miércoles, 25 de febrero de 2026

Respuesta a Aldo Maria Valli. A su discurso "hecho" en el Festival de Fede&Cultura

¿Quién es verdaderamente católico en tiempos de confusión y extrañeza? ¿No será que la medida de nuestra pertenencia está en el Catecismo de la Iglesia Católica y en la comunión con el Papa, más allá de las sensaciones subjetivas? Este artículo del padre Cavalcoli recuerda que la Misa, sea en la forma antigua o en la actual, es siempre el sacrificio de Cristo, y que la fidelidad al Sucesor de Pedro constituye el núcleo de la identidad católica. ¿No es ilusorio pensar que el Concilio Vaticano II sea culpable de los abusos, cuando en realidad el problema está en quienes lo malinterpretan? ¿No deberíamos más bien reconocer que la fe exige razón iluminada por la gracia, y que el indietrismo es un estancamiento contrario al dinamismo del Espíritu? Frente al riesgo de la amargura y la tentación de sospechar del Papa, se propone un examen de conciencia, una renovada confianza en la reforma conciliar y la certeza de que la Iglesia, aun en medio de crisis, camina hacia la plenitud de la verdad. [En la imagen: fragmento de una representación perteneciente a la iconografía del “Ángel de la Guarda”, muy popular en la pintura devocional del siglo XIX y XX].

Respuesta a Aldo Maria Valli
A su discurso "hecho" en el Festival de Fede&Cultura

(Traducción al español del artículo publicado por el padre Giovanni Cavalcoli en su propio blog el 6 de octubre de 2023. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/risposta-ad-aldo-maria-valli-al-suo.html)

Aldo María Valli: Propongo aquí la parte sobre la Iglesia del texto que había preparado pero que luego no he leído. ¹ Pero. ¿yo sigo siendo católico? Memorias de un indietrista.
Padre Giovanni Cavalcoli: Estimado Aldo, tu pregunta me parece buena. De hecho, nos encontramos en una situación de gran confusión, donde muchos se dicen o son considerados católicos, sin que esto sin embargo corresponda a lo que el Catecismo de la Iglesia Católica define como ser católico.
La concepción propuesta por el Catecismo de la Iglesia Católica ² es la unidad de medida, para establecer quién es verdaderamente católico y quién no lo es, quién es católico de modo suficiente y quién no lo es de modo suficiente, quién es un buen católico y quién no lo es, quién es un falso católico y quién es un auténtico católico.
Si te sientes indietrista, trata de remediarlo mirando hacia adelante y no hacia atrás.

"En este momento -hablando con sinceridad- no sé si yo estoy en la Iglesia y en qué medida lo estoy. No sé si sigo todavía formando parte de ella. Tampoco sé a cuál iglesia pertenezco, eventualmente, si es que pertenezco a alguna".
Para saber si estás en la Iglesia, basta que tú te midas, como ya he dicho, con el concepto de Iglesia presentado por el Catecismo de la Iglesia Católica.
Puedo darte una definición sintética de la Iglesia Católica. La Iglesia es la sociedad de los verdaderos cristianos, es decir, de los discípulos de Nuestro Señor Jesucristo, es decir, los bautizados, hijos de Dios, los cuales obedecen a los legítimos Pastores, bajo la guía del Sumo Pontífice. Ésta es la definición tradicional, que vale todavía hoy.
El Concilio Vaticano II ha aclarado este significado tradicional, precisando que la Iglesia es el Pueblo de Dios, Pueblo de la Nueva Alianza, guiado por el Espíritu Santo, el Cual ilumina a los bautizados en su comunión recíproca y con el Sucesor de Pedro. Esta es la sinodalidad de la Iglesia.

"Lo único que sé es que experimento un gran sentimiento de extraneidad hacia todo, o casi todo, aquello que es Iglesia".
¿Por qué extraneidad, por qué esa extrañeza? Tú eres extraño en el ambiente de los modernistas, los cuales están en la Iglesia abusivamente. Intenta preguntarte: ¿los filo-lefebvrianos están verdaderamente en la Iglesia?
Para responder claramente a tu pregunta, debes confrontarte con la naturaleza de la Iglesia definida en el Catecismo de la Iglesia Católica. Creo que si haces esta confrontación o comparación te darás cuenta de que estás en la Iglesia.
Lo que tú llamas "todo, o casi todo, aquello que es Iglesia" ¿es un conjunto de hechos o es el concepto de Iglesia? En efecto, en el primer caso podemos pensar en los modernistas, por lo cual una Iglesia de tal género no puede ser aceptada. Si en cambio se trata del concepto de Iglesia definido por el Catecismo de la Iglesia Católica, estoy seguro de que estás en la Iglesia y que la amas, tal vez apasionadamente.

