Un nuevo artículo del padre Giovanni Cavalcoli nos invita a detenernos en una cuestión decisiva: ¿qué significa realmente ser católico? ¿Es suficiente con autodenominarse así, aunque se nieguen verdades esenciales de la fe? ¿Por qué tantos se aferran al nombre de “católico” mientras rechazan la autoridad del Sucesor de Pedro? Al respecto, un caso resonante en estos días es el de los lefebvrianos. ¿Qué ventajas se buscan al mantener una identidad que en los hechos se contradice? ¿No es acaso un signo de corrupción e incoherencia el sincretismo que hoy se difunde con tanta facilidad? Cavalcoli nos recuerda que el catolicismo no es una etiqueta moldeable a gusto del consumidor, sino una realidad orgánica, universal y fundada en la roca de Pedro. Su reflexión interpela con fuerza: ¿hasta cuándo toleraremos la confusión y el abuso de un nombre que exige fidelidad plena?
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
martes, 10 de febrero de 2026
¿Qué significa ser católico?
¿Qué significa ser católico?
(Artículo publicado en lengua italiana por el padre Giovanni Cavalcoli en el blog Riscossa Cristiana, en 2010. Enlace al artículo original en italiano: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/07/che-vuol-dire-essere-cattolico.html)
Se habla frecuentísimamente, y en muchas partes, de "católicos". Sin embargo ¿quiénes son exactamente los "católicos"? Muchos usan este término con desenvoltura, ciertos y seguros -al menos así lo parece- de usarlo bien, en su correcto sentido, queriendo a veces alabar, o queriendo a veces rechazar el "catolicismo", queriendo a veces sentirse "católicos", queriendo a veces sentirse contrarios o extraños.
Si luego vamos a ver qué es lo que se esconde detrás de este término, qué es lo que intentan decir aquellos que lo usan, nos daremos cuenta de que el significado ya no es unívoco y preciso, sino que se le introducen arbitrariamente contenidos muy dispares e incluso hasta contradictorios. Existen dos grupos de problemáticas. La primera se refiere a la posibilidad de coexistencia de dos tesis contrastantes en lo interno del catolicismo.
Ejemplos de este primer grupo: existe quien considera conforme al ser católico tanto el sostener que Dios es inmutable como el decir que cambia; tanto el afirmar la infalibilidad del Papa como el negarla; existe tanto quien afirma la divinidad de Cristo como quien la niega; tanto quien afirma la inmortalidad del alma como quien la niega; tanto quien sostiene a Darwin como quien lo rechaza; tanto quien afirma la inmutabilidad del dogma como quien la niega; tanto quien cree en los milagros como quien no cree en ellos; tanto quien afirma la virginidad de Nuestra Señora, como quien la niega; tanto quien dice que el diablo existe como quien lo niega; tanto quien sostiene que no nos salvamos todos como quien lo niega; tanto quien afirma una ley natural como quien la niega; tanto quien declara ilícitos los anti-conceptivos o las relaciones sexuales extra-matrimoniales como quien lo niega; y así sucesivamente.
En segundo lugar, se plantea la cuestión de saber si ciertas concepciones, como por ejemplo el espiritismo, la masonería, el comunismo, Lutero, el budismo, la reencarnación, el panteísmo u otras ideas, sean conciliables con el catolicismo. Para algunos sí, para otros no.
¿Se trata de problemáticas libremente discutibles en lo interno del catolicismo? Para algunos sí, para otros no. Pero entonces nosotros quisiéramos preguntarles: ¿cuáles son los puntos esenciales e irrenunciables del catolicismo, rechazando los cuales uno ya no es católico? Aquí existe una gran confusión, aún cuando, a grandes rasgos, se ha formado hoy un catolicismo modernista filo-protestante que tiene una cierta coherencia.
No es difícil, si reflexionamos, saber qué es lo que quiere decir ser católico.
En primer lugar recordemos el significado etimológico de la palabra "católico". Esta palabra proviene, como es sabido, del griego kath-olikós, o sea katá ólon = sobre todo, es decir, "en todo el mundo", según el mandato de Cristo: "Id por todo el mundo", lo que significa que el contenido del catolicismo es universal, o sea el mismo para todos los hombres en todos los tiempos, de acuerdo con lo que Cristo profetizó: "Mis palabras no pasarán".
Por otra parte, pienso que nadie me contradirá si yo defino el ser católico de este modo: seguir al Romano Pontífice como "roca" sobre la cual Cristo ha fundado su Iglesia ("tu es Petrus"), intérprete en última instancia de la revelación cristiana ("confirma fratres tuos") y como suprema guía humana de la conducta cristiana ("pasce oves meas"), Pastor de esa Iglesia "católica" de la cual habla el Credo que recitamos en la Misa, expuesto en el Catecismo de la Iglesia Católica y vivido ejemplarmente por los santos.
