¿Puede el software del cerebro humano compararse al de una máquina? ¿No es acaso la intencionalidad, propia del alma, lo que distingue radicalmente al viviente de cualquier artefacto? ¿Podrá alguna vez un sistema informático alcanzar la autoconciencia, o es esto un sueño materialista condenado al fracaso? ¿Qué sentido tiene esperar de la técnica lo que sólo puede dar el espíritu creado por Dios? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli recuerda que la inmortalidad del alma es verdad revelada y dogma de la Iglesia, y advierte que la idolatría hacia la máquina puede convertirse en una peligrosa forma de magia inspirada por el demonio.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
martes, 24 de marzo de 2026
El software de computadora y el cerebro humano
El software de computadora y el cerebro humano
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 14 de febrero de 2023. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-software-del-computer-e-del-cervello.html)
Me complace publicar esta conversación con Giovanni Castelli, quien ha enviado en Facebook un comentario a mi anterior artículo sobre IA.
Dice Castelli: "Desde el punto de vista técnico-científico, el término inteligencia artificial, por ahora, no tiene ningún sentido (véase el test de Turing). Los actuales ordenadores son casi completamente deterministas, no porque no se puedan realizar máquinas no deterministas, sino porque, para los usos que de ellas hacemos, deben garantizar un perfecto comportamiento".
Estimado Giovanni Castelli, respondo a su interesante intervención siguiendo los puntos que usted plantea.
Le hago presente que las leyes físicas son, por su naturaleza, deterministas. Esta característica es la que nos permite utilizar las fuerzas de la naturaleza. De hecho, la naturaleza, siguiendo estas leyes, actúa siempre del mismo modo, de manera que nosotros, utilizando estas leyes, somos capaces de obtener de la naturaleza lo que deseamos, porque somos capaces de predecir lo que sucederá, al menos bajo ciertas condiciones. Este hecho es lo que ha inducido a Galileo a decir que nosotros podemos dominar la naturaleza, a condición de que la obedezcamos.
Si, por el contrario, sus leyes no fueran ciertas, y fueran mutables, permaneceríamos desorientados, la ciencia física sería imposible y, en consecuencia, sería imposible el dominio tecnológico de la naturaleza.
Como ya he explicado anteriormente, la indeterminación de los fenómenos físicos no es un dato objetivo del fenómeno, sino que corresponde a nuestra incapacidad cognoscitiva para determinar con precisión y certeza cuanto sucede.
Sigue diciendo Castelli: "El materialismo del siglo XIX debe sin embargo adecuarse porque las computadoras procesan la información, tal como sucede en las células del mundo viviente y en nuestro cerebro, y la información no es materia aunque tenga un sustrato material, como todo en el mundo".
Es cierto que hoy conocemos mucho mejor los procesos neurológicos cerebrales de cuanto fueran conocidos en el siglo XIX. Lo que sabemos hoy y lo que no se sabía entonces es que las actividades cerebrales, reguladas por procesos electromagnéticos, hacen referencia a huellas o señales físicas presentes en las neuronas, huellas que constituyen el correspondiente material de funciones intencionales, por lo cual con el uso de la voluntad nosotros podemos recabar de nuevo de esas señales neuronales la intención de la cual ellas son la huella.
Estas huellas constituyen el patrimonio neurológico de la memoria. l recordar es un acto intencional, dependiente de la voluntad. Sin embargo, a fin de que la intención de la voluntad sea satisfecha, es necesario que ella, en el sistema neuronal, rencuentre el signo neuronal requerido, de modo tal de recabar de nuevo de ello la intención que ello significa.
Sin embargo, estas pistas (o trazas o huellas o señales) tienen una duración limitada. Después de un cierto tiempo se agotan, por lo cual si la voluntad va a buscarlas, ya no los puede encontrar o bien pueden estar ocultas y resurgir. En este caso la voluntad, después del primer fracaso, logra recordar lo que quería.
Algo similar ocurre en la computadora, cuando ella se pone a la búsqueda de un dato acerca del cual le interrogamos. Detrás de nuestro comando, se activa un mecanismo selectivo automático, el cual, a semejanza del esfuerzo del recordar, que requiere un cierto tiempo, también ese mecanismo de la computadora toma un cierto tiempo, hasta llegar al dato requerido.
En este fenómeno cerebral tenemos un ejemplo de cómo se produce en nosotros el contacto del espíritu con el cuerpo. Nosotros, con nuestra voluntad, imprimimos en el cerebro un conjunto de modificaciones neuronales, las cuales conservan las huellas de lo que queremos recordar.
