sábado, 7 de febrero de 2026

La interpretación del Concilio

¿El Concilio Vaticano II fue realmente influenciado por Karl Rahner o se trata de un mito que ha distorsionado su recepción? ¿Cómo explicar que tanto progresistas como lefebvrianos coincidan en atribuirle esa impronta? ¿No es urgente volver a la interpretación auténtica que el Magisterio ha ofrecido durante décadas, frente al riesgo del neomodernismo y el relativismo? En este artículo del padre Giovanni Cavalcoli se plantea con franqueza el núcleo de la cuestión: ¿seguiremos las lecturas desviadas o veremos en el Concilio un testigo supremo de la Tradición viva? [En la imagen: una fotografía durante las labores del Concilio Vaticano II, en primer plano se advierte a Karol Wojtyla y más atrás a Albino Luciani].

La interpretación del Concilio

(Artículo publicado por el padre Cavalcoli en Riscossa Cristiana, durante el año 2010. El lector puede acceder al texto original en italiano en el enlace: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/11/linterpretazione-del-concilio.html)

La cuestión más grave que agita a la Iglesia de hoy y no solo de hoy, sino desde la misma clausura del Concilio Vaticano II, es la de la interpretación de las enseñanzas del propio Concilio, ya que, como muchas veces han lamentado los Papas del postconcilio hasta el actual Pontífice ¹, a partir de los años inmediatamente posteriores del final de las labores conciliares hasta hoy, se han difundido en el Pueblo de Dios y también entre los teólogos las interpretaciones no autorizadas por el Magisterio de la Iglesia (lo que Pablo VI llamaba "magisterio paralelo"), las cuales han presentado y siguen presentando las doctrinas conciliares de modo falso, como si constituyesen un compromiso con los errores modernos y constituyesen en particular una mundanización del mensaje evangélico: aquello que repetidamente la Iglesia ha denominado "secularismo", y que el actual Papa ² prefiere denominar con el término "relativismo", y que muchos estudiosos llaman apropiada y oportunamente "neo-modernismo".
El prejuicio más grave sobre este punto, que es muy difícil de eliminar, porque está muy difundido también en los ambientes de la cultura teológica, es aquel prejuicio según el cual las doctrinas del Concilio fueron influenciadas por el pensamiento del famoso teólogo alemán Karl Rahner, quien, como es sabido, ha sido en realidad perito del Concilio y le hizo una positiva contribución, pero sería absurdo pensar que el Concilio haya sido influenciado por sus errores.
Por esta razón, desde hace aproximadamente cuarenta años ³, una línea de académicos católicos italianos y extranjeros, especialmente alemanes, ha demostrado que esto no es cierto. Yo mismo, comenzando esta serie de estudios, he publicado recientemente un libro ("Karl Rahner, il Concilio tradito”, Fede&Cultura 2009) ⁴, donde confirmo esta tesis, al término de una treintena de años de estudios personales sobre este autor. Sin embargo, Rahner, que a su vez tiene de su lado a un grupo de válidos e ilustres teólogos, sigue siendo considerado en muchos ambientes eclesiales en el sentido anterior. Sin embargo, los críticos de Karl Rahner están aumentando su prestigio, mientras que sus partidarios prefieren reducirse a silencio, en la incapacidad de responder a las críticas puntuales y bien fundadas que se les dirigen.
En particular son cada vez más evidentes, como muy bien lo demuestran los críticos, las consecuencias morales de las ideas rahnerianas, las cuales causan vacilación, desorden, dudas y ruina en diversos ámbitos del obrar moral público y privado, civil y eclesial, político y religioso, local e internacional.
Lo realmente curioso es que la tesis antes mencionada de la influencia rahneriana sobre el Concilio Vaticano II es compartida por dos corrientes católicas que se encuentran en las antípodas entre sí: por un lado la que se expresa en la conocida y prestigiosa revista de los Jesuitas "La Civiltà Cattolica", de orientación progresista, y por otro lado la que encuentra su expresión en el periódico "Si Si No No", expresión pequeña pero mordaz del variado movimiento filolefevriano ⁵.
