jueves, 29 de enero de 2026

¿Qué es el fundamentalismo?

¿Es el fundamentalismo un apego ciego al pasado o una acusación injusta contra la fidelidad al Magisterio? ¿Qué ocurre cuando la verdad de la fe se confunde con rigidez, y la caridad se pretende desligar de la fe? En este artículo del padre Giovanni Cavalcoli se desenmascara la ambigüedad del término y se distingue entre el error hermenéutico condenado por la Iglesia y la etiqueta deshonesta usada por los modernistas. Una reflexión que invita a preguntarnos: ¿quién decide hoy qué es “fundamental” en el cristianismo? [En la imagen: fragmento de "Condenados por la Inquisición", óleo sobre lienzo, ca. 1833-1866, obra de Eugenio Lucas Velázquez, conservado en el Museo Nacional del Prado, Madrid, España].

¿Qué es el fundamentalismo?

(El artículo original, en lengua italiana, fue publicado en el blog Riscossa Cristiana, luego Ricognizioni, el día 29 de agosto de 2010. El lector puede encontrarlo en: https://www.ricognizioni.it/che-cosa-e-il-fondamentalismo-di-pgiovanni-cavalcoliop/ )

Desde hace algunos años en el mundo católico y en el mismo lenguaje de la Iglesia se ha extendido el uso de un término despectivo que tiene su origen en una secta del mundo protestante, pero que en las intenciones de los adherentes a tal secta, debería tener un significado positivo. "Fundamentalismo" en realidad viene de "fundamental". Y, de hecho, el propósito de la citada secta es el de establecer lo que en el cristianismo es "fundamental", lo cual para ellos se derivaría del fundamento bíblico. Hasta aquí no hay nada de lo que quejarse. Excepto que después, tal fundamentalidad, para esta secta, sería dada por un texto bíblico interpretado ingenuamente, de modo obsoleto, sin valerse de la moderna exégesis histórica-crítica.
Entonces, por ejemplo, cuando Jesús dice que si el ojo escandaliza debe ser removido, o si el libro del Génesis dice que el mundo fue creado en seis días, o que existen las aguas sobre los cielos, las palabras deben ser entendidas a la letra, literalmente.
"Fundamentalismo", por lo tanto, se ha convertido en sinónimo de una exégesis grosera, obsoleta, anticuada e ingenua, la cual termina por absolutizar o volver rígidos los dichos, formas o figuras de la Biblia, los cuales, en cambio, deben en realidad ser puestos en relación con los tiempos o la particular cultura del hagiógrafo o interpretados según las exigencias de los géneros literarios o de los modernos descubrimientos filológicos o arqueológicos. Está claro entonces que, tal como se ha explicado, el fundamentalismo es un defecto en la interpretación de la Biblia y del cristianismo. En tal sentido habla de fundamentalismo también el documento de la Comisión Bíblica, de 1992, dedicado a actualizar los métodos de la exégesis católica.
En tal sentido se habla también de "fundamentalismo islámico". De esta manera, el Magisterio de la Iglesia, tomando de diversas partes, como por ejemplo de los documentos de los últimos capítulos generales de la Orden de los Frailes Predicadores, condena el fundamentalismo como mentalidad creadora de falsas seguridades, como para generar en la conducta de quienes las reciben, comportamientos agresivos e intransigentes hacia aquellos que no comparten su enfoque.
Pero el término fundamentalismo también se ha convertido en un arma en las manos de los modernistas y de los relativistas, quienes, refractarios como son a la intangibilidad y a la inmutabilidad del dogma católico, consideran "fundamentalismo" la certeza y la firmeza con la cual el católico fiel al Magisterio se adhiere a la doctrina de la fe y la defiende sin dudar, sin compromisos y sin cortapisas. De tal modo, el término se ha vuelto ambiguo y para conocer su significado, es necesario verificar quién lo utiliza.
En las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, sin duda, se debe tomar en consideración este significado, porque lo que se denuncia es una forma de conservadurismo retrógrado o de tradicionalismo superado o de injustificada rigidez o un irracional fanatismo en sostener opiniones discutibles o incluso concepciones erradas. Pensemos, por ejemplo, en la vieja concepción de la sujeción de la mujer al hombre o del pueblo judío como pueblo maldito o de las otras religiones como manifestaciones satánicas o de la religión católica como religión de Estado o de la democracia como sistema anárquico, etc.
