¿Quién nos enseña hoy la verdad de Cristo: el Evangelio leído directamente o la voz del Papa asistido por el Espíritu Santo? ¿No es acaso el mayor engaño del demonio presentar al Papa como Anticristo, cuando precisamente su misión es confirmar a los hermanos en la fe? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli nos recuerda que el magisterio pontificio, unido a la Tradición apostólica, constituye fuente viva de la Revelación, y que la infalibilidad se ejerce en enseñanzas auténticas y ponderadas sobre la fe y la moral. ¿Cómo debe reaccionar el fiel cuando percibe disonancias en palabras ocasionales del Papa? ¿No es más prudente interpretar con benevolencia, recoger lo positivo y juzgar desde Cristo mismo, evitando tanto el error de Lutero como la falsa devoción de los modernistas y de los lefebvrianos? La clave, se nos dice, es ascender del Papa actual a Cristo y descender de Cristo al Papa actual, reconociendo que el Papa nos conduce hacia el Señor y que escandalizarse de él es, en el fondo, escandalizarse de Cristo. [En la imagen: fragmento de "El Sermón de la Montaña", óleo sobre cobre, 1877, obra de Carl Bloch, en la colección del Museo de Historia Nacional en el castillo de Frederiksborg, Dinamarca].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
jueves, 26 de febrero de 2026
El Papa y Jesucristo como nuestros maestros
El Papa y Jesucristo como nuestros maestros
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado el 27 de septiembre de 2019 en su propio blog. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-papa-e-gesu-cristo-come-nostri.html)
Jesucristo nos comunica sus enseñanzas tanto en sus propias palabras reportadas por el Evangelio, como por medio del Papa, autorizado y designado por Cristo para ser el intérprete de su enseñanza bajo la asistencia del Espíritu Santo. El Papa nos explica y nos clarifica qué cosa ha querido decir Cristo cuando algunas de sus palabras no nos son claras o nos producen dificultad o podrían ser mal comprendidas o incomprendidas por nosotros. Por otra parte, él nos pone en guardia contra las falsificaciones de la Palabra de Dios, contra los "falsos Cristos" y, por consiguiente, en modo especial, contra el Anticristo.
Por consiguiente, no puede haber engaño más grave del demonio que presentarnos al Papa como Anticristo, engaño del cual, como sabemos, fue víctima Lutero y con él todos los herejes. En efecto, no hay hereje que no nutra odio por el Papa. Y también hoy, lamentablemente, escuchamos aquí y allá lanzar esta horrible e impía acusación contra el papa Francisco, precisamente por algunos que se autodenominan católicos, cuando los mismos protestantes han renunciado a un lenguaje tan ofensivo. Sin embargo, me temo que algunos de ellos miran benévolamente al papa Francisco porque se muestra demasiado indulgente y casi admirado con ellos.
Nosotros, los católicos, disponemos de dos documentos escritos como fuentes originarias de la verdad católica: el Evangelio y el magisterio pontificio, expresión y codificación viva de la Tradición apostólica. Pero el magisterio ha venido formándose y acrecentándose desde san Pedro hasta el actual Papa con la puesta por escrito de las enseñanzas orales de los Sumos Pontífices y de los Concilios, los cuales, además de explicarnos las palabras del Señor, han acogido y reconocido como veraces y fuentes de Revelación los documentos de la tradición oral de los apóstoles, subsecuentemente explicados, comentados y desarrollados por los Padres, por los Doctores y por los Santos.
De este rico patrimonio doctrinal los Papas a lo largo de los siglos hasta hoy, con la ayuda de los Concilios y la asistencia del Espíritu Santo, han ido gradualmente extrayendo, recabando y determinando los puntos principales y fundamentales de la divina Revelación o Palabra de Dios surgida de la boca de Cristo y registrada en la Sagrada Escritura y en la Sagrada Tradición apostólica.
Estos puntos fundamentales, que resumen en sustanciosos conceptos y breves expresiones las verdades fundamentales de la fe cristiana, han sido elaborados y fijados para siempre desde los siglos primero y segundo partiendo del Antiguo Testamento y con la ayuda del Nuevo Testamento y constituyen los artículos de fe recogidos en el Símbolo de la Fe o Credo.
