lunes, 13 de abril de 2026

Algo más sobre la fecundación artificial

¿Puede la técnica convertir la vida en un producto fabricado? ¿Es la procreación un derecho exigible o solo una facultad natural? ¿No se degrada al hombre cuando se lo trata como resultado de un proceso tecnológico? ¿Qué sentido tiene la esterilidad si se abre a modos más nobles de generar vida, como la educación y la adopción? ¿No está en juego aquí la subsistencia misma de la civilización y la salvación del hombre? El padre Giovanni Cavalcoli vuelve sobre la cuestión de la fecundación artificial, mostrando desde la sola razón natural por qué este procedimiento contradice la dignidad humana y el verdadero fin de la medicina. [En la imagen: fragmento de "Maternal admiración", óleo sobre lienzo, 1869, obra de William-Adolphe Bouguereau, colección privada].

Algo más sobre la fecundación artificial

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana, durante el año 2010. Artículo original en este enlace: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/10/ancora-sulla-fecondazione-artificiale.html)

La asignación del Premio Nobel a un médico que ha practicado a larguísima escala la fecundación artificial, ha animado una vez más la discusión nunca detenida acerca de la licitud de la fecundación artificial.
Son conocidas las posiciones de la Iglesia católica. Pero aquí quisiera hacer un discurso sobre bases simplemente racionales, vale decir de ética natural, que de por sí mismo también puede ser compartido por los no-católicos. Es cierto que lo que voy a decir es enseñado con acentos particularmente fuertes por el Magisterio de la Iglesia, pero esto solo porque el contenido de la moral católica se sitúa en dos niveles deontológicos: un nivel exclusivamente propio del catolicismo, que se refiere a deberes y finalidades que superan cuanto la razón práctica puede establecer por sí misma acerca de la conducta humana, porque se trata de preceptos divinamente revelados. Son aquello que la Iglesia llama normas "sobrenaturales", reveladas por Jesucristo, que orientan al hombre hacia un fin sobrenatural que es la visión beatífica del misterio trinitario.
Las normas de este nivel son objeto eminente de la fe católica y se refieren, en cuanto aspectos exclusivamente propios de la moral católica, por ejemplo, a la práctica de las tres virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, a la imitación de Cristo, a la práctica de los sacramentos, a la vida según el Espíritu Santo, y a la observancia de las leyes de la Iglesia.
Pero en el depósito de la divina Revelación que Cristo ha confiado a la Iglesia para enseñar al mundo también están contenidas normas de ética natural, aptas para construir un pleno humanismo, en cuanto de por sí demostrables también en base a la simple razón práctica, común a todo hombre razonable.
Desde este punto de vista la Iglesia se hace abanderada de los más altos y nobles intereses del hombre y de todo hombre, en todo tiempo y en todo lugar, proponiendo un sistema de ética humana que va desde el respeto a la dignidad de la persona, a la promoción de la cultura, de la ciencia, del arte y de la filosofía, desde la promoción de la justicia y de la paz, a la defensa de la vida humana desde su inicio hasta su fin, a la enseñanza de los principios fundamentales de la convivencia civil, social, económica y política.
Quisiera ahora recordar, no como enunciados de fe (los cuales a los ojos de los no-creyentes no tienen valor objetivo), sino con un argumento racional, apto para convencer a todo hombre razonable, los principios que deben regular e iluminar la cuestión. Haré un breve elenco con explicaciones y motivaciones relacionadas.
Primero. La medicina, para llevar a cabo su nobilísima finalidad y no favorecer la muerte antes que la vida, no producir enfermedades en lugar de curarlas, no conducir al vicio sino a la virtud, debe regular su acción sobre la base de una veraz y objetiva concepción del hombre, de la salud y de las finalidades de la vida humana. Ahora bien, la fecundación artificial es contraria a estas finalidades, en cuanto implica la supresión de embriones humanos y actos sexuales ajenos a la natural unión del hombre y la mujer.
Segundo. La procreación no es un deber ni un derecho de nadie, de modo tal que por lo eso, si el sujeto, aunque casado, no puede procrear, exista el deber por parte de la medicina de obtener artificialmente la procreación para quien la desee. De hecho, los derechos inviolables del hombre conciernen al individuo, no a la reproducción de la especie humana. Ahora bien, la procreación concierne a la subsistencia de la especie, no a la del individuo. De hecho, para que la especie humana se reproduzca, no es necesario que todos procreen, mientras que para que cada individuo subsista, es necesario que esté seguro de todo lo que necesita para vivir.
Tercero. Es cierto que la medicina debe ayudar a la naturaleza carente o deficiente a cumplir su función; pero precisamente el no poder generar no es un defecto que sea lícito remediar tecnológicamente, porque, como he dicho, no existe en todo hombre aunque esté casado, ni el deber ni el derecho de procrear, sino sólo la facultad, donde y cuando el organismo tiene la fuerzas naturales. De lo contrario, ¿por qué no hacer procrear también a un sujeto de diez años o un viejo de noventa años?
Cuarto. Por esta razón, si bien la técnica es útil y, en ocasiones, necesaria para la salud del individuo (por ejemplo, la cirugía o la ortopedia) no tiene justificación racional si está dirigida a consentir al individuo para procrear.
Quinto. No se debe confundir la procreación con la producción tecnológica. El hombre llega a la existencia por procreación o generación. La vida surge de la generación, no es producto de la tecnología. Pretender hacer existir a un ser humano mediante medios tecnológicos, como precisamente la fecundación artificial, quiere decir considerar al hombre como producto de la técnica, tal como se construye una máquina, lo que evidentemente es ofensivo para la dignidad del procreado, rebajado al nivel de un producto de la técnica.
Sexto. Como ya he dicho, el procedimiento de la fecundación artificial implica actos sexuales antinaturales y la supresión de embriones, lo que es contrario tanto a la verdadera unión del hombre con la mujer, como al respeto por la vida del concebido.
Séptimo. La pareja humana estéril no por esto permanece frustrada en la práctica de la transmisión de la vida. Es cierto que hombre y mujer se unen para generar la vida, pero no existe solo la generación física: de esta son capaces también los animales. Sino que la dignidad humana implica también un modo mucho más noble de generar, que es la acción educativa, formativa, escolar, asistencial, curativa, social, solidaria, benefactora y promotora de la dignidad humana en todos sus aspectos. Piénsese, por ejemplo, en la institución de la adopción.
Conclusión. Es urgente recuperar el sentido de estos principios. No se trata tanto y no solo de las ideas de los católicos, sino del bien de la sociedad misma, de la existencia de la civilización y de la subsistencia misma de la vida humana. Por esto, también un Estado sanamente laico y no confesional no puede renunciar a trabajar para que estos principios sean respetados, a fin de cumplir lo que es de su estricto deber como promotor del bien común y de la dignidad del hombre. No están en juego aquí las opiniones políticas o la libertad de pensamiento; aquí está en juego la salvación del hombre. En la cuestión aquí examinada es necesario ser firmes por el bien de todos, también de nuestros enemigos.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 2010

