miércoles, 18 de marzo de 2026

La iniciación esotérica

¿No es inquietante que tantas prácticas ocultistas y esotéricas se difundan hoy con apariencia de espiritualidad? ¿Qué raíces profundas llevan al hombre a buscar poderes mágicos y conocimientos secretos, hasta confundirlos con los sacramentos y los carismas cristianos? ¿No es acaso la soberbia, el querer ser “como dios”, la verdadera fuente de estas aberraciones? En este artículo del padre Giovanni Cavalcoli se muestra cómo el esoterismo gnóstico y mágico promete omnipotencia y libertad, pero termina reduciendo al hombre al nivel de las bestias. ¿No es más bien la religión de Cristo la única que salva de los engaños demoníacos y conduce al hombre a su verdadera grandeza en la humildad y en la obediencia a Dios? Una reflexión que desenmascara la ilusión del poder absoluto y recuerda que la verdadera iniciación es la gracia que nos hace hijos de Dios. [En la imagen: fragmento de "El alquimista descubre el fósforo", óleo sobre lienzo de Joseph Wright of Derby, 1771, de la colección del Derby Museum and Art Gallery].

La iniciación esotérica

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana en 2010. Artículo original en italiano: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/11/liniziazione-esoterica.html)

Sabemos cuán extendidas están hoy en día las prácticas de iniciación esotérica y ocultista, la mediumnidad, el espiritismo, los cultos mistéricos paganos, como también las prácticas mágicas y supersticiosas, la nigromancia, los maleficios y las sectas satánicas.
Una pregunta que podríamos hacernos es cuáles pueden ser las raíces y las razones o motivos profundos de similares aberraciones del espíritu, que frecuentemente conducen a comportamientos morales ilícitos o provocan enfermedades mentales y que en algunos casos ni siquiera se detienen ante el crimen y el homicidio.
Sabemos cómo estas prácticas, en las formas más dispares, se han encontrado entre todos los pueblos desde la antigüedad, con la práctica de ritos tradicionales que se pierden en las brumas del tiempo. Una conducta tan universalmente difundida, incluso hasta en las civilizaciones más avanzadas, no puede dejar de corresponder a una necesidad profunda, aunque mórbida, del alma humana.
¿A qué se debe la difusión de estas prácticas? A dos factores: en primer lugar, al hecho de que causan realmente efectos maravillosos, parecen conferir al hombre una felicidad, un poder y un saber superiores al de los comunes mortales.
En segundo lugar, al hecho que estos fenómenos testimonian en el hombre el deseo desmesurado e ilusorio de un saber o de un poder absoluto o, en todo caso, de un contacto con un mundo sobrenatural o con el Absoluto. Sin embargo, constituyen una corrupción de la virtud de religión, la cual a la inversa, a la vez que hace al hombre consciente de sus límites y además de sus pecados, le da no obstante medios para esperar obtener la benevolencia del Absoluto divino y participar de algún modo de su naturaleza, de su saber y de su poder.
Esta corrupción de la virtud de religión es causada por la soberbia que ha turbado la vida del hombre desde el pecado original, que fue precisamente un pecado de soberbia: el querer ser "como dios". Por el contrario, el hombre alcanza su verdadera grandeza solo en la humildad y en la obediencia a Dios enseñadas por la religión.
Es deletéreo y podemos decir que es un engaño del demonio confundir la magia con los sacramentos, los milagros, las profecías, el misticismo y los carismas de la religión cristiana, pero también con ese poder misterioso que son las facultades parapsicológicas, de por sí naturales, aunque excepcionales, del todo innocuas, y de hecho beneficiosas.
La soberbia, en cambio, lleva al hombre a creer que es divino o que es Dios mismo o, en todo caso, que es un ser superior a la realidad humana empírica, y que no tiene inmediata consciencia de ello, en cuanto sería un yo, o un sí mismo, inmerso en la materia u obstaculizado por la materia. La tradición mágica, que aquí también podríamos llamar gnóstica y esotérica, quiere convencer al hombre de que es un dios que no se da cuenta de que lo es. El esoterismo confunde lo divino con lo humano. Se propone como una gran espiritualidad que ve en la materia o en el cuerpo un lastre a abandonar.
Por lo tanto, según el esoterismo, el verdadero ser del hombre no sería su ser empírico y animal, sino que sería un yo absoluto o, como dicen ciertas filosofías, un yo "trascendental". Para descubrir este yo absoluto, sería necesaria precisamente la llamada meditación "trascendental", al término de la cual el iniciado oye decir del maestro: "tú eres Ello" (en sánscrito: "Tat tvam asi"), es decir: tú eres Dios. Emocionante descubrimiento, que debería dar una paz, un saber, un poder, una libertad absolutos. He aquí la perspectiva mágica.