Por otro lado, aquellas verdades de fe que han sido aclaradas o explicitadas por los Papas en los siglos subsecuentes hasta hoy y por ellos definidas y formuladas definitiva e infaliblemente con la asistencia del Espíritu Santo, por sí solos o en un Concilio, en conceptos inmutables, constituyen los dogmas de la fe, para ser creídos con fe divina por parte de todos los creyentes.
La enseñanza del Papa es infalible e irreformable sólo cuando en su magisterio ordinario o extraordinario, simple o solemne, cotidiano u ocasional, es una verdadera enseñanza, es decir, no se trata de una broma ocasional o de una manifestación casual o de un discurso improvisado o de un eslogan o de un movimiento impulsivo o de una opinión subjetiva, sino que se trata de una proposición bien pensada, ponderada y meditada, con un significado inequivocable, expresada en un lenguaje adecuado, apropiado y preciso, concerniente a materia de fe o de moral.
Y entonces pueden darse dos casos: o la enseñanza de un nuevo dogma de la fe, y entonces el Papa pronuncia solemnemente, eventualmente en un Concilio, una definición dogmática, o bien se da la enseñanza de dogmas ya definidos o de una doctrina de fe tradicional. Tal enseñanza es impartida todos los días por la Iglesia, es decir, por el Episcopado esparcido por el mundo en comunión y bajo la guía de Pedro. El mismo pueblo de Dios, como dice el Concilio, es infalible en el creer, cuando en unión con los pastores, profesa la propia fe sobre todo en el momento de la liturgia.
Por lo tanto, dado que el Papa en sus discursos no siempre es infalible, puede suceder que él, no en los documentos de más alto nivel, sino en las homilías o en las audiencias o en las entrevistas en el avión, ya sea por deseo de novedad o de éxito o para no contrariar a algún poderoso o para condescender a los aduladores o porque está desconcertado o confundido por filosofías profanas o por exegetas poco o nada fiables o por límites de su inteligencia o porque no sabe expresarse, puede suceder, repito, que él no se exprese de modo conforme al Evangelio o a la Tradición o al magisterio pontificio precedente.
Por eso, el fiel, también él asistido por el Espíritu Santo, bien formado en la doctrina católica, debe seguir con confianza los discursos del Papa, porque comúnmente contienen enseñanzas tradicionales sabias y útiles; pero al mismo tiempo debe ser vigilante, estar atento, porque, comparando las palabras del Papa con los dichos de Cristo o con el magisterio precedente o con el de los buenos teólogos y exegetas, puede quizás tomar conciencia de una disonancia: en cuyo caso está claro cual debe ser su elección. Podría decir lo que Aristóteles dijo de su maestro Platón: "amicus Plato, sed magis amica veritas".
Sin embargo, es necesario evitar el error de Lutero de querer evaluar la enseñanza de los Papas sólo remitiéndose siempre y sólo directamente a la Escritura y a la exégesis bíblica, rechazando la Tradición, en la convicción de estar siempre iluminados por el Espíritu Santo, considerando la propia conciencia como regla absoluta de la verdad.
Esta convicción de estar siempre iluminados por Dios es fruto de la soberbia y expone a ser engañados por las más peligrosas mentiras del demonio, precisamente como lo demuestran la teología y la vida de Lutero, cuya cacareada lucha y victoria contra el demonio identificado en el Dios del Papa, se resuelve en el convertirse en perverso instrumento del demonio.
En cuanto a los modernistas, parecerían ser ellos los más fieles y leales al papa Francisco. Se declaran amigos y fans del Papa. Algunos de ellos son considerados por los medios de comunicación como "estrechos colaboradores" del Papa. Algunos creen que los modernistas consideran al Papa infalible en todo. Ahora bien, es cierto que son entusiastas de él, hasta el fanatismo: lo consideran un Papa profético, iniciador de un "giro epocal", Papa revolucionario, líder de la izquierda internacional, transformador del mundo, autor del "nuevo paradigma", el Papa de la misericordia, de la paz y de la libertad.
Ahora bien, sin embargo, debemos recordar que en realidad los modernistas no creen en absoluto en la infalibilidad pontificia, porque no creen en la esencia sobrenatural del carisma petrino y, más en la raíz, fundamentalmente, no creen en la inmutabilidad de la verdad. En realidad, aprecian del papa Francisco solo cuanto les resulta agradable a ellos, o sea, en cuanto en él les parece a ellos estar de acuerdo con el modernismo.
