¿De dónde proviene la concepción rahneriana de la muerte? ¿No es acaso un eco de Heidegger y, más atrás, de Hegel, que confunden la vida con la muerte y el bien con el mal? ¿Puede el cristiano aceptar que la muerte por sí misma sea principio de vida, cuando la Escritura enseña que sólo en Cristo la muerte se convierte en expiación y redención? ¿No es peligrosa la fascinación por un “espíritu” que se afirma en lo negativo, que diviniza la muerte y que hunde sus raíces en la mitología germánica de Odín y la guerra? En esta tercera parte de su artículo, el padre Giovanni Cavalcoli desenmascara las fuentes filosóficas y míticas de Karl Rahner, mostrando cómo su teología de la muerte deriva de la dialéctica hegeliana y del ser-para-la-muerte heideggeriano, más cercanos a la teomaquia pagana que al Evangelio de Cristo. [En la imagen: fragmento de "Crucifixión de Cristo", óleo sobre madera de haya, 1532, obra de Lucas Cranach el Viejo, de la colección del Museo de Arte de Indianápolis].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 30 de marzo de 2026
El sacrificio expiatorio (3/3)
El sacrificio expiatorio (3/3)
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, cuya tercera parte se publicó el 8 de junio de 2022. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-sacrificio-espiatorio-terza-parte-33.html)
Rahner bebe de Heidegger, a su vez eco de Hegel
El ser-para-la-muerte heideggeriano, si es vivido auténticamente, no dispersándose en la cotidianidad del "se dice", sino concentrándose en el propio existir sin ilusiones y por tanto aceptando la "angustia" y el "compromiso", garantiza al Dasein, es decir, al hombre en situación, su "posibilidad más propia", es decir, la "existencia auténtica" de "casa" y "pastor" del ser.
Es el mismo tema hegeliano, como veremos: la vida surge del concentrarse en la muerte. Es necesario "permanecer junto al mortuum" ¹. Heidegger tiene expresiones de asonancia evangélica, como cuando Cristo dice: "quien pierde su propia vida por Mí, la encuentra" y así Heidegger habla de la "renuncia a sí mismo" ², pero, no siendo cristiano, él no piensa para nada en el sacrificio cristiano, y habiendo sido filósofo del nazismo, más bien se debe pensar que se refería a la dedicación al Estado nazi.
De los siguientes pasajes de Heidegger, tomados de Ser y tiempo, podemos ver de dónde ha sacado Rahner su inspiración y su concepto de la muerte como plenitud de la libertad.
"El ser-para-la-muerte es el ser para el poder-ser más propio, incondicionado e insuperable" ³. "La muerte, como fin del Dasein, es la posibilidad del Dasein más propia, incondicionada, cierta y como tal indeterminada" ⁴. "El ser-para-la-muerte es la anticipación" (=previsión) "de un poder-ser de ese ente, cuyo modo de ser tiene el anticiparse mismo. En el descubrimiento anticipatorio de este poder-ser, el Dasein se abre a sí mismo frente a su posibilidad extrema. Pero proyectarse en el poder-ser más propio significa: poder comprenderse a sí mismo en el ser del ente así revelado: existir. La anticipación se revela como posibilidad de comprender el extremo poder‐ser más propio, es decir, como posibilidad de existencia propia" ⁵.
"La muerte es la posibilidad más propia del Dasein. El ser para ella abre al Dasein el poder-ser más propio, en el cual está en juego plenamente el ser del Dasein". "La anticipación no evade la insuperabilidad como lo hace el ser-para-la-muerte inauténtico, sino que, por el contrario, se vuelve libre para ella. El hacerse libre anticipatorio para la propia muerte libera de la dispersión en las posibilidades que se presentan casualmente, de tal manera que las posibilidades efectivas, es decir, situadas de ese lado de lo insuperable, pueden ser comprendidas y elegidas auténticamente. La anticipación revela la existencia, como su posibilidad extrema, la renuncia a sí misma. Disolviendo de tal modo cualquier solidificación sobre posiciones existenciales alcanzadas" ⁶.
"Lo que caracteriza al ser-para-la-muerte auténticamente proyectado en el plano existencial, puede resumirse así: la anticipación revela al Dasein la dispersión en el si-mismo" [=el se dice] "y, sustrayéndolo hasta el fondo del apoyo primario de la solicitud ocupada, lo sitúa ante la posibilidad de ser él mismo, en una libertad apasionada, libre de las ilusiones del se dice, efectiva, segura de sí misma y acosada por la angustia: la libertad para la muerte" ⁷.
