¿Existen realmente el cielo y el infierno, o son meras invenciones de una tradición humana? En esta entrevista el padre Giovanni Cavalcoli responde con firmeza a las dudas del mundo secularizado y a la mentalidad “buenista” que niega la condenación eterna. ¿Puede el rechazo de Cristo dar nacimiento al infierno en la misma tierra? ¿Qué dicen las Escrituras y el Concilio Vaticano II sobre la existencia de los condenados? ¿Es creíble la visión de Dante en la Divina Comedia? ¿Cómo se ubican el demonio y el infierno en el designio divino? En esta entrevista, el docto teólogo dominico nos invita a reflexionar sobre la justicia y la misericordia de Dios, el misterio del mal y la esperanza del cielo..
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
jueves, 5 de marzo de 2026
¿Existen realmente el infierno y el cielo? Una iluminadora entrevista al padre Giovanni Cavalcoli
¿Existen realmente el infierno y el cielo?
(Traducción al español de la entrevista realizada al padre Giovanni Cavalcoli por Antonio Gaspari y publicada en la agencia de noticias Zenit, Roma, el 29 de marzo de 2010. Versión original en italiano: https://it.zenit.org/2010/03/29/esistono-davvero-inferno-e-paradiso/ La entrevista fue también publicada en el blog L’Isola di Patmos el 11 de abril de 2017, véase: https://isoladipatmos.com/gesu-discese-agli-inferi-esistono-davvero-inferno-e-paradiso/)
Para el mundo secularizado e incluso para algunos creyentes, el infierno no existe. Se trataría de una invención. ¿Cuál es su opinión sobre esto?
El mundo secularizado ha perdido la fe en el Más Allá, se trate del Cielo o se trate del Infierno. Y una cierta medida de secularismo, lamentablemente, también se ha infiltrado entre algunos creyentes, los cuales, aún cuando admitan un Más Allá, lo que admiten es sólo el Cielo o el Paraíso. Esta es la así llamada mentalidad buenista, por lo cual no es de extrañar que, según estas tendencias, el infierno sea considerado una invención. En realidad, como he mostrado en mi libro2, el Infierno no es en absoluto una invención, sino una verdad de fe enseñada por Nuestro Señor Jesucristo, por el Nuevo Testamento, por la Sagrada Tradición y por algunos Concilios. Por consiguiente, se trata de un dato de la divina Revelación, que la Iglesia tiene la tarea de custodiar y de enseñar.
¿Sobre la base de qué argumentos sostiene Usted que existe el infierno?
La doctrina del infierno es una doctrina teológica. Ahora bien, los argumentos de la teología no son de tipo empírico, sino que son las Palabras de Jesucristo, las cuales pueden ser aceptadas sólo sobre la base de la fe en Jesucristo y en la Iglesia que para nosotros es la mediadora de las Palabras de Cristo.
Desde este punto de vista, los argumentos son muchos. Me limitaré aquí a mencionar solo uno (cf. página 33 de mi libro sobre el infierno), que me parece particularmente eficaz, porque lo encontramos en el Concilio Vaticano II (Lumen Gentium, n.48) y en el Catecismo de la Iglesia Católica (n.1034). Este es el pasaje de Mateo 25,31-46 donde Jesucristo no se limita a anunciar la simple posibilidad de la condenación, sino que simplemente prevé el hecho de la existencia de los condenados.
¿Dónde y cuándo ha nacido el infierno?
Para responder a esta pregunta, debemos tener presente qué es exactamente el Infierno. Por cuanto respecta a los hombres, el Infierno consiste en el rechazo irrevocable de la misericordia que nos es ofrecida por el Padre por medio de Jesucristo, Hijo de Dios. En este sentido, podemos decir que la condenación infernal ha comenzado a existir con la venida de Cristo. En cambio, si consideramos el pecado de los ángeles al inicio de la creación, el Infierno existe para ellos desde aquel momento (Mt 25,41; 2 Pe 2,4).
¿Dónde ha nacido el infierno? Por cuanto respecta a los ángeles pecadores, como se encontraban primero en el cielo, se puede decir que el Infierno ha nacido en el cielo, de donde fueron precipitados (Ap 12,8). Por cuanto respecta a los hombres, el Infierno ha nacido en este mundo en el momento en que Jesús ha sido rechazado.
¿Existe el Infierno en el Más Allá o también está presente en la Tierra?
Según una cierta tesis del cristianismo secularista-buenista, si se puede hablar de "Infierno", esto existe sólo en esta tierra, en el sentido de que el castigo para los malvados está solo aquí abajo, y luego existe el Cielo o Paraíso para todos. También hay otra tesis, del todo pagana, según la cual el Infierno sería aquella condición de sufrimiento que afecta también a los inocentes oprimidos por los prepotentes.
Mientras que en este segundo caso la palabra "Infierno" viene usada en un sentido impropio, en el primer caso hay una parte de verdad, en cuanto que el estado de pecado mortal es ya en cierto sentido el Infierno. Pero esta tesis pasa por alto el hecho de que la plenitud irrevocable de la condición infernal para el hombre es sólo después de la muerte. Sin embargo, todo hombre, antes de la muerte, puede arrepentirse, puede recuperar el estado de gracia de Cristo, por lo cual, si persevera en este estado hasta la muerte, puede evitar el Infierno.
¿Qué dicen las Sagradas Escrituras al respecto?
