viernes, 27 de febrero de 2026

El padre Tomas Tyn y el modernismo

¿Podemos seguir hablando de modernismo sin usar esa palabra, sin nombrar la herejía que lo alimenta? ¿No es hora de recuperar la claridad de san Pío X y llamar las cosas por su nombre, sin eufemismos ni circunloquios? El padre Tomas Tyn, fiel al Concilio Vaticano II y a los Papas, denunció con agudeza los errores de la modernidad, mostrando que la verdadera tradición no es anacronismo, sino fuerza crítica y sistemática. ¿Qué significa hoy un pensamiento católico sólido, capaz de unir rigor científico y comunicación viva para los hombres de nuestro tiempo? ¿No es acaso más grave el modernismo actual, diversificado y extendido, que aquel del siglo pasado? La clave, nos recuerda el padre Giovanni Cavalcoli en este artículo, está en corregir el modernismo con una sana modernidad en continuidad con la tradición, evitando tanto la idolatría de lo nuevo como la idolatría de lo antiguo.

El padre Tomas Tyn y el modernismo

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog Riscossa Cristiana en 2010. Versión original en italiano: https://riscossacristianaaggiornamentinews.blogspot.com/2010/05/tomas-tyn-e-il-modernismo.html)

Han pasado ya algunas décadas desde que un resurgimiento del modernismo en el interior de la Iglesia ha sido señalado por parte de movimientos tradicionalistas, que han creído encontrar rastros de modernismo en el propio Concilio Vaticano II. Este juicio no equilibrado ha significado que su alarma no se haya tomado hasta ahora demasiado en serio. Pero tal alarma fue lanzada en su momento también por un teólogo ciertamente no sospechoso de conservadurismo, como Jacques Maritain, y también por Tomas Tyn, de quien ya tuvimos la oportunidad de ocuparnos.
En cuanto a Tyn, como he dicho en un artículo anterior, puede ser considerado (y así él mismo se consideraba) un "tradicionalista"; pero lo era sin faltar el respeto a las enseñanzas del Concilio y de los últimos Papas. Por esto él juzgaba severamente el movimiento lefebvriano.
Hoy considero providencial el tradicionalismo tyniano -por su originalidad me agrada llamarlo "tynismo" y lo aconsejo a muchos- un tradicionalismo refinado, raro y precioso en la escena de la teología actual, la cual, aunque a veces se autodenomina católica o incluso queriendo ser católica, en realidad a menudo lleva a posiciones partidistas, poco científicas, sincretistas y efímeras. Se enfoca mucho sobre la historia y sobre el estilo literario (actitud quizás sabrosa, pero inútil), carece de fuerza, agudeza y claridad de pensamiento.
Lo que falta, diría Hegel, es el "espíritu del sistema" (¡con esto no quiero decir que yo comparta el sistema hegeliano!). Prefiero pensar en el sistema de santo Tomás de Aquino. Incluso el padre Tyn, aunque murió a una edad temprana y no pudo llevar su pensamiento a la madurez completa, tenía el temperamento de un gran pensador sistemático y especulativo.
Y Dios sabe cuánta es la necesidad que tenemos hoy de esto, esparcidos, destrozados y desconcertados como estamos en un "pluralismo", por decirlo con una expresión de Rahner, "insuperable", aunque en sí mismo puede y debe ser superado. Pero incluso el propio Rahner nos ofrece un sistema. Lástima que sea equivocado.
Tenemos necesidad, en el campo del pensamiento, de agudeza, de perspicacia, de orden, de solidez, de equilibrio, de universalidad, de integralidad y al mismo tiempo de profundidad y de rigor científico (¡no digo cientista ni positivista!), como ciertamente conviene al verdadero pensamiento católico, heredero de milenios de cultura clásica y hoy llamado a una nueva síntesis que asuma críticamente las culturas extra-europeas. Finalmente, necesitamos encontrar el modo de hacer que este pensamiento sea comunicable y utilizable para los hombres de nuestro tiempo.
