viernes, 13 de febrero de 2026

Preguntas inevitables tras la reunión del 12 de febrero

Tras la reunión de hoy en Roma entre el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y el superior de la Fraternidad San Pío X, surgen interrogantes que no pueden silenciarse. ¿Busca realmente la FSSPX la comunión con Roma, o sólo blindar su autonomía a perpetuidad? ¿Está dispuesta la FSSPX a aceptar el Concilio Vaticano II, o seguirá aferrada a las posturas declaradas por Lefebvre? ¿Por qué insiste en multiplicar obispos, cuando otras fraternidades, institutos y sociedades religiosas o sacerdotales, fieles al Papa, como la Fraternidad San Pedro, no los necesitan? ¿No es esta insistencia el signo más claro de una contradicción que mientras proclama caridad y servicio, actúa en flagrante separación cismática? Preguntas que revelan, una vez más, la doblez de un discurso que habla de Tradición mientras se aparta de la Iglesia que es su depositaria y guardiana infalible. [En la imagen: el Cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio de la Fe, y el padre Davide Pagliarani, de la FSSPX, tras la reunión de hoy en Roma].

“Ubi Petrus, ibi Ecclesia”
San Ambrosio de Milán
Explanatio Salmorum, Salmo 40

La FSSP y la FSSPX: dos caminos, dos destinos

Las noticias de este 12 de febrero, provenientes de Roma, han vuelto a colocar en el centro de la atención eclesial a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). La reunión entre el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, y el padre Davide Pagliarani, superior general de la FSSPX, ha suscitado un vivo interés y, al mismo tiempo, una serie de preguntas inevitables sobre el futuro de esta sociedad fundada por Mons. Marcel Lefebvre en 1970.
El comunicado de la Santa Sede habla de un camino de diálogo teológico, con vistas a la plena comunión y a la definición de un estatuto canónico. El comunicado de la FSSPX, por su parte, insiste en la necesidad de nuevas consagraciones episcopales para asegurar la continuidad de su ministerio, presentándolas como un acto de caridad y de servicio a las almas. Dos perspectivas distintas, dos lenguajes que parecen difícilmente reconciliables.
Ante esta situación, conviene dar un paso atrás y mirar con calma la experiencia de otra fraternidad sacerdotal nacida en 1988: la Fraternidad Sacerdotal San Pedro (FSSP). Su historia y su realidad actual, vivida en plena comunión con Roma, pueden servir como punto de referencia para comprender mejor lo inaudito de las pretensiones de la FSSPX.
De allí surgen las preguntas que más adelante formularemos y desarrollaremos: ¿desea realmente la FSSPX unirse a Roma? ¿Está dispuesta a aceptar el Concilio Vaticano II y abandonar los errores doctrinales de Lefebvre? ¿Por qué insiste en multiplicar obispos, cuando otras fraternidades fieles a Roma no los necesitan?

