martes, 3 de febrero de 2026

Carta a Messainlatino.it

¿Puede un Concilio equivocarse en sus directivas pastorales, y no es acaso la crisis actual de la Iglesia más una crisis de fe que de liturgia? ¿Qué significa realmente el “nuevo Pentecostés” anunciado por Juan XXIII? ¿Qué nos enseña hoy la figura luminosa del padre Tomas Tyn? Estas son las provocadoras cuestiones que emergen en una carta del padre Giovanni Cavalcoli a los editores de Messainlatino.it en 2010, que ahora presentamos a nuestros lectores. [En la imagen: fragmento de "Procesión en la Catedral de Burgos", óleo sobre lienzo, 1890, obra de Joaquín Sorolla, colección particular].

(La presente breve carta del padre Giovanni Cavalcoli, fue publicada por el sitio web MiL-Messainlatino.it el 26 de mayo de 2010. El lector interesado en conocer el original en lengua italiana, lo encuentra en el siguiente enlace: https://blog.messainlatino.it/2010/05/padre-cavalcoli-ci-scrive.html)

Carta a Messainlatino.it

Queridos amigos,  
he leído con interés cuanto referís del libro de Introvigne sobre la actual crisis de la Iglesia. Estoy de acuerdo con el análisis del ilustre sociólogo. Quisiera solamente añadir algunas consideraciones desde mi punto de vista de teólogo. En lo que respecta al valor de las enseñanzas del Concilio, como católico concuerdo plenamente con vosotros en subrayar el respeto que debemos al Concilio. Quisiera, sin embargo, hacer una distinción entre las enseñanzas doctrinales y las pastorales del Concilio.
En cuanto a las primeras, como sabéis, un Concilio ecuménico, aun cuando enseñe algo nuevo como es el caso de este Concilio, es infalible y ni siquiera es concebible que cambie o desmienta alguna doctrina tradicional o previamente enseñada: se trata únicamente de interpretar bien, escuchando la interpretación de la Iglesia, en la “continuidad y progreso”, como ha dicho el Papa ¹, y no ciertamente de dejarse seducir por la interpretación de los modernistas (yo los llamo así, más bien que “progresistas”). De estas enseñanzas puede brotar aquel “nuevo Pentecostés” del cual habló Juan XXIII (¡precisamente hoy es Pentecostés!).
En cambio, en el plano de las directivas pastorales, tampoco un Concilio es infalible, por lo cual se concede a un buen católico eventualmente, con prudencia, formular alguna crítica. Y en este punto pienso que se puede decir que ciertos desórdenes del postconcilio se deben efectivamente a directivas pastorales equivocadas del mismo Concilio, como por ejemplo:
1. la ambigüedad de ciertas expresiones, que se prestan a una interpretación antitradicional;
2. la falta de una condena precisa de los errores modernos;
3. un tono demasiado optimista frente al mundo moderno;
4. la ausencia de los “cánones”, que siempre han existido en los concilios del pasado. Ellos han sido siempre pastoralmente útiles, porque han expresado con fórmulas breves, claras e inequívocas los errores que se deben evitar.
Segunda consideración. Como sabéis bien, la crisis que hoy atormenta a la Iglesia, tanto que el Papa recientemente ha hablado de la “pasión de la Iglesia” por sus hijos “rebeldes” y “reacios”, es ciertamente una crisis de la liturgia, pero más en la raíz (y aquí hablo como teólogo) es una crisis de fe, una crisis doctrinal (rebeldía contra el Magisterio); en otras palabras, circulan muchas herejías no corregidas y no refutadas, que engañan al pueblo de Dios e incluso a ciertos pastores que, por el contrario, tendrían el deber de ponernos en guardia. La liturgia modernista es consecuencia de una teología modernista (por ejemplo, Rahner).
Ahora bien, este modernismo ha asumido hoy mucho poder, incluso en el episcopado. ¿Qué hacer? El Papa, con su Motu proprio ², ha dado un paso muy hábil ³: aparte del valor en sí de la Misa tridentina, no pudiendo afrontar de frente a los modernistas, ha rodeado el obstáculo encontrando el mejor recurso: ¡la promoción de la liturgia tradicional! ¿Os imagináis a un sacerdote rahneriano o schillebeeckxiano celebrando la Misa tradicional? ¡No, ciertamente! ¡Será más bien un tomista!
Por esto, mientras os expreso mi admiración por vuestro amor a la Misa tridentina, quisiera, como teólogo, invitaros a tomar en mayor consideración las RAZONES TEOLÓGICAS de vuestra hermosa devoción: es decir, la plena ortodoxia, que ciertamente vosotros amáis y ya aceptáis, también en línea con el Concilio (que es eminente testigo de la Tradición), y la refutación del error (de acuerdo, reconozco que corresponde sobre todo a nosotros los teólogos). Desde este punto de vista, sin embargo, quisiera presentaros la figura de un teólogo dominico ejemplar, el Siervo de Dios Padre Tomas Tyn (1950-1990), quien supo sabiamente conciliar tradición y progreso (celebraba periódicamente la Misa tradicional, mientras habitualmente celebraba la de Pablo VI). Podéis visitar sus sitios:
http://www.studiodomenicano.com/ y http://www.arpato.org/.  
Felicitaciones por vuestro trabajo, mis mejores deseos y un cordial saludo.  

P. Giovanni Cavalcoli, OP  
Postulador en la Causa de Beatificación del P. Tomas Tyn  
y docente de Teología Sistemática en la Facultad Teológica de Bolonia.
   
Notas

¹ Se trata, obviamente, en esta carta de mayo de 2010, del papa Benedicto XVI (J.A.G.).
² En referencia al motu proprio Summorum Pontificum, de 2007 (J.A.G.).
³ Se trata aquí de una valoración prudencial a mi entender equivocada del padre Giovanni Cavalcoli, es decir, una opinión personal que, como se verá en artículos de años posteriores, el propio Cavalcoli corregirá, reconociendo finalmente que la medida pastoral del papa Benedicto XVI en 2007 concediendo excesiva liberación para la celebración de la Misa con el Misal de 1962, fue bastante imprudente. (J.A.G.).

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