Comparto aquella convicción de Maritain y de Tyn, acerca del actual renacimiento del modernismo. Por eso sería bueno, en mi opinión, que los Pastores y el mismo Romano Pontífice recomenzaran (¡después del papa san Pío X!) a usar el término. Hasta ahora se ha usado el de "progresismo", pero -como comentario crítico- me parece demasiado blando (soso), demasiado suave, una lanza roma. El progresismo es en sí mismo una cosa sana y normal, en ciertos casos un deber, porque significa amor por el progreso. ¿Y cómo no amar el progreso? No debemos agarrárnosla con el progresismo. Tradicionalismo no tiene por qué significar anacronismo.
"Modernismo", en cambio, recuerda indudablemente a la Pascendi de san Pío X. Pero precisamente por esto es oportuno y esclarecedor volver a usar el término, aunque sé bien que evoca un fenómeno herético. Pero un discurso análogo se podría hacer para el término "herejía". Considero que sería bueno que también este término volviera a ser usado por nuestros Pastores. Las herejías hoy existen, no podemos ocultarlas. Y no me parece pastoralmente conveniente, para designarlas, utilizar eufemismos, circunloquios o alusiones.
Debemos volver a hablar de herejías con seriedad, objetividad, serenidad, caridad, auténtica premura pastoral. No hablar de eso, sólo empeora la situación. Somos como médicos que se limitan a prescribir prácticas de salud, baños de mar, dietas vegetarianas, gimnasia, footing y salidas a la montaña. ¿Y las enfermedades?
El problema es cómo hablar de ello. Me permito señalar un libro mío dedicado a este tema: La questione dell’eresia oggi, Edizioni Vivere In, Monopoli (BA) 2008 ¹. Pero es obvio que yo también estoy dispuesto a aprender de personas más sabias. Deberíamos sobre este tema hablar en la prensa y en los sitios web, organizar conferencias, escribir libros y revistas especializadas, iniciar una pastoral especial, formar pastores idóneos y capaces desde su formación de seminario.
He hecho obsequio de mi libro al cardenal Caffarra, mi Arzobispo y Gran Canciller de la Facultad de Teología de Bologna, donde enseño, y me ha enviado dos líneas, pero eficacísimas: "Problema de candente actualidad, pero completamente silenciado". Entonces he decidido, durante los próximos tres años, hablar de ello en Radio María.
También por cuanto respecta al término "herejía", el padre Tomas Tyn no temía usarlo también en referencia a la actualidad. Y él nos ha dejado agudas refutaciones de las herejías de nuestro tiempo.
Ciertamente nosotros, los Dominicos, en este campo, como se sabe, tenemos una larga historia, no privada de lados oscuros. Pero esto quiere decir sólo que es necesario encontrar un estilo renovado, verdaderamente evangélico y útil para los hombres de nuestro tiempo. Dejar de lado la cuestión no sirve de nada y, de hecho, empeora la situación.
Recientemente el Papa ², retomando una expresión tradicional que frecuentemente aparece en labios de los santos, ha hablado de la "pasión de la Iglesia" a causa de la existencia del "pecado en la Iglesia" y refiriéndose a "alborotadores y rebeldes", hijos de la Iglesia que hacen sufrir a la Madre. La herejía es un típico fenómeno de rebelión contra la Iglesia. Habría podido hablar también de pecado contra la Iglesia.
Por esto no estoy lejos de creer que el Papa pensaba en estos hijos ingratos y, por supuesto, más allá naturalmente de los que pecan desde el punto de vista moral. Pero no hay duda de que la Iglesia sufre también a causa del modernismo, y de ello Tyn era muy consciente. La Iglesia sufre en sus santos; y el padre Tomas fue ciertamente uno de ellos.
