Hoy, cuando los ajedrecistas han aceptado que ya no pueden competir contra los módulos informáticos porque la derrota humana es inevitable, se ha instalado la idea de que tales máquinas son más “inteligentes”. Pero ¿no es esta conclusión un espejismo? ¿Puede una computadora realmente jugar al ajedrez como lo hace un hombre, con intelecto y libre albedrío? ¿No será que el hombre, al enfrentarse con la máquina, se rebaja voluntariamente a su nivel mecánico, renunciando a la libertad para actuar como un engranaje? ¿Qué significa que la máquina “venza”, si lo hace sólo en cuanto el hombre se ha puesto en su terreno técnico y determinista? ¿No es ilusorio pensar que el cálculo y la programación puedan sustituir la razón y la conciencia? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli recuerda que la inteligencia espiritual no puede ser fabricada por el hombre, porque pertenece al alma creada por Dios, y advierte que el viejo sueño de construir un “golem” capaz de suplantar al intelecto humano no es más que una tentación prometeica, peligrosa y engañosa, que olvida la verdadera dignidad del espíritu. [En la imagen: una escena del match entre Gary Kasparov y la computadora Deep Blue, en 1997, la última vez, hace ya treinta años, en que un ajedrecista quiso enfrentarse seriamente con una máquina].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
viernes, 27 de marzo de 2026
¿Puede la computadora jugar al ajedrez?
¿Puede la computadora jugar al ajedrez?
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su propio blog el 7 de junio de 2023. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-computer-puo-giocare-scacchi.html)
El profesor Giovanni Castelli nos plantea un tema muy interesante, en el que quizás muchos no piensen. Se trata de la posibilidad de una competencia en el juego de ajedrez entre un hombre y una computadora.
Dice Giovanni Castelli: "Científicamente no se puede hablar de inteligencia y mucho menos de conciencia, que son ideas irreductibles y no mensurables, ni se está de acuerdo en dar una definición operativa, con todos los límites del caso. Sin embargo, para la ciencia que conocemos no existen impedimentos para la creación de máquinas con particulares cualidades como el reconocimiento de las imágenes, o la capacidad de escribir resúmenes, o jugar al ajedrez u otras, mientras que para la inteligencia, similar a la humana, por ahora, solo se cumple el así llamado test de Turing".
Respondo diciendo que, por cuanto se refiere al juego del ajedrez, una competencia entre dos personas debe distinguirse de una competencia entre un hombre y una máquina, como puede suceder en el juego del ajedrez. En el primer caso las intervenciones son causadas por dos sujetos dotados de intelecto y de libre albedrío, por lo cual cada jugada de los dos es decidida libremente en base a un acto del intelecto, por ejemplo en una partida de tenis o en una partida de naipes.
En cambio, cuando se trata de una competencia entre un hombre y una máquina, el hombre debe ponerse al nivel del funcionamiento de la máquina y competir como si fuera otra máquina, es decir, hacer lo que puede hacer, como en una carrera de automóviles, se trata de ver cuál de ellos es el más veloz.
Esto quiere decir que en nuestro caso el hombre debe tratar, aunque sea voluntariamente, de proceder como procede la máquina para sus propios objetivos, que obviamente no podrán ser intelectuales ni morales, sino simplemente técnicos, que es precisamente cuanto puede hacer una máquina, en el respeto de las reglas del juego, que también pueden ser seguidas por una máquina porque actúan leyes físicas que regulan procedimientos deterministas, y no actos del espíritu o de la voluntad como para ponerse en un plano de realidad vital al cual la máquina no puede elevarse.
Además de esto, se debe tener presente que las intervenciones de la máquina no son decididas por actos del libre albedrío, sino que son solicitadas por intervenciones del hombre y causadas de modo automático y determinista por la ejecución del programa ingresado por el hombre para el funcionamiento de la propia máquina.
Una vez que la máquina se inicia con un programa que tiene por propósito la victoria en el ajedrez, ella utiliza un patrimonio de datos inmensamente superior al que puede estar acumulado por la memoria del hombre y por su capacidad de previsión.