La Fraternidad Sacerdotal San Pedro en los hechos

Para comprender mejor la situación actual de la FSSPX, conviene mirar primero la experiencia de la FSSP, nacida en 1988 como fruto de la crisis provocada por las consagraciones episcopales ilícitas realizadas por Mons. Lefebvre en Écône.
Doce sacerdotes, encabezados por Josef Bisig, decidieron entonces conservar la celebración según el Misal Romano de 1962, pero en plena comunión con la Santa Sede. Con el apoyo del cardenal Joseph Ratzinger, san Juan Pablo II aprobó la Fraternidad San Pedro el 18 de octubre de 1988 como sociedad de vida apostólica clerical de derecho pontificio.
Su carisma es claro: 1. Formación y santificación de los sacerdotes mediante la celebración de la liturgia según los libros de 1962. 2. Fidelidad al Papa y al Magisterio, sin estructuras paralelas ni rupturas. 3. Servicio pastoral en parroquias y comunidades confiadas por los obispos locales.
La FSSP no tiene obispos propios. Sus sacerdotes son ordenados por obispos diocesanos, y sus fieles reciben la confirmación de los mismos. Aunque los ministros son obispos diocesanos, las ceremonias suelen celebrarse según el Pontifical Romano de 1962, garantizando la continuidad litúrgica en obediencia y comunión.
Actualmente, la FSSP cuenta con 579 miembros en total, de los cuales 387 son sacerdotes, además de diáconos y seminaristas en formación. Tiene seminarios en Wigratzbad (Alemania) y Denton (Nebraska, EE.UU.), y presencia en numerosos países de Europa, América y África. Atiende a decenas de miles de fieles que participan regularmente en sus misas y reciben los sacramentos en sus apostolados.
La FSSP demuestra que es posible conservar la celebración según el Misal de 1962 en plena comunión con Roma, sin necesidad de obispos propios ni de estructuras autónomas. Su existencia es, por tanto, un punto de referencia indispensable para evaluar lo inaudito de las pretensiones actuales de la FSSPX.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X y la reunión del 12 de febrero

La FSSPX, fundada por Mons. Marcel Lefebvre en 1970, ha sido desde sus orígenes un punto de tensión en la vida de la Iglesia. Su rechazo de ciertos textos del Concilio Vaticano II y las consagraciones episcopales realizadas sin mandato pontificio en 1988 marcaron un camino de separación que, hasta hoy, no ha sido plenamente superado.
Este 12 de febrero, el superior general de la FSSPX, padre Davide Pagliarani, fue recibido en Roma por el cardenal Víctor Manuel Fernández, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. La reunión, celebrada en el Palacio del Santo Oficio, duró una hora y media y se desarrolló en un clima de cordialidad y franqueza, según se comunica.
En su comunicado oficial, la FSSPX subrayó: 1. La necesidad de asegurar la continuidad del ministerio de sus obispos, presentando las futuras consagraciones como un acto de caridad y de servicio a las almas. 2. Su deseo de seguir operando en una “situación actual –excepcional y temporal– para el bien de las almas”. 3. La intención de mantener un espíritu de diálogo, incluso solicitando un encuentro personal con el Santo Padre.
Por su parte, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe expuso: 1. La propuesta de un camino de diálogo teológico, con metodología precisa, para definir los mínimos necesarios para la plena comunión. 2. La posibilidad de dialogar sobre la interpretación del Concilio Vaticano II, pero con la aclaración de que no se pueden corregir sus textos. 3. La condición previa e indispensable: suspender las consagraciones episcopales anunciadas.  
La tensión entre dos posturas y, más aún, el contraste, es evidente: mientras la FSSPX habla de necesidad pastoral y de caridad, pero en realidad justifica la perpetuación de una estructura paralela, con obispos propios y autonomía respecto de Roma; en cambio, la Santa Sede habla de comunión y estatuto canónico, pero exige como condición la obediencia previa: suspender las consagraciones.
Este episodio recuerda inevitablemente las consagraciones de 1988, pero también muestra un matiz nuevo: Roma ofrece un camino de diálogo teológico, mientras la FSSPX insiste en mantener su situación “excepcional” indefinidamente.

