martes, 17 de febrero de 2026

Las raíces del secularismo

Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli toca un nervio vivo de nuestra cultura contemporánea: las raíces del secularismo. ¿Es el secularismo realmente una conquista de libertad o más bien una forma encubierta de laicismo que vacía de sentido lo sagrado? ¿Puede un Estado moderno ignorar el vínculo entre religión y virtud sin caer en la barbarie? ¿No es acaso el relativismo moral la consecuencia inevitable de un secularismo que desprecia las tradiciones religiosas? ¿Qué significa hoy defender la presencia del Crucifijo en las escuelas: nostalgia del pasado o reconocimiento de las raíces cristianas de Europa? El padre Cavalcoli nos invita a pensar si la libertad religiosa, concebida de manera abstracta y a-histórica, no se convierte en un pretexto para excluir a Dios de la vida pública, y nos recuerda que sin el “a Dios lo que es de Dios” la convivencia civil pierde su fundamento más profundo.

Las raíces del secularismo

(Traducción a la lengua española del artículo del padre Giovanni Cavalcoli OP, publicado en Riscossa Cristiana, en el año 2010. El enlace en. Versión original en italiano: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/07/le-radici-del-secolarismo.html)

El papa Benedicto XVI ¹ declaró recientemente que "el secularismo no es menos peligroso que el marxismo". Se ha hablado del secularismo durante casi cincuenta años, como uno de los malentendidos de la enseñanza del Concilio Vaticano II, el cual en cambio exaltó los valores de la secularidad en relación con la vocación de los laicos (por lo cual se ha hablado, tal vez de manera no del todo clara, de "secularización"). Por otro lado, el "secularismo" es un enfoque de la vida y, en particular, de la relación religión-política de origen iluminista y racionalista, que tiende a atenuar lo más posible la presencia de la religión en la vida política y civil y en las instituciones del Estado. El secularismo es así muy cercano al "laicismo". También podría definirse como una concepción que minimiza lo sagrado para exaltar lo profano.
El secularismo no es una forma de ateísmo ni una visión materialista de la vida; sin embargo, tiene en común con el marxismo el hecho de no creer en una vida después de la muerte y de sostener que el hombre, sobre todo organizado en la vida cultural y política, puede, valiéndose de la ciencia, de la técnica y de la fuerza de la voluntad humana a nivel colectivo, hacer progresar al hombre hacia metas siempre mayores de justicia y libertad sin necesidad de recurrir a valores religiosos o sobrenaturales.
Se trata de una concepción que sin duda puede estar conectada con el liberalismo del siglo XIX y con la masonería. Contrariamente al marxismo, no desprecia del todo la religión natural y si bien aboga por la libertad religiosa, sin embargo reduce las ideas religiosas a simples opiniones contingentes y facultativas. La verdad cierta y absoluta no pertenece a las diversas formas de fe o a las religiones, sino solo a la "ciencia" y a la "razón". Absolutizar una idea religiosa o pretender que ella pueda ser universal o destinada a toda la humanidad es, para el secularismo, fanatismo, fundamentalismo y superstición, al igual que recurrir a valores religiosos o sobrenaturales.
El secularismo sostiene correctamente la finalidad puramente humana y racional del Estado, una teoría que se encuentra ya en santo Tomás de Aquino y que puede contar con una fundamentación evangélica ("Caesari quae sunt Caesaris") ². Por lo tanto, como enseña también el Concilio Vaticano II, considera superada la doctrina de la "religión de Estado" para admitir la libertad religiosa. Sin embargo, concibe tal libertad de una manera abstracta y a-histórica, separada de la realidad efectiva de las diversas formaciones y tradiciones religiosas presentes en los diversos países y entidades estatales (católica, protestante, anglicana, ortodoxa, judía, musulmana, etc.), permitiéndonos entender cómo al fin de cuentas una "libertad religiosa" así concebida es solo un pretexto para excluir totalmente cualquier forma de referencia a la religión de la vida pública y de las instituciones civiles y estatales. El secularismo carece de cuanto se refiere a la otra parte del dicho de Cristo: "Deo quae sunt Dei" ³.
El secularismo, en cuanto organización del Estado moderno y democrático, tiene razón al no considerarse competente para legislar, permitir o prohibir en el campo de las religiones confesionales presentes en el territorio del Estado, pero está equivocado al no querer reconocer el reflejo civil, moral y cultural de las costumbres, de los símbolos o de las tradiciones religiosas presentes en el territorio del Estado. Por el contrario, el Estado, precisamente en cuanto tal, tiene el deber de reconocer y proteger tales realidades, precisamente en cuanto su tarea específica, irrenunciable y autónoma es la de reconocer todos los valores de la civilización, de las buenas costumbres, de la cultura y del bien común, se traten o no de cosas ligadas a una religión.
Desde este punto de vista, la noticia reciente de que una veintena de naciones europeas se han unido a la solicitud de Italia al Tribunal Europeo para que se permita el mantenimiento del Crucifijo en las escuelas, es un hecho positivo y se trata de una solicitud razonable y legal, que no manifiesta ninguna nostalgia por la "religión del Estado", no representa un abuso u ofensa a las otras religiones ni involucra al Estado en un campo que no es el suyo, sino al contrario, puede ser un reclamo a los organismos directivos europeos para cumplir con sus obligaciones estatutarias, entre las cuales no se pueden ignorar aquellas que en el plano civil tienen un vínculo de facto con las raíces cristianas de Europa.
Incluso una moderna organización de los poderes públicos no puede ignorar el vínculo que existe entre la religión y la virtud, como la misma Ilustración lo reconocía. Ahora bien, dado el hecho de que el Estado no puede dejar de cuidar las virtudes civiles, precisamente con miras a salvaguardar y promover una pacífica y justa convivencia civil, en consecuencia no puede dejar de reconocer, mantener y proteger aquellos usos religiosos presentes en su territorio, los cuales tienen relación con la salvaguarda de esos valores históricos y seculares que el propio Estado tiene el poder y el deber de promover para el progreso terrenal de la colectividad humana que se le confía y que ella expresa a través de los principios y el obrar del sistema democrático.
Correctamente se vincula el secularismo con el relativismo moral. De hecho, el Estado que aplica con justicia los principios de la libertad religiosa en el sentido antes indicado, no podrá jamás ser relativista acerca de los valores morales de fondo (por ejemplo, la ley moral natural), que debe regir la vida del Estado; a la inversa, aquel secularismo que subestima la importancia de las concepciones y tradiciones religiosas es llevado inevitablemente (y tenemos de ello algunos signos preocupantes en la Europa actual) a descuidar el respeto por los valores morales fundamentales antes mencionados, sin los cuales se cae en la barbarie y en la incivilidad, fuentes de todo mal para la vida pública y privada.