Pero dejemos que Francisco testifique aunque sea mínimamente a favor de ciertos dogmas o a favor de ciertos valores tradicionales -pensemos, por ejemplo, en el infierno o el demonio o la indisolubilidad del matrimonio o la condena de la eutanasia, o la condena del aborto y de la sodomía-, e inmediatamente los verás graznando o ignorándolo o contradiciéndolo o incluso insultándolo, como han hecho con los últimos dignísimos Papas que le precedieron al Papa actual.
Esta fingida devoción por Francisco me parece aún más abominable que el antipapismo de Lutero. El enemigo abierto es menos peor que el falso amigo, porque al menos con aquel sabes con quién estás tratando, mientras que, en cambio, con los fingidos amigos confiamos en quien nos apuñala por la espalda. Por los tanto, con razón dice el proverbio "de los amigos me cuide Dios, porque de los enemigos me cuido yo".
Es necesario ser muy prudentes y modestos en los juicios sobre las enseñanzas del Papa. La primera cosa que hay que hacer es intentar una interpretación benévola, mirando el contexto y esforzándonos por comprender el modo de expresarse del Papa. Si eso falla o no alcanza, es bueno pasar por alto y recoger lo positivo. No es bueno intentar acomodarse cuando el error es manifiesto, haciendo decir al Papa aquello que no dice.
Es necesario, por otra parte, saber apreciar el progresismo del papa Francisco, porque refleja el enfoque o impostación progresista del Concilio. Por ello, cuando habla de libertad religiosa o de ecumenismo o de diálogo interreligioso o de diálogo con el mundo, es necesario evitar citar en contrario ciertas posiciones del magisterio preconciliar, como por ejemplo aquella del beato Pío IX o de san Pío X o de Pío XI, como si Francisco entrara en conflicto con un magisterio que se supone inmutable o insuperable. Es necesario convencernos de que el Concilio acrecienta y explicita la enseñanza de esos Papas sin contradecirlos ni negarlos en absoluto.
Es cierto por otra parte que Francisco sobre estos temas tiene una pastoral que recuerda el modernismo y el rahnerismo, y parece improntada o marcada por el liberalismo, el relativismo, el buenismo, el horizontalismo y el secularismo, o que está influenciado por la ideología masónica o marxista o por la herejía luterana.
Digo "parece", pero no digo que efectivamente sea así, porque sería demasiado grave en un Papa, por lo cual no es posible que Francisco, asistido como está por el Espíritu Santo, sea tan inatento, influenciable, ingenuo o necio como para dejarse seducir por esos abominables errores. Es cierto que modernistas, masones, luteranos, islámicos, comunistas, judíos, ateos, sodomitas e inmorales lo están rodeando y le hacen grandes elogios, calificándolo como el primer Papa de la historia que ha entendido qué cosa es el progreso, el diálogo y la libertad.
Un defecto de Francesco es aquel de dejarse instrumentalizar. No se preocupa de desmentir las interpretaciones instrumentales e interesadas, que lo presentan por aquello que en el fondo no es y no puede ser como Papa, Vicario de Cristo. De tal modo, mientras los modernistas regodeados y altaneros creen que él está de su parte, muchos católicos, quizás demasiado propensos a la sospecha, permanecen doloridos, indignados, perturbados o escandalizados.
En conclusión, el secreto para comprender el misterio de la relación del magisterio del papa Francisco con el magisterio de Cristo es ascender de Francisco a Cristo y descender de Cristo a Francisco: Francisco nos explica a Cristo y nos eleva hacia Cristo, mientras que desde lo alto de la Palabra de Cristo podemos juzgar la palabra de Francisco. Considerando a Cristo, verificamos y nos damos cuenta de cómo Francisco nos conduce a Cristo. No nos escandalicemos de Francisco, si no queremos escandalizarnos de Cristo.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 27 de septiembre de 2019
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum Papa, ut magister una cum Christo, semper sit sequendus in suis doctrinis
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod Papa non semper sit sequendus in suis doctrinis.
