¿Es el protestantismo la raíz del modernismo que denunció san Pío X? ¿No fue Lutero, con su pasión por la "sola Scriptura" y su desprecio por la Tradición, quien abrió el camino al subjetivismo que luego abrazó la filosofía moderna? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli muestra cómo la semilla de la ruptura con la Iglesia desembocó en la crítica bíblica racionalista y en el matrimonio entre luteranismo y modernismo. ¿No es acaso el olvido de la sucesión apostólica lo que convierte la fe en mera interpretación individual? Frente a la tentación de confundir modernidad con modernismo, este texto recuerda que el verdadero progreso católico consiste en renovar la fidelidad a la Palabra de Dios en la Tradición viva de la Iglesia. [En la imagen: fragmento de "Retrato de Martín Lutero", óleo sobre lienzo, 1529, obra de Lucas Cranach El Viejo, conservado en la iglesia parroquial evangélica luterana de Santa Ana, en Augsburgo, Alemania].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 16 de mayo de 2026
Protestantismo y modernismo
Protestantismo y modernismo
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana el 19 de noviembre de 2011. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/protestantesimo-e-modernismo-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
En la encíclica Pascendi el papa san Pío X vincula el modernismo al protestantismo. ¿Por qué motivo? Si consideramos cuáles fueron las intenciones de Lutero, es necesario decir que él, por su expresa declaración, no intentaba tanto ser "moderno", sino más bien poner o volver a poner en evidencia la verdad del Evangelio, según él oscurecida o falsificada por el catolicismo medieval, el cual habría agregado a la Palabra de Dios unas ideas, creencias, usanzas, ceremonias rituales, prácticas y tradiciones, espúreas y meramente humanas (podríamos decir farisaicas), por las que el hombre pretende glorificarse a sí mismo ante Dios sustituyendo la gloria de las obras y de los méritos del hombre por la gloria, la gracia y la misericordia que vienen sólo de Dios.
Lutero, por lo tanto, pretendía liberar el Evangelio y las costumbres cristianas de lo que él consideraba adiciones ilegítimas, escorias, hipocresías y falsificaciones, para redescubrir la pura esencia o sustancia del mensaje cristiano en plena conformidad con la Sagrada Escritura. Por tanto, él creía recuperar con ello las fuentes, las surgentes genuinas y originarias del cristianismo, que según él en su época habían sido contaminadas o sofocadas por siglos de falsas concepciones y tradiciones, de las cuales eran responsables el papado y toda la estructura eclesiástica, doctrinal y de comportamientos que le tenían al Papa por cabeza.
Pero Lutero bien sabía que la característica del Nuevo Testamento es que se presenta como anuncio de una novedad salvífica, fruto de aquel Espíritu que renueva la faz de la tierra. Por lo tanto, Lutero no era extraño a la idea del progreso humano, moral y espiritual, que caracteriza tan profundamente el alma de toda la Escritura, progreso sin embargo que debe entenderse no tanto como ruptura con el pasado (salvo que se trate de romper con el pecado o con escorias o con sobras del pasado) sino más bien como pasaje de lo bueno a lo mejor, así como el fortalecimiento, crecimiento y avance de valores perennes recibidos de Dios. La metáfora de "caminar en la verdad" es uno de los temas fundamentales de la ética joannea, mientras que san Pablo usa otras expresiones, como aquella del aumento de la luz del día que se avecina o del fortalecimiento de la propia vocación o del pasaje del hombre viejo al hombre nuevo.
La categoría de lo "moderno" está ciertamente implícita en la Escritura bajo los temas de la renovación y del progreso. La categoría del progreso aparece explícitamente en santo Tomás, quien pone en confrontación los antiguos, que serían los filósofos paganos, con los modernos, que son los teólogos de su tiempo. La instancia o demanda de "modernidad" crece con el devenir de los siglos siguientes: en el siglo XIV, William de Ockham es llamado el venerabilis Inceptor; en el siglo XV nace la así llamada "devotio moderna", sobre todo en los países flamencos, con Ruijsbroek, la obra anónima La Teología alemana y la Imitación de Cristo, una espiritualidad individualista de tipo reflexivo e interiorista, la cual tiende a minimizar las estructuras objetivas de la Iglesia, y a sustituir el realismo y el interés teológico medieval de tipo contemplativo por una mirada vuelta a la conciencia y al yo concreto, aunque todavía siempre, por ahora, se mide sobre la voluntad de Dios. Pero con los siglos siguientes esta importancia dada al yo se volverá cada vez más invasiva y omnipresente, hasta llegar a cancelar completamente, en los siglos XIX y XX, con el ateísmo y el panteísmo, el interés teológico. San Agustín de Hipona lo había previsto: amor sui usque ad contemptum Dei.