Preguntas inevitables

La reunión de hoy y los comunicados publicados obligan a plantear una serie de preguntas que, más allá de la coyuntura, tocan el núcleo de la situación de la Fraternidad San Pío X.
Primera pregunta: ¿Desea realmente la FSSPX unirse a Roma? El lenguaje empleado por el padre Pagliarani (junto a su consejo asesor) habla de caridad, de servicio a las almas, de deseo de diálogo. Pero la insistencia en consagrar obispos sin mandato pontificio revela otra cosa: la voluntad de asegurar su autonomía perpetua. ¿No es esto una contradicción? Se proclama el deseo de servir a la Iglesia, pero se rechaza la autoridad de esa misma Iglesia en lo esencial.
Segunda pregunta: ¿Está dispuesta la FSSPX a aceptar el Concilio Vaticano II? El cardenal Fernández fue claro: se puede dialogar sobre la interpretación de los textos, pero no se pueden corregir. Benedicto XVI ya lo había advertido: no puede haber comunión plena sin aceptación de las doctrinas del Concilio en continuidad con la Tradición. La FSSPX, sin embargo, sigue considerando que ciertos textos conciliares son erróneos. ¿Cómo puede haber comunión si se rechaza un Concilio ecuménico aprobado por el Papa y por todos los obispos del mundo?  
Tercera pregunta: ¿Está dispuesta la FSSPX a abandonar los errores doctrinales de Lefebvre? Las declaraciones de Mons. Lefebvre siguen siendo la referencia doctrinal de la Fraternidad. En otras palabras, quien desee saber qué es lo que piensa la FSSPX acerca de la doctrina de la Iglesia, no tiene más que leer los textos del obispo Lefebvre (sus Obras Completas son actualmente de fácil acceso). De ahí que, siguiendo a su fundador, la FSSPX, rechaza el Concilio Vaticano II, rechaza el magisterio pontificio postconciliar, rechaza el Novus Ordo Missae, rechaza el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, rechaza el nuevo Código de Derecho Canónico y cualquier disposición disciplinaria venida de la Sede Apostólica. Pero ¿puede haber comunión plena mientras se mantenga esa postura de ruptura? La pregunta es inevitable: ¿están dispuestos los lefebvrianos a dejar atrás las posiciones de su fundador para abrazar la enseñanza viva de la Iglesia?  
Cuarta pregunta: ¿Por qué necesita la FSSPX nuevos obispos? Ya cuenta con dos válidamente consagrados (aunque ilícitamente). Rumores hablan de cinco más en julio. ¿Para qué? La respuesta parece clara: no para servir a la Iglesia, sino para blindar su autonomía, asegurando que nunca dependerán de Roma para ordenar sacerdotes o confirmar fieles, vale decir, pretendiendo vivir de hecho otra iglesia en la Iglesia.
El contraste con la FSSP es elocuente: esta fraternidad celebra según el Misal de 1962, tiene cientos de sacerdotes y atiende a decenas de miles de fieles, todo ello sin obispos propios, porque vive en comunión plena y recibe de los obispos legítimos las ordenaciones y confirmaciones.

Algunos puntos a modo de conclusión

El contraste entre la Fraternidad Sacerdotal San Pedro y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X es elocuente. La primera, nacida en 1988, muestra que es posible conservar la celebración según el Misal de 1962 en plena comunión con Roma, sin necesidad de obispos propios ni de estructuras paralelas. Sus sacerdotes son ordenados por obispos legítimos, sus fieles confirmados por los mismos, y todo ello en obediencia y fidelidad al Papa y al Magisterio.
La segunda, en cambio, insiste en multiplicar obispos para asegurar su autonomía, rechaza la autoridad de la Iglesia en lo más esencial y mantiene como referencia doctrinal las declaraciones de Lefebvre contra el Concilio Vaticano II. Se presenta con lenguaje piadoso y conciliador, pero en los hechos repite la misma postura de 1988: obispos sin mandato pontificio, rechazo del Concilio, y una “situación excepcional” a prolongar indefinidamente.
La pregunta final es inevitable: ¿no es esta insistencia en nuevos obispos el signo más claro de que la FSSPX no busca comunión, sino supervivencia autónoma? ¿No es esta la hipocresía que desenmascara su discurso, que habla de Tradición mientras se aparta de la Iglesia que es la depositaria de esa Tradición?
La benevolencia nos invita a reconocer la sinceridad de muchos fieles y sacerdotes que buscan en la FSSPX la fidelidad a la fe de siempre. Pero la verdad obliga a señalar que la doblez lefebvriana persiste: proclaman unidad, pero actúan en separación; hablan de caridad, pero consagran obispos contra la comunión; invocan la Tradición, pero rechazan la autoridad viva de la Iglesia. Y así, lo que hoy se presenta como “necesidad pastoral” no es otra cosa que la perpetuación de un cisma.
   
