sábado, 7 de febrero de 2026

Carta del Padre Tomas Tyn al Cardenal Ratzinger y correspondiente respuesta

Un intercambio epistolar entre el Siervo de Dios Tomas Tyn y el entonces cardenal Joseph Ratzinger, acompañado de las notas del padre Giovanni Cavalcoli, se convierte aquí en testimonio vivo de una batalla intelectual y espiritual que sigue vigente. ¿Cómo volver al verdadero Concilio sin caer en deformaciones ideológicas? ¿Es posible que la verdad, y sólo ella, prepare los caminos de una auténtica libertad? Estas páginas, con la fuerza de la denuncia y la serenidad de la esperanza, nos invitan a contemplar la raíz metafísica de la moral, el sentido profundo de la liturgia y la actualidad de la tradición católica, iluminadas por la concordancia entre un joven dominico y el futuro Papa Benedicto XVI.

Carta del Padre Tomas Tyn al Card. Ratzinger
y correspondiente respuesta

(Artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado en su blog el 3 de enero de 2023: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/lettera-di-p-tyn-al-card-ratzinger-e.html)

Publico una correspondencia habida entre el Padre Tomas Tyn y el Cardenal Ratzinger en 1985, en la cual el Lector podrá constatar una profunda convergencia de puntos de vista acerca de la importancia del fundamento metafísico de la moral, con vistas a una sanación de las costumbres morales, para un progreso del camino histórico de la Iglesia y de la humanidad hacia el Reino de Dios.
Este texto ya ha sido publicado en mi libro Padre Tomas Tyn, un tradicionalista post-conciliari, ed. Fede&Cultura, Verona, 2007, pp. 122-139.
Añadimos una nota que puede ayudar al Lector a comprender esta correspondencia a la luz del actual Pontificado del Papa Francisco. El punto más importante que se debe poner de relieve es la cuestión de la relación entre Vetus Ordo y Novus Ordo.
Notamos en el P. Tomas la plena aceptación del Novus Ordo y al mismo tiempo la admiración por el Vetus Ordo.
Sabemos cómo el Papa Benedicto promulgó el famoso Motu Proprio Summorum Pontificum, en el cual, aun promoviendo el Novus Ordo, se lo ponía en relación con el Vetus Ordo. El Padre Tomas murió antes de la publicación de este Motu Proprio, pero ciertamente lo habría visto con gran favor.
Dada la obediencia del Siervo de Dios a la autoridad del Papa, podemos estar seguros de que él habría acogido dócilmente también el Motu Proprio Traditionis Custodes del Papa Francisco, aunque éste restrinja las posibilidades de celebración del Vetus Ordo para poner freno a algunos abusos.  

P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 03 de enero de 2023


Carta del Siervo de Dios al card. Joseph Ratzinger
con correspondiente respuesta del Cardenal

Damos aquí la traducción de la carta que el Padre Tomas escribió (en lengua latina) al entonces Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, card. Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, en la fiesta de Santo Domingo el 4 de agosto de 1985, para expresarle su alegría por la publicación del “Informe sobre la fe”, y manifestar algunos auspicios y preocupaciones concernientes a la vida de la Iglesia.  

