El padre Giovanni Cavalcoli nos invita en este nuevo artículo a reflexionar sobre la verdad profunda del ser humano: “varón y mujer los creó”. ¿Puede la sexualidad reducirse a una opción cultural o técnica, manipulable según las modas y las preferencias individuales? ¿No es más bien un dato natural y esencial, enraizado en la creación misma de Dios, que garantiza la salud y la continuidad del género humano? ¿Qué consecuencias trae el relativismo que equipara el matrimonio con cualquier otra unión, incluso con aquellas que niegan su finalidad unitiva y procreativa? ¿No es un error fatal convertir la homosexualidad en un ideal moral o en una “nueva humanidad”? Cavalcoli advierte con fuerza: la ética sexual es una ética de la vida, y perder de vista esta verdad conduce inexorablemente a la decadencia de los pueblos y a la negación de la verdadera dignidad del varón y de la mujer. [En la imagen: "La creación de Eva", detalle de los mosaicos de la Capilla Palatina de Palermo, Sicilia, del siglo XI].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
miércoles, 11 de febrero de 2026
Varón y mujer los creó
Varón y Mujer los creó
(Traducción del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana en 2010. Artículo original en italiano: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/09/maschio-e-femmina-li-creo.html)
En el reciente Meeting de Rimini hubo un stand organizado por el Ministerio de Igualdad de Oportunidades presidido por la Ministro Carfagna, donde ha sido propuesta una triple opción: homosexualidad, heterosexualidad, indiferencia, y se sugería votar por esta última.
Creo haber comprendido un aspecto aceptable de este slogan: damos a todos las mismas oportunidades, sin exclusivismos y privilegios y, por lo tanto, sin injusticias. En este sentido, se podría estar de acuerdo. Pero este slogan también se presta a otra interpretación, que podría ser la base de una antropología sexual y, por consiguiente, de una perspectiva ética incompatible con una sana visión, científica y filosófica moderna del ser humano "varón y mujer", visión que es confirmada por la fe cristiana, esa fe que produce una cultura católica de la cual nosotros los católicos creemos que el prestigioso Meeting puede y debe ser una expresión incisiva.
¿Cuál es esta visión inaceptable y falsa? Sostener la determinación sexual o el campo de la sexualidad no como una dimensión natural y esencial de la persona humana (aunque enraizada en la animalidad), sino como algo extrínseco a la persona o convencional o, como suelen decir, "vinculado a la cultura", objeto de legítima manipulación, algo variable o determinable por nuestras libres elecciones o por las operaciones de la técnica, por lo tanto, al fin de cuentas, una especie de optional, donde cada uno estructura la sexualidad de manera subjetiva de acuerdo con sus propias preferencias individuales, como si la sexualidad no fuera un dato universal y objetivo del ser humano como tal (animal racional, según la famosa definición aristotélica) y, por lo tanto como si, en consecuencia, las normas éticas de fondo de su sexualidad no fueran leyes morales naturales objetivas e inmutables, sino que estuvieran sujetas a la arbitrariedad del individuo o a la tendencia de las modas o a las contingentes disposiciones del derecho civil o de las decisiones de los gobernantes o de la política o de los gustos del momento.
El concepto de hombre que subyace a esta visión es el de un sujeto independiente del ser varón o mujer, un sujeto sexualmente indeterminado y amorfo, de tipo puramente genérico -esta visión habla precisamente de "género" (gender)- el "género humano", para el cual las formas de la sexualidad no tendrían una esencial finalidad unitiva hombre-mujer en vista de la generación y educación de la prole (matrimonio), sino que estarían sujetas a una pluralidad de libres elecciones dictadas por las convenciones, por el placer, por la emotividad, por las pulsiones psíquicas o, en casos particularmente sofisticados, por teorías o simbologías esotéricas o pseudo-espirituales, no ajenos a la magia y a la superstición.
No hay duda de que las funciones ligadas a la masculinidad y a la feminidad tienen un aspecto secundario o accidental y dependiente de convenciones o usos que varían de acuerdo con los tiempos y los lugares, pero debería ser cierto para todos que tales elementos adicionales se arraigan en una realidad humana varón-mujer que constituye la base y la esencia misma del ser humano y, por lo tanto, se origina, como dice la Escritura, en la acción misma creativa de Dios. Solo así está garantizada la salud y la existencia misma del "género" humano.
En cambio, en dicha visión relativista, un fenómeno como la homosexualidad parece ser una elección como cualquier otra, a la par del matrimonio. Y la ley civil (algunos quisieran que también la ley eclesiástica) debe asegurar igualdad de oportunidades y derechos tanto para las uniones matrimoniales como para las homosexuales. ¿Pero deberían poder ser iguales?
He aquí la cuestión de los así llamados "matrimonios gay". ¿Favorable? ¿Contrario? Yo haría una distinción. En mi ministerio sacerdotal he tenido la ocasión de conocer a laicos y, a veces, incluso a sacerdotes homosexuales. Siempre me impresiona la delicadeza de su conciencia, su madurez moral, su deseo de conquistar la virtud y de liberarse del vicio y del pecado. Saben muy bien que la homosexualidad es pecado. Y conozco bien la misericordia de Dios que viene al encuentro de estas personas, en las cuales el arrepentimiento y el deseo de corregirse y mejorar se combinan con un estado de condicionamiento objetivo del sujeto, que atenúa la culpa.
