En este ensayo, el Padre Giovanni Cavalcoli examina la persistente división entre derecha e izquierda en la política y la cultura contemporáneas, mostrando cómo estas categorías, lejos de ser meras etiquetas partidarias, tocan valores filosóficos y religiosos de fondo. La Iglesia, fiel a su misión, evita identificarse con uno u otro polo, pero recuerda a los católicos la necesidad de unidad en los valores no negociables. El docto dominico plantea la pregunta decisiva: ¿qué significa hoy ser de derecha o de izquierda para un católico? Su reflexión invita a un discernimiento serio, en el que la libertad política se conjuga con la fidelidad a Cristo y a la doctrina social de la Iglesia. [En la imagen: fragmento de "Composición con rojo, azul y amarillo", óleo sobre liebzo, pintura de 1930, obra de Piet Mondrian, conservada y expuesta en el Kunsthaus Zürich, Suiza].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 2 de febrero de 2026
Derecha e izquierda
(Fr Giovanni Cavalcoli OP, ha publicado este artículo en el blog Riscossa Cristiana -Ricognizioni-, el 15 de diciembre de 2010. El lector interesado en conocer el original en lengua italiana, lo encuentra en el siguiente enlace: https://www.ricognizioni.it/destr-e-sinistra-di-p-giovanni-cavalcoli-op/ )
Derecha e izquierda
Es muy común en el lenguaje político calificar o ser calificado como "de derecha" o "de izquierda". Es un uso que se remonta a los parlamentos del siglo XIX, involucrando una parte derecha y una parte izquierda, herederos del clima del tiempo, posterior a la Revolución Francesa, en la que la sociedad política y la misma cultura y el mundo católico llegaron a encontrarse divididos a veces con dureza entre una tendencia (la "izquierda") que se sentía heredera de los ideales revolucionarios y republicanos de progreso, libertad y democracia (el liberalismo); y una tendencia opuesta (la "derecha"), ávida de reparar los daños morales y religiosos provocados por la Revolución, fruto del racionalismo iluminista, y por ende de restaurar los valores tradicionales (de ahí el término "tradicionalismo") que la precedieron y de conservar (de ahí "conservadores") o restaurar (de ahí el término "restauración") una sociedad jerarquizada y ordenada (posiblemente monárquica), reaccionando (de ahí el término "reaccionario") a las innovaciones juzgadas como revolucionarias (de ahí el término "contrarrevolución") y destructivas de la civilización, pensada sobre todo como una civilización cristiana europea.
La oposición derecha-izquierda no solo tiene un color político, sino que también tiene raíces profundas, por lo cual se habla de cultura de derecha y cultura de izquierda. Ambas a este nivel proponen un método de salvación y de liberación del hombre de los males presentes. La primera mira al pasado, de ahí su tradicionalismo fijista o más bien la recuperación de la tradición. Desde este punto de vista, el hombre se encuentra actualmente en una condición de miseria porque ha perdido un estado pasado de perfección originaria, al cual se debe retornar. El futuro es válido en cuanto recuperación del pasado. En cambio, la izquierda es progresista, mira hacia el futuro. La liberación se obtiene poniendo ante los ojos un ideal de perfección (de ahí su utopismo) que se logrará en el futuro. El pasado es para desechar.
El cristianismo concilia estos dos puntos de vista argumentando que se debe recuperar el pasado (condición edénica), pero elevándolo a un estado aún superior y supremo (estado escatológico de la resurrección). Entonces, al fin de cuentas, el cristianismo mira más al futuro que al pasado, pero al mismo tiempo es tradicionalista, porque es la Tradición la que indica los caminos del futuro. Sólo el cristianismo por lo tanto puede poner paz entre derecha e izquierda.
Esta división entre derecha e izquierda se acentuó hasta incluso el enfrentamiento abierto y armado hacia finales del siglo XIX con el surgir de los movimientos republicanos, socialistas, anarquistas y marxistas, herederos de la Revolución Francesa, respaldados por la masonería y el judaísmo anticristiano, los cuales llevaron a ulteriores consecuencias los principios materialistas, subversivos y ateos implícitamente contenidos en la Revolución, mientras que por otro lado el mundo católico y la Iglesia tendían a ocupar sobre todo el espacio de la derecha, con el vínculo entre el trono y el altar, el ideal de la "cristiandad", y el apego de los Papas al Estado de la Iglesia con la oposición a la unidad de Italia y los levantamientos insurreccionales a favor de la unidad nacional, apoyados por la masonería, por los mazzinianos y por los católicos y no católicos liberales piamonteses (¡incluidos el Beato Rosmini y Manzoni!).