Texto de la carta del Siervo de Dios P. Tomas Tyn

Eminencia Reverendísima,
no osaría ciertamente turbar el merecido reposo de tan eminente y para mí dilectísimo Padre en Cristo, si no hubiese sido tomado por una inmensa alegría por el escrito recientemente publicado por V.E. con el título “Informe sobre la fe”, el cual derrama copiosamente la luz de la fe católica en medio de las tinieblas de este tiempo no fácil.
Cuando el Concilio ecuménico Vaticano II se concluyó en 1965, yo tenía solamente quince años, pero, después de haber leído atentamente y estudiado a fondo sus documentos —aunque en el lugar no había podido confrontarlos con otros, porque en mi patria, la Bohemia, sujeta a los enemigos de Dios, semejantes escritos son considerados peligrosos y están proscritos— grande ha sido mi alegría. Sin embargo, aquella alegría pronto se cambió en tristeza, al ver malas interpretaciones y aplicaciones de una doctrina en sí misma sana desfigurar cruelmente el rostro de la esposa inmaculada de nuestro Señor Jesucristo y oprimir en la tristeza los ánimos de los buenos y de aquellos que sienten con la Iglesia ¹.
En su libro, reverendísimo Padre en Cristo, después de tanto tiempo de aflicción, he leído aquello que desde el inicio he pensado: ¡hay que volver al verdadero Concilio, es decir, a aquel que es conforme a la tradición de todos los siglos de la Cristiandad católica y se interpreta en esa luz! El más pernicioso de los errores de nuestro tiempo es aquel que divide el Magisterio entre antes y después del Concilio, arranca el uno del otro, opone el uno al otro. V.E. ha denunciado con agudeza este peligro en su libro.
Aquella oposición artificiosa entre dos “magisterios” divididos por el tiempo no es otra cosa que ese historicismo vulgar y fastidioso, que proviene del modernismo como molesta herencia para nuestro tiempo transmitida para oprimir la mente de los hombres. Sin embargo, el historicismo, el evolucionismo y las otras absurdas negaciones del principio de causalidad y de toda sana metafísica tienen raíces aún más profundas.
No hay sólo una crisis de la fe, sino también y en cierto modo ante todo de la razón humana respecto a su aspecto “sapiencial” (filosófico, más aún metafísico), gravemente lesionado por el reduccionismo positivista (ciertamente no sin una válida razón los predecesores de V.E. amonestaron a Galileo Galilei acerca de los peligros no ciertamente de la ciencia, sino del cientismo absoluto).
Pero todos estos errores se fundan en aquel subjetivismo que ya la carta encíclica “Pascendi” de San Pío X revela y denuncia como el espíritu envenenado del modernismo. Y en efecto, ¿cómo podrá el hombre de nuestro tiempo prestar a Dios la obediencia de la fe, si ya en el orden puramente natural considera ser el creador y el supremo autor de “sus verdades”? No hay, por tanto, que maravillarse de que se haya llegado al historicismo: si la verdad no vale sino relativamente al sujeto, el cual sin embargo está sometido a los cambios del tiempo, se sigue fácilmente que la verdad cambia en el curso del tiempo.
Otro defecto que dimana del subjetivismo y del relativismo consiste en la total subversión acrítica y supinamente acogida y descontada por la mentalidad corriente, casi como si se tratase de algo óptimo, de la metafísica y con ella de los preámbulos de la misma fe.
El positivismo que devasta todavía la vida intelectual de nuestro tiempo se esfuerza en sustituir la ciencia por la sabiduría y en reducir del todo ésta a aquélla. Es necesario subrayar cómo este proceso aparece manifiestamente y con abierta violencia en el comunismo (“visión científica”), pero también cómo, aunque de modo más latente, él está no menos gravemente creciendo y fortaleciéndose en el liberalismo occidental.
En ello se esconde la suma demencia del llamado hombre “moderno”: el irracionalismo bajo el nombre del mismo racionalismo triunfa y celebra soberbiamente sus fastos nefastos. Sin embargo, muchos teólogos siguen esa vía: después de que han perdido el fundamento ontológico, intentan construir sus sistemas sobre la arena siempre móvil de ciencias sustitutivas (sociología, psicología, etc.).
Esa “nueva” teología, como la llaman, a causa de su irracionalidad y su volverse de Dios a las cosas mundanas, no merece realmente en absoluto el nombre sublime de “teología”, aunque no cese de usurpar soberbiamente ese nombre. Ni puede verificarse un auténtico progreso de tal pretendida “teología”, puesto que, para ser tal, habría debido producir cosas nuevas y verdaderas y no solamente nuevas, ideadas por un desenfrenado afán por las mismas novedades.
Quien Le escribe, Eminencia Reverendísima, está comprometido en la enseñanza de la teología moral —en esta disciplina, quizá más que en otras, se requiere una metafísica sólida y realista, que pueda por una parte someter el conocimiento al objeto real, y por otra restituir su oficio a la esencia universal e inmutable: entiendo aquella esencia, la cual, provista de finalidades operativas, es llamada “naturaleza” y constituye el fundamento de la ley natural, la cual indudablemente constituye la fuente eximia y principal de cualquier norma objetiva y perenne.
En este contexto me parece que se debe investigar al máximo acerca de la relación de la esencia con el ser, y acerca de la noción de la participación y de la analogía. A menudo, sin embargo, en lo que respecta a este argumento, entre los colegas se encuentra cierta negligencia, más aún una irrisión, como si se tratase de cosas ya desusadas y de todos modos “demasiado abstractas” (me parece, sin embargo, sorprendente la predilección moderna por las “cosas concretas”; el acto intelectivo de hecho consiste en la abstracción e intelligere es lo mismo que abstraer). Sin embargo, ni la vetustez ni la universalidad pueden jamás en modo alguno disminuir la verdad de alguna teoría, sino al contrario la manifiestan más abundantemente.
