¿No es sorprendente que Rosmini, partiendo de una iluminación juvenil sobre el ser, haya elaborado toda una filosofía que oscila entre el innatismo agustiniano y el realismo tomista? ¿Qué significa que su “ser ideal” sea luz innata de la razón y, al mismo tiempo, riesgo de confusión con el Ipsum Esse subsistens? ¿No es decisivo advertir que, mientras Kant reduce el conocimiento al fenómeno, Rosmini afirma que la mente puede captar las cosas como son, gracias a la luz del ser? ¿Qué consecuencias trae su insistencia en la univocidad del ser frente a la analogía tomista, que distingue con precisión entre el ser de Dios y el ser de la criatura? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli invita a releer a Rosmini en toda su complejidad: realista y místico, admirador de santo Tomás pero inclinado hacia Agustín y Buenaventura, condenadas en parte sus tesis por el Santo Oficio y, sin embargo, beatificado como pensador fiel y audaz, testimonio de cómo la Iglesia acoge incluso las limitaciones humanas en el camino de la verdad. [En la imagen: fragmento de "Retrato de Antonio Rosmini", pintura de Francesco Hayez, siglo XIX, conservado en la Pinacoteca di Brera, Milán, Italia].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
martes, 16 de junio de 2026
Comprender a Rosmini
Comprender a Rosmini
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana el 12 de noviembre de 2012. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/capire-rosmini-di-p-giovanni-cavalcoli-op/)
El beato Antonio Rosmini, joven piadoso y con inclinaciones a la mística, narra cómo a la edad de 18 años recibió imprevistamente una iluminación acerca del valor del ser, que luego estuvo en la base de su vocación y de su producción filosófica durante el resto de su vida, fue como la estrella de su especulación.
Tuvo, dice él, la revelación del "ser ideal", una luz fulgidísima e indeleble, que consideró un precioso don divino, que subsecuentemente, al elaborar su gnoseología y su metafísica, él se convenció de no ser un privilegio de algunos, sino un don que Dios le da a toda mente humana "constituyéndola inteligente", aunque no todos se den cuenta de esta luz interior que guía al hombre en el conocimiento de la realidad y de la verdad, hasta llegar al conocimiento de Dios, siendo al mismo tiempo supremamente Ideal y Real, identidad del Pensamiento y del Ser.
En tal modo, el cardenal Tarcisio Bertone, en ocasión de la beatificación de Rosmini, declaró que "él se mueve desde la Idea del Ser y de ella deriva todo ulterior conocimiento humano; y precisamente a partir de tal idea funda la objetividad del conocimiento y de la ética, estableciendo un nuevo punto de partida para la metafísica y la teología" ¹.
Sí, ciertamente, Rosmini "se mueve desde la Idea del Ser", pero es necesario que nos entendamos: no lo hace a la manera de los idealistas alemanes que tienen la pretensión de partir del conocimiento directo y original del "Absoluto", casi como si tuvieran la ciencia divina como punto de partida, sino que "parte de Dios" en el sentido de que reconoce a Dios como Autor y Creador del intelecto y de la misma idea del ser, aunque inmediatamente considerado por el intelecto, como participación finita en esa Idea absoluta que es Dios mismo, Luz increada de todos los intelectos creados.
Es sabido que para Rosmini la idea del ser es "innata". En efecto, él dice: "Sigue siendo cierto que la idea del ser es innata en nuestra alma; a fin de que nazcamos con la presencia y con la visión del ser posible, aunque no le prestemos atención hasta muy tarde" ². Pero, ¿qué quiere decir exactamente Rosmini con este atributo "innata"? Veamos.
