La cuestión de la continuidad entre el Concilio Vaticano II y la Tradición católica vuelve a plantearse con fuerza en este artículo del padre Giovanni Cavalcoli. ¿Puede un Concilio ecuménico, asistido por el Espíritu Santo, contener proposiciones modernistas? ¿No es escandaloso que algunos sedicentes católicos se sientan autorizados a rechazar sus enseñanzas bajo el pretexto de que son meramente pastorales? ¿Cómo puede la Iglesia dialogar con el mundo si no logra primero un diálogo interno en la verdad y la caridad? ¿No es urgente superar la división entre lefebvrianos y modernistas para recuperar la pureza de la doctrina y la credibilidad del testimonio cristiano? En medio de esta crisis emerge la figura luminosa del dominico Tomas Tyn, que supo interpretar el Concilio en clave de continuidad y progreso, ofreciendo un camino de esperanza frente al conservadurismo retrógrado y al neo-modernismo arrogante. [En la imagen: una fotografía de un grupo de jóvenes frailes dominicos; fray Tomas Tyn es el primero de la derecha en la hilera superior].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
viernes, 13 de febrero de 2026
El padre Tomas Tyn y la tradición católica
El padre Tomas Tyn y la tradición católica
(Traducción al español del artículo publicado en el blog Riscossa Cristiana, en 2010. Enlace al artículo en italiano, en: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/05/tomas-tyn-e-la-tradizione-cattolica.html)
Es por todos conocida la cuestión planteada incluso desde la misma clausura del Concilio Vaticano II, primero en algunos círculos católicos, y que luego se hizo eco en toda la Iglesia, acerca de si las enseñanzas doctrinales del Concilio están o no en línea con la precedente Tradición, en particular con aquella fuente de la revelación divina que es llamada por la Iglesia católica la "Tradición Apostólica" o "Sagrada Tradición", la cual, como fuente oral, junto con la Sagrada Escritura compone el conjunto total de las verdades de la doctrina de la fe católica. Sin embargo, está claro que también la Sagrada Tradición ha sido puesta por escrito, aunque la Tradición oral continúa en el Magisterio vivo de la Iglesia a lo largo de los siglos.
Puede suscitar sorpresa que esta grave cuestión, que afecta tanto a la continuidad como a la inmutabilidad de la verdad de fe, haya surgido en el seno de un área de la propia Iglesia católica (la famosa comunidad de monseñor Marcel Lefèbvre, quien había sido uno de los Padres del Concilio), cuando todo católico sabe que los decretos doctrinales de un Concilio ecuménico (traten o no traten dogmas solemnemente definidos) son infalibles, en cuanto formulados con la asistencia del Espíritu Santo.
Sin embargo, fue precisamente ésta la angustia y la desilusión de estos católicos, quienes interpretaron o creyeron tener que interpretar algunos documentos conciliares (especialmente aquellos concernientes a la naturaleza de la Iglesia, al concepto de Revelación, la evangelización, el ecumenismo, el diálogo con las otras religiones y el decreto sobre libertad religiosa) como si estos contuvieran proposiciones de carácter "modernista", que, en cuanto tales, evidentemente no podían armonizarse con la tradición precedente.
¿En qué podría descansar tal interpretación del Concilio? En tres factores:
1. Sobre el hecho de que efectivamente algunas de sus expresiones no fueron del todo claras y precisamente dieron cabida a esa interpretación.
2. Sobre el hecho que en sus documentos, el Concilio Vaticano II parecía bastante blando en el condenar los errores modernos.
3. Sobre el hecho de que algunos teólogos famosos, que habían dado su contribución a la elaboración de los documentos conciliares, en los años siguientes apoyaron una interpretación modernista del Concilio, la cual no encontró significativas condenas de parte de la Iglesia y de hecho obtuvo un enorme éxito en vastos ambientes no solo de la cultura católica, sino también del mismo episcopado y de los ambientes teológicos oficiales y académicos de la Iglesia.
Los lefebvrianos, para sentirse autorizados a rechazar las novedades doctrinales del Concilio, han tomado como pretexto su carácter "pastoral", sabiendo que en este plano la Iglesia no es infalible. Excepto que, como es sabido, el Pontífice actual ¹ les ha puesto como condición para su plena comunión con la Iglesia la aceptación de las "doctrinas" del Concilio, señal de que el Concilio no ha sido solo pastoral, sino también doctrinal.