Finalmente deseo decir algo sobre la sagrada liturgia, sobre todo para agradecer a V.E. por la obra realizada en favorecer el indulto que permite la celebración del divino sacrificio según el rito de San Pío V de f.m. Ya he hecho llegar, por medio del Rev. Padre Prior al Em.mo Card. Giacomo Biffi, Arzobispo de Bolonia, una relación sobre las Misas todavía celebradas en la basílica boloñesa de Santo Domingo y así, después de haber informado a mi Superior inmediato, Reverendísimo Padre en Cristo, oso expresar mi alegría también a Usted.
¡Cuán santa y sublime es aquella alegría de la cual se llena el corazón tanto del sacerdote celebrante como del pueblo asistente, cuando aquel rito, venerable por la antigüedad, es realizado, aquel rito, es decir, que todo y solamente a Dios se dirige, a Quien, como a Padre clementísimo, el Hijo crucificado, en la oblación de su divino sacrificio, rinde suma gloria y alabanza, un rito tan sublime en todas las palabras y los gestos de los cuales hace uso y finalmente tan bello y elegante, tan acepto al pueblo que participa con viva fe (ni es conocido por los Cristianos otro modo de “verdadera participación” ²).
Nunca he podido comprender, y tampoco ahora logro comprender, por qué tanta belleza debe haber sido expulsada de la Iglesia. Se objeta que ella constituye un cierto deleite accesible a pocos; pero —y esto es digno de nota— semejantes “objeciones” no suele moverlas la gente sencilla y devota, sino más bien cierta pretendida aristocracia (sin embargo perversa, que merecería más bien el nombre de “cacocracia” ³), fastidiosa y pseudointelectual, turbulenta por su presunción, dedicada al nihilismo ⁴, que sostiene y produce lo feo en lugar de lo bello ⁵.
V.E. podrá persuadirse fácilmente de que no exagero acusándolos de cumplir el vaticinio del Profeta Isaías, sobre aquellos que confunden con impudencia lo dulce con lo amargo y lo amargo con lo dulce, si considera las alabanzas profanas por aquella obra cinematográfica con título francés “Je vous salue Marie”, indigna y blasfema, que les fueron tributadas —y esto incluso por personas que se atribuyen el nombre cristiano, entre los cuales de semejantes cosas, según la advertencia del Apóstol, no se debería ni siquiera hablar. Con cuánta alegría, en cambio, he saludado de nuevo el ingreso triunfal de la belleza y de la elegancia en el espacio sagrado de la santa Iglesia de Dios escuchando la sublime ejecución de la Santa Misa del músico W. A. Mozart en la basílica vaticana para la fiesta de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo —aquella música tan sagrada, tan delicada, se reveló como un don gratísimo benignamente otorgado al pueblo cristiano por el augusto Pontífice f.r.
Ni, sin embargo, se trata sólo de gustos, sino del mismo sentido de la fe. Ante todo declaro que no sigo en absoluto las huellas del llamado “integrismo”, si no en el sentido de aquella integridad que constituye la propiedad esencial de cualquier cristiano católico, según las palabras de San Pío X de f.m., pero no hay duda de que el rito dirigido más a Dios que al pueblo expresa más fielmente la verdad de nuestra santa fe en una cosa tan vital cual es la divina Eucaristía.
Perdone, Eminencia, mi sinceridad: los cánones (o mejor: las anáforas) llamados “suizos” introducidos en la última edición del Misal italiano, usan una lengua poco sagrada y más bien “horizontal”, demasiado solícitos por la “opción por los pobres”, los cuales, sin embargo, si lo son en el sentido del Santo Evangelio, prefieren alabar a Dios y sólo a Dios en secreto y con modestia.
Finalmente, permítame, Eminencia, le ruego, una consideración que hago con personal amargura: en mi patria se requiere mucho coraje para profesarse cristianos, pero también en el “libre” Occidente debe estar dotado de no menor coraje quien quiere mostrar abiertamente su propia fidelidad hacia la tradición católica, a causa de la disposición hostil de algunos eclesiásticos, los cuales sin embargo tolerándose a sí mismos con gran clamor ⁶, se declaran democráticos y “pluralistas”.
Ya el célebre Platón demuestra de modo convincente cómo la democracia “total” abre el camino a una pésima tiranía, ni puede existir peor esclavitud que aquella que se impone en nombre de una libertad “absoluta”. Por lo demás no se requiere un ingenio muy agudo para darse cuenta fácilmente de cómo los totalitarismos de nuestro tiempo derivan de los principios “liberales” del iluminismo.
Me estoy persuadiendo cada vez más de que el Syllabus de Pío IX de f.m. ha establecido una doctrina no sólo verdadera, sino también sumamente actual. Comprendo perfectamente también la aversión de la Iglesia católica hacia la Masonería: no se trata de ritos diabólicos, de gnosis y de maquinaciones secretas, sino de los principios envenenados de la tolerancia y de la pretendida igualdad de los hombres ⁷.
A menudo los enemigos de la Iglesia creen en el pecado original más que los mismos eclesiásticos y están firmemente convencidos de que el error y la verdad tienen iguales derechos, de modo que el error triunfa, dado que la mente humana está privada de la certeza de la revelación sobrenatural ⁸. No es la libertad la que defiende la verdad, sino, conforme a la constante doctrina de la Iglesia y a las mismas palabras de nuestro divino Redentor Jesucristo, es más bien la verdad, y ella sola, la que prepara los caminos de la libertad digna de este nombre.
Me parece que esta doctrina debe ser repetida firmemente a todo el mundo por parte de la Iglesia, la cual, lejos de tener que conformarse a este mundo, tiene más bien la tarea de santificarlo y de consagrarlo a Dios convirtiéndolo a Él.
Movido por el amor de esta Iglesia, carísimo Padre en Cristo, he osado enviarLe esta carta del todo personal, esperando, por la misma razón, encontrar indulgencia en la paterna caridad de Vuestra Eminencia.
Implorando su bendición episcopal y besando la sacra púrpura, con el mismo obsequio me profeso en el Corazón de Jesús y María de Vuestra Eminencia devotísimo  