De estos pasajes vemos cómo el hombre ("Dasein", ser-ahí) es entendido como esencialmente orientado a la muerte que le revela en la angustia su ser auténtico como incondicionado e insuperable. La "libertad para la muerte" es el morir como supremo y definitivo momento de la maduración y del progreso de la libertad: la idea ha sido recogida por Rahner, como hemos visto. Pero la fuente de Heidegger es Hegel, que estamos a punto de ver.
Ex morte vita: la concepción hegeliana de la victoria de la vida sobre la muerte
Hegel tiene algunas páginas de la Fenomenología del Espíritu ⁸ de extraordinaria concentración y densidad, donde el filósofo nos expresa en unas pocas líneas de potente expresividad y sugestiva profundidad su modo de entender la esencia y la acción del "Espíritu", noción fundamental de la filosofía hegeliana, en mi opinión la noción central, la noción cardinal, entendida la cual estamos en posesión, me atrevo a decir, del secreto del sistema de Hegel.
¿Qué entiende Hegel por Espíritu? Indudablemente para él el Espíritu infinito, eterno y absoluto es Dios. Lo dice varias veces expressis verbis en sus obras. Y eso le hace ciertamente honor. El Espíritu es el Absoluto, es el Sujeto, es la Idea, es el Concepto, es el Pensamiento, es la Razón, es el Devenir, es la Historia, es Dios.
Pero he aquí que inmediatamente sobrevienen los problemas, porque el Espíritu es "dialéctico". O, como dice Hegel, es "silogismo". No es un puro sí, sino que es sí y no. No es el ipsum Esse per se subsistens de santo Tomás, perfecta interpretación de Ex 3,14 y del "Yo Soy" pronunciado repetidamente por Cristo.
No. Sino que es el ser-no-ser lo que para Hegel sería el Devenir. Además, Hegel tiene esa famosa frase célebre extremadamente indicativa de su teología y de su espiritualismo: "Dios no sería Dios sin el mundo". Dios también está conectado con la materia. Por lo tanto también la corporeidad y la materia, con todas sus adversidades, vicisitudes, peripecias, desgracias, conflictos, fracasos, sufrimiento, mal, muerte, pertenecen a Dios.
Dios es un Dios-en-el-mundo, inmanente al mundo. Dios no está en el cielo sino en la tierra. He aquí por qué, para él, el Espíritu es Devenir, porque el mundo está evidentemente en devenir, cambio, historia, alternancia de vida y muerte. Por tanto, el Espíritu de Hegel no es pura Vida, sino vida-muerte-vida. He aquí por qué el Espíritu es para él el "espíritu del mundo", mientras que bien sabemos lo que es para san Pablo el espíritu del mundo: es el demonio, aquel que Cristo llama "príncipe del mundo". Y estamos en el punto decisivo: no queda más que concluir que Hegel en el concepto del Espíritu, confunde a Dios con Satanás.
Además, Dios para Hegel es, de hecho como para santo Tomás, identidad del ser y conocer, y, como para Aristóteles, autoconciencia ("nóesis noéseos"); pero el problema es que Hegel concibe en tal modo no sólo el ser divino, sino el ser como tal, cayendo en el panteísmo.
Hegel no cree en un puro Espíritu inmutable, separado de la materia. En esto, si se estuviera refiriendo sólo al espíritu humano, podríamos estar de acuerdo; pero el hecho es que él no concibe el espíritu si no conexo a la materia y al final su propio idealismo gnoseológico ("el ser es el ser pensado") se convierte en materialismo, ya que el ser es también ser material: y si el pensamiento coincide con ser, acabará por coincidir con la materia. Recordemos que Marx no es más que un Hegel invertido, como afirmó el mismo Marx.