Él llama a esta idea "forma a priori", tomando el término de Kant, pero dándole otro significado. En efecto, si bien para Kant la forma a priori del intelecto no es la idea del ser, sino una determinada categoría del "juicio sintético a priori" (sustancia, cualidad, cantidad, etc.), y además es inherente al mismo intelecto, el cual con ella da forma al material de las sensaciones provenientes de la "cosa en sí", que es lo real sensible externo al pensamiento, para Rosmini la idea del ser es, sí, "forma" que originariamente se encuentra en el intelecto, pero en el sentido de que es objeto del intelecto en cuanto que por ella y en ella el intelecto conoce la realidad externa sensible e inteligible, hasta alcanzar el conocimiento de Dios.
Esta idea, por tanto, es "innata" no en el sentido de que entre en la esencia del intelecto, sino en el sentido de que es dada por Dios directamente al sujeto desde su nacimiento. Es lo que tradicionalmente se llama una "idea infusa". Aquí Rosmini, embriagado por la altísima dignidad del pensamiento humano iluminado desde lo Alto, no se da cuenta de que equipara casi el modo humano del conocer al modo angélico.
En realidad, como explica santo Tomás de Aquino, el conocer humano se inicia con el simple ejercicio del conocimiento sensible. Sólo cuando llega a ser capaz de usar la razón, el niño comienza a tomar familiaridad con el ser (véase el uso del verbo "ser"), aunque todavía no reflexiona sobre ese uso, ni se interroga acerca de la esencia del ser, recabado espontáneamente por abstracción de las cosas sensibles y afirmado en el juicio.
Así, Rosmini habla, sí, del ser como de una "forma" del conocer, y de una "materia" del mismo conocer, materia proveniente de las sensaciones, que puede hacer pensar en una similitud con Kant. Pero existe esta diferencia entre Kant y Rosmini.
En Kant la forma no está dada en el sujeto, sino por el sujeto, establecida por el sujeto, porque pertenece al intelecto, y sólo la materia del conocer tiene origen objetivo desde la cosa en sí, independientemente del sujeto, por lo que el objeto del conocer, el "fenómeno" es la cosa en cuanto aparece al sujeto, y al mismo tiempo es modificación del sujeto.
En cambio, en Rosmini tanto la "forma" como la "materia" del conocer constituyen el objeto del conocer, sin que el sujeto interfiera en el objeto, es decir, sin que interfiera dando forma al objeto (la cosa en sí), que es lo real existente independientemente del sujeto y creado por Dios, real que el sujeto debe simplemente representar en la idea o en el concepto o en el juicio tal cual lo real es, la famosa adaequatio intellectus ad rem, regla de la verdad.
Sobre este punto, sin embargo, Rosmini parece haber quedado demasiado atrapado en el lenguaje kantiano. En realidad, se debe hablar de "forma" y "materia" sólo en cosmología o la filosofía de la naturaleza a propósito del ente material, pero no en gnoseología, a propósito del acto del conocer. El conocer tiene más bien un "modo", más que una "forma", así como tiene un "objeto" o si queremos un "contenido".
Este "modo", sin embargo, que parece corresponder a la "forma" de Kant y Rosmini, precisamente porque es solo modo, no tiene contenidos, no tiene un objeto, por consiguiente no puede a su vez tener como objeto la idea del ser o el ser mismo, porque precisamente el ser hace parte del objeto o contenido del conocer y no del modo o de la "forma".
La idea del ser para Rosmini es esa "luz de la razón", que permite a la mente humana captar la verdad de las cosas, del mundo, del yo y de Dios. Esta luz precede a la experiencia, es precisamente innata, y en este sentido, de modo similar a la "forma" kantiana, es "a priori", pero repito que se trata de un "a priori" objetivo, que hace conocer lo real en sí, y no de una forma del sujeto que funda una "objetividad" parcialmente constituida por el mismo sujeto, que es, por tanto, una objetividad, si se me permite la expresión, incompleta.