Lutero está en la estela de esta "modernidad", aunque, como ya he dicho, él sigue siendo profundamente religioso y en su pensamiento esta categoría no existe de modo explícito. Sin embargo, ella está implícita en su pasión por la renovación del testimonio cristiano y la voluntad de recuperar el novum evangélico. Por lo demás, para acentuar estos primeros brotes digamos "modernistas", es sabido lo muy escasa que fue en Lutero la sensibilidad hacia la Sagrada Tradición, por él simplista e injustamente equiparada a las tradiciones humanas, contingentes y caducas de la Iglesia. Para él, la divina revelación surge de la sola Scriptura y no de la Tradición.
Sin embargo, no debemos olvidar que en Lutero la Tradición está de algún modo sobrentendida, aunque deformada, en su pasión por la predicación de la Palabra de Dios. ¿Y qué es la Tradición sino la conservación y transmisión de la Palabra de Dios? Lo malo es que Lutero olvida que esta transmisión no sucede simplemente entre teólogos, biblistas y profetas, sino ante todo por medio de la cadena apostólica, cosa que Lutero olvida completamente con su desprecio por el sacramento del Orden Sagrado y, por lo tanto, del Episcopado.
Estas semillas del modernismo presentes en Lutero fructificaron en el protestantismo de los siglos siguientes, en cuanto la teología protestante, al darse cuenta de la importancia de la filosofía tan despreciada por Lutero, se subirá al carro de la así llamada "filosofía moderna" de Descartes y de los post-cartesianos, encontrando, después de Ockham, en el subjetivismo idealista cartesiano una buena interpretación del subjetivismo de Lutero.
De este modo, el protestantismo, sobre todo a partir de los siglos XVII y XVIII, se percibe a sí mismo cada vez más como "moderno" en comparación con la vejez medieval y se procura serlo, sobre todo en relación al progreso de los estudios bíblicos, los cuales sin embargo aparecen cada vez más inspirados no ya por la fe propia de Lutero en la verdad absoluta de la Biblia en cuanto Palabra de un Dios trascendente superior a la razón, sino por la convicción de la divinidad de la misma razón del sujeto individual. De ahí, siempre en la línea del "libre exámen" luterano, el surgimiento de una crítica bíblica, inspirada en Spinoza y Reimarus, hasta llegar a Lessing, Schleiermacher, Harnack, Wellhausen y Bultmann, que veía en las Escrituras, aunque se manifestaba todavía creyente en Dios, nada más que un texto literario como cualquier otro, totalmente sometido al juicio inapelable del método histórico-crítico.
En este punto se comprende muy bien el matrimonio del luteranismo y el modernismo denunciado por el papa san Pío X en la encíclica Pascendi. Indudablemente Pío X no examinó a fondo la posibilidad de que el método histórico-crítico elaborado por los estudiosos protestantes pudiera reservar algún aspecto aceptable para los católicos. En cambio, el papa Pío X estaba -y así lo exigían los tiempos- preocupado sobre todo por poner una barrera a la invasión del espíritu protestante (por no decir lo peor) en el ámbito del catolicismo. Y su enérgica intervención en la Pascendi sigue siendo más actual y útil que nunca. Recién en los años siguientes comenzaron los primeros intentos en el mundo católico, por ejemplo por obra del Siervo de Dios el biblista dominico padre Joseph Lagrange, por recuperar los elementos válidos de ese método, para realizar también en el campo católico una sana modernidad.
Como es bien sabido, la obra de Lagrange no fue comprendida de inmediato por el papa san Pío X y por el Maestro General de la Orden, el Beato Giacinto Cormier (¡incluso entre Santos no siempre se entienden!), pero luego el papa Sarto, notando el gran espíritu de obediencia y de humildad en el docto dominico, aparentemente revolucionario, pero en realidad respetuoso de la Tradición, le dio campo libre, de modo que a este gran y santo exégeta de la Palabra de Dios (semejante en esto a los Santos Padres y Doctores de la Iglesia) debe serle reconocido el merito de haber preparado cincuenta años antes el progreso de la exégesis católica promovida por el Concilio Vaticano II y codificado en el documento de la Comisión Bíblica "La interpretación de la Biblia en la Iglesia" de 1993 dedicado precisamente a la exégesis de la Sagrada Escritura.
