¿Qué es en realidad la liturgia: un rito humano o un acto divino? ¿No es acaso el servicio público más alto, donde el hombre se eleva a Dios y Dios desciende al hombre? ¿Qué significa que la Misa sea el mismo sacrificio de nuestro Señor Jesucristo y no una simple memoria, como pensó Martín Lutero? ¿No es la liturgia la cumbre y la fuente de toda la vida de la Iglesia, donde se alimenta la caridad y se pregusta la vida eterna? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, nos recuerda que la liturgia no es teatro ni estética vacía, sino acción sagrada que involucra cielo y tierra, ángeles y demonios, y que transforma los corazones en la obediencia y en la justicia debida a Dios.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
jueves, 19 de marzo de 2026
¿Qué es la liturgia?
¿Qué es la liturgia?
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el newsletter Traditio, de Aurelio Porfiri, el 27 de noviembre de 2024: https://musicasacra.substack.com/cp/152236451, y en su propio blog el 12 de diciembre de 2024: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/che-cosa-e-la-liturgia.html)
La liturgia es un servicio público
Liturgia es una palabra que tiene una ilustre historia y un noble significado. Deriva del griego λειτουργία (leitourguía), palabra compuesta por λεῖτος (léitos), lo público, y έργον (érgon) trabajo, obra. Léitos tiene relación con λάος (láos), pueblo. Se trata de un servicio público, de una obra en favor del bien común. Entre los Romanos el servicio sacerdotal es expresado con la palabra ministerium u officium. El sacerdote es un ponti-fex, el puente de comunicación entre el hombre y Dios.
Es inherente al hombre la conciencia de haber pecado contra Dios y el deseo de recibir su perdón, por lo cual siente la necesidad de hacer algo para aplacar la ira divina y obtener gracia. La virtud que induce al hombre a cumplir una acción expiatoria, una expiatio, es la pietas, o sea la virtud de religión, por la cual el hombre es pius, en contraste con el impius, que desprecia este deber.
El sacerdote es el mediador entre Dios y el hombre, que presenta a Dios las peticiones del hombre y comunica al hombre la gracia de Dios. En el culto divino, que es la ofrenda del sacrificio, el hombre sube a Dios y Dios desciende sobre el hombre. De modo que el culto es a la vez obra del hombre y obra de Dios.
Entre los antiguos Griegos la liturgia es el oficio sacerdotal, que implica la tarea de ofrecer a los dioses sacrificios en favor del pueblo. Aristóteles habla de ello al tratar del ministerio de los sacerdotes (Política, VII, 9). Él habla también de la "liturgia para los Dioses" (Politica, III, 10-11; VII, 13).
Para los antiguos Romanos, lo que se refiere a Dios es lo sacrum. Lo que se refiere al hombre es lo profanum. El sacerdote es el hombre de lo sagrado, el sacrum-dans, aquel que, elegido por Dios y con un poder divino, mediante una acción sagrada, el sacri-ficium, sacrum-facio, que conlleva la ofrenda de una víctima de expiación, o haciendo algo sagrado, es decir, el sacramentum ("haced esto en memoria mía"), purifica al pueblo del pecado y lo reconcilia con Dios; es aquel que transmite por parte de Dios al pueblo lo sacrum, es decir, una vida divina.
La liturgia es, por lo tanto, un interés común, un bien común, en beneficio de todos en las cosas que se refieren a Dios. El Estado está obligado a reconocer esto, sin que por ello esté obligado a elegir la religión cristiana por el hecho de que ella es la mejor de todas ("religión de Estado"), como en algún tiempo la Iglesia pensaba. Sino que es suficiente, en cualquier caso, y además es necesario, que el Estado reconozca la libertad religiosa, es decir, el derecho de cada ciudadano a seguir ese culto divino que le es dictado por su propia conciencia. Por cuanto respecta al ateísmo, el Estado concede libertad también a los ateos, pero a condición de que no vilipendien la religión, no importa cuál sea, siempre y cuando esta religión no traiga daño a ese bien común temporal, del cual es deber del Estado cuidar.
