lunes, 16 de febrero de 2026

La Iglesia de este mundo

Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli aborda uno de los malentendidos más graves del Concilio Vaticano II: la relación entre la Iglesia y el mundo. ¿No se ha exagerado la importancia de la Gaudium et Spes eclipsando la Lumen Gentium y su enseñanza sobre la dimensión sobrenatural de la Iglesia? ¿No es un error reducir la Iglesia a un simple “pueblo de Dios” democrático, diluyendo lo sagrado en lo profano? ¿Qué sentido tiene una Iglesia que se deja modelar por el mundo en vez de guiarlo hacia la salvación? ¿No es más fiel a Cristo reconocer que la Iglesia está en el mundo, pero no es del mundo, que lo ama pero lo purifica, que lo acompaña pero lo conduce más allá de sí mismo hacia la vida eterna? Este artículo invita a redescubrir la verdadera eclesiología conciliar, que une tradición y novedad, y que muestra a la Iglesia como comunión espiritual y sacramental, cuerpo místico de Cristo y luz del mundo. [En la imagen: una fotografía del papa san Paulo VI al inicio de su pontificado].

La Iglesia de este mundo

(Traducción del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado en el blog Riscossa Cristiana el 9 de Enero de 2011. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/la-chiesa-di-questo-mondo-di-padre-giovanni-cavalcoli/)