La extremización de esta oposición derecha-izquierda se produjo en el siglo XX con la Revolución Rusa por una parte y con el surgimiento de los movimientos fascistas y nazis por la otra. El mundo católico comenzó a intentar un acercamiento con las fuerzas de izquierda, por ejemplo en la Francia de los años treinta, mientras que el grueso permanecía en posiciones de derecha, en fuerte oposición -era comprensible- a las tendencias marxistas y comunistas.
Es famosa la frase de san Pío X, según la cual el católico solo podía ser "tradicionalista" y la lucha del Santo Pontífice contra el modernismo, donde no existe una condena de la izquierda marxista, porque entonces era inconcebible que un católico simpatizara con ese movimiento (uno podría haber sido kantiano, filo-protestante, fenomenista, subjetivista idealista, pero era del todo impensable la hipótesis de un "cattocomunista"). La condena del comunismo había existido desde 1846 por parte del beato Pío IX, pero precisamente no se trataba de censurar a los católicos desviados, sino de un movimiento abiertamente anticristiano.
Es entonces en el siglo XX cuando una derecha pagana, nietzscheana, pangermanista y antisemita aparece especialmente en Alemania (el pueblo elegido es el alemán, no el hebreo, de ahí el odio y la envidia hacia los judíos) antidemocrática, individualista (legado de Lutero), de un tradicionalismo de tipo esotérico y masónico, con vagas referencias al oriente. Pensemos por ejemplo en Guénon y en Nietzsche.
Evidentemente los católicos no podían compartir este tipo de derecha, aunque muchos, incluso entre las jerarquías, se dejaron seducir por el fascismo y por el propio nazismo, que no desdeñaba su religiosidad, que era sin embargo de género nebuloso, equívoco, inmanentista, religiosidad originada por la filosofía de Hegel y por la mística protestante (Böhme), mientras que Hegel, como es bien sabido, desde el punto de vista filosófico está en el origen tanto de la cultura de derecha como de la cultura de izquierda. De hecho, los historiadores de la filosofía, tratando de los seguidores de Hegel, hablan de una "izquierda" hegeliana, atea, por ejemplo Feuerbach, y de una "derecha" hegeliana, cristiana, por ejemplo Marheineke.
En cierto sentido, las dos guerras mundiales del siglo XX han sido un gigantesco conflicto entre una derecha arrogante, militarizada, nacionalista, estatista y superhomista del dominio del hombre sobre el hombre, vuelta hacia la clasicidad y la sacralidad paganas (romanticismo alemán y Heidegger) y una izquierda revolucionaria, jacobina, roussoiana y mesiánica (Marx era hebreo) del hombre colectivo y despersonalizado (el "Gattungswesen" todavía de Marx), que diviniza al "pueblo" o hace del hombre el Dios de sí mismo (consecuencia extrema del idealismo panteísta hegeliano). El humanismo del hombre que se libera sin Dios, con sus propias fuerzas. El hombre ley para sí mismo y premio para sí mismo, consecuencia de la concepción kantiana de la "autonomía" de la razón: la "diosa razón" de la Revolución. Muchos de estos falsos ideales han colapsado. Pero se mantiene la distinción entre derecha e izquierda. ¿Qué sentido tiene hoy?
Es desde el siglo XX hasta nuestros días, como sabemos, que se ha producido un gran desarrollo de la doctrina social de la Iglesia, iniciado con la famosa encíclica Rerum Novarum de León XIII del 1891. En ella, los católicos parecen poder colocarse sólo a derecha, ya que la condena de los movimientos socialistas y comunistas es clarísima. Por lo tanto, era inconcebible un católico de izquierda. La misma actitud se nota todavía en las enseñanzas sociales de un papa Pío XI, que califica al comunismo como un "sistema intrínsecamente perverso" y del venerable papa Pío XII con la famosa excomunión de 1949 de los católicos partidarios del comunismo ateo, todavía actualmente válida.
Se comienza a hablar de católicos "de izquierda" en Italia solamente en los años del postconcilio, mientras que en Francia ya se hablaba de ellos en la época del Front Populaire en los años treinta. Maritain decía que se consideraba un católico "de izquierda", y asume una posición neutral en la guerra de España, por lo que fue visto con sospecha en los ambientes vaticanos, especialmente porque había un régimen fascista en la Italia de entonces.
Pero los católicos de izquierda hacen las distinciones, rechazando el colectivismo, el materialismo, el ateísmo y la lucha de clases. Rechazan la explotación capitalista, acentúan los temas del bien común, de la democracia, de la justicia económica, de la liberación de los oprimidos, de la solidaridad social y de los derechos humanos. Se esfuerzan por encontrar puntos de contacto con los no creyentes, según las indicaciones de la Iglesia postconciliar que instituyó un "Secretariado para los no creyentes", hoy el "Consejo para la cultura". Así nació en Italia la "centro-izquierda" de los años de Aldo Moro.
