Un diario católico que se declara de inspiración cristiana no puede dar tribuna a quienes niegan la verdad del Evangelio sin ofrecer respuesta crítica. Publicar a Severino sin réplica es traicionar la misión de la prensa católica y escandalizar a los fieles. La filosofía que absolutiza el ser parmenídeo, negando el devenir y la creación, conduce al nihilismo y al panteísmo, y termina por poner el mal dentro del Absoluto. Frente a estas mentiras, este artículo del padre Giovanni Cavalcoli expresa a clara letra que la Iglesia proclama la verdad del ipsum Esse per se subsistens y la sabiduría de Santo Tomás de Aquino: sólo Dios es eterno, los entes son contingentes y creados. La fe cristiana no se funda en la voluntad subjetiva, sino en la revelación divina. Callar ante Severino es complicidad; refutarlo es deber. [En la imagen: Emanuele Severino].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
domingo, 14 de junio de 2026
Las mentiras de Severino. Avvenire sigue cavándose su propia fosa
Las mentiras de Severino
Avvenire sigue cavándose su propia fosa
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su blog el 14 de junio de 2026. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/le-menzogne-di-severino-avvenire.html#_ftnref2)
La última ocurrencia del diario católico
Hace ya algunos años que el diario católico Avvenire publica periódicamente artículos de enemigos del catolicismo sin refutar sus mentiras, dando por tanto al lector la impresión de estar de acuerdo con ellos. He tenido ocasión varias veces de señalar este hecho exhortando al diario a ser fiel a su línea programática, pero por desgracia sin ningún resultado. Es evidente que el periódico, aunque se declare «quotidiano di ispirazione cattolica», de hecho está bajo la influencia de enemigos del catolicismo.
Por ejemplo, Avvenire del 12 de junio pasado en p.19 reporta un artículo del mismo Severino, titulado Il destino parla nella terra isolata ¹, del cual tomo el pasaje final:
«La alienación del sentido auténtico de la verdad afecta también al cristianismo. Pero también el “cristianismo” como cualquier otro evento “histórico” aparece dentro de la interpretación según la cual se constituye la tierra aislada del destino de la verdad. Que el cristianismo exista y que unos hombres tengan una “fe cristiana” es decir el contenido de una fe –de la fe en la que consiste el aislamiento de la tierra- … Obviamente aparece dentro de esa fe también todo el acontecimiento que ha sido resumido por el título redaccional de un libro mío: Il mio scontro con la Chiesa (Rizzoli).
Sin embargo este “choque”, que aparece dentro de la fe de la tierra aislada, subsiste, propiamente, entre el testimonio del destino de la verdad y aquella grandiosa forma de la alienación de la verdad que es el cristianismo y su configuración histórico-institucional. … Fundamentalmente aquel “choque” es la negación por parte del destino de la verdad, de la verdad de todo contenido de la tierra aislada – y por tanto del cristianismo, en cuanto perteneciente a tal contenido».
Ahora yo me pregunto cómo es posible que un diario católico dé espacio a un tal calumniador del cristianismo sin hacer seguir a tales mentiras una adecuada respuesta. ¿No cree acaso Avvenire que el lector, al leer estas falsedades, las rechace con repugnancia? ¿No se da cuenta de que el católico normal queda escandalizado por una publicidad semejante hecha a Severino en un diario católico? ¿O no cree que algún ingenuo podría ser persuadido por las tesis de Severino? ¿O quizá Avvenire está de acuerdo con Severino?
¿Pero saben quién fue Severino?
Recordemos que Severino fue docente en la Universidad Católica de Milán. Ha sido por tanto un católico, que perdió la fe. En consecuencia entró en conflicto con la Iglesia y la Congregación para la Doctrina de la Fe, declaró en 1970 la incompatibilidad de su pensamiento con la doctrina de la Iglesia ², cosa que provocó su expulsión de la Universidad Católica. No fue oficialmente excomulgado, pero es evidente que Severino, rechazando la autoridad de la Iglesia y abandonando la misma fe católica, se puso él mismo fuera de la Iglesia y contra la Iglesia.
¿Qué le sucedió? Fue imprudente al acercarse a la filosofía. No tuvo en cuenta la advertencia de San Pablo: «Cuidaos de que nadie os engañe con su filosofía (la Vulgata dice: philosophiam et inanem fallaciam, griego: filosofias et kenés apates) y con vanos engaños inspirados en la tradición humana y no según Cristo» (Col 2,8).