Por el contrario, en boca de los modernistas, la acusación de fundamentalismo debe ser entendida solamente al honor de quienes son objeto de tal acusación, porque no son sino los católicos fieles a la Iglesia, no solo en su aspecto tradicional, sino también en la forma que se ha asumido en el postconcilio. El católico acusado de fundamentalismo por los modernistas, que no dudan en hacer tal acusación incluso al Papa y al propio Magisterio de la Iglesia, no tiene más que complacerse con esa "alegría perfecta", de la que habla San Francisco de Asís, cuando se llega al caso que uno es insultado por el nombre de Cristo.
Para los modernistas, la preocupación por determinar con exactitud y precisión los contenidos de la fe y la identidad católica, oficio este, que es propio de todo buen cristiano y sobre todo del Magisterio de la Iglesia, es "fundamentalismo", y se sostiene esta grave falsedad quizás con el pretexto del "primado de la caridad". Pero este es un modo deshonesto de escapar de las rigurosas exigencias de la verdad y para poder jugar con el equívoco o es signo de una mentalidad relativista, que olvida que la caridad no es sino la puesta en práctica de la verdad. Separada de la verdad, la caridad va sujeta a todos los equívocos posibles e imaginables.
Es esta la posición del padre Gerardo Luigi Cardaropoli, quien, en su libro "Vaticano II: el evento, los documentos, las interpretaciones", EDB, Bolonia 2002, se expresa así: "Cuando a partir de la fe se abre camino la pretensión de saber lo que Dios quiere, se termina por desencadenar procesos de fundamentalismo" (p.118).
El fundamentalismo, para Cardaropoli, es el "pretensión" de saber lo que Dios quiere en base a la fe. Entonces, me gustaría preguntarle al ilustre teólogo franciscano, ¿en base a qué el cristiano sabe cuál es la voluntad de Dios? El autor no lo dice y está claro el por qué, porque si lo dijera, se equivocaría. De hecho, es precisamente la fe la que nos dice lo que Dios quiere. Luego él concluye este necio discurso con otra tontería; de hecho, el error no puede sino nacer del error, y dice: "lo que caracteriza a los cristianos no es la fe, sino la caridad".
Pero me gustaría preguntarle a Cardaropoli: ¿qué es una caridad sin la fe? Que la caridad y no la fe sea la perfección de la vida cristiana, lo concedo; pero no debemos olvidar que la caridad cristiana está caracterizada por la fe cristiana. Hablar de caridad y prescindir de la fe no es cristianismo, sino impostura. Por esta razón, la preocupación de fundar la caridad sobre la verdad de fe claramente definida no es fundamentalismo, sino auténtico cristianismo.
Por lo tanto, es necesario guardarse del fundamentalismo denunciado por la Iglesia sin dar ningún peso al fundamentalismo del que hablan los modernistas, por el cual viene a ser "fundamentalista" el mismo Magisterio de la Iglesia con su preocupación por determinar de modo claro y unívoco la identidad católica, es decir, los fundamentos indiscutibles de la doctrina de la fe, sin por esto ignorar la evolución doctrinal y su relatividad o referencialidad con los diversos contextos históricos, así como el pluralismo teológico, la existencia de interpretaciones opinables de la Sagrada Escritura y de tradiciones que pueden haber tomado su tiempo.
El remedio para el fundamentalismo denunciado por la Iglesia es la leal apertura a la sana modernización del catolicismo promovida por el Concilio Vaticano II y por el Magisterio del postconcilio, que conlleva inseparablemente el respeto al verdadero sentido de la Tradición, de la cual el Concilio mismo es eximio testigo, desde el momento en que, con sus novedades doctrinales, hace explícitas sus inagotables riquezas.
Por el contrario, es necesario denunciar con firmeza la astuta turbidez de la operación modernista que quisiera hacer pasar por fundamentalista la posición del católico fiel a la Iglesia de siempre, la cual -como dijo el papa Pablo VI- se conoce y se muestra mejor a sí misma en los documentos del Concilio y del Magisterio del postconcilio.
Por lo tanto, es necesario prestar mucha atención al término "fundamentalismo" y distinguir bien el significado que le da la Iglesia de aquel que le dan los modernistas. En el primer sentido el fundamentalismo es absolutizar un relativo, es el aferrarse a un pasado que ya ha pasado y una injustificada resistencia a lo nuevo, aún cuando sea enseñado por la Iglesia; en el segundo caso es la diligencia y el cuidado con el cual el católico bajo la guía de la Iglesia precisa con claridad y certeza la verdad de fe. Ver en esto una actitud detestable, como lo hacen los modernistas, es solo un signo de su confusión mental y de su deslealtad.
   
P. Giovanni Cavalcoli
29 de agosto de 2010

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