Los católicos de izquierda, sobre todo en América Latina, se acercaron demasiado al marxismo, tanto que, como es sabido, fueron condenados por la Congregación para la Doctrina de la Fe, la cual, por otra parte, no dejó de señalar algunos aspectos válidos de la "teología de la liberación", fundada en los años 1970s por el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, que hoy se ha hecho dominico y ha sido honrado con el alto título de "Maestro en Teología", para agregar nuevos problemas a la ya difícil situación de la Orden. En Italia se produjo, también en los años 1970s, el experimento de los "cristianos para el socialismo": ¿hay todavía alguno?
En cuanto al Magisterio social de la Iglesia, nunca ha usado los términos "derecha" e "izquierda", ni para darles un significado positivo ni un sentido negativo, y esto probablemente por el deseo de estar por encima de los partidos y de no inmiscuirse en la política, dejando a cada católico la libertad de juicio en materia y de elegir qué lado tomar. Esto es más evidente que nunca hoy, tras la desaparición de aquello que se venía denominando "partido católico", o sea, la Democracia Cristiana, que, por otra parte, últimamente era el resultado incoherente de corrientes ya sea de derecha como de izquierda.
De hecho, los ancianos recuerdan que el episcopado italiano, a medida que se acercaban las elecciones políticas, invitaba regularmente a los católicos a la "unidad", dando claramente a entender por cual partido a los obispos les gustaba que se votase. Hoy nos dejan libres, pero libertad no quiere decir irresponsabilidad y justamente con razón ahora siempre nos recuerdan los valores "no negociables" en los cuales debemos estar concordes y unidos, quedando a salvo la libertad de elegir entre derecha o izquierda, obviamente evitando los extremos del comunismo y del lefebvrismo político.
Sin embargo, cabe señalar que, como hemos visto en el rápido excursus histórico que hemos hecho, los ideales de la derecha y de la izquierda, de hecho y durante casi dos siglos, han parecido cosas muy serias a innumerables masas de personas humanas, tanto que han llevado a dos guerras catastróficas y no hay duda de que el concepto de "derecha" e "izquierda" no se refiere sólo a determinadas opciones partidarias o a contingentes opiniones políticas o visiones parciales de la realidad, sino que toca los valores de fondo de la vida, que son valores filosóficos, morales y religiosos.
Y entonces cabría preguntarse: ¿por qué el Magisterio social de la Iglesia, hoy más que nunca preocupado por no estar ausente con discursos meramente abstractos de los temas fundamentales de la ética y de la cultura que se viven en la arena política, y siempre con razón atento a no dejarse instrumentalizar por un lado de la política contra otro, por qué, digo, el Magisterio de la Iglesia sigue ignorando estas dos importantes categorías no solo de la política, sino de nuestra propia vida de católicos, a menudo inciertos y divididos entre nosotros en la delimitación y en el valoración del significado de esos dos términos?
Para ser concretos: ¿ser de derecha o ser de izquierda hoy en Italia es la misma cosa para un católico? ¿Son igualmente católicos los unos que los otros? Pero entonces, sobre todo hoy, con la enorme intersección y mezcla de culturas y de ideas, ¿qué significa ser de derecha o de izquierda? Pues bien, sobre todo esto, en la actualidad la Iglesia se mantiene en silencio. Digo la Iglesia, no los individuales obispos o cardenales, los cuales sin embargo, si se expresan, hablan sólo en su propio nombre, bajo su propio riesgo y peligro. ¿Existe hoy en el episcopado italiano, una tendencia de izquierda, discutible interpretación de la doctrina social del Concilio Vaticano II? No es fácil responder.
Creo, en cambio, poder decir con certeza que a nosotros los católicos, sobre todo a los que están involucrados en política, nos complacería escuchar una palabra esclarecedora y alentadora de la Iglesia, al menos de la Iglesia italiana, en una situación complicada e incierta como la presente.
Ciertamente es hermoso que la Iglesia deje sobre todo a los laicos católicos elaborar libremente sus ideas tanto a la derecha como a la izquierda -véase, por ejemplo, las interesantes y útiles publicaciones del prof. Piero Vassallo-; sin embargo, tal vez no estaría nada mal una cierta cercanía de nuestros Obispos a esta difícil tarea, que se realiza por el bien de la sociedad y de la Iglesia.
El presidente Napolitano, como han informado recientemente algunos periódicos, quisiera mirar para entender algo en una bola de cristal. Nosotros, los católicos, juntos, de derecha o de izquierda, conscientes de compartir, en el pluralismo de las opciones políticas y partidistas, nuestra única fe en Cristo y nuestra común italianidad, queremos mirar y juzgar el escenario que se nos presenta a la luz que nuestros pastores nos ofrecen en nombre de Cristo, por el bien de Italia, por nuestras familias, por las categorías menos favorecidas de ciudadanos, por la justicia en el trabajo y en la economía, por la salvaguardia de los valores morales, por el progreso de la cultura, por la concordia civil, por la libertad religiosa y por el bien de la sociedad y la Iglesia italianas.
