domingo, 22 de febrero de 2026

Modernidad y modernismo

¿Es la modernidad un aliado o un enemigo de la fe? ¿No será que el verdadero problema está en confundir modernización con modernismo? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli recuerda cómo el cardenal Siri supo acoger las novedades del Concilio Vaticano II sin ver en ellas ruptura alguna con la Tradición, distinguiendo entre progreso legítimo (propio del Concilio Vaticano II) y herejía (que obviamente no existe ni puede existir en ningún texto conciliar). La cuestión es que no debemos tamizar el Evangelio a la luz de la modernidad, sino la modernidad a la luz del Evangelio. ¿No es hora de que el Magisterio clarifique con autoridad las doctrinas conciliares, para cortar de raíz las interpretaciones modernistas y tranquilizar a quienes dudan de su continuidad? Esta reflexión invita a redescubrir la Tradición viva como tesoro del escriba evangélico, que sabe sacar cosas nuevas y cosas viejas. [En la imagen: fragmento de "Cristo en el mar de Galilea", óleo sobre lienzo, 1841, obra de Eugène Delacroix, de la colección del Museo Nelson-Atkins, Kansas, USA].

Modernidad y modernismo

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado en el blog Riscossa Cristiana el 23 de junio de 2011.  Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/modernita-e-modernismo-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)

Estimado profesor Piero Vassallo,
Interesante es su reciente artículo "Gli opposti profili del Concilio Vaticano II" ¹. En él usted ha recordado las agudas y visionarias consideraciones que el cardenal Giuseppe Siri hizo en 1970 acerca de un congreso teológico en Bruselas, donde se presentó la teología no como una ciencia de la fe en fidelidad a la Tradición, a la Escritura y al Magisterio, sino como una opinión que refleja la modernidad que pasa y que rompe con la opinión de ayer en un lenguaje ambiguo, escurridizo y fluctuante que favorece el equívoco y la deslealtad. ¡Cuán relevantes son tales consideraciones todavía en la actualidad!
Su artículo destaca cómo el valiente y docto cardenal Giuseppe Siri, firme defensor de la Sagrada Tradición de la Iglesia, acogió sin dudar las nuevas doctrinas del Concilio Vaticano II, sin ver en ellas, contrariamente a la opinión de muchos a diestra y siniestra, ninguna ruptura con el pasado. Por lo tanto, viendo una sana modernización o, como decía el papa Juan, un "aggiornamento", pero de ninguna manera modernismo. Modernos, sí; modernistas, no. El modernismo es herejía; modernizarse, renovarse, progresar, profundizar el conocimiento de la verdad es exigencia de la vida, deber moral, necesidad del espíritu. La caridad que no progresa, decía san Agustín, no es caridad.
En la modernidad es necesario discernir, según el mandamiento paulino: "probadlo todo, guardad lo que es bueno". La modernidad no es un absoluto. Único absoluto es el Evangelio. Por lo tanto, no se trata de tamizar o cribar el Evangelio a la luz de la modernidad, como lo hacen los modernistas, sino de tamizar la modernidad a la luz del Evangelio: este es precisamente el mensaje del Concilio Vaticano II. Mientras que el Evangelio es pura verdad, la modernidad es una mezcla de verdadero y falso, de bueno y de malo, como todas las cosas humanas. Ni adoradores del presente ni laudatores temporis acti ², sino ver el presente potencialmente en el pasado y el pasado como preparación del presente.
En tal modo, el concepto que el cardenal Siri tenía de la Tradición -como usted lo menciona- era de por sí conciliable con la idea de progreso entendido como una contínua profundización de los datos de la Tradición: "Con el término tradicional se entiende solamente lo que no rechace cuanto viene ofrecido por la Escritura y por la tradición divina, de acuerdo con la enseñanza magisterial de la Iglesia, manteniendo lo ya cierto y no rechazando la ulterior profundización. En suma, tradicional no significa anticuado, anacrónico, inmóvil, chapado a la antigua, momificado". El Magisterio de la Iglesia, por lo tanto, en la visión de Siri, es como el evangélico "escriba sabio", que de su tesoro "saca cosas nuevas y cosas viejas". La Tradición de la cual habla Siri no es otra que la "Tradición viva" de la cual habla el Papa ³.
Por consiguiente, el cardenal Siri sabía bien que cada Concilio Ecuménico y, por lo tanto, también el Concilio Vaticano II no es sino un testigo acreditado, autorizado e infalible de la Tradición, que la retoma, confirma y desarrolla, haciéndonos conocer siempre mejor aquellas verdades divinas e inmutables que Cristo un día entregó a los apóstoles para transmitir a todo el mundo hasta el final de los siglos.
Al mismo tiempo, como ya he dicho en otras ocasiones, no tengo dificultad en reconocer, junto con otros estudiosos, la existencia, en las nuevas doctrinas del Concilio, de expresiones imprecisas y equívocas, que se prestan a una interpretación modernista, de hecho en gran medida adoptada por los propios modernistas. Esto ha sido bien puesto en evidencia, por ejemplo, por estudiosos de valía, como el teólogo monseñor Brunero Gherardini, el filósofo Paolo Pasqualucci y Roberto de Mattei que usted ha mencionado, son mis amigos, aunque ciertamente parecen acusar al Concilio de haber de algún modo cedido al modernismo y, por lo tanto, roto con la Tradición, yo considero que se trata de hacer una buena interpretación, por lo cual es posible demostrar la continuidad de estas enseñanzas con la Tradición precedente al Concilio mismo. Y por otra parte, ¿cuán diferente podría ser en una doctrina como la conciliar que trata de materia de fe o próxima a la fe? Es cierto que no ha proclamado nuevos dogmas; sin embargo, aún así sus doctrinas tratan siempre de temas o derivados de la Revelación o conexos con la Revelación.
Luego vincula la publicación de mi libro sobre Rahner ⁴ con la producción de los libros de los autores antes mencionados, como si Ud. dijera que yo, con este trabajo mío, los hubiera favorecido en sus intervenciones. Observo que Ud., por una parte, me hace demasiado honor, pero por otra parte me siento en el deber de precisar que, si es cierto que encuentro mucha consonancia con ellos en la denuncia que hago del modernismo postconciliar, es igualmente cierto que veo el actual difundirse del modernismo como efecto no de ningún aval que pueda provenir del Concilio Vaticano II, como he dicho anteriormente, sino más bien de una interpretación falsa del mismo no suficientemente refutada y reprimida por la autoridad eclesiástica. Es cierto, sin embargo, que se tiene la impresión de que alguna doctrina del Concilio ha sido rozada de alguna manera, si no en el contenido, al menos en el lenguaje, por el aliento pestífero del modernismo.
Por lo tanto, me acerco a monseñor Gherardini en el pedirle al Papa que decida emitir un documento en el cual él diera la interpretación exacta de las nuevas doctrinas del Concilio, posiblemente en forma de cánones, por los cuales pueda resultar con claridad y certeza tanto su nivel de autoridad, como su continuidad con la Tradición, aún en la novedad de los desarrollos.
También estoy de acuerdo con la propuesta de monseñor Athanasius Schneider de que el Santo Padre decida publicar una lista de interpretaciones erróneas de las nuevas doctrinas del Concilio, a fin de eliminar cualquier pretexto de los modernistas y tranquilizar a los lefebvrianos acerca de sus dudas sobre la continuidad de las doctrinas. conciliares con las precedentes del Magisterio de la Iglesia.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 22 de junio de 2011