El pensamiento mágico es de tipo panteísta, o bien "holístico", es decir, monístico, como se encuentra en el esoterismo masónico, en la mística de los Sufíes islámicos, en la cábala mágica, en el hinduismo, en la teosofía, en el hermetismo, en el chamanismo y en la New Age. En efecto, el poder mágico supone que el mago se siente el momento o la teofanía de una Totalidad divina que es el Fondo de todo, lo abraza todo y a él mismo, por lo que esta ósmosis universal permite esas conjunciones y esas afinidades entre todos los elementos del universo -véase por ejemplo la alquimia-, como ocurre en un único cuerpo orgánico, donde cada órgano comunica con todos los otros, y de tal modo el mago obtiene todo de todo porque ve todo en todo, todo comunica con todo y todo se transforma en todo: omnia in omnibus, según un célebre lema del panteísmo mágico, característico de la magia renacentista, como por ejemplo la de Giordano Bruno con su doctrina del anima mundi.
¿Pero pueden realizarse verdaderamente tales increíbles perspectivas? ¿"Yo" creador del mundo, amo del mundo, omnisciente y omnipotente? Desde un punto de vista realista, en base al cual conocemos bien nuestros límites y nuestras miserias, esto inmediatamente aparece como una pura locura. Pero el punto es precisamente este, que la filosofía esotérica enseña a abandonar la visión realista de las cosas, por lo cual yo creo que existen cosas reales fuera de mí e independientemente de mí, que yo tengo una naturaleza que no me he dado a mí mismo, sino que simplemente descubro, que yo estoy sometido a una ley moral que no depende de mí y que yo dependo de un Dios que me ha creado.
Para el esoterismo gnóstico y mágico estas son ingenuas ilusiones de quien no ha sido iniciado, de quien está afirmado en el vulgar pensar ordinario y aún no se ha elevado al punto de vista del Absoluto, aún no han alcanzado el verdadero conocimiento de sí mismo, aún no ha llegado a la verdadera sabiduría, a la verdadera filosofía, al verdadero Conocimiento, solo del cual proviene la omnipotencia y la libertad propias del mago.
En realidad, nos enseña el esoterismo gnóstico, el ser no es distinto del pensamiento, no es regla del pensamiento, sino que se resuelve en el pensamiento, depende del pensamiento. Y el pensamiento no es distinto de la acción: pensar es ya actuar. Querer es poder. No existe una regla del actuar distinta del sujeto agente, sino que el sujeto es regla en sí mismo.
De modo que, si el ser es pensar, el ser es también actuar, por lo cual ser, pensar y actuar son lo mismo. Como en Dios. El yo no existe antes de pensar, sino que existe porque piensa, pone en el ser a su propio yo. Ésta es la posición de Fichte, que deriva de Descartes y que será llevada a los extremos por Giovanni Gentile: el autoctisi, la creación de sí mismo.
Hubo un erudito italiano del siglo pasado, Julius Evola, seguidor de doctrinas gnósticas y esotéricas, admirador de Nietzsche, que sostuvo la vía o salida mágica del idealismo alemán, levantando la indignación de los círculos académicos, que se sintieron ofendidos al ver su especulación descendida al nivel de la charlatanería y de la irracionalidad. Sin embargo, un gran estudioso de Hegel, Kroner, dijo que no hay en toda la historia de la filosofía un pensamiento más irracional que el hegeliano, precisamente ese Hegel que quiso identificar lo real con lo racional, pero sobre la base de la contradicción de lo real. Pero precisamente este es el principio metafísico de la magia, por el cual el hombre se siente libre de las leyes de la realidad y por lo tanto a la par de Dios, creyendo poder operar como Dios.
¿Cómo satisface el mago sus propios incontenibles deseos, que parecen ilimitados? ¿Cómo realiza una espiritualidad que parece irrealizable? Al final, la solución es muy simple: el extremo espiritualismo se convierte en materialismo, precisamente por la identidad-oposición que el esoterismo pone entre espíritu y materia. La materia, enemiga del espíritu, se convierte en materia idéntica al espíritu. Pero si la materia es espíritu, entonces el espíritu será materia. He aquí entonces que esa materia, que al principio parece despreciada, al final se vuelve absoluto, hace de amo; ese saber que parecía trascender los sentidos, acaba afirmándose en ellos, ese poder que parecía divino, al final no es más que el poder de las pasiones. La voluntad se confunde con el instinto. Al final, no nos elevamos por encima de lo humano, sino que descendemos al nivel de las bestias.
Además, hay que considerar la relación que el mago establece con las poderosas entidades extra-corpóreas del universo vistas como divinidades. La magia no es ajena al politeísmo. Y tratándose de la práctica mágica, ajena a los preceptos morales de la voluntad del Dios del monoteísmo, no es difícil imaginar qué tipo de fuerzas, qué tipo de personalidades invisibles entran en acción: no se trata ciertamente de entidades benéficas, sino de agentes sobrehumanos, al fin de cuentas enemigos del hombre, esas personalidades que el cristianismo llama demonios y de los cuales no ciertamente la magia, sino sólo la religión de Cristo puede salvar.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 2010