P. Giovanni Cavalcoli,
Bologna, 2010

Notas

¹ Recuerde el lector que el presente es un artículo escrito por el padre Cavalcoli en el año 2010, vale decir, durante el pontificado del papa Benedicto XVI [2005-2013]. (JG)
² Al César lo que es del César. (JG)
³ A Dios lo que es de Dios. (JG)

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Anexo

Habiendo seleccionado lo que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum saecularismus possit sustinere vitam civilem sine relatione ad radices religiosas

Ad hoc sic procediturVidetur quod saecularismus possit sustinere vitam civilem sine relatione ad radices religiosas.
1. Quia saecularismus recte affirmat finem pure humanum et rationalem Status, doctrinam quae iam invenitur apud sanctum Thomam et quae innititur Evangelio.
2. Quia saecularismus defendit libertatem religiosam et reicit religionem Status, quod videtur pacificam conviventiam fovere.
3. Quia saecularismus, exaltando scientiam et rationem, offert valores universales qui possunt credendas religiosas supplere.
4. Quia saecularismus, concipiens libertatem religiosam modo abstracto, vitat fanatismum et fundamentalismum.

Sed contra est quod Christus dixit: Reddite ergo quae sunt Caesaris Caesari et quae sunt Dei Deo (Mt 22,21). Saecularismus agnoscit primam partem, sed obliviscitur secundam, et propterea conceptio eius incompleta est.

Respondeo dicendum quod saecularismus, licet recte ponat autonomiam Status respectu religionum confessionalium, graviter errat excludendo reflexum civilem, moralem et culturalem traditionum religiosarum in societate praesentium. Status, in quantum talis, officium habet agnoscendi et protegendi has realitates, quia munus eius est tueri omnes valores civilizationis, bonorum morum, culturae et boni communis, sive sint sive non sint cum religione coniuncti.
Saecularismus, cum ideas religiosas ad simplices opiniones contingentes redigat, tandem debilitare facit valores morales fundamentales, sicut legem naturalem, sine quibus inciditur in barbarie et incivilitatem. Notitia quod plures nationes Europaeae defenderunt praesentiam Crucifixi in scholis ostendit quod etiam in Statu moderno non potest ignorari nexus inter religionem et virtutem. Saecularismus, carens relatione ad Deum, fit relativismus moralis et minatur conviventiae civili.

Ad primum dicendum quod finis rationalis Status non excludit necessitatem agnoscendi influxum religionis in virtute et cultura.
Ad secundum dicendum quod libertas religiosa non debet concipi modo abstracto et ahistorico, sed in relatione ad traditiones concretas populorum; aliter fit praetextus ad excludendam omnem referentiam religiosam.
Ad tertium dicendum quod scientia et ratio non possunt valores religiosos supplere, quia sine eis valores iustitiae et libertatis fiunt vacua verba.
Ad quartum dicendum quod vitare fanatismum non significat excludere sacrum, sed agnoscere illud in justa mensura; nam sine “Deo quae sunt Dei” vita civilis fundamentum suum profundissimum amittit.
   
JG

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