lunes, 23 de febrero de 2026

Carta abierta a "Si si, no no"

¿Puede la Iglesia equivocarse en doctrina, o más bien debemos reconocer que el Magisterio es infalible incluso cuando no define nuevos dogmas, como lo enseña la misma Iglesia? ¿No sería absurdo concluir que Cristo ha engañado a su Iglesia al prometerle asistencia hasta el fin de los siglos? Esta carta abierta del padre Giovanni Cavalcoli a los responsables de la revista "Si si no no", filolefebvriana, recuerda que el Concilio Vaticano II no puede ser acusado de herejía, aunque sí es legítimo criticar eventualmente su estilo pastoral, su lenguaje impreciso o su actitud demasiado optimista frente al mundo moderno. ¿No es acaso el modernismo una herejía que debe ser refutada, pero sin confundirlo con el Concilio mismo? Modernos, sí; modernistas, no: he aquí la clave que se nos propone para comprender el Concilio y vivirlo en fidelidad a la verdad. [En la imagen: fragmento de "El encargo de Cristo a Pedro", pintura al temple, 1515, obra de Raffaello Sanzio, conservada en el Victoria and Albert Museum de Londres].

Carta abierta a "Si si, no no"

(Artículo publicado por el padre Giovanni Cavalcoli en Riscossa Cristiana el 29 de diciembre de 2011. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/xxxxx/)

