miércoles, 11 de febrero de 2026

Los dos significados de la lex orandi

El padre Giovanni Cavalcoli nos ofrece en este artículo una reflexión amplia y penetrante sobre la lex orandi y la reforma litúrgica. ¿Qué significa que el Papa declare el novus ordo como única expresión de la lex orandi del rito romano? ¿No es acaso la plegaria eucarística, recibida en la Última Cena, inmutable en su esencia y más allá de cualquier autoridad humana? ¿Cómo distinguir entre la ley divina de la Misa, que nadie puede cambiar, y la ley disciplinar que corresponde al Papa como moderador de la liturgia? ¿Qué frutos y qué riesgos ha traído la reforma conciliar, con su acento en la participación activa, la inculturación y la memoria de la Cena pascual? ¿No es escandaloso que se use el vetus ordo como arma de división, cuando debería ser signo de comunión? Cavalcoli interpela con fuerza: la Misa es a la vez obra divina y humana, y sólo en la fidelidad a Cristo y en la obediencia a Pedro puede conservarse su verdad y su unidad. [En la imagen: "Retablo del Corpus Christi", Temple sobre tabla con relieves de estuco, pan de oro y hoja metálica corlada, h. 1335-1345, obra del Maestro de Vallbona de les Monges, conservado en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, procedente de la capilla del Corpus Christi del monasterio de Santa Maria de Vallbona de les Monges, Urgel].

Los dos significados de la lex orandi

(Traducción al español del artículo publicado el 28 de julio de 2021 en el propio blog del padre Giovanni Cavalcoli. El artículo original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/i-due-significati-della-lex-orandi.html)