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum initiatio esoterica veram spiritualitatem constituat

Ad hoc sic procediturVidetur quod initiatio esoterica veram spiritualitatem constituat.
1. Quia producit effectus mirabiles et promittit felicitatem, potentiam et scientiam superiores.
2. Praeterea, testificatur in homine desiderium contactus cum supernaturali et cum Absoluto, quod legitimum videretur.
3. Item, cogitatio magica proponitur ut magna spiritualitas quae liberat hominem a materia et elevat ad ego transcendentalem.
4. Denique, traditio esoterica affirmat hominem esse revera divinum et initiationem ei concedere ut suam veram naturam detegat.

Sed contra est quod Christus in Evangelio dicit hominem suam veram magnitudinem attingere solum in humilitate et obedientia Deo. Ergo superbia velle esse “sicut Deus” est peccatum et corruptio virtutis religionis.

Respondeo dicendum quod initiatio esoterica veram spiritualitatem non constituit, sed corruptionem virtutis religionis. Huiusmodi praxis, ab antiquitate diffusa, respondet desiderio immodico et fallaci potentiae ac scientiae absolutae, sed oritur ex superbia quae ab peccato originali vitam hominis perturbat. Esoterismus confundit divinum cum humano, promittit ego absolutum et omnipotentiam illusoriam, sed revera hominem dehonestat.
Cogitatio magica est pantheistica et monistica, sicut invenitur in cabala magica, in hinduismo, in theosophia, in hermetismo et in motu New Age. Supponit magum partem esse totalitatis divinae quae omnia complectitur, unde oritur illusio quod omnia in omnia transformantur. Haec tamen prospectio, quae videtur hominem elevare, in materialismum desinit: materia primo despecta fit absoluta, scientia quae sensus transcendere videbatur in eisdem confirmatur, potestas quae divina videbatur ad passiones redigitur, voluntas cum instinctu confunditur, et homo ad bestiarum gradum descendit.
Praeterea, magia relationem constituit cum entitatibus invisibilibus quae non sunt beneficae, sed daemonicae, inimicae hominis. Traditio magica persuadere vult homini quod sit deus qui nescit se deum esse, sed haec illusio eum avertit a visione realistica suorum limitum et a dependentia Dei Creatoris. Solum religio Christi potest ab his deceptionibus liberare et hominem ad veram magnitudinem in humilitate et obedientia Deo perducere.

Ad primum dicendum quod effectus mirabiles magiae fallaces sunt et ad corruptionem moralem ducunt.
Ad secundum dicendum quod desiderium supernaturalis legitimum est, sed per religionem veram implendum, non per esoterismum.
Ad tertium dicendum quod praetensa liberatio hominis illusio est, quia in materialismum et dehonorationem desinit.
Ad quartum dicendum quod affirmatio hominem divinum esse est superbia et error, nam solum per gratiam Christi homo divinae vitae particeps efficitur.
   
JG

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