El espíritu de la mentira, Satanás, aprovechando nuestra tendencia a la soberbia, se sirve de la falsa filosofía para apartar la mente humana de la obediencia a Cristo y a la Iglesia o para impedir que la mente se abra a la luz de Cristo y a la doctrina de la Iglesia. Así, por cuanto es dañina para la fe la mala filosofía, tanto es útil y beneficiosa la buena. La grandeza de la teología de un Santo Tomás de Aquino depende de la sabiduría con la cual el Aquinate supo asumir lo bueno que hay en la filosofía de Aristóteles. Pero dejarse embaucar y fijarse obstinadamente en el monismo eternalista, univocista y panteísta de Parménides viendo en él la luz de la verdad del ser superior a la de Cristo y de la Iglesia, rechazando el sabio método de Tomás, no podía sino causar daño a la fe y por desgracia así ha sido.
Y los Obispos se quedan mirando
Pero el problema gravísimo, que debería estar sumamente en el corazón de nuestros Obispos que patrocinan Avvenire, es que ellos deberían saber muy bien que quien toma este camino equivocado o a quien le suceden desventuras semejantes, como un Severino, rico de capacidades intelectuales, de cultura y dotado de excepcional capacidad comunicativa, embauca e induce a muchos otros ambiciosos como él a seguirlo por la vía de la perdición, de modo que les hace perder o falsificar la fe, transformándolos de hijos en enemigos de la Iglesia.
Severino habla tranquilamente y con arrogancia de su «scontro con la Chiesa», su choque con la Iglesia, como haría un hombre político que se enfrenta con otra corriente política. No se da cuenta de lo que dice. La Iglesia es invencible y quien está contra ella, lo advierta o no lo advierta, es empujado por el demonio, cuyas fuerzas en la Parusía de Cristo serán derrotadas. ¿Severino quiere luchar contra Dios?
Este ridículo ponerse declaradamente contra la Iglesia en Severino recuerda el programa de la masonería. Si Severino no ha estado afiliado a la masonería, no hay duda de que su pensamiento hace el juego de la masonería. Pero lo que sorprende y amarga es la admiración por Severino en católicos como Bontadini, Postorino, Barzaghi, Sequeri y Messinese.
Sabemos por el Apocalipsis que el gran adversario de la Iglesia es Satanás. ¿Los católicos severinianos querrían acaso poner de acuerdo a Cristo con Beliar? ¿No se dan cuenta de que hacen el doble juego? Se puede y se debe recuperar la parte de verdad contenida en el pensamiento de Severino sin por ello hacerse panteístas o gnósticos o parmenídeos.
Cómo afrontar a los filósofos de hoy
Hablar de Severino es una excelente idea, pero no de este modo. No hay duda de que su pensamiento constituye un potente llamado al valor del ser, de la unidad, de lo eterno, del destino, de la totalidad, de lo necesario, de lo inmutable, de lo absoluto, de lo infinito, de lo incontrovertible, en un clima como el actual caracterizado por la filosofía novelada, por las teologías narrativas, por los pensamientos débiles, por las dudas sistemáticas, por los evolucionismos dogmáticos, por los nihilismos latentes, por las verborreas historicistas y por la crasa ignorancia de la metafísica.
Sin embargo, lo eterno debe ser puesto en relación con lo temporal, y este no debe disolverse en lo eterno. La estructura originaria del ser o de lo real no es el ser parmenídeo, sino la composición de acto y potencia, de esencia y ser. La autoconciencia del yo no es originaria, sino que supone el conocimiento de las cosas.
La totalidad no excluye la participación. La univocidad no excluye la analogía. La identidad no excluye la diversidad. El ser no es monolítico, sino graduado, jerarquizado, multiplicado y diferenciado. El ser debe unirse al devenir, que por tanto no debe ser negado y no es contradictorio, sino ontológico.
Lo necesario debe ponerse en relación con lo contingente y este no debe desaparecer en aquel. Lo inmutable debe acompañarse con lo mudable y este no debe ser anulado en lo inmutable. Lo infinito no aplasta lo finito, sino que lo produce. El pensamiento no es el aparecer del ser, sino la representación del ser. La materia no es aparición del espíritu, sino que está sujeta al espíritu.
El acercamiento de Severino a Santo Tomás no es imposible: el ser de Severino, uno, eterno, absoluto e inmutable, hace pensar en el ipsum Esse per se subsistens de Tomás. Pero luego se abre un abismo, porque mientras Severino identifica el ser con el ser necesario, Tomás distingue el ser necesario divino del ser contingente creado.
Además, Severino nunca ha comprendido qué es el devenir, que no es en absoluto una «oscilación entre el ser y la nada», sino el paso del ser de la potencia al acto. La creación no es nihilismo, sino la producción divina del ente desde la nada.
El hombre no es el aparecer finito del ser, sino persona creada a imagen de Dios. Solo Dios es eterno; los entes no son en absoluto eternos, sino mudables, corruptibles y contingentes. Dios no es el ser, sino el ente supremo. Para Severino no solo la alegría, sino también el sufrimiento es eterno, no solo la vida sino también la muerte. No solo lo verdadero, sino también lo falso. No solo el bien, sino también el mal.