Por tanto, para comprender qué es y cómo actúa el Espíritu según Hegel, es necesario saber manejar la dialéctica del sí y del no y tener presente que la identidad del Ser con el Pensamiento no concierne sólo a Dios sino al ser como tal. De ahí su panteísmo. En el pasaje que citaremos, Hegel nos dice cómo ve al Espíritu, fundado en el Intelecto y basado en la Negación. En medio de profundas intuiciones, no faltan siniestros destellos, que nos hacen comprender o vislumbrar que Hegel mezcla trágicamente lo divino con lo diabólico, el dios Odín con el Dios cristiano:
"Que lo accidental ut sic, separado del propio ámbito, que lo que está ligado a la vez que real sólo en su conexión con otro, adquiera su propia esencia determinada y una libertad distinta, todo esto es el inmenso poder de lo negativo; es la energía del pensar, del puro Yo. La muerte, si así queremos llamar a esa irrealidad, es lo más terrible; y para retener el mortuum, esto es lo que requiere la máxima fuerza. La belleza sin fuerza odia el intelecto, porque le atribuye tareas que ella no es capaz de realizar. Pero no esa vida a la que la muerte horroriza, y la destrucción evita, sino aquella que soporta la muerte y en ella se mantiene, es la vida del espíritu. Obtiene su verdad a condición de que se rencuentre en una absoluta devastación. Eso es este poder, pero no del mismo modo que lo positivo que ignora y no se preocupa de lo negativo, como cuando decimos de algo que es nada o que es falso, para pasar muy deprisa a otra cosa; por el contrario, el espíritu es esta fuerza sólo porque sabe mirar de frente a lo negativo y afirmarse junto a él. Esta permanencia y afirmarse es la mágica fuerza que convierte lo negativo en el ser" ⁹.
Sobre el significado del término "negación" es necesario que nos entendamos. Negar en general quiere decir quita o anular algo positivo presupuesto. Pero el espíritu puede hacer esto de tres maneras: ya sea en un sentido lógico-dialéctico, a través del juicio negativo; y esta es una negación constructiva, necesaria para la ciencia, por lo cual aquí afirmación y negación son un pareja inseparable; o con un acto físico destructivo o corruptor, por lo cual hablamos de acciones negativas o influencias negativas; o bien un acto moral de desobediencia o de rebelión.
Hegel, que notoriamente reduce toda la realidad a la lógica, extiende la forma dialéctica de afirmación-negación a toda la realidad. De ahí la extensión de la dualidad de los opuestos en el horizonte del mismo Absoluto, por lo cual en Dios hay ser y no-ser, lo verdadero y lo falso, el sí y el no, el bien y el mal y, en lo que respecta a nuestro tema, la vida y la muerte.
Hegel tiene sin duda la percepción de lo que es el espíritu, vinculándolo francamente al intelecto, al pensamiento, a la conciencia, a la persona, a la ciencia, a la libertad, a lo eterno, a lo universal, en su dominio sobre el espacio-tiempo. Sin embargo, la pregunta perturbadora que surge frente a este "espíritu", es la siguiente: ¿cuál es la relación de este espíritu con el bien y con el mal?
El gran problema del espiritualismo hegeliano, no obstante su gusto por la oposición, es que él nunca distingue el espíritu bueno del espíritu malo, sino que el espíritu parece ser a un mismo tiempo tanto bueno como malo. Nunca habla de un Espíritu Santo, incluso cuando habla de la Trinidad.
Esto inevitablemente se refleja en la relación vida-muerte. En realidad, para la fe cristiana existe un espíritu de la vida, que es el Espíritu de Dios, Dominum et vivificantem, y un espíritu mortífero, que el Evangelio llama "espíritu impuro", que es el demonio, aquel que, como Cristo dice, es "homicida desde el principio". Ahora bien, una exaltación de lo "negativo", un espíritu que "se afirma o mora en la muerte", un espíritu que recaba la vida de la muerte, ¿qué espíritu puede ser sino un espíritu diabólico?
Es evidente aquí el principio según el cual la vida vive en la muerte y la muerte vive en la vida. La vida no debe huir de la muerte, sino que debe estar con ella. Sólo así llega a vencerla haciendo que la muerte produzca la vida. Por consiguiente para Hegel no es la vida la que produce la vida negando la muerte, sino que es la muerte la que produce la vida desde la negación de la vida, negándose a sí misma.
En Hegel no encontramos las palabras del himno pascual. "Vita et mors mirando conflixere duello", porque en definitiva, vida y muerte, sin dejar de litigar, coexisten en la síntesis dialéctica, que no quita el conflicto, sino que lo supera y lo cubre, como la gracia luterana, que no quita el pecado, sino que lo subyuga. De ahí una legalización, más aún, una divinización, de la muerte.