Estando así las cosas, es evidente que la definición del término católico no puede ser dejada de derecho al arbitrio de ningún particular o de ninguna agrupación religiosa de fuera de la Iglesia Católica Romana.
Por tanto, la regla definitiva y cierta de la fe católica no nos es dada ni por los teólogos, ni por los filósofos, ni por los exegetas, ni por los historiadores, ni por los profetas, ni por los poetas, ni por los carismáticos, ni por los videntes, por más que ellos puedan estar muy en posesión del Espíritu Santo y puedan ser expertos en la Sagrada Escritura. No nos es dada tampoco por los Obispos, por los Cardenales o por las conferencias episcopales o por el Concilio Ecuménico sino cum Petro y sub Petro.
El ser católico resulta así de un conjunto preciso y orgánico de elementos o factores doctrinales y morales, un conjunto al cual, como dice el libro del Apocalipsis, nada se puede agregar y nada se puede quitar (Ap 22,18). Quien hace esto, lo sepa o no lo sepa, cae en ese error que se llama "herejía". No es ya católico sino hereje. O bien se puede decir que sigue siendo católico en aquello en que permanece fiel a los principios antes mencionados, pero es hereje en relación a lo falso en lo cual cae.
Nadie por tanto está autorizado a definir qué es ser católico y quién es católico en última instancia y con certeza, sino el Sumo Pontífice y los órganos de magisterio y de gobierno de los cuales él se sirve, en particular la Congregación para la Doctrina de la Fe, la cual tiene precisamente del Papa el encargo de ayudarlo en el discernir lo que es conforme y lo que es contrario a la doctrina y a las costumbres católicas.
Ser cristiano todavía no quiere decir ser católico. Al respecto, también los protestantes y los ortodoxos orientales son cristianos, pero no son católicos. A ellos les falta, como es sabido, el reconocer la autoridad del Sucesor de Pedro, entre otras cosas.
Un defecto del catolicismo de hoy es la facilonería, la presunción y el criterio subjetivista y por tanto falso, en base al cual se define el ser católico o se nos considera o nos consideramos "católicos". Ocurre en cambio que quien se preocupa por determinar con exactitud y espíritu de obediencia a la Iglesia la identidad católica viene designado con epítetos ofensivos, difamatorios o desconsiderados, tales como "fundamentalista", "cerrado", "talibán", "fanático", "integrista", "rígido", "papista", "tradicionalista", "atrasado", "preconciliar". Por otro lado, existen en realidad verdaderos católicos -lamentablemente una minoría- los cuales, como por ejemplo el Siervo de Dios padre Tomas Tyn OP, con todo derecho y de hecho más bien con orgullo, pueden considerarse, por ejemplo, "tradicionalistas".
¿Cómo explicar este abuso del término "católico"? ¿Por qué tantos se consideran a sí mismos como "católicos" o por otros son considerados "católicos", aún habiendo caído, acaso sin darse cuenta, en herejías? ¿Por qué mantener el nombre de "católico" cuando en realidad no se someten o no se quieren someter a las reglas para serlo verdaderamente? ¿Por qué ciertos verdaderos católicos son denigrados, conmiserados, despreciados, marginados o ridiculizados por otros sedicentes católicos que en realidad no lo son? ¿Por qué aquellos no reconocen más bien que en realidad son semi-protestantes o semi-ortodoxos o semi-masones o semi-comunistas, etc? ¿Por qué no abandonan la cualificación de católico para reconocerse abiertamente por aquello que ellos son en realidad? ¿Con qué propósito se siguen llamando "católicos"? ¿Para obtener qué ventajas?
Hoy en gran medida se ha perdido el deseo de acoger todos los elementos del catolicismo rechazando lo que con el catolicismo es incompatible. No nos preocupamos de la coherencia, y se ama el sincretismo, no se quiere tener en cuenta la autoridad legítima que ha sido puesta para definir lo que es católico y lo que no lo es, y se cree poder establecer el ser católico por cuenta propia, en base a los propios gustos o siguiendo al teólogo de moda o al exegeta de éxito.
Algunos creen que sea imposible saber cuáles son los elementos esenciales del catolicismo, y que todo sea opinable: de ahí la convicción de que cada uno es libre de creer aquello que prefiera, en base a criterios construidos por cuenta propia o siguiendo tendencias emergentes y de éxito. Se teme estar en minoría y se sigue la corriente. O bien se siguen las creencias más cómodas y más congeniales.
