En tiempos de epidemia y desconcierto, como los que vivimos algunos años atrás, cuando más necesitamos recordar el sentido del sufrimiento y la fuerza del sacrificio cristiano, surgen voces que lo desfiguran y lo reducen a un instrumento de explotación social. ¿Puede el sacrificio de Cristo ser interpretado como un engaño capitalista? ¿No es más bien el acto supremo de amor y redención, fuente de paz y reconciliación? ¿Qué significa negar el valor expiatorio de la cruz, cuando la Escritura y la tradición lo proclaman con claridad? ¿No es un signo de soberbia y de carnalidad rechazar la deuda del pecado y el remedio que Dios mismo nos ofrece? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli desenmascara las falsificaciones modernas, recuerda la enseñanza de los Concilios y de san Pablo, y nos invita a redescubrir en la Santa Misa la verdadera victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el poder del demonio, como prenda de gloria futura y fuente de esperanza en medio de la prueba. [En la imagen: el papa Francisco orando, en 2020, durante la pandemia del Covid].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 28 de marzo de 2026
Una ofensa al sacrificio de Cristo
Una ofensa al sacrificio de Cristo
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 20 de marzo 2020. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/unoffesa-al-sacrificio-di-cristo.html)
"Cristo se ha ofrecido en sacrificio agradable a Dios" (Ef 2,5)
"Ofreced vuestros cuerpos como sacrificio viviente,
santo y agradable a Dios" (Rom 12,1)
La fe se está ofuscando justo en el momento en que más se necesita
Precisamente en estos días de propagación de la epidemia, días en los cuales más que nunca es útil recordar conceptos y prácticas de fe consoladores y alentadores, tales como para hacernos pacientes, fuertes y serenos en la prueba, he aquí que l’Avvenire del pasado 15 de marzo sale con la hermosa idea de publicar un nuevo artículo de Luigino Bruni, titulado "Ambiguo es el sacrificio", con el subtítulo "la pretensión de retribuir a Dios y ese velo que no esconde la explotación". Los títulos ya lo dicen todo.
El artículo precedente, del 1 de marzo, intitulado "Esa perfección que engaña", era una denigración del ideal cristiano de la perfección, confundido con un esfuerzo inútil, mientras que es mejor apoltronarse en la mediocridad. En cambio, el artículo del 15 de marzo es un impío ataque al concepto cristiano del sacrificio y, en particular, al sacrificio de Cristo y, por lo tanto, de la Santa Misa, sacrificio visto calumniosamente como engañoso expediente de los capitalistas para mantener a los trabajadores en una condición de explotación, tratando de convencerlos de que su "sacrificio" económico juega a favor de su elevación social y del bien del país.
¿Se puede imaginar una deformación más delirante del don que Cristo, por mandato del Padre, ha hecho de su propia vida en la cruz por amor nuestro y para satisfacer en lugar nuestro, nuestra deuda contraída con el Padre por el pecado original y por nuestros pecados? ¿Se puede imaginar una peor profanación de política de baja categoría del misterio más alto y saludable de la ética cristiana?
Precisamente en estos días de preocupación, en los cuales todos los hombres rectos se interrogan sobre el sentido del sufrimiento, sobre el por qué de una naturaleza tan hostil y sobre el significado de la muerte, mientras los católicos se prodigan, junto con todos los hombres de buena voluntad, en el socorrer a los enfermos y dar sepultura a los muertos, mientras los más piadosos practican el piadoso ejercicio del Vía Crucis particularmente recomendado en Cuaresma, he aquí que vemos salir alegremente con perentoria confianza a nuestro Bruni para contarnos qué es el sacrificio cristiano.
El sacrificio cristiano es un engaño de los capitalistas
Comienza diciendo que "la relación entre cristianismo y sacrificio está llena de equívocos". Luego recuerda que "el cristianismo ha interpretado la pasión y muerte de Jesús como un sacrificio, como el Cordero de Dios que con su muerte quita definitivamente el pecado del mundo. Un nuevo y último sacrificio (Heb 10), que sustituye a los antiguos y reiterados sacrificios del Templo. El sacrificio de Jesús habría sido el precio pagado a Dios Padre para extinguir la enorme deuda que la humanidad había contraído. Jesús, el nuevo Sumo Sacerdote, ofrece en sacrificio no animales sino a sí mismo".
