viernes, 27 de febrero de 2026

El padre Tomas Tyn y el comunismo

¿Puede un sistema político que se proclama defensor de los pobres ocultar en realidad un rostro inhumano y anticristiano? ¿No es acaso el comunismo, bajo sus diversas formas, siempre fiel a sus principios ateos y materialistas, aunque se disfrace de pluralismo y pacifismo? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli presenta el testimonio del padre Tomas Tyn, quien vivió en carne propia la tiranía comunista y ofreció su vida por la libertad de la Iglesia y de su patria. ¿No es significativo que su muerte coincidiera con la caída del régimen soviético en Checoslovaquia? ¿No es urgente recordar que la caridad cristiana distingue entre el rechazo de las doctrinas perversas y el amor misericordioso hacia las personas? La figura luminosa de Tomas Tyn aparece como guía para discernir entre la verdad del Evangelio y las falsas promesas del marxismo, mostrando que sólo en Cristo se encuentra la auténtica liberación del hombre y de la sociedad.

El padre Tomas Tyn y el comunismo

(Traducción a la lengua española del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana en el año 2010. Versión original en italiano: http://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/06/padre-tomas-tyn-e-il-comunismo.html)

Ya he tenido la oportunidad de hablar varias veces sobre el Siervo de Dios, teólogo dominico checoslovaco padre Tomas Tyn (1950-1990). Lo he puesto en relación con dos grandes temas de actualidad: la cuestión del tradicionalismo y la del modernismo, ambas vinculadas a la interpretación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II.
Hay otro gran tema con el que podemos conectar la significativa figura del padre Tyn, una cuestión muy seria, que él vivió dramáticamente pero al mismo tiempo con esa serenidad que proviene de la fe católica, una cuestión que todavía interesa no sólo a la política, sino también más profundamente durante casi dos siglos a la situación moral y espiritual de la humanidad: la cuestión del comunismo.
El padre Tyn vivió su juventud en lo que entonces se llamaba "Checoslovaquia", hoy dividida en "República Checa" y "República Eslovaca". En aquel tiempo, como bien sabemos, su patria estaba sujeta a una dura dominación comunista, de ese comunismo que tenía su sede central en la Rusia soviética.
En 1968, en ocasión de la invasión soviética, destinada a reprimir el tímido movimiento de liberación que se había producido con la "Primavera de Praga" guiada por Alexander Dubcek, toda la familia Tyn, padre, madre y tres hermanos, Tomas, Helena y Paul, buscaron refugio en Alemania junto con otro medio millón de ciudadanos checoslovacos deseosos de escapar de la tiranía comunista.
En Alemania, Tomas se hizo fraile Dominico. En 1972 se trasladó a Italia, al convento de Bologna, y en 1976 fue ordenado sacerdote en Roma por el papa Paulo VI. Tomas Tyn, joven extraordinariamente dotado desde el punto de vista intelectual, en 1978 se doctoró en teología en Roma y comenzó a enseñar en el Estudio Teológico Académico de Bologna, hoy convertido en Facultad Teológica de Emilia-Romagna.
En ocasión de su ordenación sacerdotal, el padre Tomas ofreció su vida por la libertad de la Iglesia y de su propia Patria. Dios lo escuchó, porque murió, después de una breve y dolorosa enfermedad, precisamente en los días (enero de 1990) en que cesó el régimen comunista y fue instaurada la democracia. La noticia se difundió en su patria, tanto que la televisión del Estado, que antes era el órgano del Partido Comunista, hablaba de él como de un héroe nacional, mientras que los Dominicos checos, impresionados por este eminente testimonio cristiano, promovieron la causa de beatificación, que unos años más tarde, en 2006, fue inaugurada oficialmente en Bologna por el arzobispo cardenal Carlo Caffarra.
El padre Tomas, como inteligente filósofo y teólogo que era, fidelísimo al Magisterio de la Iglesia y a santo Tomás de Aquino, había estudiado a fondo la doctrina comunista en sus principales exponentes, Marx, Engels, Lenin y Stalin, y también había experimentado junto con su pueblo las consecuencias inhumanas a las cuales conduce la coherente aplicación del ateísmo y del materialismo marxista.
