jueves, 19 de febrero de 2026

La Sábana Santa, signo material del poder del Espíritu

¿Es la Sábana Santa un simple icono de devoción o un signo de credibilidad de la pasión y resurrección de Cristo? ¿Puede la ciencia, y no solo la autoridad eclesiástica, certificar la autenticidad de una reliquia tan importante para la fe? El padre Cavalcoli entra en diálogo con el profesor Zaccone y plantea preguntas que incomodan: ¿qué papel tuvieron los Templarios en la custodia secreta de la Síndone? ¿Por qué reaparece siglos después en Francia? ¿Qué significa que hoy la investigación científica ofrezca certezas irrefutables sobre su correspondencia con los Evangelios? Esta reflexión nos invita a mirar la Sábana Santa no como un objeto cualquiera, sino como signo material del poder del Espíritu, capaz de guiar y confirmar la fe. [En la imagen: la Sábana Santa expuesta en el Duomo de Turín].

La Sábana Santa, signo material del poder del Espíritu

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado el 19 de septiembre de 2025 en su propio blog. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/la-sindone-segno-materiale-della.html)

La Sábana Santa guía a la fe y confirma la fe de quien ya la tiene

En L'Avvenire del 15 de septiembre último apareció un artículo del profesor Gian Maria Zaccone, Director del Centro Internacional de Estudios sobre la Sábana Santa (CISS https://www.sindone.it/) ¹.
Dicho artículo interviene en la discusión sobre la Sábana Santa, siempre actual e interesante ².
Con este artículo mío entro en discusión con el Prof. Zaccone.
Quisiera comenzar diciendo que la Sábana Santa reaparece en 1350 en Lirey. Quiere decir que se había conservado memoria de ella, desaparecida en 1204 en el saqueo de Constantinopla por obra de los cruzados, entre los cuales una fuerza de primer plano eran los Templarios.
Según una hipótesis, que he formulado en un precedente artículo mío, se podría pensar que los Templarios se hubieran apoderado de ella ilegalmente manteniéndola escondida. Puede sorprender que no tengamos noticia de reclamos por parte de la autoridad eclesiástica para la restitución de la Síndone al culto público. Pero esto podría ser el signo del enorme poder, también económico, que entonces tenían los Templarios en la Iglesia. Su poder podría ser comparado al de los modernistas de hoy, que intimidan también a los Obispos y frenan la acción misma del Papa.
De manera que, nadie durante un siglo y medio (desde 1204 hasta 1350) pensó más en la Sábana Santa, o por lo menos no nos han llegado documentos, también porque alguien puede haber pensado que ella había sido destruida. El hecho dramático de la supresión de los Templarios en 1312 podría hacer pensar que la Sábana Santa estaba en su posesión. En efecto, la Sábana Santa reaparece en Francia en Lirey, precedentemente en posesión del piadoso cruzado Barón Othon de la Roche ³.
Comprensiblemente, la autoridad episcopal de entonces, tomada por sorpresa, se puso en sospecha, dada la difusión de falsas reliquias. Pero posteriormente el honor a la Sábana Santa, a nivel de culto público, volvió a ser autorizado. Ella, en 1453, pasó a propiedad de la Casa de Saboya ⁴, hasta 1983, cuando Umberto II la donó a la Iglesia ⁵.
Preguntarse si la Sábana Santa es una reliquia auténtica del Cuerpo y de la Sangre del Señor es una pregunta más que legítima, porque todo fiel sensato quiere rendir culto a una reliquia auténtica y no a una falsa. A esta pregunta, sin embargo, ya, en base a las más recientes verificaciones científicas, se ha dado una respuesta bien probada, segura, irrefutable y definitiva. No existen en modo alguno contrapruebas. Esta respuesta, sin embargo, téngase bien presente, no ha venido de la Iglesia, sino de la ciencia y de la historia.
El Medioevo no poseía los instrumentos y los métodos de investigación y de verificación de los cuales disponemos hoy. Entonces, por lo tanto, las dudas, también por parte de los Obispos, podían ser comprensibles o justificables, dada la dificultad de distinguir las reliquias auténticas de aquellas falsas. Pero hoy los instrumentos de los cuales disponemos nos consienten obtener plena certeza.
Recordemos que la ciencia no se detiene en las hipótesis o en las opiniones, sino que tiende a la certeza. Cada uno de nosotros, ciertamente, si no está persuadido por las pruebas hoy aducidas, permanece libre en conciencia de aceptarlas o no aceptarlas. Pero una posición, si sólo es subjetiva, no está ciertamente en grado de invalidar la verdad y la objetividad de un hecho comprobado por la ciencia.
El acto de fe es libre, pero no es facultativo que esté carente de consecuencias, como si se tratara de elegir entre manzanas y peras. Cuando se advierte que hay pruebas innegables de credibilidad, el acto de fe, aunque esté formalmente motivado por la autoridad de Dios revelante y por lo tanto sea don de la gracia, se convierte en un preciso y grave deber, faltando al cual Dios nos llama la atención, como aparece evidente del comportamiento de Cristo hacia aquellos que se niegan a creerle y que no quieren comprender el significado de sus milagros.
Que luego la Sábana Santa pueda ser considerada un “icono”, objeto de devoción, no hay ningún problema, es más, hay pleno consenso y aprobación; pero sería grave falta de respeto hacia la Síndone rebajarla al nivel de los simples iconos. ¿Cómo es que ningún icono ruso recibe tanto honor como la Sábana Santa de Turín? Es conocido, de todos modos, que la Iglesia ha autenticado la reliquia de la Sábana Santa con la institución, en 1506, en la persona del papa Julio II, de la Misa en honor de la Sábana Santa ⁶.
Por otra parte, la autenticación de una reliquia en sí no es competencia de la autoridad eclesiástica, la cual por lo demás en tal materia puede también equivocarse, sino del historiador y del científico.
Si en la Edad Media se podían tener dudas acerca de la autenticidad de la Sábana Santa, dado el retraso de las ciencias de entonces, hoy, después de las comprobaciones científicas más recientes acerca de la formación de la impronta sindónica, no hay más dudas acerca de la perfecta correspondencia de los datos de la Sábana Santa con las narraciones evangélicas de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. De este modo la Síndone puede convertirse en una prueba de credibilidad de las verdades de fe.
La fe no es una intuición atemática, inmediata y apriorística como si yo fuera un puro espíritu dispensado del uso de los sentidos y del cuerpo, sino que es al mismo tiempo sufrida conquista e iluminación divina alcanzadas después de un camino que puede ser largo y fatigoso de ejercicio de nuestras facultades naturales de la razón y de la voluntad.
La fe cristiana no es la experiencia del hinduista, que para alcanzar a Brahman se deja morir de inanición, sino que nos compromete en todas nuestras fuerzas humanas, aunque el acto de fe supera indudablemente los límites de la razón y de la voluntad, para alcanzar el misterio de Dios que se revela en Cristo.
   
P. Giovanni Cavalcoli
19 de septiembre de 2025

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