Otros piensan que catolicismo o protestantismo u ortodoxia, sean modalidades igualmente legítimas de ser cristianos, entre las cuales uno puede escoger libremente. Se confunde la diversidad con la contrariedad, y se toma ésta por aquella. Se pretende sustituirse a las autoridades en el determinar lo que quiere decir ser católico.
¿Cómo explicar este fenómeno? ¿A quién atribuirle la culpa? ¿Cómo remediarlo? Las autoridades han dejado correr demasiado, sobre todo a partir del inmediato post-concilio, y la situación se está agravando cada vez más, con efectos devastadores, cada vez con más evidencia, por cuanto respecta a la pureza y a la honestidad de las costumbres morales, civiles, religiosas y políticas. ¿Cuánto más todavía deberá seguir adelante este proceso de corrupción antes de que decidamos -pienso sobre todo en las autoridades- actuar y tomar medidas?
P. Giovanni Cavalcoli,
Bologna, 2010
__________
Anexo
He aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum catholicum esse significet obedire Petro
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod catholicum esse non significet obedire Petro eiusque hodierno successori.
1. Quia multi dicunt catholicum esse idem ac simpliciter christianum nominari, cum etiam protestantes et orientales orthodoxi se christianos existiment.
2. Praeterea, catholicum esse videtur admittere opiniones diversas et contrarias, cum non pauci qui se catholicos vocant hodie contrarias sententias teneant de Papa, de dogmatibus, de miraculis, et tamen se catholicos appellent.
3. Item, non desunt qui affirmant catholicum esse posse conciliari cum philosophis vel religionibus alienis, ut spiritismo, masoneria, communismo, buddhismo et similibus.
4. Praeterea, alii non pauci dicunt quod unusquisque potest per se definire quid sit catholicum, sequens proprios gustus, theologos temporis vel culturales inclinationes.
Sed contra est quod Scriptura docet Christum fundasse Ecclesiam suam super Petrum: Tu es Petrus. Insuper vocabulum kath-olikós significat universale, omnibus temporibus et locis validum; et Apocalypsis monet: Nihil addi potest neque auferri (Ap 22,18).
Respondeo dicendum quod catholicum esse significat integre adhaerere fidei et moribus ab Ecclesia definitis sub auctoritate Romani Pontificis. Non est titulus subiectivus neque identitas arbitraria, sed certus et organicus complexus elementorum doctrinalium ac moralium, qui immutari non possunt.
Catholicismus est universalis quia respondet mandato Christi: Ite in universum mundum. Cuius contentus idem est omnibus hominibus in omnibus temporibus, cum verba Christi non transeant. Catholicum esse est sequi Romanum Pontificem tamquam petram super quam Christus Ecclesiam suam fundavit, tamquam ultimum interpretem revelationis et supremum ducem vitae christianae. Nemo est auctoritate praeditus ut definiat quid sit catholicum nisi Papa et organa magisterii ab eo instituta, praesertim Dicasterium pro Doctrina Fidei.
Catholicum esse provenit ex complexu doctrinali et morali cui nihil addi aut auferri licet. Qui hoc facit, etsi partem veritatis retineat, in haeresim incidit. Ideo verus catholicus non se subicit criteriis subiectivis neque syncretismis, sed omnia elementa catholicismi amplectitur, reiciens quae cum eo sunt incompatibilia. Praetensio definire quid sit catholicum proprio arbitrio est vitium catholicismi hodierni, qui in praesumptionem et subiectivismum lapsus est.
Hodie cernitur multos se catholicos existimare, quamvis elementa essentialia fidei reiciant; dum illi qui identitatem catholicam exacte et cum obedientia determinare conantur, opprobriosis vocabulis denotantur. Attamen veri catholici —etsi minoritas— possunt cum honore se “traditionalistas” appellare, quia integri manent doctrinae et auctoritati Petri.
Ad primum ergo dicendum quod protestantes et orthodoxi christiani quidem sunt, sed non catholici, quia eis deest agnitio auctoritatis Successoris Petri et plena acceptio doctrinalium eius praeceptorum.
Ad secundum dicendum quod coexistentia sententiarum contrariarum intra catholicismum legitima non est: negare dogmata vel veritates essentiales est in haeresim cadere.
Ad tertium dicendum quod doctrinae incompatibiles, ut spiritismus, masoneria, communismus, cum catholicismo conciliari non possunt quin eius doctrinalem cohaerentiam destruant.
Ad quartum dicendum quod nemo est auctoritate praeditus ut per se definiat quid sit catholicum: solus Papa et magisterium ab eo institutum hanc potestatem habent.
JG
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