Los Papas del postconcilio y muchas intervenciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de otros organismos de la Santa Sede, entusiastas obispos y acreditados teólogos, se han esforzado y se esfuerzan más bien por desmentir esa interpretación equivocada proponiendo la auténtica, presentada por el mismo magisterio postconciliar, y criticando la interpretación neo-modernista, como lo hicieron los cardenales Siri, Ottaviani, Scheffczyk y Parente y el padre Cornelio Fabro, y como lo está haciendo el Papa actual. Pero desafortunadamente ésta su acción poco hasta ahora ha ayudado a aclarar las cosas, y las dos alineaciones -los lefevrianos y los modernistas- han continuado y continúan existiendo todavía hoy.
El Papa actual, con garbo y tacto, pero también con la firmeza y el coraje que caracterizan su acción pastoral, está intentando resolver de una buena vez esta situación escandalosa, -el escándalo no es solo el de la pedofilia- que implica de hecho, aunque si bien no siempre abiertamente, una grave e intolerable división en la Iglesia, que afecta lo que la Iglesia tiene más en el corazón: la pureza de la doctrina, de la cual solo proviene la pureza e integridad de las costumbres morales, de las cuales hoy todos, tanto católicos como no católicos, sentimos extrema necesidad. ¿Cómo podemos los católicos ser creíbles en el diálogo ecuménico e interreligioso, si no dialogamos entre nosotros? ¿Si no nos corregimos mutuamente en la verdad y en la caridad?
En esta situación agitada, pero de ninguna manera privada de "centinelas", de gérmenes de esperanza y de faros luminosos, emerge al primer plano de la teología católica en los años 1980s del pasado siglo, una luminosa figura de teólogo dominico, prematuramente desaparecido, el sacerdote checoslovaco Tomas Tyn, refugiado en Italia en 1972 para escapar de la tiranía comunista por entonces operante en su Patria. De este religioso, valiente y ejemplar, que ofreció su propia vida por la liberación de su Patria, está en marcha desde 2006 la causa de beatificación en la diócesis de Bologna, donde vivió hasta 1990.
El padre Tomas se profesaba abiertamente "tradicionalista", aunque no tenía nada que ver con el movimiento cismático de mons. Lefèbvre y sin rechazar por ello de ninguna manera las enseñanzas del Concilio, sino enseñándolas y alabándolas abiertamente. El padre Tomas había sabido interpretar el Concilio según aquella "exégesis de continuidad en el progreso", que es la clave de lectura que repetidamente nos ha ofrecido el papa Benedicto XVI.
Sobre esta misma línea se han ubicado y se ubican estudiosos de alto nivel y vasta cultura, pertenecientes a un sano "tradicionalismo", como el ilustre teólogo romano monseñor Brunero Gherardini y el gran historiador del pensamiento católico Romano Amerio, fallecido hace algunas décadas.
Para ver la continuidad del Concilio Vaticano II con la Tradición no es suficiente saber interpretar rectamente el propio Concilio, sino que también es necesario atenerse a un auténtico concepto católico de "tradición", lo que he llamado arriba "Tradición Sagrada o Apostólica": sólo ésta es divina, inmutable, intangible e inviolable hasta el final de los siglos. Y por lo tanto es absolutamente impensable que el magisterio de la Iglesia pueda cambiarla, olvidarla o falsificarla. Y esto por la promesa misma del Señor a los Apóstoles y a sus Sucesores, los Obispos, bajo la guía del Sucesor de Pedro, el Papa, promesa válida hasta el fin del mundo.
El propio magisterio viviente de la Iglesia (Obispos unidos al Papa), por lo tanto, a lo largo de los siglos, es el intérprete infalible tanto de la Sagrada Tradición como de la Sagrada Escritura, habiendo Cristo confiado a él la custodia, la interpretación, la transmisión, la difusión y la defensa de la verdad del Evangelio. Por cuanto concierne en particular a la cuestión de discernir las tradiciones humanas, opinables y caducas respecto de la Sagrada Tradición, el católico tiene en el Magisterio el criterio seguro e infalible.
Sobre esta línea se ubicaba el padre Tomas Tyn, y por lo tanto su ejemplo y su enseñanza son hoy de particular fiabilidad y utilidad para desentrañar la intrincada madeja en la que se encuentra la Iglesia, obstaculizada en su camino por el contraste entre un conservadurismo retrógrado y fundamentalista, y un neo-modernismo arrogante y auto-referencial, mientras que una gran masa de fieles permanecen perplejos ante estos contrastes, para ellos irresolubles o confundidos con el normal "pluralismo".
