¿Realmente puede el Evangelio ser reducido a un programa político? ¿Puede la liberación cristiana confundirse con la ideología marxista? ¿No se corre el riesgo de sustituir la salvación eterna por una mera utopía intramundana? ¿Qué valor tiene la doctrina social de la Iglesia frente a los manifiestos revolucionarios? ¿No será necesario distinguir entre una auténtica teología de la liberación, fiel a Cristo y a la Iglesia, y aquella que se encierra en horizontes terrenos y acaba decepcionando a los mismos pobres que pretende defender? El padre Giovanni Cavalcoli examina con rigor la llamada teología de la liberación, mostrando sus luces y sombras, y recordando las advertencias del Magisterio. [En la imagen: fragmento de "En la Cena ecológica del Reino", mural obra de Maximino Cerezo Barredo].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
martes, 14 de abril de 2026
Sobre la teología de la liberación
Sobre la teología de la liberación
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana el día 11 de septiembre de 2013. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/sulla-teologia-della-liberazione-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
En el sitio web Vatican Insider del 7 de septiembre de este año aparece una entrevista al teólogo Gustavo Gutiérrez, el famoso fundador de la "teología de la liberación", el cual comprensiblemente no le escatima elogios incondicionales. Como es bien sabido, esta corriente teológica sudamericana tuvo sus fogonazos en las décadas del 70 y 80 del siglo pasado y aún hoy se sigue hablando de ella.
Gutiérrez asegura que la teología de la liberación no es otra cosa que el Evangelio defensor y liberador de los pobres y de los oprimidos; él está convencido de que en esto tiene la plena aprobación del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Mons. Gerhard Müller e incluso del Papa. Luego cita al famoso teólogo liberacionista Leonardo Boff en tono favorable, sin tomar para nada en cuenta el hecho de que en su momento fue condenado por la misma Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) en 1985 ¹.
Ahora bien, sobre esta expresión "teología de la liberación", existen grandes equívocos, y alguno, como dicen en Roma, "ci marcia", es decir, si no es precisamente un ingenuo imperdonable, aprovecha de ella para hacerse el listo, pescar en río revuelto y engañarse a sí mismo y a los fieles. Es indudable que la expresión en sí misma es muy bella: ¿qué es el Evangelio sino una teología de la liberación? ¿Cristo acaso no es el gran Libertador de la humanidad? El cristianismo -san Pablo docet-, ¿qué es sino una escuela de libertad? Sobre esto no hay ninguna duda.
Pero la historia y los usos lingüísticos nos enseñan, si no queremos valernos de hipócritas abstracciones o juegos de palabras, que el nombre con el cual de hecho vienen designados eventualmente por los autores, los iniciadores o los fundadores de una doctrina, una corriente de pensamiento, un sistema filosófico o teológico, un movimiento político o cultural o religioso, es luego el nombre con el cual la gente o los historiadores designan esas realidades. Y con este nombre permanece en el común conversar humano, incluso si etimológicamente o anteriormente ese nombre significaba otra cosa.
También las palabras comunismo, idealismo, historicismo, liberalismo, voluntarismo, empirismo, positivismo, existencialismo, son en sí mismas muy bellas y cargadas de significado positivo: quien no aprecia la comunión, el ideal, la historia, la libertad, la voluntad, la experiencia, el hecho positivo, pero todos los estudiantes de filosofía de secundaria saben que de hecho estos términos designan realidades histórico-culturales muy precisas, prescindiendo del significado que cada una pueda tener de por sí misma en modo abstracto o en sentido etimológico.
Lo mismo vale para la teología de la liberación, que ha sido y es una corriente teológica muy precisa, con un fundador bien preciso, una fecha precisa de nacimiento y un muy preciso seguimiento de teólogos sustentadores. Por consiguiente, no es el caso de andarse con rodeos en una cuestión sumamente seria como esta, por las incalculables conexiones o implicaciones espirituales, morales, económicas, eclesiales, políticas y sociales, por no hablar de las militares internacionales.
No es el caso ni de litigar gratuitamente ni de juguetear con las palabras sobre las espaldas de las inconmensurables masas de pobres y oprimidos del mundo. Quiero decir que no es honesto aprovecharse de la inocencia de la expresión en sí misma para hacer pasar por debajo de la mesa una determinada y bien caracterizada "teología de la liberación", la cual, en el examen de los estudiosos católicos y del propio Magisterio de la Iglesia, lamentablemente ha revelado estar cargada de graves defectos que sería desleal ocultar para hacerle elogios incondicionalmente.