"Hablo de sensación de extrañeza porque no sé cómo definirla mejor. Daré algunos ejemplos, todos relacionados con el novus ordo.
Cuando en la misa el sacerdote pide intercambiar un signo de paz, yo me quedo allí plantado y no muevo un músculo. No me va. Simplemente me pongo nervioso. Y si entonces la invitación es a intercambiar una mirada de paz, yo bajo los ojos y observo las puntas de mis zapatos. Prefiero mirar los zapatos porque si mirara a mis vecinos no me sentiría precisamente pacífico. Sólo una vez, recientemente, me he inclinado ante el horrendo apretón de manos. Porque tenía a mi lado a un indio (de la India) y he temido que si no le hubiera estrechado la mano me hubiera tomado por racista, y no quería arruinarle el domingo y quizás toda la semana".
¿Por qué tanta repugnancia en manifestar tu fraternidad con un signo sensible al hermano en el momento culminante de la comunión fraterna?
Este signo ha sido querido porque es normal manifestar amistad hacia nuestros semejantes con gestos de este tipo. El problema, en todo caso, es si somos o no somos sinceros al hacer estos gestos.
¿Te sientes quizás mirado con antipatía por ciertos fieles que están a tu lado durante la Misa y que en otras ocasiones quizás te han faltado el respeto? ¿Por cuál motivo los fieles que están a tu lado, suscitan en ti esta repugnancia?

"Cuando en la misa llega el momento de recitar el Padre Nuestro en la fórmula nueva, yo lo recito en latín, en la antigua fórmula, y también en voz más bien alta, para que los demás se queden estupefactos y se pregunten qué carajo hace este tipo que en el momento del la hora el momento del 'no nos induzcas en tentación' (non abbandonarci in tentazione) casi grita 'et ne nos inducas in tentationem'."
La nueva fórmula ha sido aprobada por el Papa, quien como Vicario de Cristo, tiene el mandato, recibido de Él, de aclararnos las palabras del Señor. Por lo tanto, como católico, ten confianza en el Papa.
¿Por qué ha sido cambiada la fórmula? Porque el "non indurci in tentazione" podría dar la impresión de que Dios nos empuja a hacer el mal, como si la tentación como tal viniera de Dios y no de nuestra debilidad o del mundo o de Satanás. Por consiguiente, oramos al Padre a fin de que no nos deje solos, no nos abandone a la tentación.
Pienso que si tú invocaras de este modo a Dios Padre, obtendrías un gran consuelo, como para superar este período de desorientación.

"Cuando en el Gloria llega el momento de decir 'paz a los hombres amados por Dios', yo recurro de nuevo al latín y, también en este caso, alzando sensiblemente el volumen, proclamo: 'Gloria in altissimis Deo, et super terram pax in hominibus bonae voluntatis', que al fin y al cabo son palabras del Evangelio".
La nueva fórmula simplemente pretende resaltar más el factor divino que el humano en la obra de la salvación. Es una fórmula de carácter ecuménico, ya que sabemos con cuánta fuerza insisten los luteranos en el hecho de que la salvación es obra de la gracia. Si ahora nosotros los católicos callamos acerca del aspecto de la buena voluntad, no es porque lo neguemos, sino que está implícito, sobrentendido. Guardar silencio sobre algo no quiere decir necesariamente negarlo, si ello está sobrentendido.
También debemos tener presente que la "buena voluntad" es efecto de la gracia santificante.

"Cuando en el Credo se recuerda la Encarnación, me arrodillo, provocando de nuevo el desconcierto de mis vecinos, que no entienden si este ancianito está loco o se ha desmayado y está medio inconsciente".
Hoy no es necesario arrodillarse, basta con inclinarse. Aquí no está en juego ningún deber moral, sino simplemente un uso común admitido por la Iglesia en una materia disciplinaria donde la Iglesia puede dar disposiciones diferentes, según lo estime oportuno según los lugares, tiempos y las circunstancias.
Ahora bien, si alguien quiere arrodillarse, puede hacerlo perfectamente, sin preocuparse de eventuales críticas.

"Cuando el sacerdote inicia y cierra la homilía, cuidándose bien de no decir 'alabado sea Jesucristo', siento el impulso de irme y me pongo todo rojo".
Este final también es ciertamente bello, pero no es obligatorio, siempre por los motivos mencionados anteriormente. Lo importante es concluir la homilía de modo de dejar a los fieles una idea clara y convincente de lo que deben saber y hacer a la luz de la Palabra de Dios comentada y explicada en la misma homilía.

"Cuando el sacerdote en la homilía en lugar de comentar las lecturas comienza a hacer sociología, yo resoplo, me rasco la cabeza, muevo las piernas como atrapado por el mal de san vito. Y si luego el sacerdote comenta las lecturas pero sólo para inclinarlas a la sinodalidad o a la misericordia bergogliana o a la lógica del tiempo y a la mentalidad dominante, también puede suceder que me ponga una mano en la boca, para evitar estallar en el grito: '¡Pero hágame el favor!'."
El sacerdote está habilitado para hacer la homilía en virtud de la gracia del sacerdocio. Si luego algún sacerdote, como lamentablemente sucede, no se atiene al magisterio de la Iglesia ni a los datos de la Tradición, o no sabe presentar las novedades del Concilio, o no sabe interpretar en el buen sentido ciertas frases no claras del Papa, expresa equívocos o comete malentendidos en lugar de aclarar, interpreta mal la Escritura, no sabe denunciar las herejías corrientes y decir cómo ponerles remedio, no eleva el espíritu, se detiene a hablar sólo de valores humanos y no instruye sobre la fe y sobre la caridad, o expone sus ideas políticas, o no sabe mostrar el por qué de ciertas obligaciones fatigosas, repite lugares comunes muy evidentes, es necesario soportarlo con caridad y paciencia, orar por él para que se convierta y disuadir a los amigos de aceptar sus errores.

