domingo, 19 de abril de 2026

¿Antropocentrismo en la Gaudium et Spes?

¿Es la constitución Gaudium et Spes realmente antropocéntrica, como algunos críticos han insinuado? ¿No será más bien que sus expresiones deben interpretarse en continuidad con la Tradición y la infalibilidad del Magisterio? ¿Acaso el Concilio quiso suprimir la distancia entre el Creador y la creatura, o más bien subrayar la dignidad del hombre como imagen de Dios? ¿No es cierto que la “divinización” del hombre en Cristo, lejos de ser panteísta, es participación en la naturaleza divina según san Pedro? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli invita a preguntarse si las aparentes ambigüedades conciliares son un riesgo de antropocentrismo o una oportunidad para profundizar en la verdadera antropología cristiana.. [En la imagen: fragmento de "Anunciación", oro y temple sobre tabla, elaborado hacia 1425-1426, por el beato Angelico, colección del Museo del Prado, Madrid].

¿Antropocentrismo en la Gaudium et Spes?

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana el 24 de Mayo de 2011. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/antropocentrismo-nella-gaudium-et-spes-padre-giovanni-cavalcoli-scrive-a-piero-vassallo/ en respuesta al profesor Piero Vassallo, debido a su artículo: “Gaudium et Spes. Una cristología antropocéntrica?”, véase aquí: https://www.ricognizioni.it/gaudium-et-spes-una-cristologia-antropocentrica-di-piero-vassallo/)

Estimado profesor Vassallo,
las proposiciones de la constitución Gaudium et Spes que Usted cita en un reciente artículo sobre este sitio, extraídas del artículo del profesor Pasqualucci por cierto no brillan, efectivamente, por su claridad, y podrían ser entendidas en un sentido antropocéntrico, y puede darse que quienes las han propuesto fueran influenciados o por Teilhard de Chardin o por De Lubac o por Rahner.
Sin embargo, no podemos pensar, como católicos, que el Concilio Vaticano II se equivoque en una materia tan importante como el de la antropología cristiana, que compromete la infalibilidad del Magisterio de un concilio ecuménico. Por tanto, es necesario que nos esforcemos por dar una interpretación benévola de los textos, sabiendo ya en principio que no pueden enseñarnos errores ni desviarnos de la verdad tradicional.
Veamos entonces brevemente los pasajes. "El Hijo de Dios, por su Encarnación se unió en cierto modo con todos los hombres" (n.22). Debería ser claro que esta afirmación no debe ser entendida en el sentido de una impensable unión hipostática de la persona divina con toda naturaleza humana, sino que puede entenderse en el sentido de una oferta de amor que Cristo hace a todo hombre para unirse a él, como vida de su vida.
Aquel "se ha unido" no debe entenderse como dato de hecho, porque esto no corresponde a la verdad, que siempre ha sido proclamada por la Iglesia, que de hecho no todos los hombres están unidos a Cristo ni están en gracia, sino que la gracia puede estar ausente -de lo contrario el pecado no existiría- e incluso algunos hombres están sujetos al castigo del infierno.
Por cuanto respecta al hecho de que el hombre sea en el mundo "la única criatura que Dios ha querido por sí misma" (n.24), no debemos necesariamente pensar en una absolutización del hombre tal de sustituir el carácter absoluto divino o de identificarse con él. El querer una cosa por sí misma no significa necesariamente quererla como fin último, sino que puede tratarse de una expresión enfática para expresar la alta dignidad de la cosa querida o deseada.
En cuanto el hombre es creado a imagen y semejanza de Dios, ciertamente permanece infinitamente inferior a Dios; sin embargo, el hombre posee algo altamente noble que lo convierte en un bonum honestum, que es precisamente lo que es bueno en sí mismo; lo que no quiere decir que a su vez no pueda y no deba ser ordenado a un bien ulterior, absoluto desde todo punto de vista, que es Dios.
¿Acaso no hablamos de "valores absolutos" cuando hablamos de los principios y de las leyes morales? ¿Y no será en cierto modo "absoluta" aquella persona humana que los encarna? ¿No hablamos de "sacralidad" de la vida humana? ¿Y acaso no está lo sagrado emparentado con lo divino? Es obvio que con esto no estamos autorizados a suprimir la distancia entre el creador y la creatura. ¿Pero acaso podríamos sospechar que el Concilio quiere tal cosa?
Después, en cuanto al hecho de que en Cristo la naturaleza humana es "elevada a una dignidad sublime", no debemos necesariamente pensar en algo que vaya más allá de lo que la Iglesia siempre ha enseñado, a saber, la doctrina fundamental de la filiación divina y la vida de gracia, que, como también se expresan los Padres Griegos, es una cierta "divinización" del hombre, que obviamente no debe entenderse en sentido panteísta, sino que, como afirma san Pedro en su Segunda Carta, implica en el hombre una "participación de la naturaleza divina" (consortes naturae divinae).
En cuanto a Pierre Teilhard de Chardin o a Henri de Lubac, yo diría que realmente no tienen nada que ver, sobre todo el primero, e incluso si el segundo, con su distinción no clara entre natural y sobrenatural (correctamente criticada por el cardenal Siri), parece o ensalzar demasiado el hombre o rebajar lo sobrenatural.
Más grave es en cambio la posición de Teilhard, con su teoría de la materia que "se supera" a sí misma convirtiéndose en espíritu, la falsa concepción de la creación y la negación del pecado original. Aquí tenemos el verdadero nefasto antropocentrismo, del cual, sin embargo, sería injusto inculpar al Concilio Vaticano II y, repito, sobre todo como católicos, no podemos pensar una cosa de tal género porque incluso la doctrina sobre el hombre es materia de fe, donde la Iglesia por un Concilio no puede cometer error.
Con todo esto, estoy de acuerdo con Usted y con monseñor Gherardini en que estaría bien que el Papa aclarara definitivamente aquellos pasajes del Concilio Vaticano II, que podrían prestarse a interpretaciones heterodoxas o modernistas y que durante demasiado tiempo han sido explotados impunemente por los herejes para respaldar sus herejías.
   
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 24 de mayo de 2011

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