Hace apenas unos días, el Papa ² ha declarado que para la defensa de los derechos de los trabajadores la teología de la liberación no es necesaria. Es evidente el sentido en el cual el Pontífice, a quien no se puede acusar de estar del lado de los ricos, ha usado esta expresión: en su sentido negativo condenado por la CDF en 1984 ³, aun cuando al año siguiente la misma CDF emanó otro documento en el cual evidencia los aspectos positivos de la teología de la liberación, y en tal sentido obviamente mons. Müller ha hablado positivamente de la teología de la liberación.
De hecho, es bien archiconocido que esta corriente teológica contiene aspectos positivos, a tal punto que en la década de 1980 incluso un Cardenal completamente equilibrado y moderado como Eduardo Pironio se declaraba tranquilamente a favor de la "teología de la liberación". Hicieron mal, en cambio, y crearon escándalo, los cardenales Paulo Arns y Lorscheider en tomar la defensa de Boff.
Pero el bueno de Gutiérrez no se entiende de qué lado está, a tal punto que es hábil y estudiada su ambigüedad, que salva cabra y col, y se pone tanto con Boff como con Müller y con el Papa en un exageradamente amplio elogio de la teología de la liberación hecha coincidir sic et simpliciter con el Evangelio. Entonces, surge inmediatamente la pregunta: ¿se ha equivocado la CDF al condenar a Boff en 1985 y a la teología de la liberación en 1984?
La gran objeción que los liberacionistas hacían en aquellos años a Roma era: "¡desde Roma no pueden darse cuenta de las reales condiciones de los pobres y de los explotados en América Latina!". Una objeción que se da la azada en los pies, ya que el documento de la CDF no era ni una apología del egoísmo ni una chorrada de personas ignorantes que no saben lo que sucede en América Latina, sino simplemente puesta el luz, con la debida autoridad de la Santa Sede, de errores teológicos y hasta de herejías, que tienen un contenido objetivo y universal, para el cual no significa nada que se esté en Roma o se esté en Buenos Aires, así como cuando un centro médico internacional, digamos desde Roma, propone el remedio para un virus propagado en América Latina, lo cual no significa que la vacuna sea válida solo en Roma y no en América Latina. ¿A quién le podría venir en mente objetar que tal vez Roma no conocía la situación de América Latina?
Un razonamientos de este tipo todos lo comprenden, pero cuando se trata de verdades o falsedades en el campo de la fe, quién sabe por qué se esgrimen los argumentos más capciosos y sofísticos, con todo perjuicio y daño, se entiende, de los pobres fieles que terminan quedándose confundidos y desconcertados al escuchar a entrometidos e impostores no castigados como se debería, a los cuales en el fondo la salvación de las almas no les interesa, sino que les interesa gozar de la fama de geniales reformadores del pensamiento.
La amplia y documentadísima Instrucción de la CDF de 1984, en efecto, muestra con toda evidencia, además de con muchos argumentos y razones, los puntos en los cuales una cierta "teología de la liberación", que entonces, como se hizo evidente, era la de Boff y de sus compañeros, es irreconciliable con el Evangelio:
– por su prospectiva meramente secularista cerrada a la trascendencia;
– la salvación, por lo tanto, no como existencia bienaventurada en un futuro mundo ultraterreno, sino como salvación intramundana. Para Gutiérrez "no existe otro mundo, sino que existe sólo éste".
– por la concepción de la fe, entendida no como asunción de una doctrina del Magisterio de la Iglesia, sino como experiencia de la Palabra de Dios en la comunidad;
– por su praxismo cerrado a la necesidad de la plegaria y de la contemplación sobrenatural;
– por la concepción de la libertad entendida no como liberación del pecado sino de la injusticia social;
– por su entender la liturgia no como "fons et culmen totius vitae christianae" y la Misa como sacrificio divino expiatorio, sino como símbolo y momento de la presencia de Dios en la praxis colectiva de la liberación;
– por la ausencia de una doctrina de la gracia redentora y sanadora como remisión de los pecados: la gracia como símbolo de la voluntad reformadora y revolucionaria del pueblo de Dios en el proceso de autoliberación;
– por su actitud subversiva proclive a la violencia de clase en la reivindicación de los derechos de los trabajadores, de los pobres y de los oprimidos;
– por el desprecio de la jerarquía católica y de las prerrogativas de la Santa Sede acusadas de ser estructuras opresivas ligadas a las clases dominantes, sobre el fundamento de una eclesiología “desde abajo” (Iglesia popular), donde se predica una igualdad que no es la cristiana compatible con el primado del sacerdocio sobre el laicado, sino más similar a la concepción luterana del sacerdocio universal;
– por su planteamiento típicamente marxista, según el cual no es la persona individual la que determina el bien social con la voluntad moral referida a Dios, sino que son las estructuras sociales y el cambio político de los medios de producción, aunque guiados por la Providencia, los que conducen a la liberación de los individuos, cuyo ser se resuelve enteramente en la relación con la sociedad.
