domingo, 8 de febrero de 2026

Sobre el próximo encuentro del Card. Fernández con el padre Pagliarani

¿Podría este encuentro iniciar un giro en el cisma que actualmente viven los seguidores de Lefebvre? ¿Será capaz el cardenal Fernández de tender un puente real hacia la Fraternidad San Pío X? ¿Podrá la advertencia de Benedicto XVI a los lefebvrianos sobre la aceptación del Concilio Vaticano II convertirse en clave de diálogo y reconciliación? ¿No es hora de distinguir entre las legítimas críticas pastorales y el rechazo doctrinal a la infalible enseñanza del Concilio que hiere la comunión? Este artículo del padre Cavalcoli invita a mirar de frente las tensiones, sin miedo a la confrontación, en busca de la conversión de aquellos hermanos cristianos que no viven en plena comunión con la Iglesia y con el Papa.. [En la imagen: la sede del Dicasterio para la Doctrina de la Fe].

Sobre el próximo encuentro del Card. Fernández con el padre Pagliarani

(Este artículo del padre Cavalcoli ha sido publicado en su blog el 7 de febrero de 2026: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/sul-prossimo-incontro-del-card.html)

Es motivo de alegría y esperanza el próximo encuentro del Card. Fernández, Prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe ¹, con don Davide Pagliarani, Superior de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.
Este encuentro se enmarca en el diálogo que la Iglesia desde después del Concilio ha entablado con todos aquellos hermanos que comparten la fe en Cristo, pero que de diversos modos, por diversos motivos o en diversos grados no están en plena comunión con el Romano Pontífice.
El objetivo de estos diálogos, como se sabe, es poner en evidencia los valores comunes. Además, como resulta del decreto conciliar Unitatis redintegratio, el objetivo de estos diálogos es ayudar a nuestros hermanos a alcanzar la plena comunión con el Romano Pontífice.
Ciertamente los lefebvrianos no son del todo homologables a aquellos cristianos que están más cerca de los católicos, como los ortodoxos. En efecto estos últimos no se consideran católicos, por lo que desde hace siglos consagran a sus obispos sin ninguna autorización del Papa.
En cambio, los lefebvrianos ya han decidido consagrar a dos nuevos obispos, con la pretensión de tener la aprobación del Papa. Ahora bien, considerando el hecho de que ellos no aceptan las doctrinas nuevas del Concilio y por consiguiente el Magisterio Pontificio postconciliar, podemos todos preguntarnos qué sentido tiene pedir la autorización del Papa en una circunstancia de este tipo.
Ya el papa Benedicto XVI había advertido a los lefebvrianos que, si querían estar en plena comunión con la Iglesia, debían aceptar las nuevas doctrinas del Concilio. Sin embargo, al mismo tiempo el papa Ratzinger les dijo que, en lo que respecta a las directivas pastorales, se podía discutir. Este es un punto interesantísimo que se encuentra solo en el pontificado de Benedicto, y nunca había sido dicho por los papas precedentes ni tampoco por los sucesivos.
Ahora bien, es evidente que estas palabras del papa Benedicto pueden ser perfectamente una base de confrontación para el card. Fernández. Por ejemplo, desde hace muchos decenios eminentes estudiosos católicos han notado en la pastoral del Concilio un juicio demasiado favorable hacia el mundo moderno, tal que han surgido una forma de buenismo y de misericordismo que han causado un cierto relativismo moral y una cierta corrupción de las costumbres morales. Este grave problema podría ser examinado en común por los dos interlocutores.
Sabemos bien cómo los lefebvrianos desde hace mucho tiempo lamentan esta situación dolorosa y en esto se les puede dar razón. Su defecto, sin embargo, es creer que esta situación ha sido provocada por las mismas doctrinas del Concilio, que ellos consideran como modernistas. Es claro que en esto ellos se equivocan.
Sin embargo, como sobre todo el papa Benedicto hizo notar, existe efectivamente el problema de cómo interpretar las nuevas doctrinas del Concilio. Es un hecho que, por ejemplo, Rahner ha logrado difundir una interpretación modernista del Concilio.
Sin embargo, quien quiera conocer la verdadera interpretación del Concilio no tiene más que informarse en el Magisterio Pontificio postconciliar. A este respecto la iniciativa del papa León XIV de comentar los textos conciliares ² es óptima, porque dará modo de desmentir la interpretación rahneriana. De este modo se podrá reconocer la corrección de la crítica a Rahner hecha también por algunos lefebvrianos.
En el ámbito de esta temática y de esta problemática, presento a los lectores una interesantísima carta ³ que el Siervo de Dios padre Tomas Tyn escribió al entonces card. Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
En esta carta el p. Tyn hace un análisis lucidísimo de la situación, descubriendo causas y proponiendo remedios. El card. Ratzinger respondió declarando estar plenamente de acuerdo con él. Publicamos también la respuesta del cardenal.
Un punto delicado de discusión es la confrontación entre la misa Novus Ordo y la Vetus Ordo. El Siervo de Dios muestra su admiración por la Vetus Ordo, pero al mismo tiempo no tiene ninguna dificultad en aceptar el Novus Ordo, de hecho él celebraba con la misma devoción en ambos ritos.
Ahora, sabemos bien todos cómo esta materia está sujeta a cambios queridos por los Sumos Pontífices en el curso de la historia. La misa, en sí misma, es evidentemente inmutable. Sin embargo, los pontífices, en base al poder de las llaves, tienen facultad de cambiar en la historia el modo ritual de celebrar la santa misa.
Conocemos todos los cambios ocurridos con el paso de san Pío V a san Pablo VI, a san Juan Pablo II, a Benedicto XVI, a papa Francisco. Este argumento parece por lo tanto prestarse a un libre confrontamiento entre el card. Fernández y don Pagliarani.

P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 7 de febrero de 2026

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