Pero el padre Tomas ciertamente no es el único en este contexto de clarificación, de verdadera renovación y de avance de la Iglesia en la esperanza, en la paz y en la concordia. Nuevos movimientos recientemente han surgido y están surgiendo -piénsese también en los nuevos sitios web católicos- mientras que las antiguas Órdenes, como la Dominicana, a la cual tengo el honor, la alegría y también la responsabilidad de pertenecer, la Orden que ha acogido, educado y formado en su seno un padre Tomas Tyn, lleva también las semillas de la esperanza para la Iglesia y para los hombres de nuestro tiempo.
¹ Obviamente, el padre Cavalcoli se refiere al papa Benedicto XVI.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 2010
__________
Anexo
Habiendo seleccionado lo que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum Concilium Vaticanum II contradicat Sacram Traditionem Ecclesiae,
vel potius sit interpretandum in eius continuatione
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod Concilium Vaticanum II contradicat Sacram Traditionem Ecclesiae et non sit interpretandum in eius continuatione.
1. Quia nonnullae locutiones documentorum eius non fuerunt omnino clarae et dederunt locum interpretationibus modernisticis.
2. Quia Concilium apparuit satis lenis in damnandis erroribus modernis.
3. Quia quidam theologi, qui partem habuerunt in eius compositione, postea promoverunt lectiones modernisticas quae magnum favorem obtinuerunt in ambitus catholicis, etiam episcopalibus et academicis.
4. Quia lefebvriani, ut doctrinas Concilii reiciant, innituntur eius indoli pastorali, scientes Ecclesiam in hoc plano non esse infallibilem.
Sed contra est notum quod decreta doctrinalia Concilii oecumenici, etsi dogmata sollemniter definita non contineant, sunt infallibilia, quatenus cum assistentia Spiritus Sancti formulata sunt.
Respondeo dicendum quod Concilium Vaticanum II non contradicit Sacram Traditionem, sed potius est interpretandum in eius continuatione. Traditio Apostolica, ut fons oralis revelationis divinae, una cum Sacra Scriptura, constituit totum depositum fidei, et omnino inconcipibile est ut magisterium Ecclesiae eam mutare, oblivisci vel falsificare possit. Hoc ex ipsa promissione Domini Apostolis et eorum successoribus, sub duce Successoris Petri, promissione valida usque ad finem mundi.
Magisterium vivum Ecclesiae, id est doctrina episcoporum cum Papa coniuncta, est infallibilis interpres tam Traditionis quam Scripturae, et habet munus custodiendi, interpretandi, tradendi, propagandi et defendendi veritatem Evangelii. Quapropter Concilium Vaticanum II, ut actus magisterii, est legendum secundum exegesim continuationis in progressu, non autem ut ruptura.
Interpretatio modernistica Concilii, a quibusdam theologis promota et in ambitus officialibus divulgata, non satis est correpta, sed reprehensa est a multis cardinalibus et theologis Traditioni fidelibus. Ex altera parte, interpretatio lefebvriana, quae Concilium respuit ut doctrinaliter suspectum, innititur nocione erronea Traditionis, confundens Sacram Traditionem cum traditionibus humanis opinabilibus et caducis.
In medio huius confusionis eminet figura Patris Thomae Tyn, qui Concilium fideliter ad Traditionem interpretatus est, nec in schisma lefebvrianum nec in modernismum lapsus. Exemplum eius et doctrina praebent hodie tutam viam ad enodandam perplexam condicionem Ecclesiae, inter conservatismum retrogradum et neo-modernismum arrogantem implicatae.
Ad primum dicendum quod locutiones ambiguas Concilii sunt interpretandae secundum magisterium postconciliarium, quod clavem lectionis authenticam praebuit.
Ad secundum dicendum quod lenitas pastoralis in damnationibus non implicat approbationem errorum, sed stilum pastoralem qui doctrinam non excludit.
Ad tertium dicendum quod lectiones modernisticae Concilii non compromittunt eius authenticum contentum, quod manet validum et obligatorium.
Ad quartum dicendum quod indoles pastoralis Concilii non excludit eius dimensionem doctrinalem, sicut magisterium pontificium confirmavit.
JG
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