Indudablemente, el modernismo de hoy es diferente al modernismo de los tiempos del papa san Pío X: hoy es más complejo y diversificado, se resiente de influencias que entonces no existían. Me parece más grave y más extendido.
El modernismo nace de un enfoque equivocado sobre la modernidad, de una veneración ingenua, supina y fetichista de lo moderno como tal. Indudablemente, no se puede dejar de apreciar lo moderno, cuando es mejor que lo antiguo. ¿Quién no querría poseer un automóvil moderno en lugar de uno del siglo pasado? Existe sin embargo una criminalidad moderna y considero que ninguna persona de rectas costumbres mira con simpatía tal modernidad.
En el modernismo de los tiempos del papa san Pío X -es necesario reconocerlo- existían, aunque en medio de graves errores, instancias o peticiones positivas, que no encontraron en ese momento una adecuada respuesta: asumir los aspectos válidos de lo moderno.
Lamentablemente, mientras los ortodoxos ³ disparaban contra la modernidad tomada en su conjunto, faltaron en los modernistas los adecuados criterios de discernimiento, porque los modernistas estaban influenciados por los errores modernos, cuando en cambio, si se hubieran utilizado los criterios ofrecidos por la Iglesia, por ejemplo el tomismo, la operación hubiera resultado positiva, como resultó en gran medida, aunque también entre algunos defectos, en Maritain o en Fabro o en Congar o en Lagrange o en Journet. El testimonio del padre Tyn es válido por haber denunciado los errores de la modernidad a la luz de la doctrina de la Iglesia y del Aquinate, algo que también por lo demás han hecho los autores antes mencionados.
El Concilio, por su parte, nos ha dado válidas sugerencias para la asunción de los valores de la modernidad. El modernismo que renació posteriormente al Concilio -como han dicho varias veces los últimos Papas- no ha sido causado por el Concilio, sino por una mala interpretación del mismo. La mejor manera de vencer el modernismo es la verdadera implementación del Concilio.
De ello Tyn se dio cuenta y lo dice abiertamente. Incluso Tyn no era en absoluto contrario a una sana modernidad y por eso apreciaba el Concilio, aunque no se haya comprometido a fondo sobre esta línea, prefiriendo más bien recordar algunos valores tradicionales que estaban en peligro de ser olvidados.
El modernismo se corrige con una sana modernidad, que no rompa con la sana tradición. Si la una y la otra son sanas, es decir, fundadas en la verdad, no es difícil la conexión, porque lo verdadero no puede contradecir lo verdadero. Cuando, pues, se trata de doctrina de la Iglesia, es importante rastrear la continuidad más allá de las aparentes discontinuidades.
Por el contrario, son inadmisibles tanto una idolatría de lo moderno como una idolatría de la tradición. Y no es casualidad que tanto la una como la otra -siempre de idolatría se trata- vean en el Concilio una ruptura con la tradición, la primera para alegrarse, la segunda para lamentarse.
Por lo demás, el buen católico sabe ya a priori que no puede haber rupturas en las enseñanzas doctrinales o de fe de la Iglesia. Por el contrario, es necesario saber ver el progreso más allá de las aparentes negaciones o errores o contradicciones.
También sobre este punto el padre Tyn nos guía con su enseñanza, en gran parte todavía inédita, pero es ferviente el trabajo de preparación de textos aptos para su publicación, algunos de los cuales están en Internet (www.studiodomenicano.com y www.arpato.org), y ya se puede acceder a algo impreso sobre todo en la meritoria Editorial Fede&Cultura del prof. Giovanni Zenone de Verona.

