lunes, 16 de febrero de 2026

El padre Tomas Tyn y Europa

Presentamos otro artículo más del padre Giovanni Cavalcoli que nos invita a redescubrir la figura del padre Tomas Tyn y su visión sobre Europa. ¿Puede Europa conservar su identidad sin recuperar sus raíces cristianas? ¿Qué significa hoy hablar de universalidad frente a la tentación de diluir la fe en el relativismo cultural? ¿No es acaso la misión de Europa difundir los valores del cristianismo más allá de sus fronteras, como lo quiso Cristo mismo? ¿Qué sentido tiene un Occidente que se avergüenza de su propia tradición y teme afirmar con claridad la verdad que ha recibido? El docto dominico Tomas Tyn nos recuerda que la verdadera Europa no es una entidad caduca, sino una realidad abierta a la eternidad, llamada a conjugar diálogo y evangelización, acogida y fidelidad, progreso y tradición.

El padre Tomas Tyn y Europa

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado en el blog Riscossa Cristiana durante el año 2010: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/06/padre-tomas-tyn-e-leuropa.html)

Uno de los aspectos de la personalidad del padre Tomas Tyn fue su sensibilidad por las raíces y el destino de la civilización y de la cristiandad europeas. Nacido y educado en esa tierra bohemia que está en el centro de Europa y tan rica en cultura y tradiciones europeas, recibiendo una precisa educación católica incluso en un entorno político de dominación comunista, como fueron los años 1950s del siglo pasado, sensible también a la cultura hebrea gracias a la influencia de una tía judía, el joven Tomas Tyn pronto mostró su alma europea y el amplio horizonte de sus puntos de vista al conseguir aún a sus dieciocho años un codiciado título de filosofía en Francia, en Dijon, donde también conoció a los frailes Dominicos a través del teólogo padre Féret y decidió ingresar a la Orden, fascinado por el alma universalista del ideal dominico, que desde el momento de su surgimiento, en el siglo XIII, no había dejado de ser el ideal constructor y defensor de la cristiandad europea. De hecho, fue extraordinario cómo la Orden dominicana, solo pocas décadas después de su fundación, veía ya conventos esparcidos por toda Europa, desde España a Kiev, desde Inglaterra a Tierra Santa.
Descubrir la Orden Dominicana y descubrir el pensamiento de Santo Tomás de Aquino, el más ilustre de los frailes dominicos, fue para el joven Tomas Tyn, inteligencia extraordinaria y precoz, todo uno. Comenzó a beber a grandes tragos la sabiduría del Aquinate y bien pronto tomó posesión de ella profunda y lucidamente, para convertirlo en su Maestro durante todo el curso de su breve pero muy laboriosa vida de predicador, de docente, de teólogo, de sacerdote, de guía espiritual, de religioso.
El joven Tomas individualizó pronto los puntos nodales, las cuestiones de fondo, los temas principales de la cuestión europea: las raíces cristianas, la relación del judeo-cristianismo con la cultura greco-romana, el cisma de Oriente, la crisis protestante, el surgir del cartesianismo que se continúa en el Iluminismo y en el idealismo alemán hasta Nietzsche y Heidegger (la así llamada "filosofía moderna"), el comunismo. En su tiempo, la presión islámica sobre Europa aún no era tan viva como lo es hoy, pero no es difícil encontrar en las indicaciones que nos da el padre Tomas las sugerencias sobre la conducta que debemos tener hoy hacia el Islam.
La cuestión luterana ocupó al padre Tyn sobre todo en su tesis de licenciatura en teología defendida en Bologna en 1976, donde se centró en la oposición entre santo Tomás y Lutero en cuanto a la relación de la gracia con el libre albedrío. Sin embargo, esto no impidió que el padre Tomas estuviera a favor de un sano ecumenismo, según las indicaciones del Concilio Vaticano II.
Siendo todavía un joven estudiante de teología en el Estudio dominicano de Walberberg, Fray Tomas Tyn publicó un desafiante estudio sobre el tomismo medieval de los disidentes orientales ¹, donde mostró al mismo tiempo la universalidad del genio tomista y la posibilidad de un diálogo ecuménico con los hermanos de la ortodoxia.
La posibilidad de un diálogo con el Islam surge claramente del pensamiento del padre Tyn, si se considera la gran atención que prestó a los temas del monoteísmo, del culto divino, de la ley moral, de la metafísica y de la cosmología, que sobre todo en el período de oro de la cultura filosófica islámica -vale decir, el medioevo- estuvo en el centro de interés de los grandes clásicos de la filosofía islámica, en diálogo con los doctores medievales, como santo Tomás de Aquino y el beato Juan Duns Scoto.