Queridos amigos ¹
He leído el artículo "Punti fermi" del pasado 31 de octubre. La firma "Dominicus" en un tratamiento tan sensible al tema de la verdad en teología y en nuestra santísima fe católica, con citas de autores tomistas, como es vuestra costumbre, me ha hecho pensar de inmediato en mi misión de Hijo de Santo Domingo, que vosotros ya conocéis y que habéis citado en otras ocasiones en vuestro periódico, por lo cual aprovecho la ocasión para agradecerles nuevamente, como dominicano docente emérito de teología en Bologna, que les ha estado siguiendo durante muchos años, desde que trabajó en los años 1980s en la Secretaría de Estado, donde también llegaba vuestro interesante Boletín.
Desde hace algún tiempo se viene produciendo entre nosotros una franca discusión sobre temas importantísimos de la actualidad eclesial, en particular cómo interpretar y qué valor dar a algunas enseñanzas doctrinales del Concilio Vaticano II, las cuales presentan una novedad con respecto a la Tradición y al precedente Magisterio de la Iglesia, novedad que hace pensar en una "ruptura" o en una "contradicción", como para decir que el Concilio se haya equivocado o enseñe lo falso, en referencia a la verdad inmutable e irreformable de la doctrina precedente, la cual o es de fe definida (dogma) o, en cualquier caso, aunque no sea definida como de fe, es en todo caso materia de fe. La primera, como saben bien ustedes que conocen la hermenéutica tradicional, es de fide credenda o de fe divino-teologal, la segunda es de fide tenenda o de fe eclesiástica.
Sé bien que ustedes insisten con muchos argumentos tomados de la Tradición, de la Escritura, del Magisterio precedente y de los teólogos, en particular de santo Tomás de Aquino, y más recientemente citando las obras de monseñor Gherardini, eminente y doctísimo teólogo de quien me siento honrado de ser amigo, insisten, decía, en el sostener la tesis de la "ruptura" o de la "contradicción", es decir, me parece entender, aunque advierto en ustedes cierto pudor o tendencia a no querer decirlo, que según ustedes el Concilio contiene herejías y, por lo tanto con ello, que los Papas y que la misma Iglesia docente han abandonado el sendero de la verdad de fe definida precedentemente, que nos están guiando por senderos engañosos, que han traicionado la Tradición engañándonos con vacías y no probadas declaraciones de "continuidad", aduciendo el pretexto del "progreso" o "desarrollo" doctrinal que da placer a los modernistas, y esto se puede entender porque el propio Concilio ha sucumbido al modernismo ².
Al mismo tiempo, sin embargo, ustedes se consideran y quieren ser católicos romanos, reconociendo la autoridad del Papa como Sucesor de Pedro y Vicario de Cristo, intérprete en última instancia infalible de la doctrina de Cristo, Maestro a quien se debe obediencia en materia de fe; reconocen la autoridad de los Concilios ecuménicos, así como la divinidad de la Iglesia "columna y fundamento de la verdad" y luz de los pueblos.
Ahora bien, yo me pregunto cómo ponen juntas estas dos convicciones: "el Concilio está equivocado pero nosotros creemos en la indefectibilidad de la Iglesia y queremos ser católicos", de hecho es en nombre de que somos católicos fieles a la Tradición y al Evangelio que nosotros decimos que el Concilio está equivocado en materia de dogma y de doctrina de la fe.
Ustedes sostienen que con la excusa de una malentendida "pastoralidad" el Concilio y los Papas subsiguientes en realidad han manipulado la doctrina, se han desviado de la verdad, han cambiado lo que no se debía cambiar, quieren propinarnos novedades doctrinales que niegan lo que la Iglesia siempre, en todas partes y universalmente, ha enseñado en materia de fe.
El Concilio Vaticano II, dicen ustedes, nos propone un falso concepto de Iglesia, que ya no es el verdadero precedentemente enseñado. Ya no es la "Iglesia de siempre". Ha falsificado el concepto de Revelación. La Misa que nos propone es una Misa medio protestante, ya no es la "Misa de siempre". El Concilio nos propone una colegialidad conciliarista, un ecumenismo que sabe a indiferentismo, una "libertad religiosa" que sabe a relativismo. El Concilio Vaticano II está contaminado por los errores del Iluminismo, de la Revolución Francesa, del antropocentrismo, del naturalismo, del liberalismo, del panteísmo, del protestantismo, en suma, por todos los errores de la modernidad. Pero todas estas doctrinas son o bien falsas o bien heréticas. Por consiguiente, el Magisterio conciliar nos enseña herejías. ¿Entonces, la Iglesia ya no es lumen gentium y ya no es columna y sostén de la verdad?
Pero -dicen ustedes- nosotros creemos en la indefectibilidad de la Iglesia en cuanto sujeto docente, pero no en relación con el objeto enseñado, o sea, la doctrina. Pero el caso es que ésta es la misma distinción del hereje Küng, con la diferencia de que mientras que para él, historicista como es, el Magisterio es falible porque no existe una verdad inmutable, para ustedes que creen en una verdad inmutable, el Magisterio es falible porque puede alejarse de esta verdad.
La observación que debo hacer es que no tiene sentido esta distinción entre sujeto y objeto cuando se trata de enseñar verdades de fe o conexas con la fe o que retoman o explican o desarrollan verdades precedentemente definidas o enseñadas por la Escritura o por la Tradición. Aquí el objeto, o sea la enseñanza doctrinal, es regla del sujeto: el sujeto es indefectible porque enseña infaliblemente la verdad. En el objeto la Iglesia no puede equivocarse, de lo contrario deberíamos decir que Cristo la ha engañado cuando le ha prometido asistirla hasta el fin de los siglos y conducirla a la plenitud de la verdad.