Julio Alberto González
Las Heras, Mendoza, 12 de febrero de 2026

16 comentarios:

  1. ¿Una iglesia dentro de la Iglesia? ¿dónde la ve? Lefebvre nunca ha abandonado la Iglesia católica. sólo ha querido salvar la Tradición.

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    1. Y el que quieran tener un ejército de obispos no demuestra que son una iglesia aparte y que nunca vivirán bajo un obispo diocesano, como hacen los de la fraternidad san pedro?

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    2. Estimado Anónimo,
      decir que Mons. Lefebvre “nunca abandonó la Iglesia”, como dice usted, es una afirmación que necesita matizarse.
      Es cierto que él no fundó una nueva religión ni negó explícitamente la fe católica en su conjunto, cayendo en la apostasía, pero sí que puede sospecharse de herejía en sus declaraciones, de varias herejías, que son las que han seguido repitiendo sus seguidores en estas cinco décadas.
      Además, al consagrar obispos sin mandato pontificio en 1988, incurrió en un acto de desobediencia grave que el Papa san Juan Pablo II calificó como cismático en el motu proprio Ecclesia Dei adflicta. Desde entonces, la Fraternidad vive en una situación irregular (más que irregular, debería decirse cismátia, como de hecho los Papas han dicho), con estructuras paralelas y obispos propios, lo cual constituye de hecho, efectivamente, “una iglesia dentro de la Iglesia”.
      Finalmente, salvar la Tradición, como usted dice que fue el propósito de Lefebvre, no puede significar apartarse de la comunión con Pedro, porque la Tradición viva de la Iglesia se transmite precisamente en esa comunión. Como recordaba san Ambrosio: Ubi Petrus, ibi Ecclesia.

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    3. Estimada Matilde,
      coincido plenamente con tu observación, que es muy atinada.
      El hecho de que la FSSPX insista en multiplicar obispos muestra claramente que no quiere vivir bajo la autoridad de un obispo diocesano, como hacen la Fraternidad San Pedro y otros institutos en plena comunión con Roma. ¿Acaso los jesuitas, los dominicos, los franciscanos, necesitan de obispos propios para seguir prestando su servicio a la Iglesia? Por supuesto que hay obispos jesuitas, franciscanos, dominicos y de otras ordenes religiosas, pero existen no para servir a la orden de la que provienen, sino para servir a la Iglesia.
      Esa supuesta necesidad de la FSSPX de tener un “ejército de obispos” es precisamente lo que configura una estructura paralela, una iglesia aparte dentro de la Iglesia. La diferencia es evidente: mientras la FSSP recibe ordenaciones y confirmaciones de obispos legítimos, la FSSPX busca perpetuar su autonomía. No quieren saber nada de nada con los "obispos de la Iglesia modernista y apóstata", como ellos mismos se expresan. No estoy inventando nada.

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  2. Julio, querido, no tengas la menor duda. querer tener obispos propios (en serio van a consagrar 5 ?) es seguir existiendo haga lo que haga el Papa y diga lo que diga el Papa. son una iglesia aparte. recemos por ellos, son nuestros hermanos, pero muy muy equivocados.

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    1. Estimado Alcides,
      gracias por tu comentario, con el que concuerdo totalmente.
      Een efecto, la insistencia en consagrar nuevos obispos —y más aún hablar de cinco en un mismo acto, como se está escuchando— revela la voluntad de la FSSPX de seguir existiendo al margen de lo que diga o disponga el Papa. Es, como bien señalas, la configuración de una iglesia paralela, que asegura su propia continuidad sin depender de la comunión con Roma.
      Quiero destacar tu tono, que es el correcto: debemos rezar por ellos, porque son hermanos nuestros, pero también reconocer que están profundamente equivocados. La Tradición no se salva apartándose de Pedro, sino permaneciendo en la comunión con él. Como recordaba san Cipriano: “No puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia por Madre.” Y la Iglesia está donde está Pedro.