P. Giovanni Cavalcoli,
Bologna, 2010

Notas

¹ Próximamente este libro, en su versión en lengua española, La cuestión de la herejía hoy, estará a disposición de todos los lectores de este blog, en formato digital pdf para descarga libre y gratuita. (JG)
² En este caso, el padre Cavalcoli se está refiriendo obviamente al papa Benedicto XVI. (JG)
³ En mi opinión, en la palabra "ortodossi" utilizada aquí por el padre Cavalcoli, no debe entenderse a los ortodoxos orientales (los cuales, sin embargo, en 2022 y, por ejemplo, en la dramática guerra entre Rusia y Ucrania, se han manifestado también en sus aspectos de apego a la tradición en cuanto al pasado, sino que más bien debería entenderse a los "tradicionalistas", o, como dirá el propio padre Cavalcoli diez años después, los "pasadistas", o bien, como los llamará el papa Francisco, indietristas. (JG)

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum modernismus hodiernus corrigendus sit
per sanam modernitatem in continuatione cum traditione 

Ad hoc sic procediturVidetur quod modernismus hodiernus sive neo‑modernismus non sit corrigendus per modernitatem.
1. Quia nomen modernismi revocat haeresim a sancto Pio X damnatum, et ideo melius esset vitari.
2. Praeterea, quidam tenent Concilium Vaticanum II causam esse modernismi, et ideo non potest praebere criteria valida ad assumendum modernum.
3. Item, pluralismus hodiernus est insuperabilis, et ideo non esset possibilis aliqua synthesi systematica quae coniungeret traditionem et modernitatem.
4. Denique, loqui de haeresibus hodie videtur pastorali ratione incommodum, quia posset offendere et a fidelibus alienare.

Sed contra est quod sanctus Pius X in encyclica Pascendi Dominici Gregis docuit modernismum esse compendium omnium haeresum et clare doctrinaliter esse oppugnandum. Concilium Vaticanum II affirmavit depositum fidei fideliter custodiendum et interpretandum, et Ecclesiam, Spiritu Sancto assistente, progredi in intelligentia veritatis traditae (Dei Verbum n.8). Sanctus Vincentius Lirinensis docuit verum progressum doctrinae consistere in eo quod crescat in eodem sensu et in eadem veritate. Ergo modernismus corrigendus est per sanam modernitatem quae in continuatione cum traditione manet.

Respondeo dicendum quod modernismus hodiernus est magis complexus et diversificatus quam ille temporum sancti Pii X, et patitur influxus qui tunc non exstabant. Est gravior et latius diffusus, quia oritur ex veneratione ingenua et quasi idolatrica ipsius moderni. Nihilominus non potest negari modernum, cum sit melius quam antiquum. Quaestio est de discretione.
Modernismus corrigitur per sanam modernitatem quae non rumpit cum sana traditione. Verum enim verum contradicere non potest, et ideo possibilis est connexio inter traditionem et modernitatem, si ambae sint sanae. Concilium Vaticanum II praebuit criteria valida ad hanc integrationem, et modernismus post Concilium non ex ipso provenit, sed ex prava eius interpretatione. Optima via ad vincendum modernismum est vera exsecutio Concilii.
Necesse est de haeresibus loqui cum gravitate, obiectivitate et caritate, quia occultare eas solum peiorat condicionem. Silere de eis est sicut medicus qui praescribit exercitia sanitatis sed numquam curat morbos. Ecclesia patitur propter modernismum, et haec passio Ecclesiae est fructus filiorum rebellium qui eam vulnerant. Cogitatio catholica hodie indiget ordine, firmitate, universalitate et rigore scientifico, apta ad veritatem hominibus nostri temporis communicandam. Testimonium Thomae Tyn ostendit posse aliquem esse traditionalistam sine contemptu Concilii et Pontificum, et veram traditionem esse vim criticam et systematicam.
Ergo inadmissibilis est tam idolatria moderni quam idolatria antiqui. Utraque videt in Concilio rupturam cum traditione, prima ut gaudeat, secunda ut doleat. Sed bonus catholicus scit nullas esse rupturas in doctrinalibus Ecclesiae, et necesse est videre progressum ultra apparentia contradictionum.

Ad primum dicendum quod nomen modernismi revocat haeresim, sed propter hoc opportunum est uti eo, ut clare designentur errores hodierni in Ecclesia.
Ad secundum dicendum quod Concilium non est causa modernismi, sed prava interpretatio eius; vera exsecutio Concilii est via ad vincendum modernismum.
Ad tertium dicendum quod pluralismus potest et debet superari per cogitationem systematicam et speculativam, sicut apud sanctum Thomam, quae potest integrare traditionem et modernitatem.
Ad quartum dicendum quod loqui de haeresibus est pastorali ratione necessarium, quia Ecclesia patitur propter modernismum, et silentium solum peiorat condicionem. 
   
JG

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