1. Quia in homiliis, auditionibus vel colloquiis potest se exprimere modo non conformi Evangelio vel Traditioni.
2. Praeterea, potest esse perplexus vel confusus per philosophias profanas vel exegetas minus fideles, aut limitatus in sua intelligentia vel modo exprimendi, et ideo non esset tutum eum sequi.
3. Item, modernistae eum extollunt ut Papam revolutionarium et propheticum, sed revera non credunt in infallibilitatem pontificiam nec in immutabilitatem veritatis, unde ostenditur eius doctrina non esse firma.
4. Denique, quidam eum accusant esse Antichristum, quod videtur indicare sequi eum esse deceptionem.
Sed contra est quod Evangelium docet Christum dixisse Petro: ego autem rogavi pro te ut non deficiat fides tua; et tu aliquando conversus confirma fratres tuos (Lc 22,32). Concilium Vaticanum II docet Romanum Pontificem, successorem Petri, summam auctoritatem in Ecclesia habere, et eius magisterium religiosum obsequium voluntatis et intellectus recipere debere (Lumen gentium 25). Sanctus Irenaeus affirmat quod cum Ecclesia Romana, propter eminentem auctoritatem, necesse est convenire omnem Ecclesiam, id est fideles ubique (Adversus haereses III,3,2). Unde dici potest catholicus esse qui est fidelis Papae, et non catholicus qui est contra Papam.
Respondeo dicendum quod Papa, una cum Christo, est magister Ecclesiae, quia Christus eum auctoravit et designavit ut interpres doctrinae suae sub assistentia Spiritus Sancti. Papa explicat et clarificat verba Domini cum non sunt clara vel possent male intelligi, et praemonet contra falsificationes Verbi Dei et contra Antichristum. Magisterium pontificium, cum Conciliis et Traditione apostolica, constituit fontem vivum Revelationis.
Doctrina Papae est infallibilis et irreformabilis cum agitur de propositione bene cogitata, ponderata et meditata, cum significato univoco, sermone apto et de materia fidei vel morum. Potest definire novum dogma vel docere dogmata iam definita et doctrinas traditas. Episcopatus in communione cum Petro et populus Dei in liturgia participant huius infallibilitatis in credendo.
Tamen Papa non semper est infallibilis in suis sermonibus occasionalibus, et potest contingere ut se exprimat modo non conformi Evangelio vel Traditioni. Ideo fidelis, assistente Spiritu Sancto, debet cum fiducia sequi eius doctrinas, quia communiter continent sapientem et utilem doctrinam, sed simul debet vigilare et comparare eius verba cum verbis Christi et cum magisterio praecedenti. Si inveniat dissonantiam, debet eligere veritatem, sicut dixit Aristoteles de Platone: amicus Plato, sed magis amica veritas.
Necesse est vitare errorem Lutheri, qui semper et solum per Scripturam iudicare voluit, Traditionem reiciens et conscientiam propriam tamquam regulam absolutam veritatis ponens. Haec superbia exponit mendaciis diaboli. Item vitanda est falsa devotio modernistarum, qui Papam extollunt solum quatenus cum suis erroribus consentit, sed eum reiciunt cum dogmata vel valores traditos defendit. Inimicus apertus minus periculosus est quam falsus amicus.
Ergo secretum ad intellegendum magisterium Papae est ascendere ab eo ad Christum et descendere a Christo ad eum: Papa nobis explicat Christum et nos elevat ad Christum, dum ex Verbo Christi possumus iudicare verbum Papae. Non debemus scandalizari de Francisco, si nolumus scandalizari de Christo.
Ad primum dicendum quod sermones occasionales Papae non habent indolem magisterialem infallibilem, sed non propter hoc diffidendum est eius missioni, sed cum prudentia discernendum.
Ad secundum dicendum quod, etsi possit influentias philosophorum vel exegetarum pati, Spiritus Sanctus eum assistit in ministerio petrino, et ideo non potest decipi in essentialibus fidei.
Ad tertium dicendum quod exaltatio modernistarum est falsa devotio, quia non credunt in infallibilitatem nec in veritatem immutabilem; ideo eorum iudicium non infirmat auctoritatem Papae.
Ad quartum dicendum quod accusare Papam Antichristum est gravissimum mendacium diaboli, et ostendit odium in Papam, proprium haereticorum; contra, fidelitas Papae est signum pertinendi ad Ecclesiam.J.G.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.