Una expresión importante del documento del Santo Padre

En el Motu proprio Traditionis Custodes, el Santo Padre usa la expresión "lex orandi" en un sentido que necesita ser especificado. Se trata, como todos ya saben, del Art. 1: "Los libros litúrgicos promulgados por los santos Pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, en conformidad con los decretos del Concilio Vaticano II, son la única expresión de la lex orandi del Rito Romano".
En efecto, la mencionada expresión puede tener dos significados diversos y aquí es necesario aclarar en cuál de los dos ha sido utilizada. En general, lex orandi quiere decir: ley de la oración. El orar puede ser espontáneo, pero no puede ser hecho al azar, sin discernimiento, sin una regla, sin orden; no sería agradable a Dios.
De hecho, la oración es un acto de la virtud de religión y la virtud de religión es una forma de justicia debida a Dios y la virtud de la justicia está regulada por la razón, si bien es cierto que en la plegaria cristiana la razón está iluminada por la fe, ya que en ella le pedimos a Dios no tanto cosas que nos son sugeridas por la razón, sino ante todo cosas que Cristo mismo nos ha enseñado a pedir al Padre.
Pues bien, la Plegaria eucarística o Canon de la Misa, que es el orar propio de la Santa Misa, no está dejado a la espontaneidad, claramente no es fruto de la inventiva humana, sino que es un don de Dios, es una plegaria que Cristo mismo nos ha enseñado en la Última Cena y que debe cuidadosamente conservada inmutable con religiosa veneración hasta el fin del mundo.
En la Santa Misa, el sacerdote en efecto, pide al Padre que quiera mirar y acoger benignamente la ofrenda del Sacrificio del Hijo que él Le ofrece para él y para el pueblo fiel. Y por eso el celebrante pone en práctica, con la consagración de las oblatas, las palabras del Señor "haced esto en memoria mía" recibidas en la fe. El celebrante hace objeto de su fe lo que hace in persona Christi y que pide en la plegaria al Padre.
Aquí la lex orandi, la ley de la oración, que es la ley de la Misa, ha sido establecida por Cristo mismo. Ella regula y constituye la esencia misma de la Misa, que nadie, ni siquiera el Papa, puede cambiar. En efecto, es la norma esencial del rito de la Misa, con aquellos contenidos de fe que le dan forma. Ya se trate de la Misa novus ordo o de la Misa vetus ordo, la lex orandi es la misma en una y en otra, porque es la ley de la única Misa instituida por Cristo.
Pero, como es bien sabido, la expresión lex orandi suele ser asociada con lex credendi. ¿Para significar qué cosa? Que el rito de la Misa y en general la liturgia con sus fórmulas verbales y sus gestos simbólicos y significativos, es fuente de conocimiento de fe, es garantía de ortodoxia de la fe. Por tanto, el teólogo, para dar fuerza argumentativa a la ciencia teológica, entre los principios de fe a los cuales puede recurrir, puede también hacer referencia a las nociones de fe contenidas en la liturgia. La lex orandi en este sentido es, como se dice, "lugar teológico", junto con los otros lugares teológicos, que son las fuentes y los principios de la ciencia teológica ¹.
Es de notar por lo demás que lex credendi también quiere decir ley de la Tradición, ya que el dato de la fe está dado por la Tradición. Esto significa que la Misa como tal, tanto la Misa vetus ordo como la novus ordo, es un dato de la Tradición. Por eso el Santo Padre introduce el discurso del Motu proprio citando a los Obispos como custodios de la Tradición en comunión con el Papa.
Pero lex orandi puede significar también aquella ley del orar, que el Romano Pontífice puede establecer o sancionar en virtud del poder jurisdiccional y de santificar, que Cristo le ha conferido, como a sumo sacerdote y supremo moderador de toda la actividad litúrgica y de la disciplina de los sacramentos.
Es a la lex orandi tomada en este sentido que el Papa se refiere en el Motu proprio, cuando ordena a todos los fieles a aceptar el novus ordo como única lex orandi, que, en verdad, no ha establecido él, sino que es la lex orandi de la Misa novus ordo surgida de la reforma litúrgica promovida por el Concilio.
Cuando el Papa habla de la necesidad de que los "grupos" del vetus ordo sean detenidos y espera que se extingan o que pasen al novus ordo, no entiende referirse a aquellos que aman el vetus ordo, pero que al mismo tiempo están en comunión con la Iglesia, aceptan el novus ordo y no se oponen al Concilio, sino que habla expresamente de grupos cismáticos, y la intención que el Papa se prefija al limitar la actividad de esos grupos es la de "recomponer el cisma", es decir, hacerles cesar en su desobediencia, lo que no significa en absoluto que, una vez aceptado el novus ordo, no les sea concedido bajo ciertas condiciones continuar practicando el vetus ordo. Y si los grupos tradicionalistas pero obedientes aumentan, ¡son bienvenidos! Deben disminuir los cismáticos, no los católicos, ¡amen o no amen el vetus ordo!
El temor de algunos tradicionalistas de que el Papa quiera prohibir o incluso abrogar la Misa vetus ordo es absolutamente infundado. Sería impío de solo pensarlo. La Misa vetus ordo es para siempre una Misa. El Papa no puede abolir la Misa, a menos que lo confundamos con Lutero.
Por eso no está prohibido a nadie, con los debidos permisos, celebrar la Misa vetus ordo, ni la de 1962, ni la de San Pío V, ni la de Inocencio III, ni la de Gregorio VII, ni la de san Juan Crisóstomo. El Papa tiene el deber de ordenar a todos la aceptación  de la lex orandi en vigor, pero a cualquier persona, con los debidos permisos, le es permitido celebrar la Misa antigua que quiera, siempre que sea aprobada en el pasado por la Iglesia, así como a ninguno le está prohibido -si le pone contento- viajar con un auto de 1920 o de 1940.

¿Por qué el Concilio ha propuesto una reforma de la Misa?