La descripción es perfectamente correcta y conforme al dogma de la Redención. Pero, ¿qué hace nuestro Bruni? Leamos el comentario que hace sobre esta definición de la esencia y del valor del sacrificio de Cristo. Según él: "el sacrificio está surgiendo de la teología más reciente (gracias a una comprensión más bíblica del misterio de la Pasión), pero está entrando cada vez más en la nueva religión capitalista". Expliquemos sus palabras: el concepto del sacrificio de Cristo tal como él lo ha descripto es finalmente abandonado por la teología más reciente, que, según él, sería "más bíblica". ¿Cuál es esta "teología más reciente", que se enorgullece de dar una explicación más bíblica de la Pasión de Cristo de cuanto nos la ofrece el dogma de la Redención?
Se trata de la cristología de Rahner y de Schillebeeckx, quienes niegan -contra el preciso dogma del Concilio de Trento (Denz.1529)- el valor satisfactorio vicario, expiativo y reparador de la Pasión de Cristo, como he expuesto en un tratado mío sobre la Redención ¹.
Ellos se alejan así del catolicismo incluso más que Lutero, el cual, si bien no aceptaba el sacrificio de la Misa, sin embargo mantenía el dogma fundamental del valor satisfactorio vicario del sacrificio de Cristo, en cuyo culto Lutero encontrabaó paz, consuelo y esperanza.
Que el concepto de sacrificio pueda ser instrumentalizado y falsificado por fuerzas sociales, políticas o económicas explotadoras de las categorías más débiles y dependientes del mundo de la producción, de la industria y del trabajo, quizás con vanos pretextos de carácter pseudorreligioso, es un dato de hecho, que nadie querrá negar y que indudablemente fue señalado en su momento por el propio Marx.
Pero incluso aquí el repugnante sofisma de Bruni es el mismo que en el precedente artículo: rechazar un valor por el simple hecho de que existan falsificaciones de él. Arremeter contra el ideal de la perfección cristiana por el hecho de que hay falsificaciones de ella no es un buen motivo para rechazar tal perfección en sí misma.
Y de manera similar, rechazar la idea del sacrificio cultal solo porque se dan falsificaciones de él, no es en absoluto un buen motivo para rechazar la idea del sacrificio en sí mismo, sobre todo si se trata del sacrificio de Cristo. San Pablo es severísimo contra los "enemigos de la cruz de Cristo. Su fin es la perdición, su dios es el vientre, su gloria está en aquello que los cubre de vergüenza, y no aprecian sino las cosas de la tierra" (Fil 3,18-19).
En efecto, la hostilidad hacia el sacrificio redentor de Cristo es el signo de un alma, que en su soberbia y en su carnalidad, no se reconoce necesitada de salvación y deudora hacia Dios por la deuda del pecado, por lo cual no solo no advierte el deseo de pagarla, sino que está apegada al pecado confundido por un bien, rechaza lo que le permitiría vencerlo, es decir, el sacrificio de la cruz.
Bruni parte de una idea errónea del sacrificio que ya se encuentra a nivel de la religión natural. Él recita sobre el sacrificio una serie de tonterías y falsedades, partes bizarras de una imaginación sin freno, completamente separada de la verdadera realidad de la religión natural. Sería interesante hacer un análisis psicoanalítico de los monstruos que emergen del subconsciente de Bruni. La única frase sensata es la siguiente: "La gracia deseada en los sacrificios es objeto de comercio". Esto es verdad. En el acto del sacrificio se produce un intercambio entre el hombre y la divinidad: el hombre ofrece la víctima y Dios da la gracia. La metáfora del commercium ² es tradicional en la espiritualidad cristiana.
Pero las otras frases dejan en claro que Bruni se entrega a pensamientos insensatos, sin sentido. De hecho, dice: "el sacrificio consiste en transformar cosas vivas en algo que muere para que esté vivo". "En los sacrificios esos animales o esas libaciones (vegetales), que como todas las cosas vivas estarían destinadas necesariamente y naturalmente a la muerte, gracias al sacrificio alcanzan, paradójicamente, a vencer la muerte, para adquirir una dimensión que las sustrae del ritmo natural de la vida. Porque, si por una parte el cordero muere prematuramente, porque es sacrificado cuando todavía está vivo, mientras muere en el altar se convierte en algo diferente que supera las leyes naturales. Entra en otro orden. Al no morir de forma natural, se vuelve en cierto modo inmortal".