De ahí surge el característico subjetivismo kantiano, que nos deja perplejos por no decir escépticos acerca del hecho de que el "fenómeno" pueda retratar en modo verdaderamente objetivo la realidad de la cosa en sí, tanto más porque el mismo Kant afirma explícitamente que nosotros no podemos saber cómo son las cosas en sí mismas, sino solo como nos parecen. Nada hay de todo esto en Rosmini, para quien no hay ninguna duda de que la mente humana puede percibir las cosas como son, precisamente gracias a la luz del ser y valiéndonos del "sentimiento", es decir, de la experiencia sensible.
Rosmini habla de una "intuición del ser", que es innata, inmediata, originaria, espontánea, certísima, base de todo nuestro conocimiento, lo que hace entender bien cómo para Rosmini el pensamiento que aquí aparece como intuición, es bien distinto del ser, objeto del pensamiento y de la intuición misma, ser que, por tanto, no está "puesto" por el pensamiento ni menos es idéntico al pensamiento, como ocurre en los idealistas alemanes hasta llegar a Gentile y a Bontadini. Para Rosmini, el pensamiento humano sí forma los entes mentales (ens rationis), las intenciones, los conceptos, los juicios, los razonamientos, posee la idea del ser, pero no puede "formar" o producir el ser, que es creado por Dios, ni mucho menos identificarse con el ser.
¿Y entonces qué es el "ser ideal"? Rosmini dice que es la inteligibilidad del mismo ser, es la "esencia del ser", es el ser en cuanto pensable, es el ser "posible". Parece implicar absoluta perfección, tal como se encuentra en lo que significa "idea". Rosmini también lo llama la "idea de ser". Quizás podríamos decir, con una expresión de Severino, que es la "verdad del ser". Parece ser aquello que Santo Tomás llama ratio essendi.
Sin embargo, propiamente hablando, la idea del ser y el ser ideal no deberían ser la misma cosa. "Idea" e "ideal" son sí la misma cosa. Sin embargo, lo real se opone a lo ideal. Por tanto, existe no solo la idea del ser real, sino también la idea del ser ideal. ¿Son acaso la misma cosa?
La noción rosminiana del ser, por otra parte, es notoriamente una noción unívoca, similar a la de Duns Scoto: idea simplicísima, intuitiva, conocida de por sí, precisa, fija, unitaria, separada de lo múltiple y del devenir, abstractísima, indeterminada, de máxima extensión y de nula comprehensión, aunque inteligible y netamente distinta de la nada. Por consiguiente, Rosmini rechaza absolutamente la noción hegeliana del "ser", la cual, siendo para Hegel, "vacía", viene a ser identificada con la noción del no-ser.
Sin embargo, este "ser puro", "ser sin más", como lo llama Rosmini, "indeterminado", absolutamente abstracto y genérico, es también "ser virtual", en el sentido de que tiene en sí virtualmente todas las diferencias y las diversificaciones, por lo tanto, multiplicidad y devenir; y también lo llama "inicial", en cuanto que al inicio faltan los "términos", que son las categorías específicas y genéricas, ser que viene completado con los antes mencionados "términos", que nosotros podemos entender en contacto con la realidad haciendo uso de la sentidos; es un ser vago respecto a los contenidos o "aplicaciones" a los datos sensibles, pero no al significado del concepto que, como se ha dicho, es preciso e inequivocable.
Por cuanto respecta entonces a la noción del ser, Rosmini luego la sobrecarga de atributos que lo asimilan al ser divino: uno, necesario, eterno, infinito, inmutable, absoluto, tanto es así que luego Rosmini pensará que sea suficiente con reflexionar sobre sus caracteres para saber que Dios existe. Dios es el ser inicial llevado al extremo de su explicitación. El ser divino viene a ser una explicitación del originario ser unívoco. ¿Esto es correcto?
Es cierto que Rosmini se esfuerza por decir que el ser ideal no es el ser divino, sin embargo él no llegó a ser convincente y esto le causó la condena de su concepción del ser por parte del Santo Oficio en el famoso decreto "Post obitum" de 1887. Sin embargo ¿qué entendía Rosmini con su concepción del ser?