Una cosa que podemos notar es la posibilidad del error tanto en la máquina como en el hombre. ¿Cómo se producen estos errores? Mientras que en el caso del hombre hay un acto de imprudencia, en el caso de la máquina tenemos un mal funcionamiento, por lo cual la máquina no hace aquello para lo cual está programada. Esto puede depender de un defecto de fabricación o del mismo programa o bien de factores externos.
Por cuanto respecta al proceder de la máquina, está estructurado según un orden lógico-matemático; sin embargo, no podemos decir que la máquina razona, porque la razón supone el intelecto. En cambio, podemos y debemos decir que la máquina memoriza, registra, calcula y ejecuta de modo conforme a los programas según un cierto lenguaje, fijado por el hombre, según el cual ella hace lo que el hombre desea.
El hombre, si quiere vencer, debe por lo tanto tratar de obtener voluntariamente lo que la máquina hace mecánicamente. Entonces será derrotado por la máquina si ella hace mejor que él lo que él ha intentado hacer usando de su voluntad.
Pero es necesario prestar atención en que si vence la máquina, ello no es la prueba de que ella pueda vencer a la inteligencia humana, sino que ella ha vencido al hombre sólo en cuanto el hombre se ha puesto en el actuar al nivel de la máquina. Si hubiera usado la inteligencia no para vencer al ajedrez, sino para competir en filosofía o teología, ciertamente la máquina no habría estado a la altura de la acción que debía cumplir.
Sin embargo, si queremos estar informados sobre la filosofía de Aristóteles, la máquina nos puede dar una gran cantidad de informaciones, incluso superior a las de un experto en el pensamiento de Aristóteles.
Dice a continuación Castelli: "Si luego, en varios años, a pesar de muchos intentos, no fuera posible desarrollar una verdadera Inteligencia Artificial, científicamente se deberá preguntar el por qué, e intentar averiguarlo".
Respondo diciendo que necesitamos ver qué se entiende por Inteligencia Artificial. Si se entiende aquello que entendemos ahora, es decir, un mecanismo de información y ordenación de datos inteligibles, esta inteligencia ya existe. Si por el contrario se entiende una inteligencia espiritual construida por el hombre, es decir, una inteligencia humana, sabemos ya desde ahora que ella no puede ser jamás construida por el hombre, porque ella, en cuanto facultad del alma humana, es sólo creada por Dios. Plantear la hipótesis de que en un mañana el hombre pueda artificialmente producir una inteligencia humana es el antiguo sueño de la Cábala (el "golem") y la pretensión de arrogarse un poder que pertenece sólo a Dios.
Luego dice el profesor Castelli: "Un tema importante es entender que la ciencia informática (quizás sería mejor decir ingeniería informática) no es materialista, el objeto es la información codificada y su elaboración, es decir, algo completamente abstracto, precisamente como es el pensamiento humano".
Respondo diciendo que la información codificada involucra símbolos matemáticos que ciertamente suponen las entidades matemáticas que son abstractas. Pero esto no quiere decir todavía que la máquina pueda ella misma realizar un acto abstractivo propio del conocer. Por el contrario, ella realiza acciones físicas muy concretas, como corresponde a cualquier máquina. Solo que estos mecanismos han sido regulados por el hombre de modo de ser signos del lenguaje y funcionan según una legalidad matemática sin embargo perceptible por el hombre, que los ha construido, y no por la máquina misma.
Finalmente dice el profesor Castelli: "Una última nota es un hecho técnico-comercial que, por ahora, estamos obligados a crear sistemas que den respuestas basadas en reglas precisas, y nadie usaría una computadora que a la mañana funcionara de un modo, y por la tarde de otro modo... técnicamente esto equivale a distinguir, en el software, las instrucciones (programas) de los datos, y no queremos que los datos se conviertan en programas de modo automático".
Respondo diciendo que se trata de una cuestión práctica totalmente legítima, que deja intacta la cuestión delicadísima de si el hombre tenga la posibilidad de construir máquinas inteligentes o si las funciones cerebrales puedan homologadas con las funciones de la inteligencia.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 7 de junio de 2023
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