Pero, ¿dónde y cuándo la religión natural, comprendida la veterotestamentaria, aparte de la magia o la superstición o un pacto con el diablo, alguna vez ha concebido el sacrificio divino de este modo? Todos los historiadores de las religiones saben que lo esencial del sacrificio cultual, al menos en las religiones superiores, radica en aquel especial acto sacerdotal, con el cual el hombre ofrece a Dios una víctima de expiación para aplacar la ira divina castigadora y obtener gracia, curación, perdón y bienestar. En la imagen distorsionada del "cordero" sacrificado que "deviene inmortal", Bruni evidentemente se refiere de manera burlona a la imagen bíblica del Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.
La misma palabra sacri-ficium dice acción sacra, es decir, que tiene relación con Dios. El acto del sacrificio supone en el hombre la necesidad de rendir homenaje a la divinidad, y de pedirle favores, pero sobre todo el deseo de congraciarse con la divinidad ofendida por el pecado, reparando la ofensa cometida contra Dios.
En la religión natural, la víctima del sacrificio suele ser asesinada, aunque no siempre, para significar que ella pertenece a Dios y ya no a su poseedor humano. En la religión natural no existe en absoluto la idea de que la víctima, como cree Bruni, deviene inmortal, sino que es el hombre quien ofreciendo el sacrificio espera devenir inmortal obteniendo de Dios la inmortalidad.
Es sólo en el sacrificio cristiano, sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Misa, que perpetúa sin derramamiento de sangre el sacrificio de la cruz, que la víctima, siendo el mismo Hijo de Dios, es inmortal. Solo en el sacrificio cristiano la víctima, muerta en el pasado, pero resucitada, está ahora viva y vivificante, donadora de vida eterna, porque es el mismo Cristo, Señor de la vida y victorioso sobre el pecado, sobre la muerte y sobre el demonio, autor de la muerte.
Y solo Cristo, que se ha ofrecido a pagar en nuestro lugar en cuanto Hijo de Dios, puede pagar al Padre la deuda del pecado. En efecto, él mismo, subiendo a la cruz, asume así la muerte, consecuencia del pecado, para liberarnos del pecado. Entonces viene la posibilidad para nosotros de liberarnos a nuestra vez del pecado y de la muerte uniéndonos a la muerte de Cristo. Es solo Cristo, en efecto, la Víctima divina, que vence a la muerte, no ciertamente con los animales ofrecidos en los ritos paganos o en los antiguos ritos judíos, que solo eran prefigurativos del sacrificio de Cristo.
El sacrificio redentor de Cristo está profetizado en modo sublime por Isaías, en el c.53, cuando habla de un misterioso "siervo de Dios", el cual "ha cargado sobre sí nuestros sufrimientos, ...ha sido traspasado por nuestros delitos. ...se ha abatido sobre él el castigo que nos da la salvación: por sus llagas hemos sido curados. ...era como un cordero conducido al matadero. …cuando se ofrezca a sí mismo en expiación, verá descendencia, vivirá por largo tiempo. ...mi siervo justo justificará a muchos, él asumirá sus iniquidades. Por tanto, le daré en premio las multitudes, ...porque se entregó a sí mismo a la muerte y ha sido contado entre los impíos, mientras que él llevaba el pecado de muchos e intercedía por los pecadores".
Jesús mismo declara esta su misión expiatoria y redentora en las siguientes palabras: "El Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar la vida en rescate por muchos" (Mt 20,28). En el momento de la institución de la Eucaristía, Jesús declara ofrecer su propio cuerpo "para la remisión de los pecados" (Mt 26,28).
Jesús anuncia secretamente esta su misión salvífica haciendo a Nicodemo una comparación con cuanto le había sucedido a Israel en el desierto: "Como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado, para que todo aquel que crea en él tenga la vida eterna" (Jn 3,15). La cruz es necesaria para conocer la divinidad de Cristo: "Cuando vosotros hayáis levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabréis que Yo Soy" (Jn 8,28). Es con el poder de su cruz que Cristo eleva a los hombres al cielo: "Cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12,32).