No hay duda de que él entendía mantener la distinción entre ser creado y ser increado, ser finito e ser infinito, ser temporal y ser eterno, ser contingente y ser necesario, ser relativo y ser absoluto, ser humano y ser divino.
Su "ser" uno y unívoco intentaba sólo, por cuanto parece, conectarse con el ser abstracto de la lógica, genus generalissimum, aquello que Tomás de Aquino llama ens commune o ens universale, categoría máxima de la predicación lógica, por la cual también los ens rationis, los entes matemáticos, los entes fantásticos, las negaciones, la nada, el absurdo y el mal "existen". Pero precisamente una cosa es el existir y otra cosa es el ser.
El existir, como explica el padre Fabro, es el simple hecho de existir o estar siendo, el ser en cambio es el acto de ser, actus essendi. El primero es simple actuación de la posibilidad; el segundo, como enseña santo Tomás, es la perfección del ente, el acto que actúa la esencia del ente como "potencia" o poder-ser-tal. Aquí parece que Rosmini no sea preciso en los términos.
En el plano de la realidad, era claro también para Rosmini que el ente es analógico, aún cuando él torpemente limitaba esta analogía a la sola esencia y mantenía la univocidad del ser (confundido con el existir). Pero ya el hecho de distinguir como santo Tomás en el ente el ser de la esencia, da prueba en Rosmini de un notable sentido metafísico, que le llevó a decir que "la creatura tiene el ser", mientras que "Dios es el Ser". Por lo tanto, el Ipsum Esse subsistens exactamente como lo enseña el Aquinate.
Sin embargo, Rosmini parece dar excesiva importancia a lo ideal respecto a lo real. Aún así, él sigue siendo realista y no es de ninguna manera idealista, aún cuando asuma un cierto lenguaje recabado de Kant, en su intento de encontrarse con el pensamiento contemporáneo y de realizar una sana modernidad. Rosmini, en cambio, se mantiene más bien en la línea de la gnoseología de san Agustín y de san Buenaventura. Como es bien sabido, él tenía una gran estima por santo Tomás, pero tiende a interpretarlo reconduciéndolo hacia los dos precitados Doctores.
Por eso Rosmini interpreta el innatismo tomista según la visión innatista de Agustín y Buenaventura ³, los cuales ignoran la doctrina aristotélica, retomada por el Aquinate, según la cual el intelecto, al inicio, es una simple potencia o facultad cognoscitiva, todavía vacía de contenidos, incluida la noción del ente o del ser, la cual viene formada por analogía partiendo de la percepción de los entes sensibles.
El ser en sí es ciertamente también para Tomás puramente inteligible, no es sensible, por lo tanto indudablemente trasciende la experiencia sensible. Sin embargo, para el Aquinate, el intelecto capta originariamente el ser como ser sensible en las cosas materiales que caen bajo los sentidos (quidditas rei materialis).
Según Tomás, nada impide al intelecto formarse una idea genérica y cuasi unívoca del ser, de hecho es cosa normal, esa idea que podríamos llamar idea del "existir" o, como la llama el padre Fabro, el esse in actu (existentia), aplicable unívocamente a todo, Dios, mundo, ser, nada, verdadero, falso, bueno, malo, real, ideal, en cuanto es un puro predicado abstracto, simplemente en oposición con el no-existir y con lo contradictorio; es lo que Maritain llama "ser lógico".
Pero cuando se trata de captar lo real (cosas, hombre, mundo, Dios), Tomás nos recuerda que esta idea lógica no sirve, sino que es necesario formar una idea analógica del ser, tanto por cuanto respecta a la esencia como por cuanto respecta al ser, de lo contrario corremos el riesgo de equiparar el ser del mundo con el de Dios y no ver su inmensa diversidad.