Para ser modernos no es necesario ser ni modernista ni protestante, con todo el debido respeto por los valores existentes incluso en estos grandes e importantes movimientos espirituales y culturales. El católico, como persona privada, falible y limitado, incluso el Papa, tendrá que aprender, si es necesario, también de esos movimientos (he aquí el ecumenismo), pero el catolicismo, como plenitud de la verdad revelada por medio de la Iglesia de Jesucristo, no tiene nada que aprender pero sí mucho para corregir en aquellos movimientos que, si bien conservan elementos del cristianismo, están lejos de conservar su plenitud y autenticidad.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 16 de noviembre de 2011
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum protestantismus constituat veram modernitatem christianam
vel potius sit semen modernismi ab Ecclesia damnati
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod protestantismus constituat veram modernitatem christianam.
1. Quia Lutherus voluit Evangelium liberare ab additionibus humanis et eius puritatem originalem redintegrare, quod videtur esse progressus legitimus ad veritatem. Si Scriptura est unica fons revelationis, tunc sola Scriptura fidelitatem ad nuntium divinum praestat.
2. Praeterea, ipsa Scriptura loquitur de ambulando in veritate, de transitu ab homine veteri ad hominem novum, de incremento in luce. Si protestantismus renovationem extollit, videtur esse in continuatione cum Scriptura et cum exigentia progressus spiritualis.
3. Item, liber examen permittit unicuique conscientiae directe accedere ad Verbum Dei, quod videtur revereri dignitatem subiecti et eius libertatem spiritualem, vitando mediationem structurarum humanarum quae veritatem obscurare possent.
4. Denique critica biblica in ambitu protestantico evoluta protulit progressus in cognitione historica Scripturae. Si haec studia textum sacrum illustrant, videtur quod protestantismus conferat modernitatem theologicam validam.
Sed contra est quod sanctus Pius X in encyclica Pascendi modernismum cum protestantismo coniungit, ostendens utrumque participare subjectivismum et contemptum Traditionis. Sanctus Augustinus monuit amorem sui usque ad contemptum Dei esse radicem deviationis. Sanctus Thomas docet veritatem revelatam tradi per successionem apostolicam, non per interpretationem privatam. Magisterium commemorat solum in Ecclesia plenitudinem veritatis revelatae subsistere.
Respondeo dicendum quod protestantismus non constituit veram modernitatem christianam, sed est semen modernismi. Lutherus, revelationem ad solam Scripturam redigens et Traditionem despiciens, oblitus est transmissionem Verbi Dei fieri per catenam apostolicam et per sacramentum Ordinis. Sic aperuit ianuam subjectivismo, quod postea se coniunxit cum idealismo cartesiano et philosophia moderna.
Protestantismus, se magis magisque cum modernitate philosophica identificans, fidem in Verbum Dei transcendentis substituit divinizatione rationis individualis. Inde orta est critica biblica rationalistica, quae Scripturam redegit ad textum litterarium subiectum iudicio historico‑critico. Sic intellegitur matrimonium inter lutheranismum et modernismum a sancto Pio X denuntiatum.
Vera modernitas catholica non consistit in ruptura cum Traditione, sed in renovatione fidelitatis ad Verbum Dei in Ecclesia. Exemplum huius est opus Patris Joseph Lagrange, qui elementa valida methodi historico‑criticae in oboedientia Magisterio integrare novit, praeparans progressum exegeseos catholicae a Concilio Vaticano II promotum et a Commissione Biblica anno 1993 codificatum.
Ergo moderni esse non requirit modernistas nec protestantes. Catholicismus, ut plenitudo veritatis revelatae, nihil habet discere ab illis motibus, quamvis possit eos corrigere et quod in eis verum est assumere, semper in fidelitate ad Traditionem vivam Ecclesiae.
Conclusio: protestantismus non est vera modernitas christiana, sed semen modernismi. Vera modernitas catholica consistit in renovatione fidelitatis ad Traditionem vivam Ecclesiae, quae plenitudinem et authenticitatem veritatis revelatae custodit.
Ad primum dicendum quod Lutherus non liberavit Evangelium, sed mutilavit, Traditionem reiciens et confundens traditiones humanas cum transmissione apostolica.
Ad secundum dicendum quod Scriptura loquitur de renovatione, sed semper in continuatione cum Traditione et sub ductu Ecclesiae; protestantismus eam interpretatur ut rupturam.
Ad tertium dicendum quod liber examen non reveretur dignitatem subiecti, sed eum exponit subjectivismo et amissioni veritatis obiectivae; vera libertas invenitur in oboedientia Ecclesiae.
Ad quartum dicendum quod critica biblica protestantica, quamvis protulit progressus, fundata est in rationalismo et divinizatione rationis; sola integra in Traditione legitima et fructuosa esse potest.
JG
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