La presente circunstancia de la epidemia es, así, para nosotros los católicos ocasión para recordar el verdadero significado del sacrificio de Cristo, que es actuado en el amor del Espíritu Santo, reactualizado en la Santa Misa, es purificación de los pecados, satisfacción dada a la Padre, descuento de la pena, inspirador de toda obra buena, fuente de paz y de santidad, reconciliación con Dios y con los hermanos, dominio sobre la carne, liberación de la muerte, del sufrimiento y del poder de Satanás, pregustación del gozo celestial, prenda de la gloria futura, para ser estimulados a unirnos más íntimamente al sacrificio de Cristo, ofreciéndonos también por la salud del prójimo y la conversión de los pecadores.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 18 de marzo de 2020
Notas
¹ Il Mistero della Redenzione, Edizioni ESD, Bologna 2004.
² Véase la antífona O admirabile commercium de la Liturgia de Navidad.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum sacrificium Christi verum valorem redemptivum habeat
et contra modernas falsificationes sit defendendum
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod sacrificium Christi verum valorem redemptivum non habeat.
1. Quia quidam tenent relationem inter christianismum et sacrificium plenum esse ambiguitatibus, et theologiam recentiorem relinquere ideam Passionis ut sacrificium vicarium, interpretando eam clavi magis biblica.
2. Praeterea, dicitur sacrificium christianum intrasse novam religionem capitalisticam, et esse dolosum instrumentum ad operarios in exploitatione retinendos, quod ostenderet sacrificium esse conceptum manipulatam et inanem.
3. Item, quidam theologi moderni negant valorem satisfactori vicarium Passionis Christi, contradicentes dogmati Concilii Tridentini, et affirmant quod cum morte totus homo moriatur et totus resurgat, quod tollit ideam sacrificii expiatorii.
Sed contra est quod Concilium Tridentinum docet Passionem Christi habere valorem satisfactori vicarium, expiatorem et reparatorem. Apostolus Paulus monet contra inimicos crucis Christi, quorum finis est perditio et gloria in confusione. Propheta Isaias annuntiat servum Dei qui portavit dolores nostros et obtulit se in expiationem, multos justificans. Ipse Christus declarat se venisse ut vitam suam daret in redemptionem pro multis.
Respondeo dicendum quod sacrificium Christi est verum sacrificium redemptivum, Patri pro nobis oblatum, et quod constituit nucleum fidei christianae. Christus se obtulit in sacrificium Deo acceptum, et in Missa sancta perpetuatur sine effusione sanguinis sacrificium crucis. Sacrificium christianum est purificatio peccatorum, satisfactio Patri reddita, reconciliatio cum Deo et fratribus, fons pacis et sanctitatis, liberatio a morte et potestate Satanae, pignus gloriae futurae.
Quod conceptus sacrificii possit ab hominibus socialibus, politicis vel oeconomicis instrumentalizari et falsificari, factum est; sed hoc veritatem eius non tollit. Rejicere sacrificium propter abusus est sophisma. Hostilitas contra sacrificium redemptivum Christi est signum animae superbae et carnalis, quae debitum peccati et necessitatem salutis non agnoscit. Idea quod victima fiat immortalis in sacrificio naturali est absurda; solum in sacrificio christiano victima, quae est Filius Dei mortuus et resuscitatus, est immortalis et vivificans.
Sacrificium redemptivum Christi sublimiter prophetatur ab Isaia, qui loquitur de servo Dei portante dolores nostros et vulnerato propter scelera nostra, qui se obtulit in expiationem et multos justificabit. Iesus ipse declarat se venisse ut vitam suam daret in redemptionem pro multis, et in institutione Eucharistiae offert corpus suum in remissionem peccatorum. Crux est necessaria ad cognoscendam divinitatem Christi, et virtute crucis suae Christus homines elevat ad caelum. Praesens circumstantia epidemiae est occasio ad recordandum sacrificium Christi esse fontem pacis et sanctitatis, reconciliationem cum Deo et fratribus, dominium super carnem, liberationem a morte et potestate Satanae, praegustationem gaudii caelestis et pignus gloriae futurae.
Ad primum ergo dicendum quod theologia recentior dogma Ecclesiae definita contradicere non potest. Passio Christi est sacrificium vicarium et redemptivum, sicut Scriptura et traditio docent.
Ad secundum dicendum quod sacrificium falsificari potest per hominum cupiditates, sed hoc veritatem eius non tollit. Rejicere ideam sacrificii in se propter abusus est sophisma.
Ad tertium dicendum quod negare valorem satisfactori vicarium Passionis contradicit Concilio Tridentino et fidei Ecclesiae. Solus Christus, ut victima divina, potest Patri solvere debitum peccati, et sacrificium eius in Missa perpetuatum est fons salutis.
JG
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