Obviamente, tal aspecto panteísta era cuanto de más contrario se pueda imaginar a las intenciones de Rosmini, que sentía por ello horror; pero lamentablemente él no llega a elaborar una noción analógica del ser suficientemente adecuada, que disipe toda preocupación, en cuanto que él admite, como se ha dicho, la analogía para la esencia del ente y no para el ser. En cambio, la verdadera analogía, como muestra Tomás, debe referirse también al ser.
Por otra parte, Rosmini quisiera dar el ser como objeto del "intelecto agente" de santo Tomás, por el hecho de que el Aquinate, siguiendo a Aristóteles, llama "luz" a este intelecto, mientras que el ser para Rosmini es precisamente la "luz" del intelecto. Pero Rosmini olvida que para Tomás el intelecto agente no tiene en absoluto por objeto al ser, sino que, iluminando las imágenes extraídas de la experiencia, hace que el alma conozca la esencia universal abstraída del individuo sensible. El intelecto agente hace conocer el ser, pero por cuenta propia no lo conoce.
Sólo el "intelecto posible" para santo Tomás conoce el ente y el ser, pero por lo demás no "a priori" o como "idea innata", sino como objeto inteligible recabado de la experiencia, aunque sea con el método de la analogía, ya que es evidente para Tomás, como para todos los Doctores católicos, que el espíritu trasciende la materia; es evidente que el sentido no sabe nada del espíritu y que si el intelecto quiere conocer el espíritu debe trascender la experiencia sensible, pero lo trascendente para Tomás no es un dato a priori de la actividad intelectual precedente a la experiencia, sino que es un dato a posteriori que consigue por la experiencia.
La famosa frase tomista "nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu" no quiere decir que nosotros conozcamos solo las cosas materiales, sino que también aquellas espirituales las alcanzamos por analogía partiendo de las materiales, haciendo precisamente uso de la noción analógica y participativa del ser. ⁴
¿Y cómo, para santo Tomás de Aquino, el intelecto alcanza un plano de realidad, el espiritual, que trasciende la experiencia? Precisamente al formar la noción de ente, la cual de por sí no implica en absoluto que sea limitada a la materia, sino que hace referencia, al menos posible, también al mundo del espíritu.
Para Tomás, por tanto, la idea del ser no precede, como en Rosmini, a la intelección de lo real, sino que es formada por el intelecto como resultado del contacto con lo real y precisamente para entender lo real. La idea del ser se deriva, así, de la intelección del ente real.
Ciertamente, luego el intelecto, usando una noción previa del ser, comprende lo real en la idea y por medio de la idea, que puede a su vez convertirse en objeto de conocimiento, en la autoconciencia. Pero la mente capta la idea o sea la verdad del ser o la inteligibilidad del ser sólo porque se basa en el mismo ser extra-mental independiente de la idea. La idea del ser, por lo tanto, al menos la humana, no es objeto originario del pensamiento, sino que es la representación del dato real extra-mental, representación por nosotros formada precisamente para conocer el objeto, o bien el ente real. Una idea a priori del ser puede ser solo la de un puro espíritu, como el ángel o Dios.
Indudablemente el intelecto, en posesión de la idea del ser, afronta el conocimiento de las cosas, del yo, de los otros y de Dios. Sin embargo, en el acto del conocer no se trata tanto, como cree Rosmini, de "aplicar" una previa idea indeterminada del ser a un particular objeto "sentido", sino ante todo, como enseña el Aquinate, de determinar esta idea a la luz del ser propio de ese ente que cae simultáneamente bajo el sentido y bajo el intelecto.
Por consiguiente, el ser no debe ser tanto aplicado, cuanto ante todo descubierto y afirmado en el juicio allí donde se encuentra, se trate de la hormiga, de la flor del campo, del cometa en el cielo, de la persona que está frente a mí o del mismo Dios.
