viernes, 30 de enero de 2026

¿María única corredentora?

¿Es María la única Corredentora, o somos también nosotros llamados a participar en la obra redentora de Cristo? ¿No se corre el riesgo de convertirla en una diosa si se la concibe como corredentora exclusiva? El padre Giovanni Cavalcoli recuerda que la corredención no es un privilegio separado de la vida cristiana, sino la forma más perfecta de colaboración con Cristo, que todos los fieles están llamados a realizar. En esta breve reflexión se ilumina el papel singular de María, corredentora por excelencia, y al mismo tiempo se afirma la vocación universal de cada cristiano a cargar la cruz y a salvar con Cristo a sus hermanos. [En la imagen: fragmento de "Madonna del Parto", pintura del siglo XIV, obra de Antonio Veneziano, conservada en la Pieve de Montefiesole, Pontassieve, Italia].

¿María única corredentora?

(El artículo original, en lengua italiana, fue publicado por el padre Giovanni Cavalcoli
en su propio blog, el 30 de noviembre de 2025:

El concepto de María corredentora se vuelve equívoco si la concebimos como única corredentora en el sentido de que sólo Ella sea corredentora y no lo seamos también nosotros, aunque en grado inferior. En tal caso María ya no aparece como una de nosotros, sino que es elevada a una función sobrehumana y divina que la hace aparecer como una diosa.
De hecho, decir que sólo Ella es corredentora y no lo somos también nosotros es como decir que Ella en este corredimir desempeña un papel divino por encima de nuestro ser creatural y, por tanto, a la par de Cristo. Ahora bien, el corredimir, en realidad, no es en absoluto un privilegio exclusivo de María como lo son la maternidad divina, la plenitud de gracia, la inocencia, la Inmaculada Concepción y la Asunción al cielo en alma y cuerpo. ¹
Es necesario distinguir el redimir del corredimir. El redimir es obra única y exclusiva de Cristo, que es Dios. El corredimir es obra humana sostenida por la gracia de la vida cristiana, que consiste exactamente en colaborar con Cristo en la obra de la redención. El cristiano participa subordinadamente, viviendo en gracia, de la misma obra redentora de Cristo.
Corredimir, por tanto, no quiere decir redimir a la par de Cristo, compartir con Él la obra redentora, porque ésta es obra divina que coincide con la misma divinidad, y la divinidad en su absoluta simplicidad es imparticipable e incomunicable a la criatura.
Si San Pedro habla de la gracia como participación de la naturaleza divina, entiende participación en sentido analógico y de semejanza, no en sentido unívoco o cuantitativo. El hombre en gracia no comparte el ser divino y mucho menos se convierte en Dios, sino que es sólo semejante a Dios. Dios, al darnos la gracia, no se comunica a Sí mismo a nosotros, dándonos casi una forma divina —cosa imposible—, sino que sólo crea en nuestra alma una cualidad sí divina, pero accidental y, por tanto, susceptible de perderse con el pecado.
Nos dona una participación analógica creada de su naturaleza, y ésta es la gracia que nos hace capaces de colaborar con Cristo, es decir, de ser corredentores. Corredimir significa subordinación a la obra de Cristo, no paridad o compartición. El cristiano está en comunión con Cristo, pero no es idéntico a Cristo.
La idea de corredención como actividad del cristiano se deduce fácilmente de tantos enseñamientos de Cristo y de San Pablo. Cuando, por ejemplo, Cristo nos dice que debemos cada día tomar nuestra cruz con Él, cuando nos dice que debemos dar nuestra vida por nuestros hermanos, cuando nos ordena amarnos entre nosotros como Él nos ha amado, cuando dice que quien pierde su alma por Él la encontrará, cuando nos dice que nos ha dado el ejemplo, cuando habla del grano de trigo que, muriendo, da fruto, ¿qué quiere decir sino que nosotros somos corredentores?
Cuando San Pablo dice haber sido crucificado con Cristo, cuando nos invita a ofrecer nuestros cuerpos como sacrificio viviente, cuando habla del bautismo como muerte y resurrección en Cristo, cuando nos dice que debemos hacer morir las obras del cuerpo para vivir en Cristo, ¿qué quiere decir sino que somos corredentores?
Por tanto, podemos decir que María en el corredimir desempeña un papel único, inalcanzable para nosotros, siempre que entendamos tal unicidad no como un privilegio exclusivo que sólo Ella posee, por encima del común de los fieles, sino como la realización más perfecta e insuperable de aquella corredención que todos estamos llamados a cumplir en la imitación de Cristo, por intercesión de María, en la obra de la salvación nuestra y de los hermanos.
   
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 29 de noviembre de 2025
   
Notas

¹ En comentarios sobre "Mater Populi Fidelis", el prefecto del Dicasterio de la Fe explicó lo que significa la nota doctrinal cuando afirma que el título mariano es "siempre inapropiado". Véase el siguiente enlace:

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