Uno de los malentendidos modernistas más graves de la doctrina del Concilio Vaticano II se refiere al concepto de Iglesia, sobre todo en sus relaciones con el mundo. Como se sabe, el Concilio nos ofrece dos grandes documentos sobre la Iglesia: uno, de carácter dogmático, la Lumen gentium y otro de carácter pastoral, la Gaudium et Spes.
La constitución dogmática Lumen gentium nos hace conocer la Iglesia de siempre en una visión nueva, enriquecida con respecto a la precedente, tanto que el gran eclesiólogo cardenal Charles Journet, amigo del papa Paulo VI y de Jacques Maritain, el cual poco antes del Concilio publicó un monumental tratado sobre la Iglesia en dos grandes volúmenes, obra ya de por sí valiosísima, -"L'Eglise du Verbe Incarné"- sintió la necesidad, como persona humilde y fiel a la Iglesia tal como él era, de añadir, aun siendo ya anciano, un tercer tomo a su obra, para retomar e ilustrar los aportes doctrinales del Concilio Vaticano II.
En cambio, el segundo documento, la constitución pastoral Gaudium et Spes, como todos saben, ofrece una riquísima doctrina pastoral sobre cómo hoy la Iglesia, en sus diversos aspectos y componentes, debe relacionarse con el mundo contemporáneo, para contribuir al crecimiento de la civilización, para la promoción de la persona humana y del bien común, de la justicia y de la paz, y sobre todo para anunciar convenientemente el Evangelio, tarea, esta, que constituye la esencia propia e insustituible de su misión.
La Gaudium et Spes es el documento más famoso del Vaticano II, el que mayormente ha atraído la atención y el interés no solo del mundo católico, sino también de otras religiones y de todo el mundo cultural y político internacional, también de no creyentes e incluso de ateos.
Se ha convertido de tal modo casi en el símbolo del Concilio en su aspecto innovador de diálogo con la modernidad, tanto es así que desde diversas partes, al interior y al exterior de la Iglesia, también se ha exagerado su importancia, eclipsando o poniendo injustamente en la sombra otros documentos comenzando por la propia Lumen Gentium, vista por los modernistas con una cierta antipatía, por su repetición y confirmación de enseñanzas tradicionales, como por ejemplo el aspecto sobrenatural de la Iglesia, la referencia a la Iglesia celestial ("aspecto escatológico"), la jerarquía, el primado pontificio, la devoción mariana, aunque este documento tampoco está privado de novedades doctrinales, como un concepto más avanzado de "tradición", de "revelación" y de la Iglesia misma.
Con el pretexto de la "pastoralidad" del Concilio y de la más exacta correspondencia de la Gaudium et Spes a los deseos que Juan XXIII había formulado en la apertura del Concilio acerca de cuáles debían ser sus objetivos, ya en los años inmediatamente siguientes al Concilio surgió en los ambientes modernistas una nueva eclesiología, cercana a la concepción protestante, una Iglesia en ruptura con la eclesiología del pasado, una Iglesia como puro y simple "pueblo de Dios", fundada sobre un equívoco democratismo ("Iglesia desde abajo"), donde la jerarquía deviene un simple elemento coreográfico, la Iglesia ultraterrena se desvanece en la mitología, mientras que la relación con el mundo se invierte con respecto a su enfoque tradicional: no ya la Iglesia "luz del mundo", sino el mundo como forma y modelo de la Iglesia, tanto que algún eclesiólogo ha llegado a afirmar la pura y simple identidad de Iglesia y mundo, en conjunción con la absorción de lo sagrado en lo profano, algo que fue notoriamente notado por los sociólogos de la religión, por ejemplo Gian Franco Morra, desde los años sesenta del siglo pasado.
Permanece hoy indudablemente la Iglesia, permanecen la jerarquía y el pueblo de Dios, permanecen las organizaciones esenciales, comunitarias e institucionales -y no podría ser de otra manera-, permanecen la Santa Sede, las diócesis, las parroquias, las instituciones religiosas, las asociaciones, los movimientos, y las enormes y múltiples actividades de individuos, de grupos y de comunidades: los viajes pontificios, las peregrinaciones, las actividades ecuménicas, las prácticas sacramentales y litúrgicas, los católicos en la política, los congresos, las comunicaciones mediáticas, publicaciones, institutos académicos y escolásticos, catequesis y misiones, arte sacro, nuevos edificios de culto, producción teológica, cursos de ejercicios espirituales, obras de caridad, cultura católica, pero todo este conjunto a menudo está en varios modos y medidas obstaculizado, contaminado o debilitado por aquella visión eclesiológica sustancialmente secularista, politizante, carrerista, laxista, mundana, modernista, filo-protestante y encima empresarial. Un gran trabajo, sin duda, pero ¿realizado con qué ánimo? ¿para qué propósito? ¿para cuáles fines? ¿Sobre la base de qué concepción de la Iglesia?
Se trata, como he dicho, de un grave mal entendimiento de la eclesiología conciliar, la cual, si bien indudablemente nos presenta la relación de la Iglesia con el mundo moderno en una perspectiva positiva, no esconde sin embargo los aspectos de oposición y si habla de la ayuda que la Iglesia puede recibir del mundo, no ignora para nada la más importante responsabilidad que la Iglesia ha recibido de Cristo de guiar al mundo a la salvación, y si ve en la Iglesia las primicias del Reino de Dios ya en esta tierra, no cierra el Reino en los límites de este mundo y no descuida en absoluto hablar -de hecho ofrece una rica enseñanza sobre la doctrina tradicional- de la tensión de la Iglesia en la tierra hacia la del cielo, ilustrando aquello que el Concilio llama la "índole escatológica de la Iglesia".
Varias veces el Papa ¹, como gran eclesiólogo que él es, se ha referido a este tema de la verdadera interpretación de la eclesiología conciliar, advirtiendo que ella resulta no sólo de una correcta conexión entre Lumen Gentium y Gaudium et Spes, sino también de la conexión con la eclesiología enseñada por el Magisterio precedente, en particular la visión interior, sobrenatural y mística de la Iglesia como "Cuerpo Místico" y "Esposa" de Cristo, templo de la Santísima Trinidad, alimentada por la gracia santificante, contempladora del Misterio, ciertamente comunidad humana con su propia energías y dinámicas y no privada, aquí abajo, de las miserias del hombre pecador, pero sobre todo comunión espiritual y sacramental, cuya actividad no termina en absoluto en la planificación y en los recursos del ingenio humano, sino que alcanza su vértice en la liturgia, "fons et culmen totius vitae christianae", en la caridad recíproca, en la respuesta de los fieles a los impulsos del Espíritu y a las exigencias de la Palabra de Dios.
La interpretación modernista, falsamente conciliar, de la Iglesia, nos propone una Iglesia que, además de estar en el mundo, es también del mundo. A la inversa, la verdadera Iglesia, aquella Iglesia de siempre que permanece intacta en el Concilio y de hecho resplandece con nueva juventud, nuevas fuerzas y nuevas esperanzas, está ciertamente -es justamente la indicación de Cristo- en el mundo, pero no es del mundo; trabaja en el mundo, pero para liberarlo de Satanás; ama al mundo, pero odia el pecado; es sí para el mundo, pero porque es sobre todo para Dios; está sí con el mundo, pero porque quiere curarlo y liberarlo de sus males; está con el mundo, pero ama más la soledad con Dios; da alegría al mundo, pero para ayudarlo a llevar la cruz; disfruta del mundo, pero como creación de Dios; asume ciertamente en sí misma cuanto de bueno existe en el mundo, pero para llevarlo más allá de sí mismo, purificado del mal, a la tierra de los resucitados y en la plenitud de la vida eterna.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 9 de enero de 2011

Notas

¹ En este artículo publicado en 2011, el padre Cavalcoli se está refiriendo evidentemente al papa Benedicto XVI [2005-2013].

