¿Es la cruz de Cristo sólo un símbolo de amor gratuito, o es el sacrificio expiatorio y satisfactorio que reconcilia al hombre con Dios? ¿Puede la teología contemporánea abandonar las categorías de expiación y satisfacción sin traicionar la Escritura y el dogma? ¿No es la cruz, perpetuada en la Misa, el acto sacerdotal que obtiene el perdón y transforma la pena en germen de vida eterna? ¿Qué significa realmente que Cristo ha pagado nuestra deuda y ha vencido al demonio con su sangre? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli responde a las tesis de mons. Carlo Molari, mostrando que la redención no se reduce a metáforas de amor, sino que exige reconocer la cruz como sacrificio expiatorio y satisfactorio, fundamento de la salvación y de la vida eterna. [En la imagen: fragmento de "El Gólgota", óleo sobre lienzo, 1883, obra de Mihály Munkácsy, perteneciente a la colección del Déri Museum, Debrecen, Hungría].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
martes, 31 de marzo de 2026
Respuestas a Carlo Molari sobre el valor expiatorio y satisfactorio del sacrificio de Cristo
Respuestas a Carlo Molari
sobre el valor expiatorio y satisfactorio del sacrificio de Cristo
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su propio blog el 14 de junio de 2022. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/risposte-carlo-molari-sul-valore.html)
Un lector me ha presentado, pidiéndome una opinión, algunos pasajes del teólogo Carlo Molari, recientemente fallecido, tomados de un informe que se publicó el 30 de julio de 2009 ¹. Responderé por puntos al texto de Molari.
1. "Los motivos por los que Jesús ha podido hacer de la cruz, que era condena injusta, consecuente al rechazo a aceptar su propuesta de conversión para la venida del Reino de Dios, un evento de salvación, no son precisados en modo articulado y forma uniforme en la Escritura".
Respuesta. Cristo ha enseñado que habría de dar su vida en rescate por muchos (propter nostram salutem), que levantado de la tierra, habría de atraer a todos hacia sí, que él era la serpiente alzada en el desierto mirando hacia la cual los hombres los hombres serían salvados, que cada uno de nosotros debe tomar su cruz y seguirlo, que ofrecía su cuerpo y su sangre en sacrificio para la remisión de los pecados, afirmaciones todas reflexionando sobre las cuales la Iglesia en los siglos posteriores habría de entender que Jesús ha realizado la profecía de Is 53 del Siervo de Dios, el cual, tomando sobre sí, inocente, el peso de nuestras culpas, nos ha liberado del pecado y de la muerte con el sacrificio sacerdotal de sí mismo (Heb c.10) en el altar de la cruz, ofreciéndose en sacrificio expiatorio y reparador para la remisión de los pecados (Consagración eucarística), ha pagado con su sangre el precio de nuestro rescate dando así adecuada compensación y satisfacción al Padre en nuestro lugar (Concilio de Trento, Denz.1529) por la ofensa recibida por el pecado, nos ha reconciliado con el Padre y ha atraido sobre los pecadores arrepentidos el perdón y la misericordia del Padre.
La Escritura presenta la obra salvífica de Cristo bajo seis esquemas interpretativos que han entrado en la formulación del dogma de la redención:
1) Jesús ha pagado en nuestro lugar el débito o deuda de la culpa o el precio de nuestro rescate. Esquema de la transacción económica o esquema redentor.
2) Jesús nos ha liberado de la esclavitud del demonio arrancándonos de su poder y restituyéndonos a la sujeción al Padre. Esquema demonológico-liberacionista.
3) Jesús se ha ofrecido en sacrificio cultual expiatorio para la remisión de los pecados obteniéndonos gracia, misericordia y perdón de parte del Padre. Esquema cultal religioso.
4) Jesús se ha interpuesto como mediador de paz entre Dios y los hombres. Esquema de la reconciliación.
5) Jesús ha dado satisfacción al Padre en nuestro lugar y nos hecho capaces de obrar meritoriamente por nuestra salvación, que es don gratuito del Padre. Esquema jurídico-salvífico.
6) Jesús es el médico que con la gracia de la cruz nos cura de la enfermedad del pecado, nos devuelve la salud y nos da la vida después de la muerte. Esquema sanitario.
2. "Los componentes de la historia de la salvación son fundamentalmente dos: uno descendente, constituido por la acción divina que a través de Cristo ofrece gracia y perdón al hombre, el otro ascendente, constituido por el camino del hombre Jesús que, atraído y conducido por la gracia del Espíritu alcanza la perfección de la identidad filial (cfr "alcanzó la perfección" Heb 5,9) y traza para el hombre el camino hacia la vida eterna, ofreciendo al mismo tiempo la fuerza del Espíritu para recorrerlo".