El Estado, por su parte, no puede ser ateo en el sentido de prohibir la práctica religiosa o de querer abolir la religión, porque, al contrario, la práctica religiosa forma parte de ese bien común del cual el Estado se debe ocupar. Sin embargo, la elección de la religión a seguir es asunto privado de los individuales ciudadanos o comunidades religiosas presentes en el Estado.
El libre ejercicio de la religión (la liturgia) es bien público. La individual religión elegida por el ciudadano es, a los ojos del Estado, un bien privado de ese ciudadano, del cual debe asegurar su existencia y la defensa contra eventuales ataques por parte de otros particulares o grupos con el pretexto o sin el pretexto de la religión.
La liturgia es oficio del sacerdote
En la Escritura, como por otra parte también en otras religiones, el servicio divino es competencia y tarea del sacerdote y es expresado con el sustantivo abodá (servicio) o con el verbo seret (servir). En el Nuevo Testamento está presente la palabra διακονία, diakonía, servicio. El sacerdocio cristiano, o sea el sacramento del Orden, es participación en el mismo Sacerdocio de Cristo, por el cual la víctima ofrecida a Dios es el mismo sacerdote. El acto litúrgico o sacrificio cultual con el cual se actualiza incrustantemente el Sacrificio de Cristo es la Misa.
El sacerdocio no es un oficio que pueda ser objeto de una iniciativa, elección o decisión personal, como cualquier otro oficio o servicio social, sino que, tratándose de un poder que proviene de Dios y es por tanto una tarea que el hombre no puede asignarse a sí mismo, ni puede ser simplemente conferido por otros, es necesario que el sujeto sea elegido y llamado entre los demás por Dios.
Como es sabido, la Misa ha sido sustituida por Lutero con la simple Memoria de la Última Cena, mientras que ha sido conservada por los Ortodoxos, no obstante el cisma de 1054. Lutero ha sustituido además el dogma de la transubstanciación eucarística con su absurda idea de la "consubstanciación" o "empanación".
Además, como es sabido, Lutero ha abolido el sacramento del Orden y lo ha sustituído por el simple sacerdocio común de los fieles, fundado en el Bautismo. De ahí que el ministro -el así llamado "pastor"- no es ordenado y encargado por el Obispo para celebrar la Misa, sino que es la misma comunidad, según Lutero, la que tiene la facultad de elegir al ministro de la Cena, como en democracia el pueblo elige a los gobernantes.
Lutero olvidó que en realidad es Cristo quien elige al sacerdote y la tarea de la comunidad es acoger con confianza al ministro oficial, el sacerdote, ordenado conforme a las reglas y enviado por el Obispo.
Según la voluntad de Cristo comunicada a san Pedro, es necesario que el ministro, a fin de que sea habilitado para la celebración de la liturgia, haya recibido una vocación divina, debidamente reconocida y validada por aquellos que representan a Cristo sacerdote y continúan su obra, es decir los Sucesores de los Apóstoles en comunión con el Papa.
Estos, que ya ejercen el ministerio sacerdotal desde los tiempos de Cristo, tienen el oficio exclusivo, por voluntad de Cristo, de reconocer la autenticidad de la vocación recibida por el aspirante, con la tarea de ordenarlo sacerdote, cuando dicha vocación esté debidamente verificada. Por eso, nadie del pueblo puede asumir por sí mismo la tarea de realizar un acto propio del sacerdote, si no es sacerdote, ni puede ser encargado por el propio pueblo.
La liturgia católica ha sido así definida por Pío XII en la encíclica Mediator Dei de 1947: "el culto público que nuestro Redentor rinde al Padre, como Cabeza de la Iglesia, y es el culto que la sociedad de los fieles rinde a su Cabeza y, por medio de Él, al Eterno Padre: es, para decirlo brevemente, el culto integral del Cuerpo místico de Jesucristo, es decir de su Cabeza y de sus miembros".
El acto supremo de la liturgia católica es la celebración de la Misa
La palabra "Misa" viene del verbo mittere y precisamente de las palabras finales "Ite, missa est", palabras que propiamente no quieren decir "la Misa ha terminado", sino "la ofrenda es enviada", es decir: podéis ir, porque he enviado al Padre la ofrenda. ¿Qué es lo que ha enviado el sacerdote al Padre? ¿Qué ofrenda? El mismo Cristo, ofrecido al Padre en la Misa.