¿Por cual motivo y con cual propósitos los Padres del Concilio han reformado el rito de la Misa? ¿Qué han querido sustancialmente hacer? ¿Qué método han usado? ¿Qué criterio han aplicado? ¿A qué exigencias y necesidades han querido salir al encuentro? ¿Qué esperaban? ¿Qué defectos han querido eliminar?
La reforma litúrgica se encuadra en el propósito general del Concilio: comunicar y hacer vivir un Evangelio mejor conocido a los hombres de hoy asumiendo los valores de nuestro tiempo, usando argumentos que les sean persuasivos, tales como para satisfacer mejor su necesidad de verdad, de justicia, de paz y de espiritualidad, usando un lenguaje para ellos comprensible, para así facilitar su camino hacia Cristo y volver más atrayente la perspectiva cristiana, abandonando usos, costumbres, modos expresivos o ideas atrasadas y superadas respecto a aquellas legítimamente existentes en nuestro tiempo, para mostrar mejor a los hombres de hoy aquello que en el cristianismo es tradicional e inmutable presentándolo en una forma nueva de por sí mutable, pero adaptada para suscitar el respeto por lo tradicional y lo inmutable.
Por cuanto respecta al rito de la Misa, dejando obviamente intacta la esencia de la Misa instituida por Cristo en la última Cena como ofrenda sacerdotal según una ritualización incruenta del sacrificio de Cristo por la remisión de los pecados y acto de acción de gracias al Padre por su misericordia, los Padres han querido obrar un cambio de acento respecto a una doble serie de aspectos y finalidades de la Misa, presentes en toda Misa, pero entre los cuales la Iglesia puede elegir ya sea uno o ya sea el otro a su discreción según las diferentes necesidades pastorales o utilidades pastorales de los tiempos y de los lugares.
Así, los Padres han querido poner el acento sobre la inmanencia de Cristo en la comunidad presidida por el sacerdote más que en la orientación adoradora de la comunidad y del sacerdote hacia Cristo.
La Misa vetus ordo evidenciaba lo sagrado, pero corría el riesgo de aislarlo de lo profano y, por lo tanto, de crear una brecha, una rotura, una grieta, entre el momento del encuentro con Dios, ciertamente bien hecho, y las consecuencias prácticas que se debían extraer en el momento del encuentro con el prójimo y del compromiso social.
Los Padres han querido conectar más estrechamente los dos momentos, y ha sido una idea feliz, que ha dado buenos frutos en el compromiso de los católicos en la familia, en el trabajo, en la cultura y en la sociedad. Pero una cierta profanidad parece haber entrado en el novus ordo, que ha empobrecido el momento del aura mística y de la sugestión sagrada.
Los Padres han destacado o puesto en luz, al organizar el rito de la Misa, la memoria de la última Cena más que la referencia a la memoria del Calvario.
Mientras la Misa vetus ordo estaba toda proyectada en el pasado del sacrificio de Cristo, los Padres han querido resaltar, poner en luz, el aspecto escatológico de la Misa, como banquete pascual.
Los Padres, sin por ello abolir el latín, han preferido que la Misa sea celebrada en una lengua profana comprensible para los simples antes que en un lengua sagrada universal pero conocida por pocos.
Han querido organizar un rito que, en lugar de subrayar las oposiciones a la Cena protestante, resaltara los puntos en común entre los dos memoriales de la última Cena.
Han querido organizar un rito, por el cual, junto a la oración oficial y a las fórmulas fijas, se diera un adecuado espacio para una moderada espontaneidad y legítima creatividad en el celebrante y en los fieles.
Han preferido que el sagrado silencio fuera ejercido por el sacerdote y los fieles después de la lectura de la Palabra de Dios y la Santa Comunión antes que fuera dado el hecho de que los fieles no escucharan las palabras del celebrante.
El silencio en el vetus ordo significa que no comprendemos y estamos atemorizados por el misterio de las palabras arcanas que el sacerdote, de modo similar a Moisés, pronuncia en nuestro nombre y para nosotros delante de Dios, ante el Deus tremendae maiestatis.
