en la posibilidad de arrepentirse, cosa que efectivamente la pequeña Santa obtuvo de él desde el cielo.
5. “Un detalle del procedimiento eclesiástico es digno de nota. Según se refiere, el responsable citó “la belleza y el desarrollo precoz de la muchacha” como circunstancias atenuantes. Vale la pena reiterarlo: en la época de los hechos, María tenía once años.”
En los pecados de sexo, como en general en los pecados carnales, existen efectivamente atenuantes, que pueden ser dados o por la violencia de la concupiscencia o por la ignorancia de la gravedad del pecado. Sin embargo no se puede decir que en el caso de un pecador varón la atenuante de su pecado sea dada por la belleza de la mujer, porque la belleza no es un incitante al pecado, sino que es un don de Dios, que debe servir al amor.
Es verdad que la belleza masculina o femenina es un estímulo a la unión sexual, pero este hecho no justifica el pecado, sino que representa solamente el plan de Dios para la edificación de la familia.
6. “Es una narración difundida aquella según la cual las muchachas y las mujeres serían seductoras –¡incluso el cuerpo de una niña prepúber es percibido como una amenaza para el deseo masculino!– y la agresión sexual por parte del hombre una especie de reacción natural (y por tanto, en cierto sentido, comprensible) al atractivo sexual femenino. Tales narraciones entran en la categoría de los mitos sobre la violación. En vez de concentrarse en el autor de la violencia y en sus acciones, la atención se desplaza sobre las muchachas y las mujeres y sobre su sexualidad.”
Las teólogas plantean la cuestión de la seducción femenina. A este respecto hay que observar que existe una seducción intencional y una seducción involuntaria. Es necesario además tener presente que en la dinámica del comportamiento sexual existe una simbología y un cierto lenguaje convencional donde pueden nacer los equívocos. Por ejemplo, una mujer puede adornarse por puro deseo de elegancia y de dignidad en el comportamiento. En estos casos el varón puede equivocarse y creer que la mujer lo quiere seducir, mientras que ella no tiene ninguna intención de hacerlo.
Además es bueno recordar que no sólo la mujer, sino también el varón puede ser seductor. Ciertamente en los pecados de sexo, dado que el varón es más fuerte que la mujer, la agresividad generalmente es obra del varón. Sin embargo también la mujer tiene su modo de inducir al pecado en una forma psicológica, que constituye las llamadas artes femeninas.
Hay además que observar que en los pecados de sexo existe una voluntad de posesión de dominio sobre el otro: como el varón quiere dominar a la mujer, así la mujer quiere dominar al varón.
7. “En la investigación contemporánea sobre la violencia, este esquema es descrito como una inversión de los roles entre autor y víctima. Sin embargo, aunque tal estrategia dirigida a desviar la responsabilidad sea ya ampliamente reconocida como problemática, ha sido a menudo –y continúa siendo– descuidada en las interpretaciones en ámbito eclesial.”
Las teólogas a este respecto señalan una cosa en la cual estoy de acuerdo también yo. Existe hasta hoy una cierta tendencia, cuando suceden por ejemplo violaciones, a culpar más a la mujer que al varón. Esto es un resto de una antiquísima costumbre, por ejemplo en caso de adulterio, de castigar más a la mujer que al hombre.
8. “Ya en la época de san Agustín, Padre de la Iglesia, había surgido la idea de que las mujeres cristianas víctimas de violación debían quitarse la vida —antes o después del acto— para escapar de la agresión o para expresar su propia vergüenza; Agustín rechazó firmemente tal concepción. Para él estaba claro que la culpa de la violación debe atribuirse siempre exclusivamente al autor de la violencia y que la castidad del cuerpo no se pierde a causa de una agresión sexual sufrida con la fuerza.”
En lo que respecta a la consideración de san Agustín, según la cual "la castidad del cuerpo no se pierde a causa de una agresión sexual sufrida con la fuerza", sobre este punto estoy perfectamente de acuerdo.
Conclusión
Para concluir este artículo, pienso que puede ser útil hacer algunas consideraciones respecto al pecado sexual en general.
El varón seduce con falsos razonamientos, tiende a agredir a la mujer y a violarla o a hacerla esclava, mientras la mujer seduce con el exhibicionismo y atrae al varón hacia sí como en una trampa.
En el pasado, al establecer la dignidad humana se atendía sólo a la razón, por lo cual dado que el varón sabe razonar mejor, se consideraba al varón superior a la mujer. Pero la mujer es más intuitiva, por lo cual habiendo la edad moderna descubierto mejor el valor de la intuitividad, se ha descubierto que la mujer en ello es superior al varón.
Ha surgido así con Pío XII la conciencia de la igualdad en la naturaleza humana y de la igual dignidad de persona y de sexo basada, como ha enseñado san Juan Pablo II, sobre la recíproca complementariedad corpóreo-espiritual.
Permanece verdadero que el varón es más racional, y en tal sentido en caso de pecado es más culpable, porque distingue mejor la razón del instinto. El varón domina y esclaviza a la mujer con su prepotencia.
La mujer, más intuitiva y por tanto más espiritual, puede ser más culpable con el uso de la astucia, porque intuye mejor el valor de la castidad. Ella domina y engaña al varón con su belleza.
