¿No es acaso la Cuaresma el tiempo más propicio para preguntarnos qué significa realmente la caridad cristiana? ¿No hemos reducido demasiado su sentido, limitándola a gestos superficiales o a una mera solidaridad material? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli nos invita a redescubrir, a la luz del testimonio del padre Tomas Tyn, que la primera caridad es hacia Dios y que la caritas veritatis, el servicio de la verdad, es la obra más preciosa del sacerdote. ¿No es urgente recuperar la especificidad de la caridad sacerdotal, que ilumina y guía, sin confundirla con la misión laical? ¿No es tiempo de reconocer que la verdadera caridad busca la salvación eterna y que sólo así puede transformar también la vida social y política? La figura luminosa de Tomas Tyn aparece como estímulo para reorientar nuestra práctica de la caridad según las auténticas exigencias del Evangelio, en complementariedad de sacerdotes y laicos, para el bien común de la Iglesia y de la humanidad de hoy.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 28 de febrero de 2026
La caridad del padre Tomas Tyn
La caridad del padre Tomas Tyn
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en Riscossa Cristiana en 2010. Artículo original en italiano: http://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/06/la-carita-di-padre-tomas-tyn.html)
Quizás nunca como en la actualidad entre los cristianos se ha hablado de la caridad y de todas aquellas virtudes que la acompañan: espíritu comunitario, laboriosidad social, solidaridad, atención a los pobres, respeto por el diferente, apertura al otro, liberación de la miseria, aptitud para el diálogo, tolerancia, misericordia, perdón.
Mas en realidad, si se revisa atentamente las ideas y sentimientos que inspiran todas esas bellas expresiones, nos damos cuenta de que al mismo tiempo, quizás nunca como hoy, ha habido tanto malentendido sobre lo que en realidad es la caridad en el sentido cristiano del vocablo.
Por cierto, no estoy diciendo aquí que el cristianismo del pasado siempre haya brillado en el campo de la caridad. Sus límites, sobre todo en las últimas décadas, se nos han repetido, se podría decir hasta el aburrimiento: una concepción intimista, individualista y pietista de la caridad, insensibilidad a los problemas sociales, facilidad para recurrir a la severidad por parte de las autoridades, un espíritu belicoso (hoy diríamos "fundamentalista") por un lado, pero también, por el otro, timidez de parte del pueblo hacia los poderosos, ausencia de intervención de la autoridad pública y del Estado, justificación de las desigualdades sociales y aquiescencia hacia ellas casi como si fueran cosa natural. Se ha abusado de la expresión de Jesús: "A los pobres los tendréis siempre entre vosotros".
Sin embargo, al delinear este sombrío cuadro, también se exagera fácilmente, sobre todo al acusar a la Iglesia, olvidando el papel desarrollado, en dos mil años de cristianismo, no sólo por la actividad personal de los individuos, sino también por la actividad colectiva e institucionalizada de las Órdenes e Institutos religiosos, grandes y pequeños, masculinos y femeninos, brotando continuamente y operando a lo largo de la historia de la Iglesia, desde los primeros tiempos hasta las grandes iniciativas de caridad del postconcilio.
En cambio, un atento examen histórico nos llevaría a descubrir con qué frecuencia en la era moderna el concepto de la caridad irrazonablemente se ha restringido, secularizado y materializado, hasta la banal expresión corriente por la cual "hacer caridad" vendría a querer decir dar un euro a un mendigo o quizás mejor a un pordiosero en la calle.
El concepto de caridad se ha restringido. Se ha olvidado que, según el mandamiento del mismo Cristo, los preceptos de la caridad son dos; y el primero es la caridad hacia Dios, que se expresa en el deseo de ver su rostro, en el culto divino y en la voluntad de obedecer sus mandatos. Sólo el segundo mandamiento es la caridad fraterna, mientras que comúnmente en los ambientes católicos, cuando se habla de "caridad" nos limitamos a pensar sólo en la caridad fraterna.
En segundo lugar, el sentido de la caridad ha sufrido una ulterior restricción. A menudo se habla de atención a los pobres. Y está bien. Pero entonces, ¿qué se entiende inequívocamente por "pobres"? Pobres en sentido material; olvidando que la primera "pobreza", la primera miseria a la cual es necesario remediar, es la miseria de los vicios y de los pecados, la ignorancia y el error acerca de la Palabra de Dios, es el vacío interior, el nihilismo y la insensatez de la vida. De estos males, de esta "pobreza" viene todo lo demás: la opresión, la injusticia social, el egoísmo, la violencia, el delito, el odio al prójimo.