Estas hullas o rastros son los signos de datos intencionales, los cuales, por su esencia, son inmateriales; sólo que nuestro intelecto, mediante la voluntad, revisitando estos datos neuronales, rencuentra en ellos la huella física que corresponde al concepto memorizado. De este modo el intelecto puede recordar el concepto, o sea puede reconstruir ese concepto, cuya huella o traza neuronal ha sido preservada por el cerebro.
Es necesario tener presente que la intencionalidad es una actividad propia del viviente sensitivo o intelectual y no de la máquina. En efecto, la intencionalidad supone un poder superior al de la materia, es decir, la capacidad de abstraer un contenido inmaterial (imagen o concepto) del dato sensible, es decir, de la neurona. Se trata de una acción inmanente al sujeto, una acción que la máquina no conoce y que ni siquiera es ejercitada por la actividad fisiológica del cerebro.
Por tanto, la máquina, incluida la computadora, da información no como lo hace el cerebro, que contiene las intenciones que son abstraídas y conocidas por el intelecto, sino en el sentido de que contiene las partes materiales que constituyen la registración de signos representativos de los conceptos, de modo tal que, cuando el hombre interroga a la computadora, la computadora responde no expresando las intenciones, cognoscibles sólo por el intelecto, sino poniendo en evidencia, mediante señales visibles o acústicasle, las señales físicas que nos sirven para comprender lo que la computadora pretende decirnos y recordarnos.
Sigue diciendo Castelli: "Si para los filósofos platónicos existen las ideas en su mundo hiperuránico (algo de por sí imposible de demostrar), para los ingenieros informáticos existen las ideas en el software (precisamente soft para evidenciar su no materialidad)".
La teoría platónica de las ideas tiene un fundamento en nuestra propia experiencia interior, que nos hace comprender que existen modelos universales, inmutables y absolutos, no sensibles, de los valores morales, valores perceptibles solamente por el intelecto, como por ejemplo la idea de la virtud, de la justicia, de la bondad, de la belleza.
La visión de estos valores nos permite dar una evaluación de los diferentes modos concretos con los cuales estos valores son realizados en nuestra vida cotidiana. ¿Cómo hacemos para juzgar si un hombre es honesto? En base al ideal de honestidad que hemos intuido con nuestra mente, considerando cuál es el fin y el bien de la naturaleza humana.
Me gustaría señalar que indudablemente el hardware es un sistema de elementos, cuya materialidad cae bajo nuestros sentidos. El hardware es directamente responsable de las prestaciones visuales y auditivas de la computadora, así como de las informaciones escritas.
Por cuanto se refiere al software, no se puede decir que sea un sistema inmaterial. En realidad siempre se trata de energía física de carácter electromagnético ondulatorio, la cual, por obra de la técnica humana, viene transformada en esa forma de materialidad que cae bajo nuestros sentidos en la computadora.
En tal sentido podríamos utilizar las famosas categorías aristotélicas de materia y forma, por cuanto la técnica del hombre de hoy transforma la energía electromagnética, que es materia bajo la forma electromagnética, en energía sonora y luminosa, que es capaz de alcanzar nuestros sentidos (oído y vista) de modo tal que esta energía, que utiliza un sistema simbólico de signos, es capaz de comunicarnos mensajes sonoros inteligibles e imágenes dotadas de sentido.
Por lo tanto, la misma materia que antes estaba bajo la forma electromagnética, en la computadora asume la forma de lo sonoro y lo visual. Esta materia, de la cual hablo, no es la materia que constituye el hardware. A este tipo de materia Aristóteles la habría llamado "materia formada". En cambio esa materia de la cual he hablado, que es sujeto primero de la forma electromagnética y luego de la forma visual-auditiva, Aristóteles la llama "materia prima".
Lo que usted llama "las ideas en el software" claramente no son las ideas en el sentido platónico. Sin embargo, es interesante que usted utilice el término "idea". De hecho, los signos simbólicos del lenguaje de la computadora, registrados en los programas software, son signos físicos convencionales establecidos por el constructor y programador, a cada uno de los cuales corresponde un término del lenguaje y, como es sabido, los términos del lenguaje son signos de las ideas o de los conceptos.
En este sentido podemos efectivamente decir que en la computadora se encuentran las "ideas".
Sigue diciendo: "Por tanto, se puede creer o no creer en la existencia del alma, tanto en el sentido aristotélico como en el modo idealista, si por alma se entiende el software de nuestro cerebro".
¿Qué es el software de nuestro cerebro? Es efectivamente un sistema energético determinista, que se asemeja al mecanismo de una computadora. De hecho, como es sabido, también el cerebro utiliza las ondas electromagnéticas para realizar, bajo el mando de la voluntad, las actividades del cerebro destinadas a la formulación del pensamiento y de las intenciones de la voluntad. La diferencia entre el software del cerebro y el de la computadora está dada por el hecho de que, mientras la computadora entra en acción mecánica sólo bajo el comando de la voluntad humana, realizando lo que el hombre desea de ella, el software del cerebro humano funciona determinísticamente según las leyes fisiológicas del cerebro.