Respuesta. Justa la acción descendiente divina y la ascendente humana de Cristo. La primera implica la gratuidad de la salvación. La segunda implica el mérito. "Alcanzó la perfección" no se refiere al Hijo, ya de por sí perfecto ab aeterno, sino a la humanidad de Cristo, en cuanto Cristo, en el curso de su vida terrena, ha progresado en la virtud (cf. Lc 2,52).
3. "El primer modelo, prevalentemente ascendente, considera a Jesús como el Hijo/siervo que en la cruz ofrece a Dios reparación por los pecados de los hombres y merece de Dios aquellos dones de gracia que salvan a toda la humanidad del mal, justificándola. Las metáforas utilizadas en el Nuevo Testamento y las referencias proféticas del Antiguo Testamento han provocado diferentes explicaciones sobre el rol desarrollado por Jesús al ofrecer a Dios la justa compensación por los pecados de los hombres, como su sustituto y/o representante. Él, sufriendo y muriendo, según las diversas metáforas, habría cumplido un sacrificio de expiación, pagado el precio del rescate, ofrecido una satisfacción proporcionada a la ofensa recibida, sufrido la pena del pecado en lugar de los hombres o como su representante".
Respuesta. Todas estas afirmaciones no deben ser puestas en modo condicional, sino en modo indicativo porque son las diversas expresiones del dogma de la redención.
4. "Se mantiene en esta perspectiva una grave dificultad ya advertida de modo genérico por el Catecismo del Concilio de Trento. Después de haber declarado que toda religión y la fe cristiana se fundan en la eficacia salvífica de la cruz, afirma: 'Si hay algo que dificulta la mente y la inteligencia humana, es ciertamente el misterio de la cruz, el más difícil entre todos, y difícilmente podemos concebir que nuestra salvación dependa de la cruz y de aquel que fue clavado en ese madero por nosotros' (Catecismo del Concilio de Trento P.1, a.4, n.57)".
Respuesta. Estas palabras del Concilio de Trento son conmovedoras, porque dan testimonio de la humildad de la Iglesia, que es también Esposa de Cristo e intérprete infalible de su palabra y de su Misterio, ante la incomprensibilidad del Misterio, en la conciencia de la limitación de nuestra débil razón y de la pobreza de nuestros conceptos, por más verdaderos que sean, en el comprender el aparente escandalo de la Cruz que nos salva.
5. "Prácticamente, la dificultad ha venido resuelta con la adición de un componente descendente constituido por las estructuras eclesiales y sacramentales, ligadas a la cruz, a través de las metáforas del agua y de la sangre que brotan del costado de Cristo. La cruz salvaría porque mueve a Dios a difundir gracia. En efecto, la salvación deviene efectiva cuando la acción redentora de Cristo encuentra la aceptación del Padre, quien en su respuesta benévola introduce al hombre en una nueva condición de existencia, haciéndolo renacer como hijo, lo libera de los males eventualmente provocados por el pecado y lo acoge en el reino definitivo de la vida".
Respuesta. Todo es exacto, mas debe ser puesto en indicativo por motivos antes notados.
6. "Todo esto depende de la acción desarrollada por Cristo, de los méritos adquiridos por Él, pero de hecho se cumple a través del Espíritu derramado por Cristo resucitado y, por tanto, a través de la actual acción de su Iglesia y de sus sacramentos. Este modo de pensar a nivel de la piedad popular ha llegado hasta el Concilio Vaticano II y en algunos ámbitos eclesiales permanece hasta ahora".
Respuesta. No se trata de un "modo de pensar al nivel de la piedad popular" sino del modo de pensar de la Iglesia en su formulación dogmática.
7. "Realmente atribuir a Dios voluntad vindicativa o punitiva no se concilia con la imagen evangélica de Dios que, como había prometido en los profetas ('perdonaré su iniquidad, y no me acordaré más de su pecado' Jer 31,34), en Cristo ha llegado a ofrecer perdón 'gratuitamente, por gracia' (Rm 8,14) 'no imputando a los hombres sus culpas' (2 Cor 5,19) precisamente en el momento en el cual los hombres rechazaban en modo violento la propuesta de Jesús y no aceptaban la oferta de la Nueva Alianza. El Dios revelado por Jesús ofrece perdón por propia iniciativa y sin poner condiciones preliminares".
Respuesta. En Dios hay una voluntad de justicia, que ha conllevado el castigo del pecado de Adán con la muerte y la voluntad del Padre de que el Hijo, tomando sobre sí, Él inocente, el castigo en nuestro lugar (Is c.53), compensara con su sacrificio y reparara por la ofensa sufrida por el pecado del hombre.