Ustedes insisten en el hecho de que el Concilio no ha querido definir nuevos dogmas para negar la infalibilidad de sus doctrinas, es decir, como lo dejan entender pero no tienen el coraje de decirlo abiertamente, para concluir que las doctrinas del Concilio son falsas, erradas, heréticas. Esta falta de coraje, "coraje" que en realidad sería un escándalo digno de protestantes, o modernistas, es lo que de alguna manera les salva. Pero eso no impide dejar de entrever vuestra falsa convicción. ¿No se dan cuenta en efecto de que algo va mal en vuestro razonamiento? ¿El Magisterio de la Iglesia en materia de fe es infalible o es falible? Tienen ustedes que elegir.
Es aquí que se puede ver si son verdaderamente católicos o bien cripto-protestantes o, no obstante vuestra intención en contrario, si son en realidad cripto-modernistas. Pero al menos los modernistas son coherentes: ellos por principio tienen una gnoseología relativista y evolucionista. Pero, ¿cómo hacen ustedes, tomistas que se declaran a favor de la existencia de una verdad inmutable y cierta y que, en suma, ven a la Iglesia como maestra de la verdad, cómo hacen entonces para terminar con los protestantes y los modernistas al decir que la Iglesia en materia de doctrina de la fe, puede estar equivocada?
El Magisterio no es infalible solo cuando proclama o define un dogma, sino también cuando simplemente enseña una verdad de fe o próxima a la fe sin declarar querer definir. Basta que se trate de materia de fe, como es el caso de las nuevas doctrinas conciliares. Es ésta la enseñanza que resulta de la Instrucción Ad tuendam fidem ³, que ustedes ciertamente conocen. Por lo demás, cuando ustedes niegan la infalibilidad, ciertamente con eso no identifican sic et simpliciter lo falible con lo actualmente falso. Sin embargo, no excluyen el poder equivocarse, no niegan que en el futuro lo que hoy es enseñado devenga falso o se muestre falso.
Ahora bien, esto contrasta con la misión divina de enseñanza del Evangelio confiada por Cristo a la Iglesia. Por lo tanto, negar la infalibilidad del Magisterio es contra la fe y, por tanto, es herejía. En el momento en el cual ustedes acusan, quizás veladamente, al Concilio de haber caído en la herejía, no se dan cuenta de que haber caído ustedes mismos en ella.
Si bien la Iglesia no puede más que ser infalible en doctrina (definida o no definida), por el contrario puede equivocarse en la pastoral. Y sobre este punto es lícito criticar al Concilio Vaticano II. Por ejemplo, el Concilio tiene una actitud demasiado optimista frente al mundo moderno, y su actitud es demasiado vaga e indulgente en el condenar y refutar los errores. Su lenguaje carece de forma jurídica, es a veces impreciso y equívoco y se presta a interpretaciones modernistas. Pero el modernismo es una herejía y, por lo tanto, no tiene sentido acusar al Concilio de herejía. Es necesario interpretarlo en línea con la Tradición.
Estos errores o imprudencias del Concilio, entonces, en lugar de haber sido corregidos en el postconcilio, han sido ulteriormente agravados, hasta llegar a la situación actual en la cual circulan libremente herejías de todo tipo sin que nadie intervenga. De hecho, he escrito un libro para abordar este grave problema pastoral, que me permito señalarles: La questione dell’eresia oggi, Edizioni VivereIn, Monopoli (BA), 2008 ⁴.
Ustedes dicen que hoy la situación es desastrosa, el modernismo está imperante, se propaga la herejía, los ortodoxos son marginados, los pastores no intervienen o incluso se extravían y por lo tanto causan escándalo. Todo esto es verdadero, pero ¿qué están haciendo ustedes para remediar esta situación? Ciertamente, la fe en la indefectibilidad de la Iglesia está bien, pero la Iglesia es infalible ante todo en el enseñar la verdad.
La confianza en María Santísima está muy bien, pero María, Madre de la Verdad y del Fundador de la Iglesia, desea de ustedes que acojan dócilmente y confiadamente no sólo el Magisterio preconciliar sino también el postconciliar, esforzándose por ver la continuidad y viendo en el Magisterio postconciliar un mejor conocimiento de la Palabra de Dios.
Para remediar esta situación, el camino es precisamente la recta interpretación y la aplicación del Concilio Vaticano II, como vienen diciendo los Pontífices desde hace cincuenta años. El problema es que a Roma le es muy difícil intervenir para corregir las desviaciones porque no tiene el apoyo del episcopado.
El modernismo está, efectivamente, muy difundido y encuentra su máximo exponente en Karl Rahner ⁵. Pero el modernismo puede ser derrotado no con el retornar al pasado, sino con una sana referencia a la Tradición y precisamente aplicando el Concilio Vaticano II, que nos enseña una sana modernidad. En efecto, somos cristianos del siglo XXI y no del siglo XIX o del XVI o de la Edad Media.
En todo caso, pidamos al Santo Padre que nos explique, nos aclare o nos interprete en modo definitivo, inequívoco y preciso los puntos controvertidos, donde los modernistas hacen buen juego, pero hagámoslo con confianza, no partiendo de la falsa convicción de que en realidad la continuidad no existe.
Es cierto que la continuidad debe ser demostrada, pero es absolutamente indemostrable que la continuidad no existe. Si nos parece que no existe la continuidad, no es porque ella objetivamente no exista, sino porque somos nosotros, subjetivamente, los que no entendemos. De lo contrario, lo repito una vez más, deberíamos concluir que Cristo nos ha engañado. ¿Queremos llegar a esta conclusión? ¿Queremos nosotros corregir a la Iglesia que se ha alejado de la verdad? ¿Pero entonces, quién es infalible? ¿La Iglesia o lo somos nosotros?
Un fraterno saludo.