El padre Tomas tenía el sentido de la universalidad, sin por esto ignorar el carácter concreto de la persona, la diversidad de los hechos y de las situaciones y el sentido de la historia. Era su ser "católico", que precisamente quiere decir "universal" (katà-òlon = presente en todo), unum in multis. Universalidad del cristianismo, universalidad de la cultura grecorromana, universalidad de la doctrina del Doctor Communis Ecclesiae. De ahí la universalidad de Europa, en cuanto patria y dirección central del cristianismo, encabezada por Roma, sede del Sucesor de Pedro.
Indudablemente el padre Tomas sentía a Europa también como "Occidente": amaba mucho el famoso libro de Oswald Spengler, La decadencia de Occidente y recomendaba su lectura ². Pero si amaba al Occidente y deseaba conservar y defender sus valores, esto no era por Occidente en cuanto tal, portador sólo de cosas occidentales, sino que era en cuanto el Occidente, Europa, habiendo dado a luz al cristianismo, tenía la responsabilidad de difundirlo por todo el mundo, a causa de la universalidad del cristianismo, ya fuera en Occidente o en Oriente.
El padre Tomas Tyn sabía muy bien que en Oriente el cristianismo tenía que ser oriental y no occidental. Pero también sabía que, según el mandamiento de Cristo ("id por todo el mundo"), todo el mundo debía adquirir los valores humanos y cristianos que Occidente había tenido la misión de Dios de difundir por todo el mundo. En el padre Tomas no había nada más ajeno que el escepticismo y la timidez que hoy afecta a ciertos occidentales, demasiado temerosos de imponer por la fuerza los valores occidentales a las culturas extra-europeas. No era contrario al ingreso en Europa de culturas extra-europeas, pero quería asegurarse de que esto no comprometiera los valores de Europa.
El padre Tomas pudo llevar a cabo esta postura o actitud equilibrada a causa de la clara percepción que tenía de la distinción entre lo universal y lo particular, lo cambiante y lo inmutable, lo contingente y lo perenne, lo absoluto y lo relativo, y esto precisamente en virtud de su formación aristotélico-tomista alimentada por una robusta, inteligente y vivida fe católica. Supo, por tanto, conjugar armoniosamente diálogo y evangelización, acogida de lo diferente y rechazo del error, fidelidad a la tradición e impulso al progreso.
La atención que el padre Tomas prestaba a las raíces clásicas del cristianismo europeo le hizo sensible tanto a los grandes temas de la re-evangelización como a los de la inculturación, pilares de la acción apostólica y misionera de Juan Pablo II. De hecho, el padre Tyn, que supo moverse con soltura en numerosos entornos culturales europeos, como el de su tierra natal, Francia, Alemania e Italia, testimonia al mismo tiempo la capacidad de adaptar su espíritu y de captar los valores de las diversas culturas, y al mismo tiempo lo que le permitía tomar conciencia de los valores comunes arraigados en la tradición europea, valores que trascienden las diversas culturas y que para hablar a hombres concretos tienen necesidad de inculturarse en la variedad de estas culturas.
La figura y el ejemplo del padre Tyn sigue siendo, precisamente por estas razones de gran actualidad, como señal de camino para aquella verdadera afirmación de Europa en el mundo que no podrá tener sentido y eficacia sino en la recuperación de sus raíces cristianas. Desde un punto de vista empírico y fáctico, a decir verdad, el cristianismo europeo, considerando la falta de sabiduría de ciertas orientaciones del gobierno europeo, parece estar en decadencia y sabemos cuántas fuerzas que se autodenominan europeas, al mismo tiempo también esperan la extinción o, como dicen, la "superación" del cristianismo o para estos fines operan, quizás siempre en nombre de la "civilización", el "progreso", la "justicia" y la "libertad", sin embargo sin comprender ni querer comprender, como la historia también demuestra, que estos valores sin el cristianismo son falsos o son meras palabras.
En cuanto a nosotros, los católicos, sabemos en base a la palabra de Cristo mismo que el Obispo de Roma regirá la Iglesia hasta el fin del mundo, aún cuando sea destruida, por hipótesis impensables, la misma ciudad de Roma. Por esto, la Europa cristiana no es una entidad histórica caduca como lo han sido los grandes imperios del pasado, como los Egipcios, los Romanos, los Persas, o el imperio otomano o el imperio chino o japonés, sino que es una entidad que precede al reino de Dios y, por tanto, se abre a la eternidad de esa nueva humanidad de los resucitados profetizada por las Sagradas Escrituras de los Judíos y de los Cristianos.
Las mismas religiones o ideologías distintas del cristianismo, por poderosas que parezcan hoy si no también vencedoras, no tienen la seguridad de la perennidad, porque son llamadas por Cristo a confluir, liberándose de sus errores, en la única verdadera religión, la fundada por Él, la única religión guiada por el Hijo de Dios, Dios mismo que vive por los siglos.