Y hay una voluntad de misericordia, por la cual el Padre por misericordia ha querido que el hombre en Cristo pudiera ser capaz de pagar la deuda de la pena del pecado y por consiguiente, uniéndose a la cruz salvífica de Cristo, obtuviera el perdón de las culpas y pudiera colaborar con los méritos de las obras buenas de la penitencia para su propia salvación.
Por tanto, no existe una condición preliminar para nuestra salvación que dependa de nosotros, sino que la iniciativa de nuestra salvación es la gracia preveniente. Sin embargo, una vez que estamos en gracia, la salvación deviene condicionada por el cumplimiento de nuestras buenas obras en gracia, esta vez llamada consecuente.
Así el Padre ha perdonado gratuitamente al hombre arrepentido la deuda por la culpa del pecado gracias al sacrificio de Cristo, pero al mismo tiempo ha querido el Padre que gracias al sacrificio de Cristo fuera pagada la deuda de la pena o bien fuera descontada o expiada la pena del pecado (es decir, la muerte), la cual pena, gracias al poder salvífico de la cruz, ha sido transformada en principio de reconciliación del hombre con el Padre y germen de vida eterna.
8. "La perspectiva descendente se refiere al testimonio de amor que Cristo ofreció ha ofrecido en modo sublime en la cruz, y a la fuerza del Espíritu que ha infundido en la historia humana por su fidelidad al testimonio del amor. El componente ascendente (lo que Jesús ofrece a Dios para la salvación del hombre) ha desaparecido por completo y la cruz ha devenido el símbolo de la misericordia de Dios que, como había prometido ('perdonaré su iniquidad, y no me acordaré más de su pecado' Jer 31,34), en Cristo ha llegado a ofrecer perdón 'gratuitamente, por gracia' (Rm 8,14) 'no imputando a los hombres sus culpas' (2 Cor. 5, 19) precisamente cuando los responsables del pueblo rechazaban en modo violento la oferta y no reconocían el tiempo de la Nueva Alianza ofrecida en Jesús".
Respuesta. El componente ascendente, es decir, la ofrenda sacrificial de Sí al Padre hecha por Cristo, no desaparece en absoluto con la realización del componente descendente, porque este es solo la parte de Dios en la obra de salvación, pero Dios quiere que nosotros también hagamos nuestra parte, porque ha querido que el hombre se salvara no por sola gracia (¡demasiado cómodo!), como creía Lutero, sino colaborando con sus méritos en la obra de la gracia, lo que implica de nuevo el aspecto sacrificial de la obra de la salvación. De nada serviría que Cristo se haya sacrificado por nosotros si no unimos nuestros sufrimientos con los suyos.
9. "Muchas páginas bíblicas afirman con claridad que Jesús ha recibido de parte de Dios la misión de transmitir a los hombres una palabra de misericordia, el poder del Espíritu Santo. A los que están 'agobiados y oprimidos' Jesús promete: 'encontraréis descanso' (Mt 11,28). Dios no nos ha salvado en Cristo porque ha recibido de Él una adecuada reparación, sino porque por medio de Él ha ofrecido a los hombres dones de vida. En esta perspectiva, la cruz aparece como evento contingente, determinado por el rechazo humano a acoger el Evangelio de la gracia".
Respuesta. Sí, pero también hay otras páginas que hablan de la necesidad de hacer penitencia, de vencer los vicios, de esforzarse por adquirir las virtudes, de saber renunciar a las tentaciones del mundo y alejar las insidias del demonio, así como de expiar los pecados en unión con la cruz de Cristo. Estas cosas no se contradicen con aquellas, sino que es necesario ponerlas juntas, porque sólo así comprendemos verdaderamente cómo se realiza nuestra salvación. De lo contrario, permanecemos en nuestros pecados y en lugar de caminar hacia la salvación, caminamos hacia la perdición.
La cruz no es de ninguna manera un evento contingente, sino completamente necesario para la salvación. Sin la cruz no hay salvación. La salvación es el producto y el efecto de la cruz, así como el bien vence al mal, la vida salva de la muerte y la luz disipa las tinieblas.
10. "Precisamente por eso es precioso el testimonio de la cruz: muestra que todo acontecimiento, incluso injusto y contrario a la voluntad divina, puede ser vivido de modo salvífico. Sin embargo, su valor salvífico no reside en el sufrimiento que merece perdón, sino en la gratuidad del amor de Cristo 'que ha amado hasta el extremo' (cf. Jn 13,1), y ha llegado a ser 'icono' del amor misericordioso del Padre, instrumento del Espíritu que ha derramado".
Respuesta. Es cierto que "todo acontecimiento, incluso injusto y contrario a la voluntad divina, puede ser vivido de modo salvífico". Y es verdad que la salvación es efecto gratuito del amor de Cristo, "que ha amado hasta el extremo (Jn 13,1), y ha llegado a ser 'icono' del amor misericordioso del Padre, instrumento del Espíritu que ha derramado".