Yo viví en el convento dominico boloñés durante algunos años junto con el padre Tomas y muchas veces tuvimos discusiones sobre el tema del comunismo. Recuerdo que él centraba toda su concepción (y por lo tanto su condena) del comunismo en la perentoria definición que expresó Pío XI en la encíclica dedicada precisamente al comunismo "Divini Redemptoris": "sistema intrínsecamente perverso". El padre Tomas veía en el marxismo, en cuanto tenía de original, un sistema compacto sustancialmente falso, de tal manera que, según él, no se podían segregar elementos positivos de elementos negativos, sino que todo era erróneo o funcional al error. Los elementos válidos, decía, no eran originales de Marx, sino que ya existían en la ética social de la Iglesia y por lo tanto Marx de ella los había robado. La Iglesia debía re-apropiarse de ellos, reclamarlos. Y en tal modo, el padre Tomas miraba con buenos ojos el desarrollo de las doctrinas sociales católicas promovidas por el Concilio Vaticano II. En cambio, pronto se dio cuenta de la duplicidad y el engaño de ciertas corrientes sedicentes católicas, como la de los "cristianos por el socialismo" o la de la "teología de la liberación", que mezclaban teísmo y ateísmo, materialismo y espiritualismo, totalitarismo y democracia, personalismo y colectivismo, libertad y dictadura, caridad y violencia. También el socialismo era para el padre Tomas un compromiso entre democracia y totalitarismo.
El padre Tomas Tyn conocía la diferencia de pensamiento entre los cuatro fundadores del comunismo: Marx, más humanista, heredero de Hegel; Engels, evolucionista; Lenin, el astuto e inmoral revolucionario; Stalin, el grosero y vulgar materialista, el dictador responsable de la matanza de millones de opositores políticos. Conocía también las diferencias entre varias formas de marxismo, como por ejemplo el yugoslavo, el italiano, el polaco o el francés. Conocía también las formas mitigadas y democráticas, que todavía existen por ejemplo en Italia, pero para él se trataba siempre de actitudes tácticas, según las prescripciones del propio Lenin, encaminadas a la toma del poder, cumplida la cual, como la historia lo demuestra, el comunismo muestra, bajo el velo de la lucha por la justicia social y del amor por los pobres y los oprimidos, su verdadero rostro bárbaro e inhumano.
Digno de destacar es el hecho importante de que la oposición del padre Tomas al comunismo no era una oposición a las políticas que de hecho ejercían los distintos partidos o movimientos comunistas en el mundo, ni menos aún era oposición o falta de caridad hacia las personas de ideas comunistas. La oposición del padre Tomas era neto y motivado rechazo, en base a la razón y a la fe, de los principios doctrinales de fondo del marxismo, fruto maduro de cuatro siglos de pensamiento antropocéntrico y postcartesiano, que progresivamente había ido mostrando siempre cada vez más su rostro a un tiempo inhumano y anticristiano. Por el contrario, su actitud frente a las diversas corrientes políticas marxistas, tratándose del terreno opinable de la política, en el cual el padre Tomas no se sentía competente, daba lugar a la tolerancia y a un prudente desprendimiento o separación.
En cambio, por cuanto respecta a las personas individuales, el padre Tomas mostraba todo su espíritu de sacerdote dominico, abierto al diálogo, siempre dispuesto a ejercer el ministerio del perdón y de la misericordia, sobre todo en el sacramento de la Penitencia, tanto que no son pocas las personas que él acercó a la fe liberándolos de la incredulidad y del desprecio por la religión y por la Iglesia.
Indudablemente, hoy el comunismo ya no muestra la abierta agresividad del pasado contra Dios, contra la Iglesia y la moral católica; ha dejado de lado algunas fórmulas tradicionales de su lenguaje; pero uno se pregunta si, después de todo, verdaderamente ha abandonado sus principios de fondo, sobre todo su concepción del hombre que no admite un Dios trascendente, sino que pone al hombre en el lugar de Dios, sustituyendo el hombre al Dios del cristianismo y de cualquier sano monoteísmo, incluidos el hebreo y el islámico.
El comunismo sigue confundiendo religión y superstición, reduciendo aquella a esta. Se presenta hoy como liberal, respetuoso del pluralismo y de la cultura, pero mantiene siempre que la verdad absoluta es la de Marx. Habla de "pacifismo", pero en realidad conserva el odio social. Habla de igualdad y de justicia, pero en realidad pone la riqueza material en primer lugar. Habla de "mística" y de espiritualidad, pero continúa pretendiendo que el espíritu nace de la materia y que, por lo tanto, una vez resueltos los problemas económicos, todo estará resuelto. Continúa resolviendo la persona en su relación con el todo social manteniendo, bajo el lenguaje de la democracia y de la libertad, su tradicional totalitarismo, inseparablemente ligado a la dictadura, ya que, como es la conclusión de la famosa fábula de George Orwell, "Rebelión en la granja", en los sistemas comunistas "todos son iguales, pero algunos son más iguales que otros".
Como decía Juan XXIII en su famosa encíclica Pacem in terris de 1963, las doctrinas, una vez fijadas, son siempre las mismas; en cambio, las personas o los movimientos concretos que profesan esas doctrinas, pueden cambiar, recapacitar, corregirse, convertirse. Cristo no ha sido muerto por el comunismo, pero por los comunistas ciertamente murió, porque también ellos están llamados a la salvación. Y el padre Tyn, como buen ministro de Cristo, lo sabía.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 2010