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum fecundatio artificialis sit licita secundum rationem naturalem

Ad hoc sic procediturVidetur quod fecundatio artificialis sit licita secundum rationem naturalem.
1. Quia medicina, cuius finis est supplere defectus naturae, debet iuvare eos qui procreare non possunt. Sicut chirurgia corrigit defectus corporales et orthopaedia adiuvat ad ambulandum, ita ars technica debet remedium praebere incapacitati generandi, ut unicuique coniugi ius filios habendi praestetur.
2. Praeterea, procreatio videtur esse ius fundamentale coniugum, cum coniugium naturaliter ordinetur ad generationem vitae. Negare hoc ius esset frustrare finem matrimonii et privare coniuges bono essentiali. Ergo medicina deberet officium habere procreationem artificiose procurandi.
3. Item, ars technica moderna producit bona et servitia quae vitam humanam meliorant; si potest vitam producere, nulla ratio est eam impedire. Fecundatio artificialis esset igitur progressus legitimus, cum permittat speciem humanam reproduci etiam ubi natura deficit.

Sed contra est quod Magisterium Ecclesiae docet vitam humanam oriri ex generatione et non ex productione technica, et quod dignitas hominis requirit reverentiam ad unionem naturalem viri et mulieris atque ad vitam concepti. Praeterea ratio naturalis agnoscit vitam esse donum et non productum, sicut philosophia classica affirmat: quod generatur causam vivam habet, non causam mechanicam.

Respondeo dicendum quod fecundatio artificialis est contraria fini medicinae et dignitati humanae. Medicina debet servire vitae et non morti, debet curare et non morbos producere, debet ducere ad virtutem et non ad vitium.
Fecundatio artificialis implicat suppressionem embryonum humanorum et actus sexuales alienos a coniunctione naturali viri et mulieris. Procreatio non est officium nec ius exigibile, sed facultas naturalis quae exercetur cum corpus vires naturales habet. Non licet artificialiter supplere quod non est defectus sanitatis, quia aliter ad absurdum pervenitur, ut puer decem annorum vel senex nonagenarius procreare cogatur.
Ars technica utilis est ad salutem individui, sed nullam habet rationem si ad procreationem dirigitur. Vita humana non est productum artis technicae, sed fructus generationis; considerare hominem ut productum technicum est iniuria dignitati eius, redigens eum ad statum machinae.
Praeterea, fecundatio artificialis implicat actus innaturales et suppressionem embryonum, quod contradicit coniunctioni coniugali et reverentiae vitae. Coniuges steriles non privantur transmissione vitae, quia est modus multo nobilior generandi, qui est actio educativa, assistentialis et socialis, sicut adoptio. Ergo urgens est hos principia recuperare, quia agitur de subsistentia ipsius civilitatis et de salute hominis.

Ad primum dicendum quod medicina adiuvat naturam in his quae ad salutem individui pertinent, sed non habet officium supplendi procreationem, quae non est ius exigibile. Incapacitas generandi non est morbus curandus, sed limitatio simplex naturae.
Ad secundum dicendum quod procreatio non est ius coniugum, sed facultas naturalis, et ideo arte technica praestari non potest. Matrimonium non frustatur per sterilitatem, quia coniunctio coniugalis habet etiam fines superiores, sicut mutuus amor et cooperatio in educatione et promotionem vitae humanae.
Ad tertium dicendum quod vita humana non est productum technicum, sed fructus generationis, et reducere eam ad productionem est degradare dignitatem hominis. Ars technica potest bona externa producere, sed vitam producere non potest sine eius depravatione. 
   
JG

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