Notas

² Se puede traducir por "aquel que elogia los tiempos pasados". (JG)
³ El padre Cavalcoli se está refiriendo, obviamente, al papa Benedicto XVI. (JG)
⁴ El padre Cavalcoli se refiere a su libro: Karl Rahner. Il Concilio tradito, Edizioni Fede&Cultura, Verona 2009. Tomo la ocasión para informar a los lectores que, desde hace ya mucho tiempo, tengo completamente traducido este libro a la lengua española, traducción literal, correcta y en fidelidad al estilo del autor, con todas sus citas. Lamentablemente, el director de la editorial que tiene los derechos sobre la obra, el señor Giovanni Zenone, no ha permitido su publicación y difusión gratuita. En fin, un caso más de "buena prensa" que no llega a ser "buena lectura" para la mayoría. (JG)

_________________________

Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum modernitas, in Ecclesia recepta, sit discernenda ut legitimus progressus
vel necessario degeneret in modernismum

Ad hoc sic procediturVidetur quod modernitas necessario degeneret in modernismum.
1. Quia in doctrinis Concilii Vaticani II reperiuntur locutiones imprecisae et aequivocae quae se praebent ad interpretationes modernisticas.
2. Praeterea, quidam studiosi senserunt Concilium modernismo cessisse et Traditionem rupisse; quod videtur indicare modernitatem et modernismum inseparabilia esse.
3. Item, diffusio modernismi post Concilium ostendit modernitatem periculosam esse et rejiciendam ad fidem servandam.

Sed contra, Apostolus praecipit: omnia probate, quod bonum est tenete (1 Thess 5,21). Sanctus Augustinus docet caritatem, si non proficit, non esse caritatem. Praeterea Benedictus XVI in oratione ad Curiam Romanam die 22 Decembris 2005 affirmavit Concilium Vaticanum II interpretandum esse secundum hermeneuticam reformationis in continuatione unius subiecti Ecclesiae, non autem ut rupturam. Ergo modernitas non est simpliciter repudianda nec cum modernismo identificanda, sed ad lumen Evangelii discernenda.

Respondeo dicendum quod modernitas per se non est modernismus. Modernizari, renovari, proficere et veritatem altius perscrutari est exigentia vitae et officium morale. Modernismus autem est haeresis, quia vult Evangelium sub iudicio modernitatis ponere et cum Traditione rumpere.
Concilium Vaticanum II interpretandum est ut continuatio Traditionis, testis legitimus et infallibilis divinarum veritatum immutabilium a Christo Apostolis traditarum. Si quaedam locutiones conciliares se praebent ad aequivocationem, Magisterii est sensum earum authenticum declarare et errores interpretativos eliminare, ut radicitus abusus modernistarum amputentur et dubia de continuatione tollantur.  

Ad primum ergo dicendum quod locutiones aequivocae Concilii non implicant modernismum, sed requirunt authenticam interpretationem Magisterii.
Ad secundum dicendum quod Concilium modernismo non cessit, sed in continuatione Traditionis legendum est. Ruptura est ex falsa interpretatione orta.
Ad tertium dicendum quod diffusio modernismi non ex Concilio ipso provenit, sed ex defectu refutationis et correctionis auctoritatis ecclesiasticae.
   
JG

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.