Sin embargo, este amor salvífico gratuito que nos viene dado es precisamente el que nos da la fuerza y la voluntad de vivir en Cristo y con Cristo crucificado ese "sufrimiento que merece perdón", que es el mismo sufrimiento del sacrificio con el cual Cristo ha merecido el perdón del Padre, sacrificio participando en el cual con nuestros sacrificios, participamos de los méritos sobrenaturales de Cristo y podemos merecer también nosotros de congruo aquella salvación que Él nos ha merecido de condigno.
11. "En sí misma la cruz es contraria a la voluntad de Dios, consecuencia necesaria del rechazo opuesto a la propuesta de conversión hecha por Jesús. H sido obligado por los hombres a continuar la misión redentora en situaciones dramáticas y violentas, revelando así un Dios que continúa amando incluso cuando rugen la violencia y el odio, y está de parte de los que sufren".
Respuesta. Entendiendo por "cruz" la muerte expiatoria de Cristo, se debe decir que la cruz ha sido querida por el Padre como medio esencial y fundamental de nuestra salvación. Dios ha querido la muerte de Cristo como había querido castigar a Adán con la muerte, después de advertirle que, si comía del árbol moriría. Ni siquiera Dios puede hacer que el efecto del pecado no sea la muerte, porque el pecado es por definición la acción que procura la muerte. Si Dios puede hacer, sí, que alguien ingiriendo veneno no muera, esto no depende del hecho de que el veneno no cause la muerte, sino que depende de un acto milagroso divino, que elimina la nocividad del veneno. Así Dios ciertamente puede suspender la pena del pecado, pero esto no entra dentro del plan ordinario de la salvación, tanto que ni siquiera para su Hijo el Padre ha querido hacer excepción, aunque no había hecho nada malo. Dios ciertamente sigue amando a quien lo odia, pero esto no quiere decir que los envíe al paraíso del cielo, sino en el sentido de que ama también a los condenados del infierno.
12. "La cruz es el momento en el cual el amor de Jesús ha alcanzado un vértice sublime: 'Él ha amado hasta el extremo' (Jn 13,1) y resucitando ha revelado la fuerza vivificante del amor. La cruz deviene en tal modo el símbolo de la acción divina que, con la fuerza del amor, puede transformar los acontecimientos incluso más negativos de la historia humana en historia de salvación. El componente ascendente de la salvación reside sólo en el camino del hombre Jesús y de todo hombre que, siguiéndolo, 'conducido por el Espíritu' (Rm 8,14), alcanza la identidad filial".
Respuesta. Estoy de acuerdo. Una única observación: no es que Jesús alcance la identidad filial cuando viene conducido por el Espíritu, sino que ya es Hijo desde la eternidad.
13. "Incluso en el Antiguo Testamento, la dirección primera del auténtico sacrificio parece clara: de Dios a la humanidad más que de la humanidad a Dios (O'Collins G., Jesús hoy. Líneas fundamentales de la cristología, S.Pablo, 1993 p.217). Podríamos decir que sacrificio indica la acción divina que se reserva para sí una realidad para insertarla en la dinámica de la historia salvífica".
Respuesta. No. El sacrificio es un acto humano de culto a Dios ya presente en la religión natural, por lo tanto es acto del hombre o más precisamente del sacerdote, que asciende a Dios. Véase el símbolo bíblico del perfume que sube hacia lo alto. Ciertamente podemos decir que el Padre ha sacrificado al Hijo. Y aquí ciertamente se trata de una acción descendente.
¿Pero qué quiere decir? En concreto, significa que el Padre nos ha dado al Hijo que se ha sacrificado por nosotros por voluntad del Padre. Por tanto, acción ascendente de Cristo hombre hacia el Padre, aunque esta acción ascendente haya sido precedida por la acción descendente del Padre sobre la humanidad del Hijo para mandarle cumplir el sacrificio, el cual, no lo olvidemos, ha sido cumplido por Jesús en obediencia al Padre a costa de sudor de sangre en Getsemaní.
14. "El cuerpo de Jesús ha sido reservado por Dios desde el inicio, o mejor, Dios se ha reservado para sí el cuerpo de Jesús para llegar a expresar toda la perfección de su ofrecimiento de vida a los hombres. En este sentido la Carta a los Hebreos aplica el Salmo 39/40 a Jesús 'No has querido ni sacrificio, ni ofrenda, en cambio me has preparado un cuerpo. Entonces dije: he aquí que vengo para hacer, oh Dios, tu voluntad' (Hb 10,5-7). [...] Entonces, ¿qué significa que la cruz es sacrificio? Significa que en la cruz en Jesús el divino Dabar, el Logos del Padre, ha podido expresarse de tal modo como para iniciar la nueva etapa de la alianza. Jesús se ha vuelto disponible a Dios de modo completo y definitivo, sin residuos. Sólo en este sentido la cruz puede ser llamado sacrificio".