"Cuando, en la Comunión, el celebrante se limpia abundantemente con gel desinfectante, sólo mi ángel de la guarda, aunque con dificultad, me impide rebelarme con epítetos irrepetibles".
El gel todavía puede ser una defensa médica y una precaución sanitaria tanto para el sacerdote como para los fieles.
Necesitas contenerte. Piensa más bien en ese momento místico en el cual, junto con tus hermanos de fe, un solo corazón y una sola alma, te preparas y te dispones con devoción y alma purificada del pecado, para acoger al Señor en tu corazón.

"Y no hablemos de las hostias consagradas distribuidas como caramelos, quizás por una 'ministra extraordinaria de la Eucaristía' llamada a ayudar al celebrante, como si la Comunión debiera ser distribuida a grandes multitudes y no a los pocos habituales conocidos".
Sabes bien que hoy la Iglesia permite también a una mujer preparada, eventualmente investida con el ministerio de la distribución de la Comunión, el dar la Comunión a los fieles. ¿Entonces, por qué tanto desdén? Es cierto que desde los inicios del cristianismo nunca había sucedido que una mujer distribuyera la Comunión en la Misa.
Pero si hoy la Iglesia lo permite y lo promueve, ¿por qué no confiar en la Iglesia? ¿No quieres pertenecer a la Iglesia? En el hecho de permitir y promover que las mujeres distribuyan la Comunión, la Iglesia no cambia ni niega nada de la Tradición, porque aquí no se trata de la conservación de valores no negociables o de dogmas o de datos de fe, sino de disciplina eclesiástica litúrgica, del así llamado "poder de las llaves", donde la Iglesia puede hacer, cambiar y deshacer, abrir y cerrar, donde existe un progreso en la valorización de todo lo que se puede valorar y de todos lo que se debe valorar, incluida la dignidad de la mujer.

"Cuando, al final de la misa, el celebrante dice 'buen domingo y buena semana', y quizás añade incluso el execrable: 'buen almuerzo', yo siento hacia él un sentimiento que no es precisamente de fraternidad, sino que más bien se acerca más a una fuerte aversión, por no decir hostilidad".
Tampoco a mí me gusta este saludo profano, como lo haría un comerciante o un gerente de restaurante al saludar a un cliente. Ya existe el saludo litúrgico: 'La Misa ha terminado, pueden ir en paz' y otras expresiones similares presentes en el Misal. El 'buenos días' no existe en absoluto en el Misal; es una invención de sacerdotes que así creen estar más a mano, sin darse cuenta de profanar algo que es sagrado. Casa cosa en su lugar. Si luego usas traje de baño en la playa, tendrás que usar hábitos litúrgicos en la Misa.

"En definitiva, quizás se haya entendido por qué hablo de extraneidad".
Para sentirse extraño a la Iglesia o alejado de la Iglesia, hay que referirse a valores eclesiales esenciales, como por ejemplo la práctica de los Sacramentos, las obras de misericordia, la comunión con los Pastores.
Pero en los ejemplos que has dado, tanta repugnancia no se justifica, por lo cual tú te sientes fuera por motivos inconsistentes. El punto que yo te señalaría, como ya te he dicho, es el hecho de que tú te la tomas sin que exista un motivo válido.

"Y quizás en este punto se comprenda por qué, si lo hago, voy a la misa antigua, que sin embargo prefiero llamar misa apostólica. Me complace mucho, me siento cómodo allí y, aunque tengo que conducir varios kilómetros de ida y vuelta, voy con gusto y no me siento un extraño allí. En todo caso, me siento pequeño, en el sentido de no suficientemente instruído, pero estoy bien, estoy sereno. Y salgo de la misa edificado, no enojado como cuando salgo de la misa en la parroquia".
Por cuanto respecta a la Misa vetus ordo, entiendo que ella te haga experimentar el misterio de lo sagrado, puedo entender que haya homilías bien hechas, puedo entender que haya una atmósfera de recogimiento y de silencio.
Por otra parte, en sí misma no está prohibida; sólo que el Papa fija las condiciones bajo las cuales ella puede ser celebrada. Esto quiere decir que en los días festivos el Santo Padre nos ha ordenado seguir el novus ordo.
Eventualmente, si en una parroquia hay Misas un tanto secularescas, siempre se puede acudir a una Misa bien celebrada en otras parroquias o santuarios.
De todos modos, tengamos en cuenta que la Misa es siempre la Misa, es decir, la ofrenda del Sacrificio de Cristo, y esta riqueza no se puede perder por elementos secundarios que desentonan.