Por otra parte, se ha difundido una concepción secularizada de la caridad, desprovista de espíritu y de finalidad sobrenaturales, una concepción que ha olvidado que la verdadera caridad supone y afirma el primado de lo espiritual y, por lo tanto, implica el deseo activo para sí y para los otros de la vida eterna y de la eterna salvación.
A esto se conecta la confusión entre caridad sacerdotal y caridad laical, y se pretende reducir aquella a esta. No faltan sacerdotes que, confundidos por estos errores, desprecian el valor de la verdadera caridad sacerdotal y se sienten obligados a dedicarse casi a tiempo completo en actividades (posiblemente remunerativas), que en realidad pertenecerían a laicos, a trabajadores sociales, a sindicalistas, a los psicólogos, a los hombres de empresa o a los políticos. O bien incluso hay personas aún más temerarias, incluso "teólogos", que quisieran hacer que los laicos hagan lo que corresponde al sacerdote, como, por ejemplo, la gestión de la Iglesia en desafío a la Jerarquía (véase la iglesia popular o "Iglesia desde abajo" de la teología de la liberación) o bien celebrar la Misa ¹. En cuanto a la "confesión", bastaría con el psicoanalista, o bien, dado que todos estamos en gracia y perdonados, como sostiene Rahner, la confesión sería perfectamente inútil.
Nadie niega la importancia, y aún más la necesidad, para la salvación, de una generosa caridad fraterna, incluso en el campo material, por parte del sacerdote. Sin embargo, es urgente que los laicos y los mismos sacerdotes recuperen la especificidad y la insustituible preciosidad de la caridad sacerdotal. Todos debemos, en diversas formas y medidas, llegar a comprender que la primera caridad fraterna es, como decía san Agustín de Hipona, la caritas veritatis, el servicio de la verdad, la comunicación de la Palabra de Dios y la liberación de las almas de la esclavitud o del engaño del error con respecto a la Palabra de Dios.
Todos debemos, en diversos modos y medidas, volver a darnos cuenta que el servicio fraterno más precioso que puede hacer un sacerdote es el de celebrar Misa, confesar y guiar las almas, precisamente como decía un piadoso y santo sacerdote, el Siervo de Dios Don Didaco Bessi [1856-1919], fundador de la Congregación de las Hermanas Dominicas de Iolo, en la provincia de Prato: “No hay nada más sublime y más heroico en el orden de las virtudes cristianas, que el celo por la salvación y la perfección del prójimo. Dado que este celo según el Doctor Angélico santo Tomás es una expresión del Amor Divino; eso es lo que tiene de más puro y más exquisito la Caridad, lo que ha formado el carácter de los hombres apostólicos, es el don que han tenido los Profetas y el espíritu que anima a los predicadores de la verdad evangélica; finalmente él es en esta vida la corona y la consumación de la Santidad" ².
El padre Tomas Tyn no ignoraba ciertamente el deber que tiene el sacerdote, según sus fuerzas, de ayudar incluso materialmente al prójimo necesitado. Sin embargo, según el ideal dominicano de contemplata aliis tradere, "comunicar al prójimo el fruto de la contemplación", él sabía bien que, como dice el Aquinate, "la más preciosa obra de misericordia que uno puede hacer es conducir al hermano desde las tinieblas del error a la luz de la verdad", desarrollar, como decía santa Catalina de Siena, "el oficio del Verbo", que vino al mundo para iluminar a la humanidad con la verdad divina y liberarla de las tinieblas del error y del pecado.
Al final del Año Sacerdotal, el pasado 11 de junio, en la homilía de la Misa del Sacratísimo Corazón de Jesús, ilustrando lo que debe ser la caridad sacerdotal, el Papa ³ comentó el Salmo 23, que expresa la confianza del Salmista en Dios como buen pastor que, con su "vara" y su "cayado" le dan seguridad.
El Papa observa que "también la Iglesia debe usar la vara del pastor, con la que protege la fe contra los farsantes, contra las orientaciones que son, en realidad, desorientaciones. En efecto, el uso de la vara puede ser un servicio de amor. Hoy vemos que no se trata de amor, cuando se toleran comportamientos indignos de la vida sacerdotal. Como tampoco se trata de amor si se deja proliferar la herejía, la tergiversación y la destrucción de la fe, como si nosotros inventáramos la fe autónomamente". Esta fue la caridad sacerdotal del padre Tomas.