P. Tomas M. Tyn, OP

PS — (En alemán) Me he permitido escribir a Su Eminencia en la lengua de la Santa Madre Iglesia, que yo aprecio sobre toda otra. Sé bien que Usted está ocupado con numerosos encargos para el bien de la cristiandad católica, y que difícilmente tendrá tiempo y ocasión de responderme.
Quise con mi escrito expresar a Vuestra Eminencia solamente mi más íntimo agradecimiento por la claridad católica de su enseñanza ex abundantia cordis.
En cualquier caso, le aseguro mi, aunque indigna, oración por Usted y por la Congregación a Usted confiada.

Respuesta del Cardenal Ratzinger

3.X.1985  
Fiesta de San Gregorio Papa

Reverendísimo Padre,
volviendo de mis vacaciones en Alemania y en Austria, he encontrado, bajo el montón de las otras cartas, la suya con ocasión de la fiesta de San Domingo, leyendo la cual he sido tomado por una gran alegría por la plena concordancia entre nosotros, sintiendo de este modo la fuerza unificadora de la verdad, la cual nos es concedida en la fe católica.
Me es de gran consolación saber que Usted enseña teología moral, la cual disciplina verdaderamente fundamental para la recta formación de la vida cristiana, muy deformada por muchos, los cuales ofrecen a los fieles piedras en lugar de panes, de modo que es muy necesaria una nueva y profunda reflexión sobre los verdaderos fundamentos de la vida cristiana ⁹.
Con estas palabras pongo término a mi decir agradeciéndole de nuevo por las intenciones expresadas en su carta y en Nuestro Señor me declaro suyo