"Creo que el buen Dios, a través de esta extrañeza, me está diciendo algo, aunque en este momento no sepa con seguridad qué".
Querido Aldo, yo creo que el Señor, a través de esta tu dolorosa experiencia, te está invitando a tener confianza en las disposiciones actuales de la Iglesia, la cual maternalmente guía a sus hijos como una mamá ayuda a sus niños a caminar serenos en medio de las dificultades del camino.
En lugar de mirar hacia atrás y desear volver a la Iglesia preconciliar, es necesario que tú comprendas el valor de la reforma conciliar, aun cuando sea cierto que hoy existen fenómenos degenerativos, que no existían antes del Concilio. Pero este hecho no es culpa del Concilio, sino precisamente de quienes no lo han puesto en práctica o lo han entendido mal.
Si tú caminaras confiadamente con la Iglesia, no tendrías todos estos problemas, sino que te sentirías tranquilo, seguro y en la luz. Sobre todo tú podrías servir de guía con los jóvenes o con los menos jóvenes, con todos los dones que Dios te ha dado.

"En este momento, repito, todo es muy extraño y yo mismo me siento extraño. Ni siquiera sé cómo definirme. Si hasta hace algunos años me sentía orgullosamente católico ambrosiano, ahora ya no sé lo que soy. Quizás soy un indietrista, como dice Francisco. Y está bien, no hay problema: venga lo de indietrista. No hago una cuestión de etiquetas".
Aquí veo que tocas la cuestión del indietrismo. El Papa no ha usado por casualidad esta expresión. Se trata de una cuestión seria. Veo que te sientes tocado o conmovido por la palabra, porque creo que te das cuenta de que eres efectivamente un indietrista. Por consiguiente, no puedes tomar esto a la ligera. Necesitas hacer un examen de conciencia e interrogarte precisamente sobre este punto.
En muchas cosas que has dicho, referentes a la Misa, no obstante mostrando un gran amor por la Misa, demuestras que eres un indietrista, incapaz de comprender el camino de la Iglesia en la historia, donde el Espíritu Santo la conduce a la plenitud de la verdad.

"Por extrema sinceridad (la mía se está convirtiendo en una especie de confesión pública) diré otra cosa: a veces me cuesta mucho rezar por el Papa. Una vez escribí un artículo titulado "Roma sin Papa", que provocó cierto revuelo y también fue un poco incomprendido. Pero aquel título dice lo que advierto en mi ánimo: me siento sin Papa porque el Papa que existe no me confirma en la fe. De hecho, precisamente como la misa en la parroquia, el Papa me exaspera y me inquieta".
Querido Aldo, ten en cuenta que si tú dices que el Papa no te confirma en la fe, es como si dijeras que el Papa es hereje. Sé que esta acusación ha sido formulada contra el Papa desde el inicio.
Ahora bien, te digo claramente que una idea de este tipo nos lleva directamente a sospechar que Cristo nos haya engañado cuando ha asegurado a Pedro su asistencia, como maestro de la fe, y le ha encargado confirmar a sus hermanos en la fe. Este es el Papa.
Aquí se plantea la delicada cuestión de saber distinguir en las palabras de Francisco lo que pertenece a Pedro y lo que pertenece a Jorge Mario Bergoglio.
Tú sabes bien que yo desde hace muchos años ayudo a los fieles a hacer esta distinción, que es decisiva para la salvación de nuestras almas, ya que, como bien sabes, Pedro tiene las llaves del reino de los cielos.
Para poder hacer esta distinción no bastan los sentimientos o las emociones que puedan nacer en nosotros, sino que estamos llamados a realizar actos de reflexión muy ponderados con un fuerte esfuerzo de objetividad. La fe no es un simple sentimiento, sino que es, bajo la luz de la gracia, un acto profundamente racional.

"Por lo cual me pregunto: estando así las cosas, ¿yo sigo siendo todavía católico?".
Querido Aldo, simplemente debes hacer una verificación. Mira en el Catecismo de la Iglesia Católica y allí verás lo que significa ser católico.

"Mi posición es, en efecto, incómoda. Para mí, Francisco es Papa, y todas esas historias sobre la irregularidad de su elección y sobre el hecho de que Benedicto XVI nunca habría verdaderamente renunciado son sólo fantasías, basadas en supuestos códigos sin fundamento. Considerar que no sea Papa me parece sólo un atajo mental (justificable psicológicamente, pero no por eso correcto) para evitar afrontar la realidad. Un poco lo mismo (lo digo con todo respeto y sin animosidad) que les sucede a los sedevacantistas, a los sedeprivacionistas y similares".
Me complace mucho el hecho de que reconozcas que Francisco es verdadero Papa, considerando la fuerza del movimiento que niega su legitimidad.
Esta tu convicción es una luz que te guiará para disipar las presentes tinieblas.
De hecho, éste es el elemento fundamental que hace que sí seas católico.
Tú debes construir tu catolicismo sobre la base de la fidelidad al Papa, ya que ¿qué nos distingue de todos los cismáticos, de los herejes y de todos los demás hermanos cristianos separados, sino este punto central de nuestra fe?
Por esto nosotros podemos decir que es católico quien es fiel al Papa, y no es católico quien está contra el Papa, lo que no impide una legítima crítica, que sin embargo no socave la confianza en su autoridad doctrinal.