El silencio en el novus ordo es el silencio místico que hacemos al experimentar la presencia incomprensible en nuestra mente de la Palabra de Dios y al experimentar en nuestro paladar y en nuestro corazón la dulzura inefable del alimento eucarístico.
Mientras que el vetus ordo subraya que la Misa es formalmente ofrecida por el solo sacerdote y el pueblo asiste a ella -de ahí la posibilidad de una Misa sin pueblo- los Padres, para incrementar en los laicos la participación activa en la Misa, han querido resaltar el ejercicio del sacerdocio común de los fieles, lo que les ha llevado a subrayar que la Misa es ofrecida por todo el pueblo de Dios, por parte de todos los bautizados unidos en un solo cuerpo bajo la presidencia del sacerdote ministerial, que sigue siendo el único y cualificado actor del sacrificio de la Misa. Los Padres se han basado en las palabras de san Pablo: "Ofreced vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios" (Rom 12,1).
De ahí el cambio en cuanto respecta al oficio de la mujer en la celebración de la Misa. Si en el vetus ordo, que subraya que el sacerdote es varón y solo varón, la mujer limita su participación en la Misa al rol de simple común fiel, los Padres han querido que, en base al sacerdocio común de los fieles, y a los dones espirituales propios de la mujer, a ella le fueran reconocidos algunos oficios o deberes o servicios o ministerios litúrgicos, como por ejemplo el acolitado, el lectorado, la recitación de las oraciones de los fieles o el ministerio de la distribución de la Comunión.
Mientras que la Misa vetus ordo mantiene loablemente el patrimonio y la tradición cultural latina y europea, los Padres han introducido en la liturgia, como en general en la evangelización, el principio de la inculturación, por el cual el contenido de fe y, por lo tanto, también el contenido dogmático de la Misa puede venir expresado en las categorías propias de las diversas culturas. El novus ordo posee una suficiente elasticidad y adaptabilidad, para permitir imaginar e realizar diversas modalidades del rito romano estructurado gracias al aporte de las diversas culturas de los diferentes pueblos.
Así, por ejemplo, se podría imaginar una liturgia eucarística amazónica, que utilizara la imagen de la Pachamama depurada de su referencia idólatra y entendida como símbolo de la madre tierra creada por Dios, de la cual extraemos el trigo y el vino que son necesarios para la preparación del pan y del vino eucarísticos.
La reforma ha multiplicado las Misas votivas y para diversas ocasiones o intenciones, así como las Misas en honor a Nuestra Señora. Los tres ciclos del Año litúrgico abarcan una cantidad de lecturas bíblicas muy superior a las de la Misa vetus ordo. Es cierto que en el novus ordo no existen ya las órdenes menores; pero por otra parte ellas no eran esenciales para el sacramento del Orden. Sin embargo, se mantiene el servicio del diácono y, de hecho, es posible un diaconado de hombres casados y se mantienen los monaguillos o ayudantes en el altar.
Por otra parte, está claro que estaba muy lejos de la mente de los Padres la invención de una modalidad del rito romano, que bajo el pretexto de la creatividad y de la escucha del Espíritu Santo, permitiera el espontaneísmo sensual, indisciplinado y frenético de las Misas de Kiko Arguëllo ² o bajo el pretexto de que la asamblea eucarística es la asamblea del pueblo de Dios en lucha por su liberación, permitiera transformar la celebración de la Misa en una protesta contra los opresores o contra el imperialismo estadounidense o en una operación política de emancipación del pueblo oprimido, según el módulo marxista de la teología de la liberación o bien permitiera, a fin de atraer a la gente, transformar la Misa en un espectáculo circense.
De modo similar, los Padres no tenían ciertamente en mente ciertas Misas descuidadas y sofisticadas, que dan ocasión a doctos impostores para exhibirse en elucubraciones o cavilaciones extraídas más de la filosofía de Severino o de las herejías de Lutero, que de la Sagrada Escritura, de los Padres de la Iglesia o de Santo Tomás.