Por el contrario, la ética evangélica, que parece predicar la debilidad frente al opresor, un intimismo individualista que ignora el sufrimiento del prójimo, una cobarde resignación ante la injusticia y alienantes formas de consuelo, en fin, como lo demuestra la historia de la Iglesia, demuestra mayor realismo, energía y eficacia de acción que los ampulosos manifiestos, las utópicas proclamas y los programas revolucionarios de la teología de la liberación.
Entonces quisiera preguntar al querido Gutiérrez: ¿sería esto el Evangelio? O tal vez Ratzinger se ha equivocado, cuando, después de minuciosos análisis, conducidos por sus colaboradores, en virtud del mandato recibido del Beato Juan Pablo II, ha puesto en luz estos puntos de contraste precisamente en nombre de la correcta obra y lucha por la liberación de las clases trabajadoraa y de la emancipación de los pobres, que encuentra una referencia decisiva en aquella que desde tiempos de León XIII llamamos "doctrina social de la Iglesia"?
El defecto fundamental de la teología de la liberación no es ciertamente el de concentrar la atención sobre las grandes cuestiones atinentes a la justicia y la paz, con particular referencia a la liberación y a la elevación de las clases menos favorecidas o incluso afligidas por diversas y pesadas formas de miseria, ya que esto es un deber fundamental, no digo del cristiano, sino de cualquier hombre de conciencia, sino que su defecto fundamental es el modo restringido y reductivo, por tanto falso, de concebir el cristianismo, todo cerrado en los intereses, en los medios, en las perspectivas y en las posibilidades del mundo presente, por un futuro meramente terreno, con la ilusión de encontrar la felicidad en este mundo, lo que al final acaba por convertir en ineficaz y decepcionante la lucha por ese mismo ideal para el cual ella declara constituirse.
Aun considerando los elementos válidos de la teología de la liberación, si no se trata de apropiadas soluciones adecuadas a la América Latina, me pregunto qué pretende entonces añadir a la ya riquísima doctrina social de la Iglesia, que, después de León XIII, pasa por Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI? ¿O tal vez quisiera corregir esta preciosa doctrina que, si no siempre pone en juego la infalibilidad del Magisterio, dado su carácter prevalentemente pastoral, ciertamente en sus principios desciende directamente de la fe?
En cualquier caso, no veo mal una sana teología de la liberación al lado y no en contra del Magisterio de la Iglesia. No excluyo que aquí y allá proponga algunas soluciones aún más avanzadas, que la Iglesia está muy lejos de despreciar y, de hecho, asume tranquilamente. Pero se mantiene el problema de sus errores. Si los teólogos de la liberación se han corregido de tales errores, la Iglesia no tendrá más que alegría y consuelo; si en cambio estos teólogos todavía están apegados a esos errores, entonces, cuando se habla de "teología de la liberación", siempre será necesario especificar para evitar los equívocos. ¿De cuál "teología de la liberación" se trata?
La verdadera teología de la liberación está resumida en estas espléndidas palabras del Salmista: "Bienaventurado el hombre que piensa en el débil y en el pobre: en el día del mal el Señor lo libera, lo guarda, lo hace vivir, lo hace feliz en la tierra y no lo entregue en las manos de sus enemigos" (Sal 41,2).
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 11 de septiembre de 2013
Notas
¹ Notificación sobre el volumen del P. Leonardo Boff, O.F.M., "Iglesia: Carisma y poder. Ensayo de Eclesiología militante", 11 de marzo de 1985; AAS 77 (1985) 756-762. Véase el link: https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19850311_notif-boff_sp.html
² El padre Giovanni Cavalcoli se está refiriendo al papa Francisco (JG).
³ Instrucción sobre algunos aspectos de la Teologia della liberazione, Libertatis nuntius (Instructio de quibusdam rationibus "Theologiae Liberationis"), 6 agosto 1984; AAS 76 (1984) 876-909.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum theologia liberationis sit conformis Evangelio et rationi theologicae catholicae
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod theologia liberationis sit conformis Evangelio et rationi theologicae catholicae.