"Así como la realidad no me complace y me causa horror, detengo el tiempo, digo que todo lo que ha sucedido desde un cierto momento en adelante no existe y resuelvo toda cuestión".
Tú no puedes detener el progreso de la Iglesia a un determinado tiempo, como puede ser por ejemplo el período preconciliar. Bien sabes que el Verbo divino, encarnándose, ha dado al tiempo una dirección progresiva hacia la eternidad. Por eso, el católico cree que la Iglesia en el curso del tiempo aumenta siempre cada vez más su santidad, no obstante el agudizarse de la guerra que le viene del demonio.
Los indietristas son aquellos que no comprenden la santidad de la Iglesia de hoy y quisieran volver hacia atrás, a la santidad de ayer. Es cierto que junto con el bien aumenta también el mal, y sin embargo Jesús prometió a su Iglesia caminar hacia la plenitud de la verdad.
Es cierto que existen en la historia momentos de crisis en la Iglesia, y éste es uno de ellos, pero esos momentos preparan siempre un salto hacia adelante, hacia el reino de Dios.
El indietrista es aquel que no comprende este salto hacia adelante. Es sobre este punto que nos reclama continuamente el papa Francisco, no ciertamente refiriéndose a los abusos litúrgicos y al modernismo, sino a la verdadera realización del Concilio Vaticano II.

"Para mí, sin embargo, Francisco es Papa, pero no es un buen Papa. De hecho, es un pésimo Papa. Lo es por una infinidad de razones pero, en rigor, el problema es lo que dije antes: no me confirma en la fe. Al contrario, introduce elementos de ambigüedad en todo lo que toca. Precisamente en una época en la cual la superficialidad ha superado abundantemente los niveles de alerta, y yo siento fuertemente la necesidad de profundidad y seriedad, él dice mayormente cosas superficiales. Precisamente en una época en la cual el pensamiento del mundo es un pensamiento más homicida que nunca (para el cuerpo y para el alma), él nunca pierde la oportunidad de abrazar ese pensamiento".
Es necesario saber encontrar en los abundantísimos discursos o gestos del Papa, la perla preciosa, que es la palabra de Cristo, universal, luminosa, inmutable y vivificante. Indudablemente, si consideramos su conducta moral, podemos señalar sus defectos, pero debemos pasarlos por alto, porque de lo contrario corremos el riesgo de perder de vista lo esencial de su ministerio, el cual para nuestras almas es alimento de vida eterna.
Por esto no comparto en absoluto tu juicio excesivamente severo frente al Papa, porque, si tal juicio tiene algo de verdad, en realidad te hace perder de vista la perla preciosa. Por esto te ruego que te retractes de un juicio tan injusto, que al menos me hace sospechar que no proviene de una mirada objetiva, sino de una mirada ofuscada y turbada, que me parece arraigada en tu alma.
Por lo tanto, debes arrancar esta hierba venenosa; de lo contrario, bajo la apariencia de celo por la justicia, en realidad se corre el riesgo de permanecer envenenado.
Te repito por enésima vez que, si quieres ser justo frente al Papa, debes poner de relieve también los lados buenos de su enseñanza y de su acción, siguiendo el ejemplo de lo que yo hago desde hace diez años. En cambio, si te dejas atrapar por esta amargura, ya no podrás salir del laberinto en el cual has terminado y correrás el riesgo de desperdiciar los bellísimos dones que Dios te ha dado, no para amargar a la Iglesia, sino para animarla.

"Entonces, el abajo firmante ¿está todavía en la Iglesia católica? ¿Estoy todavía en la Iglesia en el momento en el cual advierto que el Papa no me confirma en la fe y, de hecho, me pone nervioso? ¿Ese Papa no es acaso una expresión de la Iglesia? ¿No ha salido acaso de un cónclave celebrado en la magnificencia de la Capilla Sixtina, con todos los señores cardenales vestidos de rojo púrpura y el Espíritu Santo que aleteaba sobre ellos?".
Querido Aldo, si tuvieras que abandonar al Papa, ¿a quién acudirías? ¿A los lefebvrianos? ¿Directamente a Cristo? No es posible, porque Cristo ha querido al Papa. No nos podemos dirigir directamente a Cristo, sin el Papa.
¿Cómo haces para decir que el Papa pone en crisis tu fe, si Cristo lo ha puesto en ese oficio para confirmar la fe? Entonces, los casos son dos. O no es cierto que Cristo lo ha puesto en ese cargo, y entonces Cristo nos ha engañado, o bien es verdad que Cristo lo ha puesto en ese oficio, y entonces te sentirás confirmado y no podrás decir que él no te confirma en la fe.
Por eso debes escucharle, distinguiendo lo que es el ministerio petrino de lo que son sus opiniones personales.