El Dios de Rosmini no es, por lo tanto, el Dios-Ideal de Kant como supremo punto de convergencia y de unificación del trabajo de la razón, garante del orden de la razón, sino que es el Dios real y trascendente de la teología racional y del cristianismo, aún cuando es evidente la simpatía de Rosmini por el argumento ontológico de san Anselmo de Aosta y por el camino bonaventuriano hacia Dios, que parte de la idea del ser, reflexionando sobre sus implicaciones. Es el Dios de la interioridad, término del agustiniano "trascende et teipsum", pero no es ciertamente el Dios inmanentista de la filosofía idealista.
Giovanni Gentile ha intentado apropiarse del pensamiento de Rosmini haciéndolo una especie de kantiano, pero Gentile no ha entendido que en Rosmini no se trata de una cuestión de contenido ⁵: Rosmini es sustancialmente un realista, aunque en la línea del interiorismo y del iluminismo agustiniano-bonaventuriano, pero al mismo tiempo, Rosmini también es cercano a santo Tomás de Aquino, de quien tenía gran admiración, aunque inconscientemente lo ha reconducido a la línea precedente que no es la de santo Tomás, estando Tomás, como se sabe, en la línea del realismo aristotélico.
Las famosas Cuarenta proposiciones condenadas, ciertamente, tal como suenan, saben a ontologismo e idealismo, y la Congregación para la Doctrina de la Fe lo ha reiterado, pero como explicó en ocasión de la beatificación de Rosmini el entonces cardenal Ratzinger, Prefecto de la misma Congregación, esas tesis no reflejan el pensamiento general y profundo del gran y santo roveretano, quien permaneció inmune a la herejía y resplandece como astro de la milenaria sabiduría cristiana, fiel al mandato del papa Gregorio XVI, quien lo exhortó a emplear los recursos de su genio para el bien de la Iglesia y fue admirado por el propio beato papa Pío IX quien también inició el proceso que condujo a la condena de las proposiciones.
Ciertamente tocó a León XIII evidenciar los errores, de los cuales hasta el día de hoy es necesario cuidarse, porque todavía persisten, pero la fama de santidad y de sabiduría de Rosmini no se extinguió, hasta que incluso el beato papa Juan Pablo II lo indicó en la encíclica Fides et Ratio como ejemplo de pensador, y en el 2007 se llegara a la beatificación de un filósofo y teólogo católico, fiel a la tradición y al mismo tiempo un valiente innovador, casi como anticipándose al progreso de la cultura católica promovido por el Concilio Vaticano II.
La Iglesia tiene hoy la magnanimidad de proclamar santos a personas que no están exentas, aunque sea involuntariamente, de los límites de la condición terrena: "Si iniquitates observaveris, Domine, Domine, quis sustinebit? Quia apud Te misericordia est et magna apud Eum redemptio" (Sal 129,3-4).
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 12 de noviembre de 2012
Notas
¹ Publicado en el diario Avvenire del 28.07.2006.
² Citado por Davide Spanio, Idealismo e metafisica. Coscienza, realtà e divenire nell’attualismo gentiliano, con prefacio de Emanuele Severino, Ed. Il Poligrafo, Padova 2003, p.107.
³ Un estudioso que se esfuerza, pero sin éxito, por demostrar que el innatismo tomista es como el rosminiano, es Franco Percivale, en su libro: Da Tommaso a Rosmini. Indagine sull’innatismo con l‘ausilio dell’esplorazione elettronica dei testi, Edizioni Marsilio, Venezia, 2003.
⁴ Benedicto XVI recientemente nos ha recordado la importancia de estas dos categorías metafísicas de la analogía y de la participación en el Discurso a los participantes en la Plenaria de la Pontificia Academia de Ciencias el pasado 8 de noviembre: https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2012/november/documents/hf_ben-xvi_spe_20121108_academy-sciences.html
⁵ Spanio, op. cit., discute con inteligencia estas tentativas de Gentile.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum notio rosminiana entis sit compatibilis cum veritate catholica et cum metaphysica tomistica
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod non sit compatibilis.