1. Quia Evangelium ipsum proponitur ut nuntius liberationis pauperum et oppressorum, et Christus est magnus Liberator humani generis. Ergo omnis theologia quae intendit hominem liberare ab iniustitia sociali videtur mandatum evangelicum implere. Praeterea historia Ecclesiae ostendit sanctos pauperes defendisse et oppressionem denuntiavisse, quod videtur iustificare theologiam in liberatione terrena positam.
2. Praeterea Ecclesia, quae debet promovere iustitiam et pacem, non potest se subtrahere a certaminibus socialibus et politicis populorum oppressorum. Si theologia liberationis intendit transformare structuras iniustas, videtur caritatem in forma concretissima exercere. Negare hanc theologiam esset favere statu quo et passivitati coram dolore humano.
3. Item, theologia liberationis praebet responsionem concretam miseriis Americae Latinae, ubi miliones pauperum exploitationem patiuntur. Roma, ab illis condicionibus distans, non potest recte iudicare theologiam ex experientia populi ortam. Ergo eius damnatio iniusta vel incompleta videretur, quia condiciones historicas et sociales originis non considerat.
Sed contra est quod Romanus Pontifex, per Congregationem pro Doctrina Fidei, in Instructione anni 1984 docet quandam theologiam liberationis esse irreconciliabilem cum Evangelio, quia salutem supernaturalem substituit liberatione intramundana, fidem reducit ad experientiam communitariam, orationem et contemplationem spernit, et categorias marxisticas assumit quae negant primatum personae et gratiae. Praeterea Psalmus dicit: Beatus vir qui intellegit super egenum et pauperem; in die mala liberabit eum Dominus, ostendens veram liberationem a Deo procedere et non ab ideologia.
Respondeo dicendum quod theologia liberationis, in forma ideologizata, est contraria Evangelio et doctrinae catholicae. Error eius fundamentaliter non consistit in cura pauperum, quod est officium omnis christiani et omnis hominis conscientiosi, sed in modo restrictivo et reductivo concipiendi christianismum, clausum ad transcendens et limitatum ad res praesentis mundi. Substituendo liberationem a peccato liberatione ab iniustitia sociali, et salutem aeternam felicitate terrena, fidem et spem christianam deformat.
Vera liberatio christiana non est revolutio politica nec mutatio structurarum, sed conversio cordis et gratia redemptoria quae a peccato liberat. Doctrina socialis Ecclesiae, a Leone XIII usque ad Benedictum XVI, iam praebet plenam doctrinam de iustitia et dignitate humana, sine necessitate ideologiarum. Theologia liberationis, cum marxismum assumit, transcendens negat et salutem reducit ad processum historicum auto‑liberationis populi, ubi gratia fit symbolum voluntatis revolutionariae. Sic liturgia desinit esse sacrificium divinum et fit mera expressio praxis collectivae.
Ethica evangelica, quae videtur debilis coram oppressore, ostendit in historia maiorem efficacitatem quam manifesti revolutionarii. Ecclesia, longe ab complici iniustitiae, dignitatem humanam et defensionem pauperum promovit per caritatem et doctrinam socialem. Ergo theologia quae hierarchiam ecclesialem et auctoritatem Magisterii spernit, christiana vocari non potest. Vera theologia liberationis in verbis Psalmistae resumitur: Dominus liberat pauperem et custodit eum in die mala.
Conclusio: Theologia liberationis, cum se claudat in horizontibus terrenis et categorias marxisticas assumat, est incompatibilis cum fide catholica. Vera liberatio christiana consistit in conversione cordis et in gratia quae hominem liberum facit ad amandum Deum et proximum.
Ad primum dicendum quod Evangelium quidem liberat, sed eius liberatio est spiritualis et moralis, non mere socialis aut politica. Christus liberat a peccato, radice omnis iniustitiae, nec ad solum reformator structurarum reducitur.
Ad secundum dicendum quod Ecclesia iustitiam et pacem promovet per caritatem et doctrinam socialem, non per ideologias revolutionarias. Liberatio christiana fit in gratia et veritate, non in violentia classis nec in subversione. Actio socialis christiani nascitur ex fide et oratione, non ex certamine materialistico.
Ad tertium dicendum quod veritas theologica est universalis et non pendet a condicionibus localibus. Roma non iudicat ex ignorantia Americae Latinae, sed ex auctoritate doctrinali et fidelitate Evangelio. Sicut centrum medicum potest remedium praebere pro malo quod alterum continentem afficit, ita Ecclesia potest errores doctrinales indicare qui fidem ubique laedunt.
JG
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