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Anexo

Habiendo seleccionado lo que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum Ecclesia sit de mundo vel potius sit in mundo sine esse de mundo

Ad hoc sic procediturVidetur quod Ecclesia sit de mundo.
1. Quia constitutio pastoralis Gaudium et Spes habita est tamquam symbolum Concilii in aspectu innovativo dialogi cum modernitate, et multi viderunt in ea Ecclesiam quae se cum mundo identificat.
2. Quia quidam ecclesiologi affirmaverunt puram et simplicem identitatem Ecclesiae et mundi, cum absorptionem sacri in profanum.
3. Quia Ecclesia hodierna, cum multiplicibus suis activitatibus, videtur signata visione saecularistica, politicizante, mundana et mercatoria.
4. Quia pastoralitas Concilii, interpretata in clave modernistica, dedit originem novae ecclesiologiae proximae conceptioni protestanticae, ubi hierarchia ad elementum decorativum redigitur et Ecclesia ultraterrena evanescit.

Sed contra est quod Dominus dixit: Vos estis lux mundi (Mt 5,14). Et iterum: Si de mundo fuissetis, mundus quod suum est diligeret; quia autem de mundo non estis, sed ego elegi vos de mundo, propterea odit vos mundus (Io 15,19). Item: Ego dedi eis sermonem tuum, et mundus odio eos habuit, quia non sunt de mundo, sicut et ego non sum de mundo (Io 17,14). Et iterum: De mundo non sunt, sicut et ego non sum de mundo (Io 17,16). Et alibi: Regnum meum non est de hoc mundo (Io 18,36). Ex quibus omnibus manifeste ostenditur quod Ecclesia, quamvis sit in mundo, non est de mundo, sed constituta est a Christo ut lumen mundi et ut ducat mundum ad salutem aeternam.

Respondeo dicendum quod vera Ecclesia, quae manet integra in Concilio et resplendet nova iuventute, est quidem in mundo, sed non est de mundo. Operatur in mundo, sed ut eum liberet a Satana; amat mundum, sed peccatum odit; est pro mundo, sed maxime pro Deo; comitatur mundum, sed ducit eum ultra se ipsum ad plenitudinem vitae aeternae.
Constitutio dogmatica Lumen Gentium confirmat visionem traditionalem Ecclesiae ut corpus mysticum Christi, sponsa Domini, templum Trinitatis, gratia sanctificante nutrita et ad Ecclesiam caelestem directa. Gaudium et Spes, in sensu authentico, offert doctrinam pastoralem de relatione Ecclesiae cum mundo, sed sine negatione indolis eschatologicae Ecclesiae nec missionis essentialis ducendi mundum ad salutem.
Interpretatio modernistica, quae Ecclesiam reducit ad populum democraticum vel eam confundit cum mundo, est grave malintellectum ecclesiologiae concilii. Vera interpretatio requirit coniunctionem inter Lumen Gentium et Gaudium et Spes, atque continuationem cum Magisterio praecedenti.

Ad primum dicendum quod Gaudium et Spes non obscurat Lumen Gentium, sed intelligenda est in coniunctione cum ea, servando visionem supernaturalem Ecclesiae.
Ad secundum dicendum quod identitas Ecclesiae et mundi est falsa, quia Ecclesia est communio spiritualis et sacramentalis, distincta a mundo quamvis in eo praesens.
Ad tertium dicendum quod multiplicia opera Ecclesiae agenda sunt sub conceptione authentica Ecclesiae ut corporis mystici Christi, non sub visione saecularistica.
Ad quartum dicendum quod pastoralitas Concilii non implicat rupturam cum traditione, sed legitimum progressionem eius, semper sub ductu Magisterii. Eventualis autem et necessaria ruptura cum praeterito fieri potest in ambitu pastorali, sicut in relatione Ecclesiae cum mundo, sed non in ambitu doctrinali, ubi nulla est ruptura, sed continua et immutabilis connexio cum Traditione. 
   
JG

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