Respuesta. Ciertamente Jesús en la cruz nos habla. Es lo que san Pablo llama el "discurso de la cruz" (logos tu staurù, 1 Cor 1,18). Ciertamente en la cruz "el Logos del Padre, ha podido expresarse de tal modo como para iniciar la nueva etapa de la alianza. Jesús se ha vuelto disponible a Dios de modo completo y definitivo, sin residuos".
Pero, ¿cómo concretamente se ha vuelto disponible? ¡Precisamente expiando, reparando y pagando por nosotros! No es suficiente cuanto dice Molari. Es demasiado genérico para calificar el sacrificio de Cristo. Si se quiere, Cristo en la cruz nos ha dado una lección de altísima teología. Durante dos mil años, los teólogos y los santos han reflexionado y meditado sobre las famosas palabras pronunciadas por Jesús en la cruz. Sin embargo, su cátedra no fue la tranquila cátedra del docente universitario, sino la sangre que le brotaba de sus heridas y los dolores insoportables que presagiaban su muerte para la remisión de nuestros pecados.
En este punto me viene a la mente lo que dice el mismo Lutero, creyente sincero en el sacrificio expiatorio de Cristo, es decir, que el verdadero teólogo más que ser el docente grandilocuente cómodamente sentado en su cátedra, es el que participa de la cruz de Cristo. De lo contrario, hablar de "sacrificio" como hace Molari es una cháchara ridícula.
15. "Cuando Pablo escribe a los Romanos: 'Dios, que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo ha dado en sacrificio por todos nosotros, ¿cómo no nos dará en don, juntamente con él, todas las cosas?', expresa una dinámica oblativa, descendente. En esta línea debe ser leída la acción de Cristo: 'Cristo os ha amado y se ha ofrecido a sí mismo por nosotros como oblación y sacrificio de suave fragancia a Dios' (Ef 5,2) y 'Jesucristo se ha dado a sí mismo por nosotros con el propósito de rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo que le pertenezca exclusivamente' (Tit 2,13). Dios ha suscitado la acción con la cualen Jesús nos ha purificado, nos ha rescatado de la esclavitud del pecado, ha restablecido la alianza".
Respuesta. En esto solo puedo estar de acuerdo.
16. "Expiar quiere decir perdonar, por lo tanto la expiación no es nuestra sino de Dios. El término bíblico expiación, por lo tanto, no tiene el significado actual de 'descontar un pecado, una culpa, soportando la pena o el castigo […] Los términos hebreos relativos a la expiación se refieren a una acción purificadora de Dios que se ejerce habitualmente a través de la sangre, pero que de por sí no implica el sufrimiento del pecador como pena del pecado cometido. […] El sujeto de la expiación, por tanto, es Dios, el cual activa su perdón a través del rito expiatorio. Además, la acción expiatoria viene desarrollada mediante la purificación del oferente el cual, a través de la sacralidad de la sangre, vuelve a entrar en sintonía con la divinidad. R.Fabris, refiriéndose a estas reflexiones, concluye: 'En el ritual de la expiación el sujeto del verbo kipper, 'expiar' es Dios, por lo cual este 'expiar' equivale a 'perdonar'. [...] En este horizonte, aparece clara la dinámica de la expiación bíblica. Dios purifica al pecador, 'cubre' sus pecados, los cancela, no los toma en cuenta (cf. Jer 31,34 que habla de la nueva alianza) [...] En este horizonte, aparece clara la dinámica de la expiación como en el Nuevo Testamento es recordada por Pablo (Rm 3,25: 'lo ha preestablecido como instrumento de expiación' (instrumento de expiación o propiciatorio es el kaporeth: sobre el cual se derramaba la sangre para potenciarlo en su dinámica purificadora) y en la primera carta de Juan (1 Jn 2,2: víctima de expiación por nuestros pecados; 1 Jn 4,10: (Dios) 'nos ha amado y ha enviado a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados'). Dios purifica al pecador, cubre sus pecados, los cancela, no los tiene en cuenta, como había preanunciado Jeremías: 'perdonaré su iniquidad, no me acordaré más de sus pecados' (Jer 31,34). Usar el término 'expiación' con el significado que tiene hoy resulta, por tanto, erróneo".