Ahora bien, he podido constatar personalmente esta coincidencia, ya que, por un lado, el periódico filolefevriano hizo una revisión de mi libro aprobando por un lado mis críticas a Rahner, pero sosteniendo por otro lado que Rahner no es un "traidor", sino un mentor del Concilio, y al mismo tiempo mantuve una correspondencia epistolar con el padre Giampaolo Salvini, director de La Civiltà Cattolica, la cual había hecho homenaje a mi libro. En el curso de tal correspondencia, el padre Salvini me ha definido a Rahner como "icono del Concilio". Aquí tenemos la medida de cuán vasta y arraigada es la convicción de que Rahner influyó en el Concilio, ya sea para criticar a Rahner con el Concilio, como lo hacen los lefebvrianos, o para exaltar a Rahner y al Concilio, como lo hace el padre Salvini.
Sin embargo, se debe decir con absoluta franqueza que tanto en uno como en el otro caso, se interpreta mal el Concilio Vaticano II, como si estuviera en connivencia con el neomodernismo al que he mencionado anteriormente y del cual Rahner es quizás el máximo exponente actual. Aquí yace el quid de la cuestión. Es urgentemente necesario, como nos dicen los Papas desde hace más de cuarenta años ⁶, interpretar rectamente el Concilio, no a la manera de los modernistas, sino como pretende el Magisterio de la Iglesia, el cual se ha expresado de muchas maneras, sea condenando las interpretaciones incorrectas, sea dándonos preciosas indicaciones hermenéuticas contenidas en numerosos documentos, comenzando con el Catecismo de la Iglesia Católica o el nuevo Código de Derecho Canónico o el comentario sobre al Credo del Pueblo de Dios de Paulo VI o las catequesis sobre el Credo de Juan Pablo II.
Muchos se preguntan cómo se ha podido verificar un tal y tan vasto malentendido o mala interpretación del Concilio. Las razones serían muchas, pero aquí no cuento con espacio para extenderme sobre esto. Mencionaré solo algunos puntos.
1) Ante todo, el lenguaje mismo del Concilio, no es siempre claro y, por tanto, es pasible de ser instrumentalizado en sentido modernista.
2) La dificultad de encontrar en la gran mole de sus documentos los puntos doctrinales verdaderamente vinculantes. Esto ha permitido tanto a los conservadores como a los modernistas infravalorar la autoridad de las doctrinas conciliares.
3) La actitud demasiado optimista que se extendió en el episcopado del postconcilio, con la consecuente disminución de la vigilancia ("epìskopos = supervisor"!) frente a la aparición de errores y herejías.
4) La falta de los tradicionales "cánones", los cuales siempre en los Concilios precedentes han constituido un claro punto de referencia para saber inequívocamente lo que el Concilio pretendía decir, y para conocer resumidamente las doctrinas más importantes.
5) El retraso con el que ha sido hecho el Catecismo (recién en 1992!), mientras que durante muchos años se había extendido el espurio Catecismo Holandés, que falsamente se había presentado como intérprete del Concilio causando un gran daño a la Iglesia y a las almas.
Por lo tanto, a la línea pastoral del Concilio y del postconcilio es lícito, y es de hecho necesario, hacer reservas y aportar correcciones, porque sobre este plano las directivas de la Iglesia no son infalibles. En cambio, al católico no le está permitido poner en discusión y mucho menos rechazar las doctrinas dogmáticas del Concilio, porque esas doctrinas son testimonios infalibles de la Tradición, aún cuando no se traten de dogmas solemnemente o explícitamente definidos como tales, pero aún así se trata siempre de materia de fe en la cual la Iglesia no puede cometer errores y no puede cambiar.
Tales doctrinas por lo tanto, como ha dicho el Papa, deben verse como una explicitación, un progreso y un desarrollo de la Tradición en continuidad con la Tradición precedente. Y quien no entienda esto no tiene derecho a decir que el Concilio "rompe" con la Tradición, mas bien está dando una señal de que no comprende el contenido del Concilio.
A pesar de todos estos problemas, la verdadera renovación conciliar ha continuado. El secreto para comprender el verdadero sentido del Concilio y para implementarlo verdaderamente reside en las palabras muchas veces repetidas por el Papa ⁷: es necesario ver en el Concilio un testigo supremo de la Tradición, ciertamente no de una Tradición "congelada", como dice el papa Ratzinger, sino de una Tradición viva, que se ha transmitido ininterrumpida y fiel desde los tiempos de Cristo en la enseñanza oral o en la predicación de los Sucesores de los Apóstoles y que se conoce siempre mejor en el curso de la historia, para generar un continuo progreso en el conocimiento y en la práctica de la Palabra de Dios y del ideal cristiano.
   