P. Giovanni Cavalcoli,
Bologna, 2010

Notas

¹ Prochoros und Demetrios Kydones. Der byzantinische Thomismus des 14. Jahrhunderts, in Thomas von Aquin. Interpretation und Rezeption, Matthias Grünewald Verlag, Mainz 1974, pp.837-912.
² El lector interesado en esta obra recomentada por el padre Tyn, cuenta con versiones digitalizadas, de libre circulación, por ejemplo la traducida por Manuel García Morente, editada por Espasa Calpe, Madrid, 1966: Tomo I y Tomo II.

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Anexo

Habiendo seleccionado lo que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum Europa possit se affirmare in mundo sine recuperatione radicum christianarum

Ad hoc sic procediturVidetur quod Europa possit se affirmare in mundo sine recuperatione radicum christianarum.
1. Quia Europa, cum pepererit christianitatem, iam habet missionem universalem quae potest continuari etiam sine radicibus.
2. Quia diversitas culturalis Europae et eius apertio ad culturas extraeuropaeas sufficere videntur ad identitatem sustinendam sine reditu ad traditionem christianam.
3. Quia valores sicut civilizatio, progressus, iustitia et libertas possunt subsistere independenter a christianismo.
4. Quia oecumenismus et dialogus interreligiosus permittunt Europae se aperire mundo sine insistentia in radicibus christianis.

Sed contra est quod Christus praecepit: Euntes in mundum universum, praedicate Evangelium omni creaturae (Mc 16,15). Et iterum: Tu es Petrus, et super hanc petram aedificabo Ecclesiam meam, et portae inferi non praevalebunt adversus eam (Mt 16,18). Ergo missio Europae non potest separari a fide christiana quae eam constituit.

Respondeo dicendum quod Europa non potest se affirmare in mundo nisi recuperet radices christianas, quia eius universalitas procedit ex universalitate christianismi, culturae graeco-romanae et doctrinae Doctoris Communis. Europa est patria et centrum christianitatis, sub ductu Romae, sedis Successoris Petri. Sine christianismo, valores quos Europa vult diffundere fiunt falsi vel mera verba.
Exemplum Thomae Tyn ostendit quod vera universalitas consistit in coniunctione dialogi et evangelizationis, receptione diversitatis et rejectione erroris, fidelitate ad traditionem et impulsu ad progressum. Ipse distinxit inter universale et particulare, inter perenne et contingens, inter absolutum et relativum, et propterea potuit servare habitum aequilibratum erga culturas extraeuropaeas sine compromissione valorum Europae. Ostendit quod Europa, cum acceperit missionem diffundendi christianitatem, non potest eam relinquere sine amissione identitatis. Admonuit quod christianitas Europaea, licet videatur in declinatione propter quasdam orientationes politicas, non est entitas caduca sicut imperia praeterita, sed aperitur ad aeternitatem novae humanitatis resuscitatorum. Praeterea monuit quod ideologiae a christianismo distinctae, quamvis potentes videantur, non habent securitatem perpetuitatis, quia vocantur a Christo ad confluendum in unicam veram religionem ab Ipso fundatam.

Ad primum dicendum quod Europa non potest missionem universalem continuare sine radicibus, quia missio eius provenit a Christo et Ecclesia. Mandatum Christi de praedicando Evangelio omni creaturae implicat quod Europa, cum acceperit fidem, debet eam diffundere; si radices relinquit, amittit fontem missionis.
Ad secundum dicendum quod apertio ad culturas extraeuropaeas non debet compromittere valores christianos Europae, sed eos inculturare in diversitate. Christianitas in Oriente debet esse orientalis et non occidentalis, sed semper christiana; ergo inculturatio non significat renuntiationem radicis, sed adaptationem sine amissione identitatis.
Ad tertium dicendum quod valores sicut progressus, iustitia et libertas sine christianismo sunt falsi vel vacui. Illi qui sperant extinctionem christianitatis in nomine horum valorum non intelligunt quod sine fide tales valores fiunt mera verba. Historia ostendit Europam, cum a radicibus recedit, in declinationem cadere.
Ad quartum dicendum quod oecumenismus et dialogus interreligiosus non substituunt radices christianas, sed in eis fundantur ut sint authentici. Dialogus et evangelizatio, receptio et rejectio erroris, fidelitas et progressus debent simul coniungi. Ergo apertio pastoralis ad alias culturas non implicat rupturam doctrinalem, sed continuationem cum Traditione; et solum ex radice christiana Europa potest dialogare sine amissione identitatis.
   
JG

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