Sin embargo, la voluntad tiene la posibilidad de utilizar estos determinismos para recabar de ellos la actividad del pensamiento, actividad que no pertenece al cerebro, sino que depende del intelecto y de la misma voluntad, de modo tal que los comandos u órdenes cerebrales son comandados por la voluntad.
Los neurólogos han constatado experimentalmente que los centros cerebrales actúan detrás de una moción o movimiento no experimentalmente verificable. Lo cual es el signo de que ellos están comandados por una fuerza superior a la materia, que el filósofo identifica en la libre actividad del querer o voluntad, movida por el intelecto, dos facultades que tienen su sede en el alma espiritual.
Cabe agregar que la filosofía ha llegado a demostrar la existencia y el poder del alma espiritual precisamente para dar suficiente explicación a las manifestaciones físicas del cerebro, que se traducen en el fenómeno del lenguaje y del actuar inteligente, dos actividades sensibles, las cuales, siendo signos de contenidos inteligibles (conceptos y acciones morales), no pueden ser causadas por el cerebro, sino por un poder inmaterial superior, que es precisamente el poder del alma.
El cerebro no es la causa del pensamiento, pero es la condición que lo hace posible, así como la lectura de un libro no es el efecto de la luz que permite verlo, sino el efecto de la vista del lector.
Una máquina no puede ser inteligente y, sin embargo ella, gracias a su sistema informático operado mecánicamente, alimentado por la energía eléctrica, desarrolla una labor de información capaz de instruir el intelecto de la persona humana.
Luego dice Castelli: "En cuanto a la posibilidad de que un software sea de algún modo comparable a una persona pensante, habrá que esperar a los avances de la informática. En la evolución de nuestro mundo viviente sabemos que han pasado varios cientos de millones de años desde los primeros organismos dotados de cerebro hasta el Homo sapiens sapiens; ahora bien es cierto que el desarrollo tecnológico va cada vez más rápido, pero el salto a hacer es verdaderamente notable, y hasta donde sabemos no es imposible".
La distinción entre la actividad del pensamiento y la actividad de la máquina es tal que una máquina, por muy evolucionada que sea a imitación de la evolución del pensamiento, siempre permanece en sus prestaciones por debajo del poder del pensamiento. Y esto es así por el hecho de que, mientras en la actividad del pensamiento actúa el espíritu, la máquina es movida solamente por las fuerzas de la materia.
Por otro lado, las fuerzas de la materia son infinitamente inferiores a las del espíritu y, por lo tanto, no pueden causar nada en el mundo del espíritu.
Doy un ejemplo. Un hombre lee un libro a la luz de una lámpara. El efecto de esta lectura es el aprendizaje de los conceptos expresados en este libro por parte del intelecto del lector. Preguntémonos por qué es causada la lectura del libro. Evidentemente es causada por la actividad abstractiva del intelecto del lector. La presencia de la luz es un hecho físico, que está por debajo del acto abstractivo operado por el intelecto. En efecto, la operación abstractiva permite la concepción de un universal, que es inmaterial y por lo tanto espiritual, universal bajo el cual hay infinitos particulares materiales.
Por este motivo no es absolutamente pensable que en el futuro pueda ser construida una máquina pensante.
Finalmente dice el señor Castelli: "Obviamente, para quienes creen que en cada persona hay un alma creada directamente por Dios, esto plantea no pocas dificultades, sobre todo teológicas, pero me gustaría señalar que en el mundo palestinense de Jesús, el alma era un concepto muy vago e incluso inaceptable para los saduceos, sin embargo invitaría a los teólogos a reflexionar un poco porque si verdaderamente sucediera que un software se comportara como una persona con el alma espiritual, muchas de las actuales concepciones teológicas necesitarían ser revisadas profundamente".
La doctrina de la inmortalidad del alma se puede recabar de las Sagradas Escrituras ya desde el Antiguo Testamento. Yo he enseñado antropología teológica en la Facultad de Teología de Bologna y mis notas de clase todavía están disponibles para el público:
En estos apuntes se pueden encontrar todas las referencias bíblicas. La doctrina bíblica sobre la inmortalidad del alma corresponde a la doctrina filosófica establecida por Platón y Aristóteles.
Por cuanto respecta al Magisterio de la Iglesia, existen tres dogmas acerca de la espiritualidad y la inmortalidad del alma. Está el dogma del Concilio Lateranense IV de 1215 (Denz.800), el del Concilio Viennense de 1312 (Denz.902) y el del Concilio Lateranense V de 1513 (Denz.1440).