Respuesta. No. San Jerónimo traduce el hebreo kipper por ex-piare, término de la religión romana que en cambio significa cumplir un acto piadoso, similar por lo demás al término sacri-ficium, que significa: "cumplo un acto sagrado con la ofrenda de una víctima". El expiar y el sacrificar ya en la religión natural son actos piadosos o sagrados, es decir, cumplidos por el sacerdote en honor de la divinidad, para rendirle culto, hacerla propicia y favorable y obtener gracia y perdón.
En 1 Jn 2,2 y 4,10 Jesús es presentado como ilasmòs, que Jerónimo traduce por propitiatio y la Biblia de la Conferencia Episcopal Italiana "víctima de expiación". Evidentemente Dios no puede ser víctima, sino más bien en Cristo, es el que ofrece la víctima. Esto significa que en el culto cristiano a Jesús, el Hijo se ofrece como víctima de expiación. Es por lo tanto el Hijo, en la humanidad de Jesús sacerdote de la Nueva Alianza en su sangre, quien cumple la expiación; no es el Padre.
El Padre acepta el acto expiatorio del Hijo y se vuelve propicio al hombre concediéndole su perdón. Esta es la doctrina de la Escritura y, por consiguiente, del dogma de la redención. Está claro que la idea de que el sacrificio aplaque la ira divina, aunque presente en la liturgia, es una simple metáfora para expresar el hecho de que en realidad es el hombre quien aplaca su ira contra Dios, manteniendo siempre Dios su amor hacia el pecador, aun cuando el pecador le ofende con el pecado y Él lo castiga. Cabe añadir que la ofrenda al Padre de Jesús víctima de expiación viene perpetuada en la Misa por el sacerdote in persona Christi como renovación incruenta del sacrificio de Cristo.
El perdón, por tanto, no es la expiatio, sino que es el efecto de la expiatio. La expiatio es cumplida por el sacerdote para obtener el perdón. La expiación no es en absoluto un acto divino, como lo es en cambio el perdón, pero al acto expiatorio del sacerdote corresponde a acto divino del perdón.
17. "La teología, en efecto, desde hace tiempo se había dado cuenta de que el misterio de la cruz no podía ser interpretado adecuadamente considerando a Cristo sólo como que ofrece a Dios una reparación en favor de los hombres. También santo Tomás de Aquino, a la línea ascendente de la acción de Cristo hacia el Padre (mérito, satisfacción, sacrificio, redención, expiación Sum.Theol. III, q.48, aa.1-5), añade la línea descendente con la doctrina de la causalidad instrumental de Jesús que comunica a los hombres la gracia merecida (Sum.Theol. III q.48 a.6). En esta perspectiva, a mediados del siglo XX fue redescubierta la función salvífica de la resurrección y se comenzó a hablar de la cruz/resurrección o de la Pascua como único acontecimiento de salvación (véase Durrwell F. X., La risurrezione di Gesù, mistero di salvezza, Paoline, Roma 1963, original de 1954). En tal perspectiva, la misión de Jesús no consiste sólo en el ofrecer reparación a Dios por los pecados de los hombres, sino también, y para algunos sobre todo, en el transmitir a los hombres esa fuerza espiritual que hace florecer novedades de vida. Esta es la obra (ergon Jn 4,34) realizada por Cristo para salvarnos: ha donado el Espíritu ('recibid el Espíritu Santo' Jn 20,22) y ha perdonado los pecados".
Respuesta. Estoy de acuerdo.
18. "El término 'satisfacción' no es bíblico. Significa 'resarcimiento o reparación debida por haber procurado o sufrido un daño o una ofensa'. Ha sido utilizado en la tradición para expresar la compensación que Jesús habría ofrecido a Dios por las ofensas recibidas por los hombres pecadores. El sentido antropomórfico del término ha contaminado durante muchos siglos la soteriología: en sus diversas conjugaciones debe ser abandonado. G.Greshake, observa que San Anselmo 'es el primero que construye explícitamente la soteriología sobre el axioma aut satisfactio aut poena, que Tertuliano había desarrollado en la teología de la penitencia' (Greshake, Soteriologia nella storia della teologia, in Redenzione ed emancipazione, Queriniana, 1975 p.113)".
Respuesta. No importa que el término satisfacción no se encuentre en la Escritura. Existe el concepto. Y por eso el Concilio de Trento lo ha utilizado para explicar el misterio de la redención (satisfecit pro nobis, Denz. 1529). Está claro que Dios no ha sido como un propietario humano que, habiendo sido despojado de una de sus propiedades, exige ser resarcido o, habiendo sufrido un daño, exige ser compensado por el daño recibido y que el daño sea reparado, o que, habiendo sido ofendido, exige que le sea dada satisfacción o que se le restituya justicia.