Giovanni Cavalcoli
Bologna, 25 de diciembre de 2011

Notas

¹ Para los lectores no informados, reporto que debemos tener en cuenta que la revista “Si, si, no, no” no nació como órgano oficial de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), ni dependió institucionalmente de ella. Su origen es italiano y su línea editorial es más amplia: se inscribe en el tradicionalismo católico antimodernista, con fuerte crítica al Concilio Vaticano II y a las reformas posteriores. No es estrictamente lefebvriana: no fue fundada por Mons. Lefebvre ni bajo la estructura de la FSSPX. Pero sí que es filolefebvriana: sus contenidos, tono y difusión han sido muy afines a la postura de la FSSPX. De hecho, la FSSPX la tradujo y distribuyó en inglés y español, lo que la convirtió en una referencia doctrinal dentro de sus círculos. Vale decir, se trata de una independencia relativa: aunque cercana en espíritu, la revista ha mantenido cierta autonomía editorial, con colaboraciones de autores italianos y europeos que no siempre estaban directamente ligados a la FSSPX. Pero en ambientes pasadistas se la considera una publicación “hermana” de la FSSPX, pero más como un aliado doctrinal que como un órgano oficial. Por eso, lo más preciso es decir que es filolefebvriana: comparte la misma crítica y combate doctrinal, pero no depende formalmente de la FSSPX. Por otra parte, sus ideas son afines, por lo cual, esta crítica que hace a la revista “Si, si, no, no” el padre Cavalcoli es también aplicable a la FSSPX. (JG)
² Como saben yo, con el Papa, soy sostenedor de la continuidad y creo poderla demostrar en mi reciente libro Progresso nella continuità. La questione del Concilio Vaticano II e del postconcilio, Edizioni Fede&Cultura, Verona 2011.
⁴ Pronto tendré lista la traducción completa de este libro del padre Cavalcoli publicado en la Editorial VivereIn, y quedará en este mismo sitio para descarga libre y gratuita, digitalizado en formato pdf.
⁵ Me permito señalar mi crítica a Rahner contenida en el libro Karl Rahner. Il Concilio traditio, Edizioni Fede&Cultura, Verona 2009.