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  3. Señor Julio González: Parece excesivo hablar de errores doctrinales de monseñor Marcel Lefebvre. Puede usted mencionar alguno o algunos? Lefebvre ha sido un paladín en la defensa de la fe de siempre.
    Gabriel

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    1. Estimado Gabriel,
      es cierto que sus seguidores consideran a Mons. Lefebvre un paladín de la fe, pero también es un hecho que sostuvo posturas doctrinales objetivamente erróneas, y, para decirlo con precisión teológica: sospechosas de herejías, sin contar además con sus actos de rebelión al Papa. Basta mencionar algunos de sus errores, como usted me pide:
      1. Rechazo de las enseñanzas doctrinales del Concilio Vaticano II en su conjunto, infalibles en cuanto magisterio ordinario (como enseña la constitución Dei Filius del Concilio Vaticano I) calificando varios de sus textos como incompatibles con la Tradición, cuando la Iglesia enseña que deben leerse en continuidad con ella.
      2. Negación de la validez del Novus Ordo Missae, llegando a afirmar que era “un rito protestantizado”, lo cual contradice el magisterio pontificio que lo promulgó como válido y legítimo.
      3. Rechazo del ecumenismo y del diálogo interreligioso, los cuales implican doctrinas claras puestas de manifiesto en documentos como Nostra Aetate, Dignitatis Humanae, y Unitatis Redintegratio.
      4. Rechazo de la doctrina del sacerdocio común de los laicos.
      5. Rechazo de la doctrina de la igual dignidad de la mujer.
      6. Rechazo de las enseñanzas acerca de la autonomía del orden temporal... y un innumerable etcétera.

      Por supuesto, los secuaces de Lefebvre no se han apartado en nada de lo afirmado por Lefebvre, que tienen como "palabra revelada", y han incrementado las sospechas de herejía que recaen sobre ellos, al seguir acusando de modernistas al Concilio, al Catecismo de la Iglesia Católica (1992) y al nuevo Código de Derecho Canónico (1983), promulgados por la autoridad suprema de la Iglesia.
      Por lo demás, la consagración de obispos en 1988, sin mandato pontificio, ha sido un acto que san Juan Pablo II calificó explícitamente como cismático en Ecclesia Dei adflicta (1988), y que ha situado a la FSSPX en cisma desde entonces, como los Papas siempre han recordado.

      Por lo tanto, creo haberle respondido suficientemente. Estos son ejemplos claros de errores doctrinales y disciplinarios. Defender la fe de siempre no puede significar rechazar un Concilio ecuménico, negar la validez de la liturgia promulgada por el Papa, ni crear una jerarquía paralela. La Tradición auténtica se vive en comunión con Pedro y con el Magisterio vivo de la Iglesia.

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    2. Me sigue pareciendo excesivo que usted siga hablando de errores en la prédica de monseñor Marcel Lefebvre. ¿Cómo puede llegar a llamarlas herejías?
      Quizás tendremos que esperar a que el diálogo de la Fraternidad con el Dicasterio para la doctrina de la fe prosiga, para ver cuál es ese "mínimo necesario" del Concilio Vaticano II que la Fraternidad tendría que aceptar para entrar en comunión plena con la Iglesia como dice Roma. Yo creo que nunca se ha apartado de la Iglesia.
      Gabriel