En efecto, la Misa es incruentamente el mismo Sacrificio eterno, que Cristo sumo Sacerdote y Pontífice de la Nueva Alianza hace de Sí al Padre en el Espíritu y que el sacerdote cumple actuando in persona Christi, por lo cual, en esta su sagrada función -he aquí la liturgia- tiene el poder de ofrecer a Cristo al Padre, en cuanto que en la Misa Cristo se ofrece al Padre.
Cristo, como dice Pío XII en la encíclica Mediator Dei, tiene su sede a la derecha del Padre, en el cielo, y sigue siendo siempre el Celebrante, mientras que el sacerdote no es más que el humilde ministro humano, aunque pecador, del divino Sacrificio. Lutero no ha entendido que la Misa no es acto del sacerdote, sino acto de Cristo. No es un sacrificio ofrecido por el sacerdote que se añade al de Cristo, sino que es el mismo Sacrificio que Cristo ofrece de Sí mismo al Padre.
La Misa en su ordenamiento (ordo Missae) es un sucederse de actos o elementos, cuya lógica es la siguiente: lectura de la Escritura, que induce, gracias a la homilía, a la meditación de lo que está por cumplirse, profesión de fe, ofrenda del pan y del vino que serán consagrados, canon de la Misa o plegaria eucarística, que contiene la memoria de la última Cena, consagración de las ofrendas, comunión eucarística, acción de gracias.
Ornamento importante y espiritualmente formativo de la Misa, expresión significativa de la devoción eucarística, junto a los minutos de silencio durante y después de la Misa, dedicados a la adoración, a la alabanza y al agradecimiento, son el canto litúrgico y la música sacra.
Es necesario distinguir cuidadosamente la esencia de la Misa del rito de la Misa, del orden (ordo) de la Misa y del ceremonial de la Misa. Lo único inmutable en la Misa es su esencia, que se resume en las palabras de la consagración del pan y del vino, tal como Cristo ha mandado hacer.
La determinación de todo el resto de la estructura y de los elementos integrantes de la Misa, Cristo lo ha confiado al poder eclesial de santificación, el así llamado "poder de las llaves", es decir, lo ha confiado a la prudencia pastoral, jurídica, litúrgica y disciplinaria de la Iglesia, donde la Iglesia puede cambiar o mutar como lo considere bien según los tiempos y los lugares.
El rito de la Misa es el modo de celebrar la Misa según el uso de las Iglesias locales, como por ejemplo el rito ambrosiano o eslavo o siro-malabar o copto o de particulares institutos, como el rito dominicano. Solo el rito romano es universal. Con la reforma litúrgica realizada por voluntad del Concilio Vaticano II, la Iglesia ha sustituido el vetus ordo que data de la reforma tridentina con el novus ordo, sin que el primero sea abolido, sino celebrado en las condiciones impuestas por el actual Pontífice.
El ceremonial es el conjunto de los actos, de los usos, de los gestos, de las actitudes, de los movimientos del cuerpo, de los símbolos, de los tiempos y de las fórmulas del rito, con el cual y siguiendo el cual el celebrante en eventual compañía de concelebrantes, asistido eventualmente por el diácono, por el lector y por el acólito, celebra la Misa o preside la concelebración.
Es un modo equivocado de concebir la liturgia el entenderla como si fuera una representación teatral y se tratara de interpretar una determinada parte por un motivo puramente estético. Que la liturgia deba estar improntada por una sobria belleza, que el ministro deba expresarse como para dar a entender que cree en lo que dice con los gestos y con el tono de la voz, no hay duda, que el templo, el altar, los muebles, los objetos sagrados y los cantos deban ser bellos, no hay ninguna duda.
Pero el ministro debe tener presente que no está recitando un guión a modo de entretenimiento, sino que está cumpliendo una acción sagrada sumamente seria, que involucra a Dios, al mundo, a su eterno destino y al de la humanidad, al cielo y la tierra, hace exultar a los ángeles y aterroriza a los demonios, convierte los corazones, libera las almas y deja estupefactos a los condenados del infierno.