En cuanto al campo de la caridad social y de la aplicación del Evangelio en la política, el padre Tomas no quiso robarles a los laicos su rol insustituible, pero esto no le impidió, como era su deber como sacerdote y maestro de la fe, convertirse para ellos en inspirador de justicia y de honestidad, y de ofrecer al mundo católico laico las luces provenientes de la rica doctrina social de la Iglesia, abierta al diálogo incluso con los no creyentes.
Al término de este Año Sacerdotal, el modo en que el padre Tomas Tyn concibió e implementó la caridad fraterna aparece, por tanto, como estímulo para la reorientación según las auténticas exigencias del Evangelio, que hoy nos recuerda el Papa, tanto para los sacerdotes como para los laicos, para un ejercicio de la caridad que no confunda los roles, sino que los asocie estrechamente en su recíproca complementariedad para una eficaz contribución al bien común de la Iglesia y de la humanidad de hoy.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 2010
Notas
¹ Esto se ha propuesto recientemente en Holanda para "hombres, mujeres y homosexuales".
² De Don Didaco Bessi. Discorsi editados por el Centro Studi “Don Didaco Bessi”, Iolo (Prato), vol.”, Prato 2007, p.329.
³ El padre Cavalcoli se refiere aquí, obviamente, al papa Benedicto XVI. (JG)
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Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum caritas veritatis sit forma sublimissima caritatis christianae
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod caritas veritatis non sit forma sublimissima caritatis christianae.
1. Quia caritas sublimissima est adiutorium materiale pauperibus, sicut communiter in societate intelligitur.
2. Praeterea, quidam dicunt caritatem sacerdotalem non distingui a caritate laicali, et sacerdotem debere se dedere eisdem operibus socialibus ac laici.
3. Item, videri posset quod insistere in caritate spirituali et in salute aeterna sit regressus pietisticus, contrarius exigentiis modernis iustitiae socialis.
4. Denique, tempore pluralismi et saecularisationis, non esset possibile proponere unam conceptionem systematicam caritatis.
Sed contra est quod sanctus Augustinus docet primam caritatem fraternam esse caritatem veritatis, servitium veritatis. Sanctus Thomas affirmat opus misericordiae praeciosissimum esse ducere fratrem de tenebris erroris ad lucem veritatis. Ergo caritas veritatis est forma sublimissima caritatis christianae.
Respondeo dicendum quod caritas christiana est virtus theologalis quae nos unit Deo et proximo per amorem supernaturalem. Haec variis modis exprimitur, sed eius culmen et forma purissima est caritas veritatis, quia nihil est praeciosius quam communicare veritatem divinam et liberare proximum ab errore.
Caritas erga Deum manifestatur in cultu et in obedientia mandatorum eius, et caritas erga proximum manifestatur in adiutorio materiali et spirituali. Tamen prima paupertas quae est sananda est peccatum, ignorantia et vacuum interius. Propter hoc caritas veritatis, quae illuminat per Verbum Dei et ducit ad salutem aeternam, est expressio sublimissima caritatis.
Sacerdos, secundum idealem dominicanum contemplata aliis tradere, hanc caritatem eminenter exercet celebrando Missam, confitendo et animas dirigendo. Laicus, in suo proprio campo, etiam participat caritatem veritatis cum veritatem testificatur in vita sociali et politica. Sic sacerdotes et laici se complent in exercitio caritatis, sed forma altissima eius est semper caritas veritatis.
Ad primum dicendum quod adiutorium materiale necessarium est, sed non sufficit; caritas veritatis sublimior est quia omnia ordinat ad salutem aeternam.
Ad secundum dicendum quod caritas sacerdotalis distinguitur a laicali, quia eius propria missio est veritatem communicare et sacramenta administrare, dum laicalis exercetur in campo sociali.
Ad tertium dicendum quod insistere in caritate spirituali non est regressus, sed fidelitas Evangelio, quod iustitiam socialem ordinat ad salutem aeternam.
Ad quartum dicendum quod pluralismus potest et debet illustrari per conceptionem systematicam caritatis, cuius culmen est caritas veritatis. JG
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