Tras el artículo que el padre Giovanni Cavalcoli publicara en 2015, iban surgiendo nuevas investigaciones e hipótesis. ¿Es la figura de la Síndone la de un cadáver que comienza a levantarse, como algunos investigadores sostienen, o la de un cuerpo ya vivo y erguido que irradia luz y calor divinos? ¿Qué nos revelan los cabellos que caen verticalmente, testigos mudos de un cuerpo en pie? ¿No será que este lienzo oxidado por una energía milagrosa nos muestra el instante mismo en que Cristo ha vencido la muerte? En esta pequeña nota de 2020, el padre Cavalcoli confronta la tesis del “cuerpo que se alza” y propone una lectura más profunda: la Síndone como signo sensible del paso definitivo de la muerte a la vida.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
jueves, 19 de febrero de 2026
Observaciones sobre la Síndone
Observaciones sobre la Síndone
(Traducción al español de la breve nota publicada por el padre Giovanni Cavalcoli el 9 de marzo de 2020, n su propio blog. Véase aquí la versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/blog-page_78.html)
El doctor Bernardo Hontanilla Calatayud, de la Universidad de Navarra, en España, ha publicado en la revista Scientia et Fides un artículo * sobre la misteriosa figura que de una forma nunca explicada por la ciencia ha permanecido impresa en la Síndone de Turín. La tesis del experto es que la figura no corresponda a una persona inerte, como se pensaba tradicionalmente, sino a una persona viva que se está alzando.
Una observación que hago, por mi parte, es que la impronta sobre la Síndone, como resulta de una simple y atenta constatación empírica, respaldada por la ciencia, no es la de un hombre que se está levantando, sino la de un hombre en pie, del cual ha emanado una misteriosa energía radiante, la cual a una cierta distancia, sin contacto con la tela, la ha golpeado perpendicularmente, oxidándola con mayor o menor intensidad según la mayor o menor proximidad de las formas del cuerpo del Señor.
Por ejemplo, considerando el rostro, la impronta dejada sobre la tela por la nariz es la más evidente, porque la nariz es la forma más cercana a la tela. En cambio, las formas menos cercanas, como por ejemplo el hueco de los ojos o aquellas que en lugar de estar frente a la tela, escapan al costado de la irradiación, como por ejemplo las mejillas o los pómulos, no han sido golpeados por la irradiación y, por tanto, no han dejado impronta.
¿De qué cosa se comprende que se trata de un hombre en pie? Del modo como caen los cabellos. Si el cuerpo hubiera estado extendido, la abundante cabellera que muestra tener, se hubiera tendido y aflojado sueltamente, cosa que no ocurre aquí en absoluto. En cambio, la cabellera cae perpendicularmente hacia abajo, exactamente como ocurre para un hombre que está en pie.
Por lo tanto, la impronta de la Síndone no es la de Jesús que se está alzando, sino la del Señor ya vivo y resucitado, en pie, pero todavía con la semblanza de un cadáver. Sin embargo, se trata de una mera apariencia cadavérica, porque en realidad el Señor ahora ha vencido a la muerte, tanto es verdad que desde este cuerpo parte la irradiación milagrosa que ha oxidado la tela con su energía divina, que golpea perpendicularmente la tela milagrosamente recta sin contacto con el cuerpo del Señor, pero mudo testimonio del Señor resucitado. Un simple cadáver, ni aún siendo el de Jesús, no habría podido irradiar de sí la radiación que ha formado la impronta de la Síndone.
En esta impronta de la Síndone está, por consiguiente, el signo sensible, milagroso, del entrelazamiento de la muerte con la vida, según cuanto el Señor mismo había predicho: el pasaje de la muerte a la vida. La vida está ya presente en la muerte y está derrotando a la muerte.
Un hermoso mensaje, un bello estímulo divino para nosotros, que estamos "en la sombra de la muerte" (Mt 4,16). No nos desanimemos: hagamos nuestra la muerte de Jesús, para hacer nuestra su Vida.
* Véase el artículo completo en el enlace: https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/550453
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 9 de marzo de 2020
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