El Concilio Vaticano II enseña que "la liturgia es la cumbre hacia la cual tiende la acción de la Iglesia y, a la vez, la fuente de la que promana toda su virtud" (Constitución Sacrosanctum Concilium, n.10).
Aquí evidentemente la liturgia viene vista en estrecha unión con la contemplación, ya que ésta es la cumbre o vértice de toda la acción de la Iglesia. En efecto, la liturgia pertenece al orden del hacer, es acto excelso de la virtud de religión y es, como enseña santo Tomás de Aquino (Summa Theologiae, II-II, q.81, aa.4-5), acto supremo de la virtud de justicia, por el cual rendimos a Dios lo que Le es debido.
Ahora bien, el fin de la acción cristiana, como lo señalan bien Jacques y Raissa Maritain en su libro Acción y contemplación, es la unión de caridad con Dios que se realiza en la contemplación, por la cual, como dice el Salmo, "vemos y gustamos cuán bueno el Señor" (cf. Sal 34,9). En todo caso, está claro que es en la liturgia donde nosotros recibimos el alimento de vida sobrenatural, que suscita en nosotros esa caridad que desde esta vida nos hace pregustar la alegría de la vida eterna.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 20 de noviembre de 2024
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum liturgia veram actionem sacram et supremam Ecclesiae constituat
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod liturgia veram actionem sacram et supremam Ecclesiae non constituat.
1. Quia non est nisi ritus humanus, ex gestibus, verbis et caeremoniis compositus, quae secundum tempora et loca variari possunt.
2. Praeterea, quidam tenent Missam esse solam memoriam Ultimae Cenae, et non verum sacrificium, unde non esset actus supremus virtutis religionis.
3. Item, putari posset sacerdotium esse officium quod communitas conferre potest, sicut aliud quodlibet officium sociale, et sic liturgia esset opus populi.
4. Denique, obiici posset liturgiam esse repraesentationem aestheticam, similem theatro, ad fidelium aedificationem magis per pulchritudinem quam per realitatem sacramentalem.
Sed contra est quod Concilium Vaticanum II dicit liturgiam esse culmen ad quod actio Ecclesiae tendit et fontem ex quo omnis eius virtus emanat.
Respondeo dicendum quod liturgia veram actionem sacram et supremam Ecclesiae constituit. Ab antiquitate liturgia significat servitium publicum pro bono communi, et in traditione christiana est participatio in Sacerdotio Christi. Sacerdos est mediator inter Deum et hominem, et in Missa, agens in persona Christi, offert Patri eandem victimam quae est Christus. Missa est incruente idem sacrificium aeternum Christi, non actus additus sacerdotis, sed sacrificium ipsius Christi.
Liturgia est cultus integralis Corporis mystici Christi, Capitis et membrorum, ut docuit Pius XII. Essentia eius est immutabilis, contenta in verbis consecrationis, dum ritus et caeremoniae variari possunt secundum prudentiam Ecclesiae. Non est theatrum nec repraesentatio aesthetica, quamvis sobria pulchritudine insigniri debeat, sed actio sacra quae implicat caelum et terram, angelos et daemones, et corda hominum convertit.
Liturgia pertinet ad ordinem agendi, est actus supremus virtutis religionis et iustitiae, per quem Deo reddimus quod Ei debetur. Est fons caritatis quae nos Deo unit et facit nos praegustare vitam aeternam. Ergo liturgia est vera actio sacra et suprema Ecclesiae.
Ad primum dicendum quod ritus et caeremoniae variari possunt, sed essentia Missae est immutabilis, quia est mandatum Christi.
Ad secundum dicendum quod Missa non est simplex memoria, sed sacrificium incruentum in quo Christus ipse Patri offertur.
Ad tertium dicendum quod sacerdotium non est officium humanum a communitate collatum, sed vocatio divina a successoribus Apostolorum recognita, et solum sic liturgia celebrari potest.
Ad quartum dicendum quod liturgia non est theatrum, sed actio sacra quae sacrificium Christi efficit et gratiam communicat, quamvis cum decore et dignitate exprimenda sit.
JG
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