Joseph Card. Ratzinger


Notas

¹ Aparece aquí clarísima la posición del Padre Tomas respecto al Concilio: “alegría” por su doctrina “sana”, tristeza por las falsas interpretaciones y aplicaciones. Junto con otros grandes teólogos como Fabro, Siri, Ottaviani, Parente, Maritain, de Lubac, Daniélou, Von Balthasar, Lakebrink, von Hildebrand y el mismo Pablo VI, el Padre Tomas, aunque tan joven, intuyó enseguida la sucia maniobra neo-modernista tendiente a instrumentalizar el Concilio para sus planes subversivos y falsamente innovadores. Esta denuncia, desgraciadamente hasta ahora sin resultados apreciables, es llevada adelante por los Papas desde entonces hasta el Pontífice felizmente reinante. ¿Ha llegado el momento oportuno?
² Aquí el Padre Tyn se refiere a la esencia sustancial del sacrificio eucarístico: en este sentido no existe otro modo de rendir culto a Dios.
³ Aquí el Padre Tomas usa un término griego que significa “mal gobierno”.
⁴ En el sentido de un espíritu demoledor que destruye la belleza y la dignidad de la liturgia.
⁵ De todo este discurso del Padre Tomas en favor del rito de S. Pío V se obtienen dos constataciones. La primera: el indudable sentido religioso que le hace apreciar el antiguo rito; la segunda: la gran dificultad que él tiene para comprender el rito de la Misa del Vaticano II. En realidad, como está hoy emergiendo cada vez más claramente (véase la estima del actual Papa por el rito de S. Pío V), los dos ritos no se excluyen mutuamente, sino que más bien son recíprocamente complementarios: el de S. Pío V subraya el aspecto cultual-sacrificial-mistagógico de la celebración eucarística (resiente de la tradición oriental), mientras que el rito reformado (más adecuado a la mentalidad occidental) evidencia más el aspecto convivencial-comunional-pastoral. Se trata sólo de acentuaciones diversas de aspectos esenciales que deben estar siempre presentes en su totalidad en cada Misa, tanto la antigua como la moderna. Es evidente que el Padre Tomas polemiza, y justamente, contra la interpretación modernista-filoprotestante-socialista de la Misa. Por su parte, como es sabido, celebraba ordinariamente la Misa de Pablo VI (por quien fue ordenado), sin tener por tanto nada que ver con la concepción lefebvriana de la Misa. Esta prudente admiración del Siervo de Dios por la Misa de S. Pío V adquiere hoy un significado particular teniendo en cuenta el reciente Motu Proprio del Sumo Pontífice que facilita la posibilidad de celebrarla. Se puede imaginar cuál habría sido la alegría del Padre Tomas por este acontecimiento. [Nota del traductor: es evidente que estas notas fueron escritas por el padre Giovanni Cavalcoli durante el pontificado de Benedicto XVI. JG]. 
⁶ Probablemente el Padre Tomas se refiere a una actitud demasiado indulgente hacia sí mismos: una conducta laxista.
⁷ Cabe notar que aquí el Padre Tomas no se la toma con los principios de la tolerancia y de la igualdad humana como tales, de los cuales en varias ocasiones muestra tener respeto y conocimiento razonado, sino con la concepción que de ellos tiene la cultura iluminista-masónica: es decir, una concepción según la cual la naturaleza humana (y por tanto cada hombre) no es un valor objetivo, sagrado e inmutable fundado en Dios creador como suma y absoluta regla de la conducta humana, sino que es un valor exclusivamente remitido al mudable arbitrio humano y fundado sólo en la libre voluntad y decisión del hombre (como individuo: liberalismo, o como colectividad: socialismo). Pensemos, por ejemplo, en el Contrato Social de J.J. Rousseau.
⁸ Con la referencia al pecado original, el cual ha oscurecido la mente del hombre, el Padre Tomas pretende refutar a aquellos que se dejan tomar tanto por el escepticismo, que llegan a poner en el mismo plano lo verdadero y lo falso.
⁹ Esta afirmación del Cardenal ha ciertamente alentado al Padre Tomas a proseguir en su grandioso trabajo de una renovada fundamentación metafísica de la moral, de cuya necesidad habla en su carta, y que será llevado a término con la Metafisica della sostanza, la cual por tanto no tiene sólo un carácter especulativo, sino que, como el Padre Tomas advierte en varias ocasiones, sirve también para fundar la moral y proporciona al dogma católico las necesarias articulaciones conceptuales metafísicas. Cabe notar la actualidad de esta correspondencia entre el Siervo de Dios y el Em.mo Cardenal: ellos se encuentran de acuerdo en un análisis de la situación eclesial y en sus remedios, que corresponde a lo que hoy el Papa repite, dado que los problemas son fundamentalmente todavía los mismos de aquellos años, si no empeorados.

Textos originales de las cartas intercambiadas






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