_________________________

Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum Concilium Vaticanum II sit accusandum de errore doctrinali
vel haeresi, aut potius sit interpretandum in continuatione cum Traditione

Ad hoc sic procediturVidetur quod Concilium Vaticanum II sit accusandum de errore doctrinali vel haeresi.
1. Quia eius doctrinae novitates exhibent respectu Traditionis et praecedentis Magisterii, quod videtur indicare rupturam vel contradictionem cum veritate immutabili fidei.
2. Praeterea, Concilium introduxisse videtur doctrinas erroribus modernitatis contaminatas, ut liberalismo, protestantismo vel relativismo, unde apparet Magisterium conciliare haereses docere.
3. Item dicitur Magisterium indefectibile esse ut subiectum, sed fallibile in obiecto tradito, ita ut a veritate recedere possit, quod permitteret Concilium accusari de errore doctrinali.

Sed contra, Magisterium Ecclesiae in rebus fidei est infallibile, sicut docet Concilium Vaticanum I et Instructio Ad tuendam fidem, etiam cum novos dogmata non definit, id est in magisterio ordinario, quia sufficit ut de veritatibus fidei vel cum fide connexis agatur. Christus promisit Ecclesiam suam usque ad consummationem saeculi assistendam et ad plenitudinem veritatis perducendam. Negare infallibilitatem Magisterii est contra fidem et haeresis est.

Respondeo dicendum quod Concilium Vaticanum II accusari non potest de haeresi, quia Magisterium est infallibile in doctrina, sive definita sive non definita. Ecclesia potest errare in pastorali, non autem in doctrinali. Licet igitur critici esse circa stilum Concilii, sermonem eius imprecisum vel nimis optimistam erga mundum modernum, non tamen licet veritatem doctrinarum eius negare. Modernismus haeresis est, sed non sensum habet Concilium de modernismo accusare. Necessarium est ipsum interpretari secundum Traditionem, ut legitimum progressum et ut meliorem cognitionem Verbi Dei.
Errorum postconciliarium origo est ex interpretationibus modernisticis non satis ab auctoritate ecclesiastica refutatis, non ex ipso Concilio. Continuatio demonstranda est, sed impossibile est demonstrare eam non existere. Si videtur non existere, hoc est quia nos non intellegimus, non quia obiective desit. Alioquin concludere deberemus Christum Ecclesiam suam decepisse, quod absurdum est. Via ad remedium huius status est recta interpretatio et applicatio Concilii Vaticani II, sicut Pontifices docuerunt, et a Papa petere ut puncta controversa definitive clarificet.

Ad primum dicendum quod novitates Concilii non sunt ruptura, sed progressus Traditionis, et in continuatione interpretandae sunt.
Ad secundum dicendum quod doctrinae conciliares non sunt haereticae, sed veritates fidei sermone pastorali traditae, qui claritatem requirit.
Ad tertium dicendum quod non habet sensum distinguere inter subiectum indefectibile et obiectum fallibile in rebus fidei, quia Magisterium est infallibile in tradendo veritatem revelatam; hoc negare est in haeresim cadere.
   
JG

2 comentarios:

  1. Disculpe, pero la revista Sí si, no no nunca ha sido ni es lefebvriana.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado Anónimo,
      tiene usted razón en señalar que la revista “Sí, sí, no, no” nunca fue órgano oficial de la Fraternidad San Pío X ni dependió institucionalmente de ella. Precisamente por eso aclaré que no es estrictamente lefebvriana, sino filolefebvriana: independiente en su origen y estructura, pero muy cercana en espíritu y en contenidos, hasta el punto de que la FSSPX la tradujo y difundió en varios idiomas. Esa afinidad doctrinal y combativa es lo que la convierte en una referencia dentro del pasadismo o indietrismo (pseudo tradicionalismo) ligado a la FSSPX, aunque con autonomía editorial.
      Usted debe tener en cuenta que lefebvrianos y filolefebvrianos comulgan, siempre en diverso grado y medida, con una serie de errores doctrinales, sospechosos de herejía. La diferencia entre ambas corrientes, es que los lefebvrianos son cismáticos desde hace casi cuarenta años, mientras que los filolefebvrianos son católicos, al menos en sus hábitos, pero concuerdan en todo o en parte con las ideas de los cismáticos.

      Eliminar

Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.