P. Giovanni Cavalcoli
15 de diciembre de 2010
__________
Anexo
He aquí mi transcripción de este artículo del padre Cavalcoli sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que ofrezco en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas.
Articulus unicus
Utrum catholicus possit dici “dexter” vel “sinister”
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod catholicus possit dici “dexter” vel “sinister”.
1. Quia Ecclesia numquam usurpavit vocabula “dexter” et “sinister” ad eis tribuendum sensum positivum vel negativum, et hoc fortasse ex voluntate supra partes politicas manendi et ne se immisceat in politicam, relinquens unicuique catholico libertatem iudicii et electionis cuius partis se adiungere.
2. Praeterea, catholici sinistrae recusant collectivismum, materialismum, atheismum et pugnam classium, et urgent quaestiones boni communis, democratiae, iustitiae oeconomicae, liberationis oppressorum, solidarietatis socialis et iurium humanorum. Ergo videtur legitimum quod catholicus possit collocari in sinistra.
3. Item, catholici dexterae nituntur conservare et restaurare valores traditionales, hierarchiam et ordinem socialem, defendentes civilisationem christianam europaeam. Ergo videtur etiam legitimum quod catholicus possit collocari in dextera.
Sed contra est quod Apostolus dicit: “Nolite conformari huic saeculo, sed reformamini in novitate sensus vestri, ut probetis quae sit voluntas Dei, bona et beneplacens et perfecta” (Rom 12,2).
Respondeo dicendum quod christianismus utrumque aspectum conciliat, arguens quod oportet recuperare praeteritum —statum edenicum—, sed elevando illum ad statum superiorem et supremum, scilicet statum escatologicum resurrectionis. Unde christianismus magis respicit futurum quam praeteritum, sed simul est traditionalis, quia Traditio ipsa indicat vias futuri. Solus christianismus igitur potest pacem constituere inter dexteram et sinistram.
Oppositio inter dexteram et sinistram non solum ad electiones politicas vel opiniones contingentes refertur, sed attingit valores philosophicos, morales et religiosos fundamentales. Per duos fere saeculos, hi ideales gravissimae res visae sunt innumerabilibus multitudinibus humanis, adeo ut ad duas guerras catastrophicas pervenerint. Dextera respexit praeteritum, cum suo traditionalismo fixo et desiderio restaurationis; sinistra respexit futurum, cum suo progressismo et utopismo. Christianismus autem utrumque transcendit, quia praeteritum recuperat, sed illum elevat ad futurum escatologicum.
Magisterium sociale Ecclesiae numquam usurpavit vocabula “dexter” et “sinister”, nec ad sensum positivum nec negativum, propter voluntatem ne ab una parte politica contra alteram instrumentum fiat. Tamen semper commemorat valores “non negotiabiles”, in quibus concordes et uniti esse debemus, salva libertate eligendi inter dexteram et sinistram, vitando extrema communismi et lefebvrismi politici.
Ergo catholicus potest collocari in dextera vel sinistra, sed tantum in quantum errores proprios cuiuslibet ideologiae recusat —collectivismum atheum et materialisticum sinistrae, vel paganismum esotericorum et nationalisticum cuiusdam dexterae— et valores authenticos, qui in eis inveniuntur, assumit, fide illuminatos et doctrinae sociali Ecclesiae subiectos. Decisivum non est titulus politicus, sed fidelitas Christo et Traditioni vivae Ecclesiae, quae vias futuri demonstrat.
Unde non sufficit adhaerere ideologiae dexterae vel sinistrae, sed necesse est discernere lumine fidei quid in eis conformetur vel non conformetur voluntati Dei.
Ad primum dicendum quod libertas iudicii, quam Ecclesia concedit, non est absoluta, sed ordinata ad veritatem moralem et valores non negotiabiles. Et ideo, quamvis non se pronuntiet de dextera vel sinistra, limites claros tamen statuit.
Ad secundum dicendum quod valores, quos sinistra vindicat, possunt a catholico sumi, dummodo fundamenta materialistica et atheistica reiciantur. Solidarietas et iustitia socialis vere sunt christianae, sed non marxismus nec pugna classium.
Ad tertium dicendum quod valores dexterae possunt a catholico sumi, dummodo vitetur traditionalismus paganus, nationalismus idolatricus et esoterismus. Conservatio civilisationis christianae est legitima, sed non idolatria Status vel gentis.
J.A.G.
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