"No tengo respuestas, y me gustaría que alguien, tal vez algún teólogo, me ayudara. Sin embargo, tengo que añadir inmediatamente dos cosas. La primera: siento que amo a esta Iglesia disuelta y perdida. Quizás incluso más que antes. La segunda: me siento confundido, sí, pero no desesperado.
El buen Dios, incluso en una situación tan extraña, no me ha hecho hundirme en la angustia y en la desesperación, y no hay día que no le agradezca por ello. Al contrario, veo en esta extraña situación el signo de la providencia divina. Me siento en el desierto, pero no perdido. Humanamente estoy casi completamente privado de puntos de referencia, pero precisamente esta carencia me hace sentir más cercano a mi Señor".
Querido Aldo, creo verdaderamente que tú, no obstante todo, te sientes en la Iglesia y la amas. Lo que me desagrada es verte tan confundido, cuando, si escucharas lo que te digo, encontrarías mucha luz, como la he encontrado yo, porque no se trata de harina de mi costal, sino de Palabra de Dios.
Quisiera aliviarte de tu sufrimiento. Sin embargo, tengo la impresión, y esto me consuela, de que este sufrimiento lo recibes como de las e manos de Dios. Esta situación tuya es prenda de una luz que vendrá. Sin embargo, yo te propongo seguir la luz que te ofrezco, porque también yo me he encontrado en tu situación y he salido de ella con esta luz, que viene de Cristo a través del Papa.

"Alguien llegado a este punto dirá: '¡Ah! Aquí está el estribillo habitual: ¡Dios sí, iglesia no! ¡Aquí está, el habitual presunto católico que quiere hacerse el zorro y construirse un Dios a su imagen y semejanza!'
Acepto la observación, también porque es esa que me hago a mí mismo. Pero, sinceramente, no creo que sea ese tipo de católico astuto y zorro. Yo no puedo pensarme sin la Iglesia. Sólo que la Iglesia para mí hoy es como una casa grande en cuyo interior casi todas las habitaciones son inhóspitas. De hecho, precisamente las salas centrales, las más importantes, me producen una sensación de malestar, mientras que me siento acogido en ciertas salas secundarias, completamente marginales y remotas".
Te entiendo, yo también siento algo parecido y experimento una sensación de desconcierto.
Pero luego pienso en Jesús, Quien ha venido entre los suyos y los suyos no le han acogido. Jesús ha tenido que convivir con los Fariseos, con sus enemigos y con gente hipócrita, sin embargo, aunque era Hijo de Dios, ha tenido respeto por las autoridades religiosas, esas mismas que lo han llevado a la Cruz.
Savonarola fue llevado a la cruz por el Papa. Sin embargo, Alejandro VI ha tenido también sus méritos. Por eso siguió estando en comunión con el Papa.

"A veces me llaman católico tradicionalista. Esto no me causa particularmente fastidio, pero tampoco esta etiqueta me convence. Ciertamente, la Tradición me es querida, y mucho, pero estimo todavía más la conversión. El caso es que no encuentro un adjetivo que transmita la idea. ¿Cómo definir a un católico que pone en el primer puesto a la conversión? Quizás católico y basta puede estar bien".
Yo creo que se puede hablar de católicos tradicionalistas como de una modalidad completamente legítima de ser católico, en el sentido de que todo católico es completamente libre de acentuar el aspecto de tradición de la doctrina católica. Sin embargo, existe un tradicionalismo cismático, el cual consiste en el detenerse en un estadio superado del progreso dogmático, negándose a aceptar el progreso que ha ocurrido hasta nuestros días. En cambio, un sano tradicionalismo se combina muy bien con un sano progresismo, porque el uno y el otro no van más allá de los límites de la ortodoxia.
En efecto, es normal, en cualquier sociedad, que algunos amen recordar los valores tradicionales y otras amen de modo particular el progreso. Estas opciones son legítimas en la medida en que los unos colaboren con los otros. En cambio, las cosas se vuelven tristes y dolorosas cuando asistimos a este conflicto que ya dura sesenta años entre lefebvrianos y modernistas.
Por cuanto respecta a la conversión, es evidente que ella constituye un carácter esencial del ser católico, aunque este ser católico yo lo vería como un valor que, si bien abarcando en sí la conversión, abarca también otros valores, como el mismo amor por la tradición, por el progreso y por la santidad en Cristo y en la Iglesia católica.

"A propósito. Decía antes que me siento confundido pero no desesperado. Y una gran fuente de esperanza reside en el hecho de que también hoy, en esta extraña situación, continúan existiendo los conversos. A menudo vengo a este conocimiento a través de mi blog y no puedo dejar de agradecer al buen Dios que sabe escribir derecho sobre líneas torcidas.
Sí, aunque nadie hable de ello (y de hecho, parece que hablar de ello es un delito, porque no hay que hacer proselitismo, etc.) las conversiones se producen. Pero ¿por qué una persona se convierte? ¿Quizás después de haber leído una entrevista al Papa o un artículo del director de la 'Civiltà Cattolica'? ¿Quizás gracias a algún sínodo de obispos? ¿Quizás gracias a algún documento vaticano sobre la nueva evangelización? No, que yo sepa, no. Las personas se convierten por nostalgia de lo bello y de lo verdadero. Porque advierten en su corazón esta nostalgia de un hogar, de un verdadero hogar, y lo encuentran en la Iglesia católica de siempre, no ciertamente en aquella que quisiera transformar nuestra fe en un vago humanitarismo".
Me complace el hecho que te alegres de la existencia de conversos, pero no quisiera que tuvieras un concepto de conversión que dirija las almas no hacia la Iglesia de hoy, guiada por el papa Francisco, sino -lamento decirlo- hacia los indietristas. ¿Por qué digo esto? Porque yo aprecio a quienes se convierten yendo a la Misa del vetus ordo. Lo que me desagrada es que tú muestres un verdadero y propio desprecio por el estímulo que puede llegar a la conversión por parte de la Iglesia que ha nacido del Concilio.
Si tú luego quieres agarrártela con el proselitismo de los modernistas, estoy perfectamente de acuerdo contigo en sostener que, si ellos convierten a alguien, son falsas conversiones.
A propósito de proselitismo, tú debes comprender lo que quiere decir el papa Francisco. No se trata de una acción destinada a persuadir a los no-creyentes a entrar en la Iglesia mediante eso que tradicionalmente se llama la apologética, sino de un modo equivocado de llevar a cabo esta operación, por el cual quienes se hacen católicos abrazan el catolicismo bajo la forma lefebvriana o la forma modernista.
El verdadero anuncio del Evangelio es simplemente aquello que el Papa llama Evangelización.