La Misa es a un tiempo obra divina y humana

Los lefebvrianos, para resaltar o evidenciar lo divino, sacralizan lo humano. Los modernistas, para resaltar o evidenciar lo humano, profanan lo divino. Los primeros hacen rígido o endurecen también lo que puede cambiar; los segundos relativizan también lo que debe ser conservado. Los primeros se han fijado en la Misa de san Pío V, incluso rechazando la modernización realizada por san Juan XXIII en 1962. Para ellos, la Misa de san Pío V es la única verdadera Misa "de siempre", como si la Misa de san Juan Crisóstomo, la de Gregorio VII o la de Inocencio III no fueran la Misa de siempre, es decir, la Misa instituida por Jesucristo.
Los lefebvrianos no tienen en cuenta que la Misa es a un tiempo obra de Cristo y artefacto humano. Si la comparación no pareciera irreverente, se puede decir que sus diferentes formas a lo largo de los siglos se pueden parangonar con la evolución de un producto de la técnica, como por ejemplo el reloj o el automóvil.
¿Quién es el que hoy preferiría usar un reloj del siglo XVIII o un auto del 1920 a un reloj o un automóvil del 2021? Ciertamente, nadie podría impedírselo, pero ¿cuál es el punto a favor? En efecto, así como existe un progreso en los productos de la técnica, de modo similar existe un progreso en la formación o estructuración de las modalidades del rito de la Misa, aunque la Misa sigue siendo esencialmente la misma. En tal sentido se puede decir que la lex orandi divina de la Misa novus ordo es la misma de la del vetus ordo, porque es la misma e idéntica Misa.
Y así como existe un progreso en la técnica, también así existe un progreso en la estructuración del rito de la Misa. Así como existe una lex orandi que determina en modo inmutable la esencia de la Misa, en cuanto instituida por Cristo, así también existe una lex orandi, una ley de la Misa, que depende de la autoridad humana, a la cual Cristo ha confiado el modificar el rito de Misa según los tiempos y los lugares y en orden a un siempre mejor ejercicio del culto divino, es decir, un culto cada vez más capaz de ofrecer el sacrificio de Cristo y de unir siempre mejor al hombre a Dios mediante la ofrenda de este sacrificio.
En tal sentido el papa Francisco puede decir que hoy la única lex orandi es la Misa novus ordo, es decir, en relación con esa lex orandi, que le corresponde a él, en cuanto poseedor del poder de las llaves, establecer y cambiar a lo largo del curso de la historia. En este sentido se puede decir que hoy la lex orandi ya no es la del vetus ordo, sino la del novus ordo. Vemos, entonces, lo importante que es distinguir estos dos sentidos de la expresión lex orandi.
Por otra parte, cabe precisar que es sólo en el primer sentido que la lex orandi es lex credendi, en cuanto ley de Cristo: mientras que en el segundo sentido la lex orandi, siendo sólo ley de la Iglesia, puede cambiar sin dejar de ser la misma lex orandi como lex credendi fundada por Jesucristo.

No conviene hacerse los muy vivos

El papa Benedicto con Summorum Pontificum había permitido a cualquier sacerdote celebrar libremente en el vetus ordo, aboliendo la disposición precedente de san Juan Pablo II, que prescribía que el sacerdote debía pedir el permiso al obispo.
Fue un acto liberal de Benedicto y de confianza en que los devotos del vetus ordo harían buen uso de tal permiso. Pero en cambio, lamentablemente ha sucedido, como denuncia el papa Francisco en Traditionis custodes, que los lefebvrianos y los cismáticos han utilizado el vetus ordo como pretexto para acusar al novus ordo de filo-protestantismo y para acusar de modernismo las doctrinas del Concilio Vaticano II.
El papa Francisco se ha percatado de esto y los ha castigado volviendo a ordenar que los sacerdotes que quieran celebrar en el vetus ordo pidan el permiso al obispo y restringiendo y haciendo más difícil la posibilidad de la celebración de la Misa vetus ordo.
El Papa, sin embargo, parece no haber tenido en cuenta el hecho de que no todos los devotos del vetus ordo son cismáticos o lefebvrianos, sino que también hay muchos que no ven ninguna contradicción entre el aprecio por el vetus ordo y la sumisión leal y total a las doctrinas del Concilio y tienen cuidado de no considerar el novus ordo como filo-protestante, como hizo por ejemplo el Siervo de Dios Padre Tomás Tyn, que celebraba regularmente en ambos ritos.
Por lo tanto, en mi opinión, el Papa debería mantener las facultades concedidas por Benedicto XVI a aquellos sacerdotes que declaren formalmente que se adhieren a las doctrinas del Vaticano II y tienen pleno respeto por la Misa novus ordo. En cualquier caso, estos sacerdotes ahora pueden obtener tal facultad de su obispo, siempre que sea comprensivo, como lo esperamos, con estos sacerdotes y con aquellos grupos de fieles que desean la Misa vetus ordo. Si ya no pueden ser alojados en parroquia, pueden acudir a los santuarios o los institutos religiosos o a los administradores de oratorios o capillas privadas.
Por otra parte, es necesario sobre todo que se cree un clima de mutuo y fraterno respeto entre los devotos del novus ordo y los del vetus ordo. Es necesario en particular que los unos y los otros eviten en modo absoluto cualquier valoración despectiva hacia el rito que no es el que prefieren. Es inconcebible y escandaloso que haya división entre católicos precisamente donde los corazones deberían estar más unidos entre sí y en comunión con el Sumo Pontífice.
Cuando el Papa expresa su voluntad de que todos acepten el novus ordo como única lex orandi, no excluye en absoluto, como aparece evidente en el Motu proprio, la legitimidad de la celebración con el vetus ordo. Sin embargo, el Papa tiene todos los derechos y también el deber de ordenar a todos, devotos o no devotos del vetus ordo, que acepten el novus ordo como única lex orandi de hoy, lex orandi que debe entenderse aquí no en el sentido de la ley esencial de la Misa, que es la misma para el novus ordo como para el vetus ordo, sino en el sentido de la ley que regula la celebración de la Misa, que es competencia del Papa.