_________________________

Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus
Utrum communismus sit systema intrinsece perversum et fidei christianae incompatibile 

Ad hoc sic procediturVidetur quod communismus non sit intrinsece perversus nec fidei christianae incompatibilis.
1. Quia communismus semper se praebet defensorem pauperum et iustitiae socialis, quae defensio etiam est defensio a ipso Evangelio et Magisterio Ecclesiae promota.
2. Praeterea, quidam dicunt formas mitigatas et democráticas communismi exstitisse in variis temporibus et nationibus, sicut in Italia vel in Gallia, quae non essent nocivae.
3. Item, videri posset quod communismus continere posset elementa valida, sicut sensum aequalitatis vel solidarietatis, quae ab Ecclesia possent adhiberi.
4. Denique, cum hodie communismus suam aggressivitatem contra religionem deposuerit, non esset necesse eum tamquam systema perversum damnare.

Sed contra est quod Pius XI in encyclica Divini Redemptoris communismum definivit ut systema intrinsece perversum. Experientia historica ostendit quod sub velamine iustitiae socialis communismus semper suum faciem barbaram et inhumanam revelat. Ergo habendus est incompatibilis cum fide christiana.

Respondeo dicendum quod communismus, in variis formis et modis, est fructus maturus saeculorum cogitationis anthropocentricae et postcartesianae, quae magis magisque suum characterem inhumanum et antichristianum ostendit. Pater Thomas Tyn, qui in propria carne tyrannidem communisticam in Cechoslovachia expertus est, eum in principalibus auctoribus, Marx, Engels, Lenin et Stalin, diligenter investigavit et conclusit totum systema falsum esse et errori inservire. Elementa valida non sunt propria Marxi, sed furata ex ethica sociali Ecclesiae, quae sibi vindicare debet.
Communismus, etiam cum se democraticum vel pacifisticum ostendit, semper sua principia fundamentalia servat: negare Deum transcendentalem, hominem in loco Dei substituere, religionem ad superstitionem redigere, odium sociale et materialismum retinere, atque totalitarismum perpetuare sub sermone libertatis et aequalitatis. Sicut docet Ioannes XXIII in Pacem in terris, doctrinae semel statutae semper eademe manent, quamvis personae mutari, resipiscere, corrigi et converti possint.
Pater Thomas Tyn communismum reiecit non ex inimicitia erga communistas, sed ex fidelitate rationi et fidei. Ipsius oppositio fuit contra systema doctrinale, dum erga personas semper caritatem sacerdotalem ostendit, dialogo se aperuit et ministerium remissionis exercuit, multos ab incredulitate et contemptu Ecclesiae liberans.

Ad primum dicendum quod defensio pauperum in communismo fallax est, quia divitias materiales in primum locum ponit et odium sociale ac violentiam occultat.
Ad secundum dicendum quod formae mitigatae et democraticae sunt tacticae ad potestatem obtinendam, secundum ipsas praescriptiones Lenin.
Ad tertium dicendum quod elementa valida non sunt propria communismi, sed ad doctrinam socialem Ecclesiae pertinent, et ideo ab ea vindicanda sunt.
Ad quartum dicendum quod, etsi communismus sermonem suum molliverit, principia fundamentalia non reliquit, quae adhuc inhumana et antichristiana manent.
   
JG

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.