Incluso la muerte quiere su parte en el concepto del Espíritu y de la divinidad. De aquí viene el ser-para-la-muerte heideggeriano, del cual brotan el ser auténtico y la vida (lo "incondicionado" y lo "insuperable"). De aquí viene para Rahner la muerte de Cristo, de la que brota la vida no en cuanto muerte expiatoria, un mito superado, sino porque en la muerte misma existe la vida y la vida viene de la muerte. ¿Pero no estamos ante otro mito y esta vez absurdo y blasfemo?
En la mitología germánica el conflicto en lugar de la expiación
La religión romana ciertamente prevé a Marte como dios de la guerra y a otros genios maléficos. Pero la divinidad suprema, Júpiter, el Padre de los dioses y de Minerva, es sabio, pacífico, justo y providente, aunque no deja de fulminar a los malvados con su rayo. En cambio, la divinidad germánica, cualquiera que sea, es concebida sobre el modelo de la lucha, de la agresividad y de la violencia. Es una divinidad siempre airada, implacable y siempre en guerra con alguien, ávida de posesión, de poder y de conquista.
Al Germano antiguo le falta el sentido tan vivo en la romanidad de la lex naturae, del jus gentium. En nombre de una libertad desenfrenada y subjetivista, le falta el sentido y el concepto de peccatum, del scelus y del crimen. En tales condiciones morales y sociales, es difícil imaginar cómo podría haber sido la convivencia entre los antiguos Germanos, aún cuando Tácito no los despreciaba.
Sin embargo, los propios Romanos nunca lograron someter a los Germanos. Solo en el siglo VIII comenzó la cristianización de Germania, cuando los países latinos ya eran cristianos a partir del siglo IV. Sólo los evangelizadores cristianos, con su caridad y discernimiento, lograron comprender la peculiaridad y el lado bueno del alma alemana, sobre la base del cual fue posible construir la fe. Y a los Alemanes siempre les ha resultado muy difícil asimilar el derecho romano, que la Iglesia también ha utilizado en el Derecho canónico. De esto da prueba la Reforma luterana. Permanece, gracias a Dios, la Sagrada Escritura como elemento de diálogo.
Sin embargo, en los antiguos Germanos faltaba el sentido de culpa y por lo tanto la necesidad de aplacar a la divinidad con sacrificios, porque la divinidad siempre está en polémica y controversia con el hombre, y los hombres están siempre en controversia con la divinidad. Después de todo, robar, oprimir, violentar y matar no es una culpa, sino signo de libertad y de poder divino. La "voluntad de poder" nietzscheana y la "muerte de Dios", no son más que una resurrección de la antigua ética de los Germanos. Por entonces la blasfemia equivalía a hacer teología y la magia se confundía con la religión.
Respecto a la muerte, en la mitología germánica no hay necesidad de que se le asigne una función expiatoria, porque ella es principio de vida por su cuenta, sin necesidad de recurrir a sacrificios expiatorios. Después de todo, no hay nada que expiar, porque el perdón no existe, sino que sólo existe la venganza, o el perdón está asegurado aún para aquellos que no se arrepienten.
El dios germánico nunca tiene paz, nunca descansa, es un héroe desventurado y tiene un destino trágico y grandioso. No es inmortal, sino que muere y resurge. No es inmutable, sino que se transforma. No trae paz, sino que suscita conflictos. No tiene el sentido de la universalidad, sino que siempre se pone del lado de alguno. Cuando le conviene, prefiere la mentira a la verdad. "Genio y libertino", según el conocido lema referido al romanticismo alemán.
El dios principal, Odín (Wotan), de hecho, no es el Dios de la vida y de la paz según el ideal de la pax romana. Sino un dios orientado a la vez a la vida y a la muerte, que quiere la vida y la muerte, un dios que conjuga el odio y el amor, un dios que une en sí la vida y la muerte.
Así vemos descrita la figura de Odín en el Gran Diccionario Enciclopédico ¹⁰: "Odín es el principal dios celestial, armado con una lanza. Se sirve de su sabiduría, de su astucia y de su poder sobre todo el universo para bien y para mal. Es el iniciador de la civilización humana, el inspirador del progreso, el creador de la tierra y de la primera pareja humana, es el dios de la guerra y de la muerte, espíritu inquieto y ávido de aventuras, violador de mujeres e inescrutable distribuidor de lutos y dolores. Su esposa es Frigg, con quien vive en Walhalla, la morada de los dioses, y con quien perecerá en la grandiosa catástrofe final, devorado por el lobo Fenrir".