"El bueno del viejo Chesterton, en el libro 'La Iglesia Católica. Donde todas las verdades se encuentran" (título que quizás hoy debería modificarse poniendo el verbo en pasado: donde todas las verdades se encontraban), en cierto momento, precisamente citando a un converso, escribe: 'No puedo explicar por qué yo sea católico; ahora que lo soy, no llego a imaginarme siendo otra cosa'.
En mi pequeña manera, también es así para mí. No puedo imaginarme ser otra cosa. Me mantengo aferrado a la Tradición como un náufrago a un pedazo de madera en medio de la tempestad".
La observación de Chesterton sobre la Iglesia donde se encuentran todas las verdades, sigue siendo válida también hoy, a pesar de los disturbios causados ​​por modernistas y lefebvrianos.
Sus ingeniosas palabras son al mismo tiempo muy ciertas y muy profundas. Me alegro que te sientas partícipe de ellas.
Sin embargo, hay que tener cuidado de no confundir la tradición, tal como la entienden los lefebvrianos, con el verdadero concepto de Tradición, que está expuesto en el Concilio y ha sido retomado muchas veces por los Papas del postconcilio.
Por otra parte, estoy seguro de que si Chesterton viviera hoy, con la mente abierta que tenía, no habría tenido dificultad en incluir en el complejo de las verdades católicas, también las nuevas, enseñadas por el Concilio Vaticano II y los por los Papas del postconcilio.

"Por lo que a mí respecta, la idea de irme nunca se me ha pasado por la cabeza, pero tal vez ya me he ido y no me doy cuenta. Sólo Dios mira en el corazón del hombre y sólo cuando lo llegue a encontrar, en el momento del juicio, todo me será revelado.
En la espera de ese momento, trato de ir a contra-corriente, como creo que todo católico debería hacer. Porque somos hijos de Dios, no hijos del tiempo. Y nada me entristece tanto que una Iglesia que -con la excusa de la inclusión, de la acogida, de la escucha- persigue el espíritu del tiempo".
Querido Aldo, te invito simplemente a reflexionar sobre lo que te he dicho sobre la Iglesia católica, palabras que no son harina de mi costal, sino que las encuentras en el propio Catecismo de la Iglesia Católica. Haz una especie de check-up y mira dónde necesitas corregir y dónde en cambio ya estás bien.
En cuanto a la tendencia mundana, si tú siguieras los discursos del Papa, te darías cuenta de que también el papa Francisco condena la mundanidad, el secularismo y las modas de la época.

"Abrirse a todo y a todos, estar en camino, en salida, en escucha, en sínodo. Estos son los imperativos. Y cuanto más me son recomendados, más me quiero cerrar, para concentrarme sobre lo que cuenta, sobre lo esencial, sobre los mandamientos divinos, dejando de lado todo el resto. Reivindico el derecho a seleccionar. No quiero escuchar lo que acrecienta la confusión. ¿Y qué importancia tiene caminar si no hay una meta por la cual valga la pena ponerse en camino?".
Tus instancias de discernimiento, de ir a lo esencial, de prestar atención a la meta a alcanzar, que es el reino de Dios, son las mismas que las del papa Francisco.
En cuanto al hecho de invitar a todos a entrar en la Iglesia, discurso que el Papa pronuncia frecuentemente, no tiene nada que ver con ese inclusivismo, que no distingue quién puede estar en la Iglesia y quién no puede estar, sino que se refiere a la parábola evangélica de la invitación a las bodas del Hijo del Rey, donde todos son llamados, pero evidentemente los que no tienen el vestido nupcial son expulsados.

"Cuanto más observo los problemas de la Iglesia, más me parece comprender que forman parte de una gran crisis que no es ante todo de la fe, sino de la razón. El mundo, queriendo rechazar a Dios, se vuelve irracional. ¿Y qué hace la Iglesia? En lugar de volver a Dios, o más bien a lo razonable, comienza a su vez a irrazonar. Y no sirve para nada hablar de la inclusión y de la escucha. Se irrazona y punto".
Como tomista estoy plenamente de acuerdo sobre el hecho de que es imposible tener la fe si no se sabe razonar, porque es sólo la sana razón, como enseña la Iglesia misma, que, bajo la influencia de la gracia, conduce a la fe.
Por este motivo, también estoy plenamente de acuerdo contigo en señalar la urgencia de restablecer la actividad de la razón y, a este propósito, quisiera pronunciarme a favor de la metafísica, que he enseñado desde hace décadas en un Instituto Teológico de mi Orden.