P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 28 de julio de 2021

Notas

¹ La doctrina de los lugares teológicos fue fundada por el dominico español Melchor Cano en el siglo XVI.
² Enrico Zoffoli, Eresie del movimento neocatecumenale, Edizioni Segno, Udine 1993; Ariel Levi di Gualdo, La setta neocatecumenale, Edizioni L’Isolo di Patmos, Roma 2019.

__________

Anexo

He aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
   
Articulus unicus

Utrum lex orandi habeat unum sensum immutabilem
vel etiam alterum variabilem sub auctoritate Papae

Ad hoc sic procediturVidetur quod lex orandi habeat unum tantum sensum immutabilem, et non etiam alterum disciplinarem sub auctoritate Papae variabilem.
1. Quia lex orandi est sola norma essentialis Missae, a Christo instituta, et ideo numquam mutari potest.
2. Praeterea, lex orandi semper identificatur cum lex credendi, ita ut quaelibet mutatio liturgica necessario fidem laederet.
3. Item, reformatio Concilii, inducendo mutationes in ritu, videtur mutasse lex orandi et per consequens ipsam essentiam Missae.
4. Praeterea, coexistentia vetus ordo et novus ordo implicat duas lex orandi diversas, quod est contradictorium.

Sed contra est quod Papa, in Traditionis custodes, affirmat libros liturgicos post Concilium Vaticanum II promulgatos esse unicam expressionem lex orandi ritus Romani.

Respondeo dicendum quod lex orandi duplicem habet sensum complementarium. Primo quidem significat legem essentialem orationis eucharisticae, a Christo in ultima Cena institutam, quae constituit essentiam Missae et quae ab ullo mutari non potest. Hoc sensu lex orandi est immutabilis et cum lex credendi identificatur, cum liturgia sit fons fidei et cautio orthodoxiae.
Secundo autem significat legem disciplinarem celebrationis, Romano Pontifici commissam ut supremus moderator liturgiae. Hoc sensu potest variari secundum tempora et loca, sine mutatione essentiae a Christo institutae. Sic novus ordo hodie est unica lex orandi vigens quoad normam disciplinarem, quamvis eandem lex orandi essentialem cum vetus ordo communicet.
Missa simul est opus divinum et humanum. Ut opus divinum, eius essentia sacrificialis manet immutabilis; ut opus humanum, eius formae rituales per saecula evolvuntur, sicut artificia technica quae proficiunt sine identitate amittenda. Ideo comparatio cum horologio vel automobili ostendit Missam eandem manere, licet modi celebrationis mutentur.
Lefebvriani humanum absolutizant usque ad sacralizationem, modernistae divinum relativizant usque ad profanationem. Utrumque extremum ignorat duplicem dimensionem Missae. Reformatio Concilii autem quaesivit aequilibrium: augere participationem fidelium, aperire se inculturationi, et extollere aspectum escatologicum Missae, sine mutatione eius essentiae sacrificialis.
Solum in primo sensu lex orandi est lex credendi; in secundo sensu mutari potest sine detrimento fidei. Inde sequitur necessitas distinguendi hos duos sensus ad intellegendam auctoritatem Papae et continuationem Traditionis.

Ad primum ergo dicendum quod lex orandi essentialis non mutatur, sed disciplinaris potest variari.
Ad secundum dicendum quod solum in primo sensu lex orandi est lex credendi; in secundo est lex Ecclesiae et mutari potest sine laesione fidei.
Ad tertium dicendum quod reformatio Concilii non mutavit essentiam Missae, sed eius formam ritualem.
Ad quartum dicendum quod vetus ordo et novus ordo eandem lex orandi essentialem communicant, quamvis hodie unica lex orandi disciplinaris vigens sit novus ordo.
   
JG

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