Sin embargo, lo que no es aceptable es hacer de la homosexualidad una especie de "nueva humanidad", un motivo de jactancia o una especie de ideal moral. Los homosexuales honestos y conscientes de lo que es la verdadera dignidad humana rechazan desdeñosamente esta actitud hipócrita, adulatoria y falsamente condescendiente, que no los ayuda en absoluto, sino que los deja en sus dificultades, falsamente presentadas como derecho e igualdad de oportunidades.
La homofobia no es saber y hacer saber a la gente que la homosexualidad es un defecto y un pecado, sino que es el desprecio farisaico por los homosexuales, que también están revestidos de dignidad humana, redimidos por la sangre de Cristo y llamados a la santidad.
Conozco también casos de cónyuges donde al menos uno de los dos es homosexual; pero las personas de este tipo, que vienen a mi confesonario, se cuidan bien de faltar el respeto a su esposa o a su propia masculinidad, y se esfuerzan laudablemente por superar lo que consideran, correctamente, humildemente y sabiamente, su propio defecto.
Y por otra parte, ¿quién de nosotros es el que carece de defectos? Por el contrario, se debe desaprobar el llamado "matrimonio gay" en el cual el mismo ejercicio de la homosexualidad pretende presentarse como programa de vida y expresión de cultura y de libertad, como si se tratara de un ideal de la humanidad.
Aquí es necesario que no sólo la Iglesia sino también el ordenamiento civil adopten una actitud, sí, ciertamente, de comprensión y de tolerancia, pero sin llegar al punto de perder de vista las exigencias de la ley moral natural y del verdadero amor, porque un error de este tipo en el campo de la sexualidad, como demuestra la historia, conduce inexorablemente a un pueblo a la decadencia genética y al límite de la desaparición física.
De hecho, la normalidad sexual afecta la existencia misma de la persona. De ahí el riesgo de que el pueblo se extinga o cuanto menos caiga bajo el dominio de pueblos genéticamente más saludables. Nunca como hoy la Iglesia, sobre la base de la Biblia, nos ha dejado claro que la ética sexual es una ética de la vida, fuente y regla del verdadero placer y del verdadero amor.
Dios no permita que el pueblo italiano, aturdido por malos maestros, se ponga en el camino de la muerte después de haber recibido durante dos mil años la luz de ese Evangelio que indica al hombre y a la mujer, como lo demuestra la historia cristiana, el camino de su verdadera dignidad y felicidad.
P. Giovanni Cavalcoli,
Bologna, 2010
__________
Anexo
He aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum determinatio sexualis hominis sit essentialis et naturalis,
vel possit censeri datum culturalis et arbitrarium subiectum electioni
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod determinatio sexualis hominis non sit essentialis et naturalis, sed potius censeri debeat datum culturalis et arbitrarium subiectum electioni.
1. Quia multi hodie tenent sexualitatem pendere a conventionibus et modis temporum.
2. Quia non pauci existimant sexualitatem esse optional, cum unusquisque possit eam formare secundum proprias electiones.
3. Quia hodie late diffunditur opinio quod homosexualitas possit exhiberi tamquam nova humanitas, aeque digna ac matrimonium.
4. Quia lex civilis debet praestare aequalitatem iurium inter matrimonia et uniones homosexuales, sine distinctione.
Sed contra est quod Scriptura dicit: masculum et feminam creavit eos, ostendens distinctionem sexualem esse opus Dei et fundamentum generis humani.
Respondeo dicendum quod sexualitas humana non est accidens culturalis neque arbitrium voluntatis, sed est dimensio naturalis et essentialis personae, radicata in animalitate et elevata per actionem creatricem Dei. Masculinitas et feminitas constituunt ipsam essentiam hominis, animalis rationalis, et sunt datum universale ac obiectivum quod salutem et existentiam generis humani tuetur.
Visio relativistica concipit hominem ut subiectum amorphum et indetErminatum, quod vocatur genus, pro quo formae sexualitatis non haberent finem unitivum et procreativum, sed redigerentur ad arbitrium conventionum, voluptatis, motuum animi vel etiam speculationum pseudo-spiritualium. Contra hoc, veritas est quod unio viri et mulieris in matrimonio, ordinata ad generationem et educationem prolis, est finis essentialis sexualitatis.
Homosexualitas, quamvis possit esse condicionamentum quod culpam personalem minuat, non potest constitui idealis moralis nec exemplar humanitatis. Misericordia Dei quidem occurrit illis qui defectum suum agnoscunt et virtutem quaerunt, sed non legitimat matrimonium homosexualem tamquam propositum vitae. Ethica sexualis est ethica vitae, et eius corruptio ducit ad decadenciam geneticam et culturalem populorum.
Ad primum dicendum quod cultura afficit tantum accidentia, non essentiam masculi et feminae.
Ad secundum dicendum quod sexualitas est constitutiva personae et non potest esse optional.
Ad tertium dicendum quod homosexualitas non est idealis moralis, quamvis personae homosexuales dignitatem humanam retineant et ad misericordiam vocentur.
Ad quartum dicendum quod aequalitas civilis non potest delere differentiam essentialem inter matrimonium et uniones homosexuales, quia solum matrimonium respondet legi naturali. JG
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