Todo esto significa que estas verdades, absolutamente ciertas tanto en base a la razón como en base a la fe, no podrán nunca ser negadas por ningún progreso que pueda ser cumplido por la ciencia en campo tecnológico, con particular referencia a la producción de máquinas o sistemas mecánicos.
Por cuanto respecta a los Saduceos, eran claramente materialistas, los cuales, como tales, no pueden absolutamente ser considerados como fuentes de la Revelación bíblica. Por el contrario, como he dicho, existen en la Escritura fuentes autorizadas, entre las cuales los mismos Fariseos, que corresponden, como he dicho, a la verdad filosófica, y que son fuentes de las cuales la Iglesia ha extraído los dogmas sobre la naturaleza del alma humana.
Una hipótesis que podríamos hacer es que en el futuro, como prevé la Sagrada Escritura (Mc 13,22 y Ap 13,13), dado que los poderes satánicos son capaces de conocer las leyes de la naturaleza mucho mejor que el hombre, pueden instruir al hombre sobre estas leyes de modo tal que el hombre, aplicando estas leyes, puede construir dispositivos mecánicos capaces de proporcionar prestaciones asombrosas, que pueden asemejarse a manifestaciones del espíritu.
Por otra parte, debemos recordar que esta manera de proceder del hombre constituye lo que la ética bíblica llama operación mágica, que también puede expresarse por medio de instrumentaciones mecánicas; y además, siendo una operación inspirada por el demonio, el producto no es solamente sorprendente, sino que también está dirigido en detrimento del hombre y del mundo.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 12 de febrero de 2023
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum software computatorii cerebro humano
aequari possit et veram intelligentiam constituere
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod software computatorii cerebro humano aequari possit et veram intelligentiam constituere.
1. Quia tam cerebrum quam computatorium informationes per undas electromagneticas tractant, et utrumque servat vestigia quibus recordari vel recuperare data possumus.
2. Praeterea, software cerebri deterministice operatur, sicut machinae, et ideo aequivalens videri potest.
3. Item, quidam tenent software cerebri comparari posse animae, et futurum esse ut software se gerat sicut persona cogitans.
4. Denique, objici potest quod progressus technologicus, semper velocior, attingere possit gradum similem evolutioni cogitationis humanae, et sic machinam cogitantem construere.
Sed contra dicitur in Scriptura: simulacra habent manus et non palpabunt. Et Concilium Lateranense IV docet tamquam dogma spiritualitatem et immortalitatem animae humanae.
Respondeo dicendum quod software computatorii cerebro humano aequari non potest nec veram intelligentiam constituere. Vestigia neuronalium sunt signa datorum intentionalium, secundum essentiam immaterialium, quae intellectus per voluntatem evocat. Intentionalitas est propria viventis sensitivi et intellectualis et supponit potestatem superiorem materiae, quae machinae inaccessibilis est. Computatorium solum signa physica registrat et reproduci facit, dum cerebrum, sub imperio voluntatis, fit instrumentum spiritus.
Cogitatio non a cerebro causatur, sed ab anima spirituali, quae se manifestat in sermone et actu intelligente. Cerebrum est conditio cogitationis, non causa eius, sicut lux librum legi permittit sed non causat lectionem. Machina, quamvis hominem informatione instruere possit, numquam intelligens esse potest, quia autocoscientia et libertate caret.
Progressus technologicus numquam negabit veritates revelatas et a Ecclesia definitas de spiritualitate et immortalitate animae. Hypothesis software quod se gerat ut persona cogitans est illusoria, quia vires materiae infinite inferiores sunt viribus spiritus et nihil efficere possunt in mundo spirituali. Etiam si machinae mirabiles construerentur, similes manifestationibus spiritus, essent effectus operationis magicae a daemone inspiratae, in detrimentum hominis directae. Ergo software computatorii cerebro humano aequari non potest nec veram intelligentiam constituere.
Ad primum dicendum quod tam cerebrum quam computatorium signa tractant, sed solum cerebrum, sub anima, intentiones immateriales servat, dum machina solum signa physica reproduci facit.
Ad secundum dicendum quod determinismus cerebri voluntate et intellectu, facultatibus animae spiritualis, regitur, dum determinismus machinae ex energia physica dependet.
Ad tertium dicendum quod anima non est software, sed principium spirituale et immortale, et nullum software se gerere poterit ut persona cogitans.
Ad quartum dicendum quod progressus technologicus, quamvis rapidus, numquam machinam cogitantem producere poterit, quia cogitatio est actus spiritus et non materiae. JG
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