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 2010


Notas

¹ Naturalmente, en este artículo del año 2010, el padre Cavalcoli se está refiriendo al papa Benedicto XVI. (JG)
² Siempre refiriéndose a Benedicto XVI. (JG) 
³ Por lo tanto, hoy estaríamos hablando de más de cincuenta y cinco años. (JG)
⁴ Como ya he dicho en otras ocasiones, este libro del padre Giovanni Cavalcoli, Karl Rahner. Il concilio tradito, Ediciones Fede & Cultura, Verona 2009, 368 pgs., lo he traducido completamente al idioma castellano, de manera literal y pulcra, incluyendo absolutamente todas las citas al pie y el estilo de la escritura de su autor, con sus acentos y subrayados, una tarea que he cumplido con la intención de ofrecer este libro libre y gratuitamente a todos los lectores de habla hispana en formato digital, que es precisamente la misma intención del padre Cavalcoli para con todos sus textos, y para el cual proyecto me ha dado su completa confianza y autorización. Pero lamentablemente, y a diferencia de otras editoriales italianas que no han tenido dificultades, en este caso, no he podido lograr la autorización de la casa editorial respectiva. De las Ediciones Fede & Cultura tengo traducidos todos los libros del padre Cavalcoli, pero con todos ellos el obstáculo para difundirlos es el mismo, pese a la generosidad y buena voluntad del padre Cavalcoli. (JG)
⁵ Es interesante destacar que en 2022, más de diez años después de este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli, para evitar utilizar los términos "lefebvrianos" o "filo-lefebvrianos" o incluso  tradicionalistas, comenzó a usar el término "pasadistas" y "pasadismo", considerándolo vocablos más apropiados, porque no focaliza el problema en los secuaces de mons. Lefebvre, y porque son términos más generales y abarcativos de las corrientes apegadas al pasado. Desde 2022, Cavalcoli, por tanto, identificó las dos corrientes que laceran a la Iglesia como "modernistas" y "pasadistas". (JG)
⁶ Hoy tendríamos que hablar de sesenta años. (JG)
⁷ Siempre hablando del papa Benedicto XVI. (JG)

__________

Anexo

A continuación ofrezco mi transcripción de este artículo del padre Cavalcoli sintetizado de algún modo según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino (como por ejemplo en la famosa Summa Theologiae), que brindo también en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas.
   
Articulus unicus

Utrum Concilium Vaticanum II sit interpretandum in continuatione cum Traditione et Magisterio, vel secundum lectiones modernistarum

Ad hoc sic procediturVidetur quod Concilium Vaticanum II non sit interpretandum in continuatione cum Traditione et Magisterio, sed secundum lectiones modernistarum.
1. Quia non pauci affirmant Concilium interpretandum esse secundum cogitationem Caroli Rahner, cum teneant doctrinas Concilii ab eo fuisse influenciatas, qui “icon Concilii” appellatur.
2. Praeterea, lingua Concilii non semper est clara et caret canonibus definitoriis; unde videtur inevitabile quod in clave modernistica interpretetur.
3. Item, nimis optima episcopatus postconciliaris dispositio et diffusio catechismorum spuriarum ostendunt Concilium se aperuisse ad mundanizationem Evangelii, quod quidam vocant “saecularismum” vel “relativismum.”

Sed contra est quod dixit Papa Benedictus XVI quod doctrinae Concilii spectandae sunt ut explicatio et progressus Traditionis in continuatione cum Traditione praecedenti, et quod Concilium est supremum testimonium Traditionis vivae.

Respondeo dicendum quod Concilium Vaticanum II non potest interpretari ut ruptura nec ut conniventia cum neomodernismo, sed solummodo in fidelitate Magisterio et in continuatione cum Traditione. Attributio influentiae rahnerianae super Concilium est praeiudicium divulgatum, sed falsum; nam etsi Rahner fuit peritus et multos positivos ac pretiosos apports dedit, errores eius doctrinas conciliares non signaverunt.
Praeterea, difficultates linguae, defectus canonum et tarditas in Catechismi promulgatione interpretationes deviant faciliores reddiderunt, sed veritatem doctrinarum conciliarum, quae sunt testimonia infallibilia Traditionis, non mutaverunt. Vera renovatio conciliaris consistit in hoc quod Vaticanum II videatur ut progressus organicus Traditionis vivae, a Christo per Successores Apostolorum transmissae, et non ut concessio erroribus modernis.

Ad primum dicendum quod Rahner non est magister Concilii, sed exponent neomodernismi; ideo attribuere ei influentiam super doctrinas conciliares est falsum Concilii interpretamentum.
Ad secundum dicendum quod ambiguitas linguae non iustificat lectionem modernisticam, cum Magisterium claves hermeneuticas claras dederit in documentis sicut Catechismus, Codex Iuris Canonici et catecheses pontificiae.
Ad tertium dicendum quod errores pastorales postconcilii veritatem doctrinalem Concilii non tangunt, quae manet ut fidelis progressus Traditionis et ut tutissima Ecclesiae directio. 
   
JG

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