Información extraída de la Enciclopedia Católica ¹¹. Odín, originariamente de carácter demoníaco, conductor en las noches tormentosas de la caza salvaje, es decir, de la hueste de las almas que él luego reconduce al seno de las montañas, más tarde perdió este carácter y asumió los atributos de un dios celestial, señor de la guerra y de la victoria, pero también de la vida espiritual y de la civilización.
Es padre universal y supremo ordenador del mundo, soberano del arte mágico e inventor de las runas, las primeras escrituras grabadas en altos estilos de piedra ¹², tomadas del alfabeto latino y usadas como signos con fines adivinatorios. Como señor de la guerra, él trona en el maravilloso Walhalla, lugar feliz donde se reúnen los muertos en batalla, que continúan sus actividades guerreras realizadas en la tierra en medio de fastuosos banquetes, aclamados por las walkyrias, esclavas de Odín, vírgenes guerreras provistas de armadura y armas, que cabalgan en el cielo y eligen a los predestinados para sucumbir en el combate para conducirlos al Walhalla. Morir muerto combatiendo es el ideal de felicidad del antiguo Germano que merece su estancia en el Walhalla.
Pero también existía el lugar subterráneo de los muertos, gobernado por Hel, la diosa de la muerte. Pero aquí eran destinados los ancianos que morían de muerte natural, una muerte despreciable no digna del Walhalla. De Hel proviene el término alemán Hölle y el inglés hell para designar el infierno. Solo los muertos en guerra se salvados del infierno.
A Odín se le atribuye una actividad creadora y la formación de la primera pareja humana, no en el sentido de creación de la nada porque se supone la existencia ab aeterno de la materia y de los dioses ¹³. El fin del mundo es concebido como trágico tanto para los hombres como para los dioses y una resurrección feliz descrita en la colección de poemas del Edda se debe a una influencia cristiana.
Una similar visión de la divinidad señora de la muerte y de la guerra y con final trágico sólo puede conducir a una visión dolorosa y lúgubre de la vida, bajo el signo de la muerte. Una divinidad basada en el conflicto, en la violencia, en la rapiña y en la guerra sólo puede generar un estilo de vida tendiente al crimen, al homicidio y al suicidio, hacia una vida amiga de la muerte, o dirigida a la muerte ("ser-para-la-muerte", sein zum Tode). La vida humana cae bajo el horizonte freudiano "instinto de muerte" y vienen a la mente las palabras del libro de la Sabiduría (Sab 1,24): "Los malvados invocan la muerte sobre sí mismos con gestos y con palabras; considerándola amiga, se consumen por ella y concluyen alianza con ella, porque son dignos de pertenecerle".
El dicho heideggeriano no es el franciscano "hermano, recuerda que debes morir", porque debes dar cuenta de tus obras a Dios, no es un recordatorio del valor expiatorio de la muerte, sino una espera de la muerte como "momento de la plenitud definitiva de la libertad", como si la muerte fuera productiva no por ser la muerte expiatoria de Cristo, sino simplemente en cuanto muerte.
De ahí proviene el dicho de la masonería "no hay vida sin muerte ni muerte sin vida". Y de ahí viene la falsa concepción de la muerte que Rahner atribuye al cristianismo y en particular a la muerte de Cristo. Ella no es de matriz bíblica, sino hegeliana. De hecho Hegel traduce bien en términos dialécticos la teomaquia propia de la antigua religión germánica hecha de dioses crueles, semejantes a demonios sedientos de muerte y destrucción, en base a la falsísima idea de que no es la vida sino la muerte la que engendra la vida, como en Hegel lo "negativo" produce lo "positivo".
Así, Rahner ha asumido directamente de Heidegger el concepto de la muerte, que Heidegger, a su vez ha tomado de Hegel, en las raíces de cuyo pensamiento es posible rastrear los temas de la antigua bélica mitología germánica. Por tanto, aquello que dice Rahner sobre el significado de la muerte de Cristo no se deriva de la Escritura, ni tiene ninguna referencia ni siquiera a la religión natural reflejada por la antigua Roma, sino que refleja en su raíz la turbulenta y trágica teomaquia del antiguo paganismo germánico ¹⁴, el "crepúsculo de los dioses", musicalizado por el fascinante genio de Richard Wagner.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 1° de noviembre de 2021
Notas
¹ Fenomenologia dello Spirito, op.cit., p.26.
² Ibid., p.311.
³ Ibid., p.315.
⁴ Ibid., p.319.