Y sin embargo, la Escritura usa precisamente este lenguaje, que obviamente no debe ser antropomorfizado, pero tampoco puede ser sustituiddo o ignorado o, peor aún, desaprobado. Debe ser rectamente interpretado, porque, tratándose de un misterio sobrenatural de fe, debemos mantenernos con el lenguaje usado por la Escritura e interpretado por la Iglesia, no poseyendo por cuenta nuestra con nuestra simple razón, el criterio para juzgar y evaluar.
El término satisfacción hace referencia al hecho de que con el pecado el hombre se ha sustraído a la voluntad y a la gracia divinas y se ha sujetado a otro dominio, el del diablo. Ciertamente que, metafísicamente hablando, Dios no puede perder nada y no puede ser privado de nada. Pero cuando la Escritura habla de la obra de justicia del Hijo que ha rescatado al hombre al precio de su sangre y, sustrayéndolo del dominio del demonio, ha restituido al hombre a Dios, su legítimo propietario y señor, se refiere en realidad no a una pérdida sufrida por Dios, sino a una pérdida sufrida por el hombre por haberse alejado de Dios por el pecado. Dios no ha perdido nada; es el hombre que se ha perdido a sí mismo. Pero una vez aclarado esto, nada impide el uso de las metáforas bíblicas, las cuales se expresan en términos antropomórficos que acercan a Dios al hombre, y en tal modo elevan al hombre a Dios.
19. "El término 'satisfacción' es insensato: Dios no debe ser satisfecho. Muchos teólogos defienden hoy la teoría anselmiana contra las desviaciones que ella ha sufrido en la historia. Desde el punto de vista histórico ellos tal vez tengan razón, pero ciertamente la impostación anselmiana dependía de los modelos jurídicos de la época que él había estudiado en Padua en su juventud. González resume en modo correcto el pensamiento del teólogo medieval: 'San Anselmo niega que el Padre haya enviado a su Hijo para morir en la cruz (sería injusto hacer morir a un justo en lugar de los pecadores), pero lo ha enviado al mundo con la misión de predicar el Evangelio; el Hijo ha encontrado la muerte por fidelidad (obediencia) a esta misión, rechazada por los hombres. Desde el momento que los hombres habían pecado, eran incapaces de 'satisfacer' por su pecado (que consiste en el ofender a Dios rompiendo el orden que Él ha establecido); se puede satisfacer sólo ofrendando más de lo que es debido, pero todo lo que el hombre tiene o hace (incluida la muerte) lo debe. Por tanto, para él sólo puede satisfacer Jesucristo (si Dios quiere enviarlo) porque su muerte (no siendo Él pecador) no le es debida, sino que puede aceptarla por pura generosidad y libertad' (Carlos Ignacio González, Cristologia. Tu sei la nostra salvezza, Piemme, 1988 p. 263). Pero hoy no hay ningún motivo para utilizar esta categoría: Dios no debe ser satisfecho. Dios justifica gratuitamente, por gracia. En Jesús revela y realiza esta decisión suya".
Respuesta. Definir "insensato" el término satisfacción referido a la redención de Cristo, quiere decir insultar la doctrina del Concilio de Trento y falsear el dogma de la redención. San Anselmo no depende de la Universidad de Padua, sino de la Escritura. La doctrina de la satisfacción, que Anselmo recaba de la Escritura nos dice simplemente que el hombre con el pecado ha caído en una situación de miseria, de tal manera que no es capaz de recuperarse de ella con sus solas fuerzas. Para poderse salvar y recuperar la gracia perdida, le es necesario al hombre una fuerza divina, tal como para poder transformar la muerte, castigo del pecado, en vida. Este hombre designado por Dios es Jesucristo, el cual puede resarcir al Padre en virtud de su riqueza divina siempre por su poder divino puede dar eficacia salvífica a su sacrificio expiatorio.
San Anselmo no hace más que retomar al profeta Isaías (cap.53) cuando enseña que Cristo inocente ha tomado sobre sí el peso de nuestros pecados obteniendo para nosotros del Padre misericordia y perdón. Dar satisfacción al Padre no significa nada más que esto:
"Él soportaba nuestros sufrimientos y cargaba con nuestras dolencias. El fue traspasado por nuestras rebeldías y triturado por nuestras iniquidades. Por sus heridas fuimos sanados. El Señor hizo recaer sobre él las iniquidades de todos nosotros. Al ofrecerse a sí mismo en expiación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí sus iniquidades. Por eso le daré en premio multitudes, porque expuso su vida a la muerte y fue contado entre los impíos, siendo así que llevaba el pecado de muchos e intercedía en favor de los pecadores".
La Biblia parangona además la situación del pecador con la de un deudor insolvente e incapaz de pagar la deuda, porque concibe el pecado como una deuda que el hombre contrae con Dios sin tener luego la capacidad de salir de la deuda. El pecador roba a Dios lo que le pertenece, es decir, a sí mismo y lo destruye. Dios para volver a la paz con el hombre exige ser resarcido. ¿Quién es capaz de pagar al Padre lo que le ha sido sustraido? El Hijo, que, al precio de su sangre, recompra o redime al hombre rehén de Satanás.