"Como aparentemente soy un indietrista empedernido, termino con una cita de un viejo texto casi olvidado, el libro 'Preparación para la muerte', de san Alfonso María de Ligorio: 'Quien medita a menudo sobre los novísimos, es decir, la muerte, el juicio y la eternidad del infierno y del paraíso del cielo, no caerá en pecado'. Miremos un poco: en dos líneas el santo (evidentemente también él un indietrista) usa seis palabras que la Iglesia ha borrado de su vocabulario: muerte, juicio, eternidad, infierno, paraíso, pecado".
San Alfonso no tiene nada que ver con el indietrismo. Recordar a la mente la escatología no es en absoluto indietrismo, sino que es mirar hacia el futuro. Tengo la impresión de que todavía no has entendido qué es el indietrismo. No es la recuperación de verdades eternas, hoy olvidadas por algunos pero muy presentes en toda la Iglesia católica, sino que es, como ha dicho el Papa, el querer estar detenidos en un pasado, que ya ha pasado, y esto es otra cosa completamente diferente.

"Me parece que es hora de meditar en ello.
Gracias por escucharme. Y por favor deséenme de todo, pero no 'un buen almuerzo'.
Peschiera del Garda, 30 de septiembre de 2020 (2023)".
Querido Aldo, este es mi deseo: que vuelvas a establecer conmigo aquella amistad, fundada en el amor común al Santo Padre, que tuvimos hace algunos años, antes de que conocieras a mons. Viganó; que vuelvas a ejercer tus dotes de periodista y de católico convencido al servicio del Papa y de la Iglesia católica.

P. Giovanni Cavalcoli,
Fontanellato, 3 de octubre de 2023


_________________________

Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum qui se sentit extraneum in Ecclesia et Papam reprehendit vere maneat catholicus 

Ad hoc sic procediturVidetur quod qui se sentit extraneum in Ecclesia et Papam reprehendit non maneat catholicus.
1. Quia confitetur se nescire utrum sit in Ecclesia, et experitur repugnantiam ad signa communionis fraternae in liturgia.
2. Praeterea, affirmat Papam non confirmare eum in fide, quod aequivalet ad ponendum Papam haereticum, et ideo non potest esse expressio Ecclesiae.
3. Item, confugit ad missam antiquam, contemnens novum ordinem et ostendens incapacitatem intellegendi iter Ecclesiae in historia.
4. Denique se declarat indietristam et confitetur difficultatem orandi pro Papa, quod videtur signum separationis.

Sed contra est quod Catechismus Ecclesiae Catholicae (nn. 751‑752, 811‑812, 871) docet Ecclesiam esse societatem verorum christianorum, baptizatorum qui obediunt legitimis Pastoribus sub ductu Summi Pontificis. Concilium Vaticanum II praecisavit Ecclesiam esse Populum Dei Spiritu Sancto gubernatum in communione cum Successore Petri. Unde dici potest catholicus esse qui est fidelis Papae, et non catholicus qui est contra Papam.

Respondeo dicendum quod qui se sentit extraneum in Ecclesia et Papam reprehendit manet catholicus, si servat fidelitatem erga Papam et Ecclesiam in Catechismo definitam. Fides non est simplex sensus, sed actus rationalis sub lumine gratiae. Ergo sola extraneitas subjectiva non sufficit ad excludendum ab Ecclesia. Papa potest habere defectus humanos, sed in ministerio petrino confirmat fratres in fide. Suspicio quod hoc non faciat aequivalet ad suspicionem quod Christus Ecclesiam suam deceperit, quod est inadmissibile.
Indietrismus est incapacitas intellegendi progressum Ecclesiae ad plenitudinem veritatis, non autem recuperatio veritatum aeternarum. Vera traditio cum sano progressu coniungitur, et ambo in orthodoxia integrantur. Conversio est essentialis, sed debet ordinari ad Ecclesiam a Papa gubernatam et non ad posturas schismaticas. Crisis hodierna non est fidei sed rationis, et ideo urgens est restituere activitatem rationalem gratia illustratam. Ecclesia potest pertransire tempora crisis, sed haec semper praeparant saltum in ante. Amor Ecclesiae, etiam in confusione, est signum pertinendi, et fidelitas Papae est criterium decisivum identitatis catholicae.

Ad primum dicendum quod repugnantia ad signa liturgica non excludit ab Ecclesia, quia sunt dispositiones disciplinares quae variari possunt secundum tempora et loca.
Ad secundum dicendum quod Papa non potest esse haereticus quatenus Papa, quia Christus ei dedit missionem confirmandi fratres in fide.
Ad tertium dicendum quod missa antiqua potest esse legitima, sed novus ordo aeque est validus et expressio Ecclesiae, et contemptus eius est signum indietrismi.
Ad quartum dicendum quod difficultas orandi pro Papa superanda est fiducia in assistentia Spiritus Sancti, quia fidelitas Papae est criterium decisivum identitatis catholicae.
 
JG

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.