⁵ Ibid., p.321.
⁷ Ibid., p.323.
⁸ Op.cit., pp.25-26-27.
⁹ Fenomenologia dello Spirito, Op.cit., p.26.
¹⁰ UTET, Torino 1959, a la voz: Odino.
¹¹ En la voz: Germani, Religioni dei.
¹² Los nazis tenían gran estima por estos escritos mistéricos, aún hoy observables en lugares deshabitados, creyendo supersticiosamente que contenían la profecía de la grandeza de Germania.
¹³ Véase "el crepúsculo de los dioses" con música de Richard Wagner.
¹⁴ Es interesante cómo el sistema de Hegel ha sido designado como "pantragismo". Y de hecho en él, no obstante su celebración de la vida, no existe un verdadero triunfo de la vida sobre la muerte. Sino que la vida y la muerte están en pie de igualdad y se reclaman la una a la otra. No existe una verdadera vida eterna, libre de la muerte. Su enfoque dialéctico de si-no, hace que lo Eterno para él no sea pura vida, sino vida-muerte. El hecho de que en Rahner la muerte sea vista como afirmación de la vida es ciertamente una huella de esta visión mortífera hegeliana.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum mors sit principium autonomum vitae,
vel solum in Christo obtineat valorem expiatorium et redemptivum
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod mors sit principium autonomum vitae.
1. Quia Hegel docet negativum producere positivum, et Rahner tenet sufficere mori ad obtinendam vitam aeternam.
2. Praeterea, Heidegger affirmat esse-ad-mortem esse possibilitatem hominis proprissimam, plenitudinem libertatis et condicionem existentiae authenticae.
3. Item, mythologia Germanica divinitatem exhibet ut dominum belli et mortis, ubi mori in pugna est idealis felicitas, unde provenit opinio quod ipsa mors vitam generet.
Sed contra est quod Paulus docet ultimum inimicum esse mortem. Liber Sapientiae affirmat impios mortem super se invocare et cum ea foedus inire, quia digni sunt illi pertinere. Isaias annuntiat servum Dei se obtulisse in expiationem et multos iustificasse. Concilium Tridentinum definit Christum pro nobis satisfecisse, debitum peccati solvendo et nos cum Patre reconciliando. Thomas explicat misericordiam divinam consistere in removenda miseria miseri, et ideo expiatio est effectus misericordiae.
Respondeo dicendum quod mors in se ipsa non est principium vitae nec plenitudo libertatis, sed consequentia peccati originalis et signum corruptionis ac defectus. Exaltatio negativi, sicut apud Hegel, vel libertas ad mortem, sicut apud Heidegger, non sunt nisi idolatria mortis et confusio inter divinum et diabolicum. Mythologia Germanica, cum Odino deo belli et mortis, ostendit quomodo conflictus expiationem substituat et mors divinizetur tamquam fons vitae, quod est error et blasphemia.
Fides christiana docet vitam non ex morte provenire, sed vitam mortem vincere in Christo. Solum in cruce Christi mors obtinet valorem expiatorium et redemptivum, quia Ipse, innocens et Patri obediens, poenam peccati assumpsit et in fontem salutis convertit. Mors humana sine Christo est pura destructio, sed cruci unita fit via vitae aeternae. Negare hunc valorem expiatorium ducit ad evacuationem crucis et ad substitutionem Evangelii per mythologias paganas et philosophias gnosticas.
Cogitatio hegeliana, quae Spiritum concipit ut simul affirmativum et negativum, vitam et mortem, bonum et malum, Deum cum Satana confundit et mortem divinizat tamquam principium vitae. Heidegger, Hegelis heres, esse-ad-mortem exhibet ut libertatem supremam, sed revera est angustia et defectus. Rahner, ex his fontibus bibens, morti Christi sensum attribuit qui non ex Scriptura provenit, sed ex dialectica hegeliana et teomachia Germanica, ubi mors expiationem substituit.
Ad primum ergo dicendum quod negativum non producit positivum, sed bonum vincit malum et vita mortem in Christo.
Ad secundum dicendum quod mors non est plenitudo libertatis, sed dolorosa passio. Solum in Christo potest ut sacrificium expiatorium suscipi.
Ad tertium dicendum quod mythologia Germanica mortem et conflictum divinizat, sed revelatio christiana docet Deum esse vitam et pacem, et mortem solum in cruce Christi fieri fontem vitae et reconciliationis cum Deo.
JG
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