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    3. Estimado Gabriel,
      comprendo su preocupación y la aprecio, pero conviene precisar algo importante. Cuando se habla de errores doctrinales en las posturas de monseñor Lefebvre, no se trata de juicios personales míos ni de descalificaciones gratuitas, sino de constatar hechos objetivos en relación con el Magisterio de la Iglesia. La Iglesia ha enseñado que los textos del Concilio Vaticano II forman parte del magisterio ordinario universal, y por tanto son vinculantes. Rechazar globalmente sus enseñanzas, como hizo Lefebvre, es objetivamente un error doctrinal.
      Del mismo modo, negar la validez de la liturgia promulgada por el Papa, o rechazar doctrinas como el ecumenismo y el diálogo interreligioso, la libertad religiosa, la dignidad de la mujer, la autonomía del orden temporal, son posiciones que contradicen enseñanzas claras del Magisterio. Por eso se habla de errores doctrinales, y en algunos casos de posturas sospechosas de herejía, porque se ponen en duda verdades que la Iglesia enseña con autoridad.
      Respecto al “mínimo necesario” que Roma pide a la Fraternidad para entrar en plena comunión, hoy precisamente he publicado un artículo que también puede ayudarlo a usted a entender la cuestión. Encuentra mi artículo en:
      https://cuestiones-disputadas.blogspot.com/2026/02/el-prefecto-de-la-fe-y-una-expresion.html#more, sino que consiste en aceptar la validez de los Concilios, de la liturgia y del Magisterio vivo de la Iglesia. No se trata de una negociación política, sino de una condición teológica esencial: la comunión con Pedro y con el Magisterio.
      Decir que Lefebvre nunca se apartó de la Iglesia no corresponde a la realidad. San Juan Pablo II declaró explícitamente que la consagración de obispos sin mandato pontificio en 1988 fue un acto cismático, y desde entonces la Fraternidad se encuentra en una situación objetiva de ruptura, aunque conserve elementos de fe y sacramentos válidos.
      Por tanto, hablar de errores doctrinales y disciplinarios no es excesivo, sino necesario para distinguir la Tradición auténtica de interpretaciones parciales o rebeldes. Defender la fe de siempre significa vivirla en comunión con la Iglesia y con Pedro, no en oposición a ellos.

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  4. A ver, pongamos blanco sobre negro. Ninguna fraternidad sacerdotal, ningún instituto de vida apostólica, ninguna congregación religiosa, ninguna orden religiosa tiene obispos. O sea, si los tiene, si algunos de sus miembros son obispos es PORQUE LA IGLESIA LOS HA NECESITADO OBISPOS, no porque los necesitara su comunidad, su instituto, su congregación. El problema de la Fraternidad SSPX es que ha nacido prácticamente cismática y herética del pensamiento de un obispo con mucho humo en la cabeza. De ahí en más está claro que si desaparecía ese Obispo desaparecía la FSSPX, por eso las consagraciones de 1988, y por eso las consagraciones que ahora quieren hacer antes de que se mueran los dos que le quedan. No es parte de la Iglesia Apostólica, no viven sujetos a los sucesores de los apóstoles, en la diócesis en que han instalado su iglesia paralela, fuera de la Iglesia.

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    1. Estimada Carlota,
      tu comentario pone el dedo en la llaga. Ninguna fraternidad, instituto o congregación necesita obispos propios para existir; si alguno de sus miembros llega a ser obispo, es porque la Iglesia lo ha llamado a servir en esa misión, no porque su comunidad de origen lo requiera para sí. Precisamente ahí está la anomalía de la FSSPX: las consagraciones de 1988 no respondieron a una necesidad de la Iglesia universal, sino al temor de que, al morir Lefebvre, desapareciera su obra.
      Hoy se repite el mismo esquema: multiplicar obispos para blindar la autonomía de una estructura paralela. Eso no es comunión apostólica, porque no viven sujetos a los sucesores legítimos de los apóstoles en las diócesis donde actúan. Es, como bien señalas, una “iglesia aparte”, que se aparta de la Tradición viva que custodia la Iglesia en comunión con Pedro.

