Hoy la Iglesia celebra al Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, Doctor Communis Ecclesiae, cuya sabiduría iluminó y sigue iluminando la fe y la razón. Recordamos su legado como maestro incansable de la verdad, guía seguro en la búsqueda de Dios y defensor de la armonía entre filosofía y teología. He aquí una breve nota del padre Giovanni Cavalcoli, publicada años atrás. [En la imagen: fragmento de "Santo Tomás presenta a la Iglesia sus obras", óleo sobre lienzo, 1885, obra de Ludwig Seitz].
¿Por qué aún debemos hablar de santo Tomás de Aquino? ¹
Los amantes de la verdad se dan cuenta del hecho de que la verdad, aun siendo subjetivamente una, en cuanto adecuación del pensamiento al ser, tiene una doble fuente objetiva: la verdad de la razón, que descubrimos partiendo de la experiencia y las evidencias incontrovertibles del sentido común. Y procediendo con el razonamiento, ella nos conduce a las conclusiones y certezas de la ciencia, de la historia, de la moral, de la filosofía, de la metafísica y de la teología natural; y la verdad de fe, que nos es comunicada por la revelación de Jesucristo, contenida en la Escritura y en la Tradición y transmitida por el Magisterio de la Iglesia.
El Magisterio de la Iglesia nos enseña ante todo las verdades de fe, que ella formula en los artículos de fe y en los dogmas. Pero, dado que estas verdades reveladas por Dios presuponen la verdad natural conseguida por nuestra razón, en particular por la filosofía, la Iglesia oportunamente también se ocupa de indicar aquellos maestros o aquellos teólogos, que mejor que otros, ayudan a que nuestra razón se acerque válida y fructuosamente a la verdad revelada.
De ahí y bajo esta luz las numerosas intervenciones de la Iglesia a lo largo de los siglos, encaminadas a indicar también doctrinas humanas a seguir y otras a evitar, para lograr una auténtica y mejor comprensión de la Palabra de Dios. De ahí las numerosísimas intervenciones pontificias desde la muerte del Doctor Angélico en el siglo XIII, hasta hoy, a favor de la doctrina de santo Tomás de Aquino, con particular insistencia y abundancia de indicaciones, sobre todo a partir del pontificado de León XIII en el siglo XIX, hasta la encíclica Fides et Ratio de san Juan Pablo II.
En este contexto, el Concilio Vaticano II, sin embargo, por primera vez en toda la historia de los Concilios, recomienda un teólogo como guía en la educación católica, en la investigación teológica en la formación sacerdotal: santo Tomás de Aquino.
El Aquinate es recomendado "para ilustrar los misterios de la salvación, cuanto más puedan, y comprenderlos más profundamente y observar sus mutuas relaciones por medio de la especulación" ². Y por lo demás, el Concilio decreta que, "considerando con toda atención los problemas y los hallazgos de los últimos tiempos se vea con más exactitud cómo la fe y la razón van armónicamente encaminadas a la verdad, que es una, siguiendo las enseñanzas de los doctores de la Iglesia, sobre todo de Santo Tomás de Aquino" ³.
La tarea de los tomistas de hoy, como se desprende de las indicaciones conciliares -y aquí encontramos un gran ejemplo en Jacques Maritain, recomendado también por el Beato Pablo VI ⁴ y por San Juan Pablo II- es el de enriquecer la doctrina del Doctor Común de la Iglesia por medio de una sabia y vasta obra de discernimiento, que sepa, a la luz de la fe, del Magisterio de la Iglesia y de los principios de santo Tomás, acoger los valores del pensamiento y las culturas modernas, refutando los errores, de modo de ofrecer al pueblo de Dios un reforzamiento y avance en la fe y en las virtudes humanas y cristianas, y el estímulo para una nueva evangelización.
P. Giovanni Cavalcoli
4 de junio de 2015
Notas
¹ Esta breve nota fue publicada por el padre Giovanni Cavalcoli, en el blog Il naufrago, el 4 de Junio de 2015. Al menos por lo que es de nuestro conocimiento, el blog ya ha desaparecido de la web.
² Decreto Optatam totius, n.16.
³ Decreto Gravissimum educationis, n.10.
⁴ Tres años después de que el padre Cavalcoli escribiera esta nota, el 14 de octubre de 2018, el Beato papa Pablo VI fue canonizado por el papa Francisco

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