Todo es eterno. Todo retorna, como en la visión de Nietzsche o en la rueda de Shiva, según un libro del mismo Severino: L’anello del ritorno. Todo está fijado por el destino, como reza el título de otro de sus libros: Il destino della necessità.
Observemos que si el mundo es el aparecer del Absoluto y en el mundo está el mal, entonces también en el Absoluto está el mal. Si el obrar humano es el aparecer de la libertad del Absoluto y esta no está sujeta a leyes, entonces el obrar humano no está sujeto a leyes. Además, para Severino la fe cristiana no es un saber incontrovertible, porque es efecto de la voluntad del individuo. Es incontrovertible solo la verdad del ser, que es el ser tal como lo entiende Severino.
Prudentes como las serpientes, sencillos como las palomas
Un diario católico debe ciertamente estar abierto al diálogo con la cultura contemporánea y del pasado, incluso no católica. Pero es necesario que este diálogo sea confiado a manos capaces de un examen crítico inteligente y prudente, a la luz de la doctrina católica, para asumir los valores y ayudar a los lectores a defenderse de los errores.
Hospedar un escrito de Severino, el cual con suma desfachatez declara la falsedad del cristianismo sobre la base de Parménides, sin pestañear y sin presentar ningún comentario, como se publicaría cualquier artículo compartible por lectores católicos, tiene todo el sabor de una enorme burla a los lectores, que son provocados a indignación, y se revierte en grave daño para el mismo diario, manchando su buen nombre y traicionando el fin para el cual fue fundado.
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 14 de junio de 2026
Notas
¹ Emanuele Severino e la soglia
tra verità e linguaggio - https://www.avvenire.it/agora/cultura/emanuele-severino-e-la-soglia-tra-verita-e-linguaggio_109588
² Véase el suceso narrado por el mismo Severino en Essenza del nichilismo, Adelphi Edizioni, Milano1995, pp.316-387.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum cogitatio Severini possit admitti ut compatibilis cum fide catholica
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod cogitatio Severini possit admitti ut compatibilis cum fide catholica.
1. Quia eius doctrina extollit valores sicut ens, unitatem, aeternum, absolutum et necessarium, quae etiam a traditione christiana affirmantur. Sic videretur quod eius philosophia sit auxilium fidei, inquantum homini commemorat magnitudinem entis contra hodiernum nihilismum.
2. Praeterea, cum denuntiat christianismum alienationem veritatis, videretur quod intendat purificare religionem ab historicis deformationibus, et quod eius critica sit stimulus ad recuperandam claritatem doctrinalem.
3. Item, cum ponit veritatem entis esse incontrovertibilem, videtur quod confirmet firmitatem veritatis, et videretur quod eius philosophia praebeat fundamentum rationale solidum fidei.
Sed contra est quod Apostolus dicit: «Videte ne quis vos decipiat per philosophiam et inanem fallaciam secundum traditionem hominum et non secundum Christum» (Col 2,8). Et docet Sanctus Thomas quod ens creatum participat ens divinum, sed non cum eo identificatur, quia solus Deus est ipsum Esse per se subsistens.
Respondeo dicendum quod cogitatio Severini, quamvis in apparentia defendat valores sicut ens et aeternum, re vera eos concipit modo pantheistico et monistico, identificando ens cum necessario et negando fieri, creationem et contingentiam. Sic ponit malum intra Absolutum et convertit fidem christianam in opinionem subjective dependentem. Unde eius doctrina opponitur veritati revelatae et doctrinae Ecclesiae.
Error fundamentaliter consistit in absolutizatione entis parmenidei et in negatione compositionis actus et potentiae, essentiae et esse, quae constituit originariam structuram entis. Fieri non est oscillatio inter ens et nihil, sed transitus entis de potentia ad actum. Creatio non est nihilismus, sed productio divina entis ex nihilo. Homo non est apparitio finita entis, sed persona ad imaginem Dei creata. Solus Deus est aeternus; entia sunt mutabilia, corruptibilia et contingentia. Deus non est ens abstracte conceptum, sed ens supremum.
Ergo, quamvis Severinus loquatur de valoribus sicut aeternum et absolutum, sua doctrina eos concipit erronee, et negando creationem et contingentiam destruit fidem christianam. Vera metaphysica entis invenitur in doctrina thomistica, quae distinguit ens necessarium divinum ab ente contingenti creato, et in magisterio Ecclesiae, quod est obediendum.
Ad primum dicendum quod, quamvis Severinus extollat ens, illud concipit ut monolithicum et aeternum, quod contradicit doctrinae christianae quae agnoscit contingentiam et creationem.
Ad secundum dicendum quod eius critica christianismi non purificat doctrinam, sed eam negat, qualificando eam alienationem veritatis.
Ad tertium dicendum quod incontrovertibilitas quam attribuit enti non est veritas revelata, sed constructio philosophica quae excludit fidem christianam.
JG
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