jueves, 23 de abril de 2026

Concilio Vaticano II. Relaciones con el Islam

¿Puede el diálogo con el Islam ser al mismo tiempo esperanza y riesgo para la Iglesia? ¿No es cierto que el Concilio Vaticano II reconoció en el Islam elementos de verdad, pero también advirtió sobre sus errores? ¿No deberíamos distinguir entre la legítima apertura al encuentro y la ingenuidad frente al expansionismo agresivo? ¿Es posible sostener la oración común, por ejemplo la que convocaron los Papas en Asís, mientras se denuncia con firmeza la persecución anticristiana y se defiende a los fieles incluso con medios armados en casos extremos? Esta breve nota del padre Giovanni Cavalcoli (en respuesta a la pregunta de un lector) plantea la tensión entre diálogo y defensa, entre esperanza y realismo, invitando a pensar si la caridad cristiana exige siempre el diálogo o si, llegado el momento, debe transformarse en legítima defensa de la fe y de la civilización. [En la imagen: fragmento de "La leyenda de San Francisco. San Francisco ante el Sultán. Juicio por fuego", fresco al temple sobre muro, pintado entre 1297-1299, obra de Giotto Di Bondone, en la Basílica Superior de San Francisco, Asís].

Concilio Vaticano II. Relaciones con el Islam

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado en el blog Riscossa Cristiana, el 4 de enero de 2011. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/concilio-vaticano-ii-rapporti-con-lislam-un-lettore-ci-scrive-e-padre-cavalcoli-gli-risponde/)

Premisa

Un lector escribió expresando dudas sobre la posición del padre Cavalcoli, con respecto a los problemas derivados de las interpretaciones del Concilio Vaticano II, así como de las relaciones con el Islam: “Acerca de vuestro sitio ya he expresado mi máximo agradecimiento, pero me decepcionaron los últimos escritos del P.Cavalcoli referidos al tema (...) Me parece que desde hace un tiempo, acerca del Vaticano II y el Islam, ha ido demasiado "lejos" de lo que creo que son las "Posiciones" de nosotros los cristianos de pensamiento fuerte, conservador, contrarrevolucionario y en pro de la sana tradición... y que hemos conocido personalmente o por testigos ciertas realidades étnico-religiosas y países intolerantes y prevaricadores. Por favor, hágame saber si mi impresión es incorrecta, sería feliz en tal caso”.

Respuesta

Estimado lector, agradezco su estima, lamento haber caído en su consideración, y espero que con lo que ahora le diré, vuelva a elevarse su estima. Ud. profesa ser "cristiano" y, supongo, católico, como lo soy yo y como lo es Riscossa Cristiana, una ejemplar expresión de plena comunión con la Iglesia Católica. De hecho, también existen cristianos protestantes, modernistas o lefebvrianos, pero no pienso o no quisiera pensar que Ud. sea uno de ellos.
Digo esto en relación a cuanto el Concilio Vaticano II dice sobre el Islam, un tema que Ud. menciona en su intervención. De hecho, como católicos (tradicionalistas o progresistas, aquí tenemos libertad de opción) no podemos no estar todos unidos en el aceptar cuanto el Concilio dice sobre este delicado e importantísimo tema, o sea, aunque la religión católica sea la más perfecta -pues ha sido fundada por el Hijo de Dios y por ende es divina- entre todas las religiones, también la religión islámica contiene, aunque mezcladas con errores, verdades, tanto que, como Ud. sabrá, la Iglesia habla de "monoteísmo" tanto sea para el cristianismo como para el Islam.
Ahora bien, supongo que lo que no ha sido de su agrado en mis intervenciones recientes han sido ciertas opiniones mías sobre el Islam y sobre cómo los católicos podemos relacionarnos con esa religión. Como Ud. profesa ser "conservador y tradicionalista", imagino que su crítica hacia mí sea la de estar siendo algo complaciente o incauto frente al expansionismo islámico con su característica agresividad, desde el momento que yo, por otra parte siguiendo las enseñanzas conciliares (en este caso de la declaración Nostra aetate y el decreto Dignitatis humanae) subrayo la importancia del diálogo, de la evangelización, y del derecho a la libertad religiosa.
Pues bien, quisiera entonces precisar y agregar, para ir a su encuentro, y porque mis palabras no tienen el sabor de una cierta ingenuidad y cierto inepto pacifismo, que yo soy del parecer que la Santa Sede, el mundo católico y las mismas fuerzas internacionales del sano secularismo democrático deberían señalar con tonos más fuertes la gravedad de la persecución anticristiana que hoy tiene por parte de los fundamentalistas islámicos y debería ejercer mayor presión sobre los gobiernos más moderados de los Estados islámicos para buscar mayor firmeza contra los terroristas y para hacer respetar el derecho universal a la libertad religiosa.
Sin embargo, sin invocar un regreso a las Cruzadas, soy de la idea que en casos extremos puede ser legítimo y útil, para defender o proteger a los cristianos del terrorismo islámico, incluso la intervención armada, como está sucediendo con nuestras tropas en Afganistán. Defender el cristianismo significa defender la civilización y la misma subsistencia de la humanidad.
Al mismo tiempo, sin embargo, permítaseme mirar con esperanza el encuentro entre las religiones organizado por el Papa en Asís. Mientras haya un hilo de esperanza en el diálogo y en la oración común, es necesario hacerlo, salvo en el caso -posible- de que nuestro adversario se vuelva una bestia feroz, en cuyo caso al diálogo es necesario sustituirlo por la legítima defensa.
Con esto, espero haber satisfecho sus legítimas exigencias hacia mí y aprovecho esta oportunidad para enviarle mis más distinguidos saludos.
   
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 4 de enero de 2011

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