En el pasado, también en la Iglesia, el varón, incluso clérigo, cometía respecto de la mujer una doble injusticia por lo demás contradictoria. Por una parte consideraba a la mujer a la par del menor necesitado de ser guiado y corregido, menos capaz de dominar el instinto. Lo cual, si hubiera sido verdadero, habría debido requerir en el varón una actitud de excusar y de tolerar. En cambio, por otra parte el varón estaba inclinado a excusarse a sí mismo y a culpar a la mujer, como si ella hubiera sido más responsable y por tanto más capaz de dominarse. El varón era indulgente consigo mismo y exigente hacia la mujer.
El Evangelio nos presenta esta mentalidad sin con ello aprobarla cuando narra la lapidación de la adúltera, pero no habla nunca de la lapidación del adúltero. En el Antiguo Testamento, el marido puede echar a la mujer en caso de adulterio, pero la mujer no puede echar al marido. Si no, ¿quién la mantiene? La mujer no es considerada como persona autónoma, capaz de autogestionarse, sino como propiedad del varón, a la par de un bien económico como el asno y el buey (véase IX Mandamiento). El varón elige a la mujer que quiere tomar por esposa, pero es el padre quien da en matrimonio la hija a alguien, como donaría una casa o un terreno. David se toma a Betsabé, pero Betsabé no había elegido a David.
Ahora bien, hay que decir, en base al descubrimiento en el siglo XIX de la igual dignidad de la persona humana masculina y femenina, creada a imagen de Dios, así como de la igual dignidad de los sexos, ambos creados por Dios, así como de la igual fragilidad de los sexos, consecuente al pecado original, que la tendencia a la castidad como la tendencia a pecar de sexo es de igual intensidad en el varón y en la mujer, aunque diversa en el varón y en la mujer, por lo cual en el mismo pecado en iguales condiciones, igual es la culpa, si hay advertencia, igualmente deben ser excusados si falta el consentimiento deliberado, e igual debe ser la pena en caso de pecado.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 8 de julio de 2026
Notas
¹ https://katholisch.de/artikel/69312-maria-goretti-als-maertyrerin-der-reinheit-zeit-fuer-eine-intervention Maria Goretti como mártir de la pureza? Tiempo de una intervención. Publicado el 06.07.2026 a las 00:01, por Philippa Haase, Judith König y Ute Leimgruber
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum martyrium Sanctae Mariae Goretti sit conforme verae dignitati christianae
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod martyrium Sanctae Mariae Goretti non sit conforme verae dignitati christianae.
1. Quia eius gestus imponeret mulieri rigidum munus puritatis et remissionis, minuens eius dignitatem ad castitatem et subiectionem, et esset instrumentalizatio sanctitatis ad imponendos mores.
2. Praeterea, quia relatio sexualis extra matrimonium non esset peccatum, sed actus naturalis amoris. Unde negatio Mariae fuisset frustratio sexualis et reactio aggressoris intellegibilis, cum se sensisset reiectum in sua propositione amoris.
3. Item, quia pulchritudo feminea posset censeri circumstantia attenuans peccatum viri, ita ut culpa non omnino recideret in aggressorem, sed etiam in attractionem mulieris.
4. Denique, quia traditio hagiographica manipularit eius historiam ad imponendos mores mulieribus, insistendo in puritate sexuali et remissione, quod esset forma dominationis conscientiarum.
Sed contra est quod Evangelium docet non timere eos qui occidunt corpus, sed eum qui potest mittere animam et corpus in gehenna (Mt 10,28). Apostolus dicit: Oportet obedire Deo magis quam hominibus (Act 5,29). Sanctus Augustinus docet castitatem corporis non amitti per violentiam sexualem vi illatam. Sanctus Pius XII agnovit aequalem dignitatem mulieris et viri atque eorum complementaritatem a Deo institutam.
Respondeo dicendum quod martyrium Sanctae Mariae Goretti est conforme verae dignitati christianae. Castitas est oboedientia voluntati divinae et perfectio integritatis corporalis et spiritualis. Vita corporalis quidem est bonum pretiosum, sed conscientia recta exigit ut etiam ipsa relinquatur potius quam peccatum mortale committatur. Martyrium est ipsa promptitudo occidi potius quam conscientiam christianam prodere.
Puella undecim annorum ostendit conscientiam moralem tam fortem ut mortem praeferret peccato contra castitatem. Ecclesia non imponit exempla sanctitatis, sed proponit ut libere eligantur. Pulchritudo non est incitamentum ad peccatum, sed donum Dei ordinatum ad amorem. Culpa violentiae recidit exclusive in aggressorem, nec castitas vi amittitur.
Remissio Mariae aggressori ostendit virtutem caritatis christianae, quae confidit de possibilitate paenitentiae et obtinet conversionem. Ecclesia docet mulierem et virum aequalem dignitatem et fragilitatem habere, et inclinationem ad castitatem sicut ad peccatum esse aequalis intensitatis in utroque. Unde, in paribus condicionibus, aequalis est culpa et poena.
Ad primum dicendum quod dignitas mulieris non minuitur per puritatem, sed exaltatur, quia castitas est virtus quae protegit integritatem spiritualem, nec est impositio sed propositio libera.
Ad secundum dicendum quod relatio sexualis extra matrimonium est peccatum, et negatio Mariae non fuit frustratio, sed fidelitas veritati revelatae et doctrinae Ecclesiae.
Ad tertium dicendum quod pulchritudo non est attenuans peccati, sed donum Dei ordinatum ad amorem, et culpa recidit in virum qui ea abutitur per violentiam.
Ad quartum dicendum quod Ecclesia non manipulat sanctos, sed proponit eorum virtutes ut exempla pedagogice efficacia; et in Maria eminent puritas et remissio ut signa sanctitatis et verae libertatis interioris.
JG
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