1. Quia Rosmini tenet ideam entis esse innatam, quod videtur contrarium doctrinae aristotelico‑tomisticae, secundum quam intellectus initio est vacuus a contentis et formatur per abstractionem a sensibilibus. Si intellectus nasceretur iam cum idea entis, tolleretur necessitas abstractionis et cognitio humana aequaretur cognitioni angelicae.
2. Praeterea, Rosmini concipit ens ut univocum, simile notioni Scoti, quod videtur negare analogiam entis et ducere ad confundendum ens Dei cum ente creato. Si ens univoce praedicaretur de Deo et mundo, incurreretur periculum pantheismi.
3. Item, attribuendo enti ideali proprietates divinas sicut aeternitatem, infinitatem et immutabilitatem, videtur ipsum identificare cum Ipsum Esse subsistens. Si ens ideale esset aeternum et infinitum, non distingueretur a divino esse, unde orta est damnatio propositionum eius.
4. Denique, loquendo de innata et a priori intuitione entis, Rosmini videtur accedere ad idealismum et ontologismum, quos Ecclesia reiecit. Si ens caperetur immediate ut datum praevium experientiae, negaretur sententia tomistica: nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu.
Sed contra est quod dicit sanctus Thomas, quod intellectus humanus format notionem entis ex experientia sensibili per analogiam et clare distinguit inter ens creatum et ens divinum. Magisterium docet fidem fundari in veritate revelata et cogitationem christianam servare debere analogiam entis. Beatus Ioannes Paulus II in Fides et ratio Rosminium proponit ut exemplum fidelis et audacis cogitatoris, unde patet doctrinam eius, recte intellectam, non esse contrariam veritati catholicae.
Respondeo dicendum quod Rosmini, licet utatur sermone ex Kant sumpto et videatur inclinari ad innatismum augustinianum et bonaventurianum, manet tamen substantialiter realista. Idea entis est lux rationis quae permittit apprehendere veritatem rerum, mundi, sui ipsius et Dei, sed non est idem quod divinum esse. Agnoscit distinctionem inter ens creatum et increatum, finitum et infinitum, temporale et aeternum, contingens et necessarium. Notio univoca entis accedit ad ens commune logicae, sed non negat analogiam entis in re. Quamvis propositiones eius damnatae sint, Ecclesia agnovit profundum eius cogitatum non incidisse in haeresim et beatificavit eum ut philosophum et theologum fidelem traditioni et audacem innovatorem. Deus quem confitetur non est Deus idealisticus Kantianus, sed Deus realis et transcendens christianismi, per lucem entis et interioritatem augustinianam attingendus, sed semper distinctus a cogitatione humana. Idea entis est donum divinum quod mentem illuminat, sed non substituit experientiam sensibilem neque analogiam tomisticam.
Ad primum dicendum quod idea entis innata apud Rosminium non est essentia intellectus, sed donum infusum a Deo, quod non contradicit abstractioni tomisticae, quamvis interpretetur in clave augustiniana. Obiectio solvitur quia Rosmini non tollit experientiam sensibilem, sed eam considerat illustratam per ideam entis.
Ad secundum dicendum quod univocitas rosminiana refertur ad planum logicum, dum in re ipse admittit analogiam entis, licet cum limitationibus. Non confunditur igitur ens Dei cum ente creato.
Ad tertium dicendum quod attributa divina applicata enti ideali non significant identitatem cum Deo, sed participationem finitam lucis increatae. Damnatio propositionum orta est ex ambiguitatibus, non ex intentione haeretica.
Ad quartum dicendum quod Rosmini non est idealista neque ontologista, sed realista, licet sermone usus sit qui eum exposuit ad errores et damnationes, postea a Magisterio correctas. Sententia tomistica manet, quia Rosmini agnoscit intellectum humanum cognoscere reale etiam per experientiam sensibilem.
JG
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