Dios, por tanto, justifica gratuitamente en el sentido de que la salvación viene de su gracia. Pero eso no significa que Él no pida satisfacción y compensación por la ofensa del pecado. Lo que quiere decir que pide al hombre hacer, en Cristo, su parte, correspondiendo a la gracia con las obras reparadoras y penitenciales.
Es gratuito aquello que proviene de Dios, pero es un deber y condición para ser salvos la obra del pecador arrepentido, que en Cristo y gracias a Cristo da satisfacción al Padre uniendo su cruz cotidiana a la cruz de Cristo. Es de hipócritas tomar como pretexto la gratuidad de la gracia para evadirse de la responsabilidad de unir a ella nuestras obras de reparación y de satisfacción. La salvación es ser francos y no salirse con la suya ².
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 13 de junio de 2022
Notas
² Nota del traductor: en el original italiano es un juego de palabras: la salvezza è essere franchi e non farla franca.
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum crux Christi sit solum testimonium gratuiti amoris,
vel sit sacrificium expiatorium et satisfactorius quod obtinet remissionem et salutem
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod crux Christi sit solum testimonium gratuiti amoris, et non sacrificium expiatorium et satisfactorius quod obtinet remissionem et salutem.
1. Quia Deus remittit sine conditionibus praevias et non indiget reparatione nec satisfactione.
2. Praeterea, dicitur expiatio esse opus Dei, non hominis nec Christi ut sacerdotis, et remissio idem est quod expiatio.
3. Item, ponitur vocabulum satisfactio insensatum et relinquendum, quia Deus non debet satisfieri, sed gratis per gratiam iustificat.
Sed contra est quod Apostolus docet Deum non pepercit proprio Filio, sed pro nobis omnibus tradidit eum in sacrificium. Ad Hebraeos dicitur Christum semel oblatus esse ad tollenda peccata. Isaias annuntiat Servum Dei portasse iniquitates nostras et obtulisse se in expiationem. Concilium Tridentinum definit Christum pro nobis satisfecisse, debitum peccati solvendo et nos cum Patre reconciliando. Thomas docet Christum pro nobis meruisse gratiam et gloriam per passionem, et eius sacrificium esse causam instrumentalem salutis nostrae.
Respondeo dicendum quod crux Christi est sacrificium expiatorium et satisfactorius. Amor gratuitus Dei est fons salutis, sed hic amor exprimitur in opere sacerdotali Christi, qui vitam suam Patri obtulit pro nobis. Expiatio non est ipsa remissio, sed actus sacerdotalis qui remissionem obtinet. Pater sacrificium Filii accipit et homini propitius efficitur, misericordiam et reconciliationem largiens.
Scriptura proponit opus salutare Christi sub variis schematibus: solutionem debiti, liberationem a potestate daemonis, sacrificium cultuale, reconciliationem, satisfactionem iuridicam et medicinam spiritualem. Haec omnia in cruce confluunt ut actus expiatorius et satisfactorius. Crux non est contingens, sed necessaria ad salutem, quia sine ea nulla est redemptio.
Vocabulum satisfactio, etsi non invenitur in Scriptura, exprimit conceptum biblicum compensationis et reparationis. Peccatum est debitum et offensio; Christus innocens sanguine suo pretium redemptionis solvit et hominem Deo restituit. Gratia gratuita non tollit necessitatem satisfactionis, sed eam praesupponit: Deus gratis iustificat, sed vult ut homo in Christo participet operibus paenitentiae et reparationis.
Hoc sacrificium expiatorium perpetuatur in Missa, ubi sacerdos in persona Christi incruente renovat oblationem Filii. Remissio est effectus expiationis, non eius identitas. Expiatio est actus sacerdotalis, remissio est actus divinus. Crux est igitur locus ubi coniunguntur gratuita Patris initiatio et Filii oboedientia sacrificialis, et ubi nobis communicatur Spiritus qui nos facit capaces nostrae passiones cum Christi passionibus coniungere.
Ad primum ergo dicendum quod remissio est gratuita, sed obtinetur per sacrificium expiatorium Christi, qui pro nobis satisfacit.
Ad secundum dicendum quod expiatio non est actus divinus, sed sacerdotalis, a Christo peractus et in Missa perpetuatus, cuius effectus est remissio a Deo concessa.
Ad tertium dicendum quod vocabulum satisfactio non est insensatum, sed legitima expressio dogmatis, quia Christus debitum nostrum solvit et hominem Deo reconciliavit. JG
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