La voz más autorizada es la de Nuestro Señor Jesucristo. De ella encontramos un eco en los otros libros del Nuevo Testamento, y en particular en el Apocalipsis, en el cual tenemos una grandiosa visión del triunfo final de Cristo sobre todas las potencias del mal, las cuales serán puestas en condiciones de no dañar más a los elegidos.
¿Es creíble la admirable descripción del Infierno en la Divina Comedia?
Ciertamente en su sustancia es creíble, porque, como se sabe, Dante Alighieri no sólo era católico, sino que había adquirido una notable cultura teológica de tipo tomista, frecuentando el convento dominico de Santa Maria Novella, en Florencia.
Al mismo tiempo Dante, como gran poeta que era, se permitió las así llamadas licencias poéticas, por lo cual creó ambientes, hechos y personajes que evidentemente van más allá de cuanto nos viene enseñado por la Revelación cristiana, aunque al mismo tiempo, en su conjunto, no le son contrarios.
Una cosa curiosa que se puede notar al respecto y que no es un hecho de la fe cristiana, es la condición de los así llamados "ignavi" (perezosos, indolentes), los cuales vivieron "sin fama y sin alabanza" y por lo tanto vienen colocados por Dante no en el Infierno, sino en un lugar aparte.
Admitir la existencia del Infierno presupone temer al diablo. ¿De qué modo el ángel caído y el Infierno se ubica en el designio divino?
El cristiano debe tener un cierto temor al diablo, así como nosotros podemos tener un razonable temor de que nos sobrevenga una enfermedad o un razonable temor de caer en algún pecado. De ahí el deber del cristiano de guardarse de los peligros morales que pueden derivarse de las tentaciones diabólicas, evitando actitudes de excesiva seguridad.
Dicho esto, sin embargo, el cristiano fundamentalmente no tiene temor al diablo, porque el cristiano que vive en Cristo goza de la misma fuerza de Cristo, quien ha vencido a Satanás. De hecho, desde este punto de vista, se puede decir que es el demonio quien tiene temor del cristiano. De hecho, como dice santa Catalina de Siena, nosotros somos vencidos por el demonio sólo si lo queremos, cometiendo o amando el pecado.
El demonio y el infierno se ubican en el designio divino en cuanto constituyen un elemento disuasorio que nos ayuda a evitar el pecado. En segundo lugar, en lo que respecta al demonio, también él debe ser visto como un instrumento de la divina Providencia, y para dos finalidades: para fortalecernos en la virtud y para llamarnos paternalmente cuando cometemos el mal. El diablo de por sí querría únicamente nuestro mal, sólo que la divina Providencia lo utiliza según sus sapientísimos designios para nuestro bien.
¿Por qué Dios permite que el ángel se rebele?
Porque tiene un gran respeto por el libre albedrío de la creatura. Ahora bien, precisamente, el ángel rebelde es una creatura dotada de libre albedrío. Entonces, en este punto, se puede decir que Dios, para respetar este libre albedrío, acepta ser rechazado por esa creatura que en realidad sólo podría encontrar su felicidad plena en Él. Este argumento también vale analógicamente para la historia humana.
Por otra parte, se puede decir que Dios ha permitido la desobediencia del ángel, porque desde la eternidad había proyectado la Encarnación del Verbo, gracias a la cual la humanidad, salvada por Cristo, habría en Cristo de vencer a Satanás y alcanzar una condición de vida -aquella de los hijos de Dios- superior a aquella que nos habría sido dada si el ángel no hubiera pecado.
¿Qué relación existe entre el mal y el infierno?
Podemos decir que el Infierno es una victoria sobre el mal moral (mal de culpa), es decir, sobre el pecado, aunque permanezca el mal de pena, es decir, el sufrimiento de los condenados. Aquí, sin embargo, se trata de una justa pena, por lo cual, desde este punto de vista se puede decir que está bien que exista este mal, por lo cual vemos que, desde el punto de vista escatológico, todo se resuelve en el bien.
Por otra parte se debe precisar con toda claridad que sería blasfemo inculpar a Dios de este mal, del cual en cambio es responsable sólo la creatura angélica o humana, mientras que por otra parte la existencia del mal de pena manifiesta simplemente la justicia divina, la cual por lo demás, siempre está mitigada por la misericordia.
¿Qué debe hacer la persona para escapar del Infierno y obtener el Cielo?
Prácticamente se trata de poner en práctica todos los preceptos de la vida cristiana, comenzando por el odio al pecado, con la conciencia de sus consecuencias, para pasar al deber de obedecer con todas nuestras fuerzas los mandamientos del Señor, de vivir en gracia, en la práctica continua de la conversión y de la vida cristiana, en una confianza ilimitada en la misericordia divina, frecuentando los sacramentos en comunión con la Iglesia, en la devoción a los Santos y sobre todo a la Santísima Virgen María, cultivando un fuerte deseo del Cielo y de la santidad y combatiendo con valentía día a día contra las insidias del tentador, bajo la protección de san Miguel Arcángel. En casos de excepcional agresividad por parte del diablo, existe la práctica del exorcismo.
Estas recomendaciones valen naturalmente para los católicos, pero como todos los hombres están llamados a la salvación y, por lo tanto, están llamados a evitar el Infierno y obtener el Cielo, su deber es seguir su recta conciencia, en la medida en que conozcan las exigencias del bien y cultivando, con la ayuda de la gracia, una fe al menos implícita en Dios como remunerador de los buenos y juez de los malvados.
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