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  5. Julio: usted se pregunta si los lefebvrianos aceptarán las doctrinas del Concilio Vaticano II para poder abandonar el cisma en el que se encuentran. La pregunta ya no tiene sentido, porque se conoce la respuesta desde hace sesenta años, y hoy sigue siendo la misma. Fíjese lo que dicen, por ejemplo, estos días:

    "Es posible que la Santa Sede nos diga: "De acuerdo, os autorizamos a consagrar obispos, pero con la condición de que aceptéis dos cosas: la primera es el Concilio Vaticano II; y la segunda es la Nueva Misa. Y entonces, sí, les permitiremos hacer consagraciones."
    ¿Cómo deberíamos reaccionar? Es sencillo.
    Preferiríamos morir antes que convertirnos en modernistas. Preferiríamos morir antes que renunciar a la fe católica plena. Preferiríamos morir antes que reemplazar la Misa de San Pío V por la de Pablo VI."
    Vea todo el sermón aquí: https://fsspx.news/it/news/consacrazioni-episcopali-rispondere-uno-stato-di-necessita-57154
    Es brutal la hipocresía, la doblez de esta gente. Van a Roma con cara de buenitos y no están dispuestos a abandonar una tilde o una coma de lo que repiten como loros: todo lo que ha dicho Lefebvre. Lo que ha dicho Lefebvre está por encima de la Escritura y de la Tradición. No tenga la menor duda.
    Creo que el Papa debería dejar de tratarlos como católicos. Si algún diálogo puede y debe haber con ellos es como CRISTIANOS NO CATÓLICOS. No deberían tratarse estos asuntos en el Dicasterio de la Fe, sino en el del ecumenismo.

    Pedro P.

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    1. Se ve que, hoy por hoy, han perdido la vergüenza. En la época de Benedicto, cuando dialogaban con Roma, los lefe se preocupaban por eliminar los artículos en sus webs donde criticaban al Papa o al Vaticano II. Pero ahora parece que no se preocupan de esto: mandan a sus superiores de distrito o a sus rectores de "seminarios", seguir atacando a "la Roma modernista y apóstata". Han perdido la vergüenza. La hipocresía está a la vista, no se puede disimular.

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    2. Estimado Pedro,
      gracias por tu comentario. Efectivamente, los propios comunicados y sermones recientes de la FSSPX muestran que la respuesta a la pregunta sobre la aceptación del Concilio Vaticano II sigue siendo negativa, como lo fue desde los años sesenta. La cita que compartes lo confirma: se presenta la aceptación del Concilio y de la liturgia reformada como una “traición” a la fe, cuando en realidad son actos de comunión con la Iglesia universal.
      El problema es que se coloca la palabra de Lefebvre por encima del Magisterio vivo de la Iglesia, como si fuera un criterio absoluto. Eso es lo que san Juan Pablo II señaló en Ecclesia Dei adflicta: las consagraciones de 1988 fueron un acto cismático, porque pretendieron perpetuar una estructura paralela al margen de Roma.
      Tu observación sobre el diálogo es interesante: mientras la Santa Sede insiste en tratarlos como católicos en situación irregular, muchos de sus propios textos los colocan de hecho fuera de la comunión. La cuestión de si deben ser tratados en clave ecuménica es delicada, pero lo que sí está claro es que no puede haber comunión plena mientras se rechace un Concilio ecuménico y la liturgia legítimamente promulgada por el Papa.

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    3. Estimado Anónimo,
      tu observación es muy pertinente. Durante los años de diálogo con Benedicto XVI, la FSSPX cuidaba mucho su imagen pública, incluso retirando de sus páginas artículos demasiado agresivos contra el Papa o el Concilio. Hoy, en cambio, parece que ya no sienten la necesidad de disimular: sus superiores y formadores publican abiertamente ataques contra “la Roma modernista y apóstata”.
      Eso confirma lo que señalamos en el artículo: la hipocresía es evidente. Se presentan en Roma con lenguaje cordial y conciliador, pero en sus propios medios continúan repitiendo las mismas acusaciones y rechazos de siempre. La incoherencia está a la vista, y no puede ocultarse.

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