¿No es inquietante que una teología que se proclama tomista termine disolviendo la creación en mera teofanía y confundiendo el bien con el mal? ¿Qué sucede cuando el pensamiento se absolutiza y pretende ir “más allá de Dios”, reduciendo los dogmas a metáforas y la gracia a pura autoconciencia? ¿No se convierte entonces la fe en un simple “punto de vista psicológico”, sustituida por la gnosis del yo trascendental? ¿Qué consecuencias tiene afirmar que el sufrimiento está en Dios y que la redención no es reparación, sino aceptación del mal como bien? Este artículo del padre Giovanni Cavalcoli desenmascara el sistema de Giuseppe Barzaghi, mostrando cómo su gnosticismo panteísta monista, heredero de Severino y Spinoza, destruye la distinción entre Dios y el mundo, y amenaza con vaciar de sentido la fe católica y la esperanza cristiana. [En la imagen: el padre Giuseppe Barzahi, OP].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 13 de junio de 2026
El gnosticismo de Giuseppe Barzaghi
El gnosticismo de Giuseppe Barzaghi
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos el 2 de septiembre de 2015. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/lo-gnosticismo-di-giuseppe-barzaghi/)
Monseñor Antonio Livi ¹, ilustre epistemólogo del saber teológico, en una reciente obra suya ² toma brevemente en examen, entre los otros autores, la obra del padre dominico Giuseppe Barzaghi, de la Facultad de Teología de Bolonia.
Dado que conozco muy bien su pensamiento, habiendo sido su colega de enseñanza en la misma Facultad, he pensado en que sería útil ampliar y enriquecer con más precisa información crítica, las notas sobre Barzaghi realizadas por Antonio Livi.
Al respecto, Antonio Livi tiene el mérito de tomar en consideración un caso de falsa teología, del cual todavía se habla demasiado poco y que lamentablemente está teniendo éxito; mi deseo, por lo tanto, es que esta intervención suya pueda ser retomada y confirmada por otros teólogos, en la esperanza de poder corregir este tipo de desviación teológica.
Ilustraré brevemente el cuadro general del pensamiento de Giuseppe Barzaghi, en el cual los errores denunciados por Antonio Livi encuentran su explicación de fondo. Antes de hacerse dominico, Barzaghi se ha graduado en la Universidad Católica de Milán. Ello ha sido bajo la influencia de Gustavo Bontadini, como lo ha sido Emanuele Severino. Luego se ha doctorado en teología en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Roma.
El gnosticismo de Barzaghi aparece a partir de 1997 con el libro "Soliloqui sul divino. Meditazioni sul segreto cristiano", Ediciones ESD, mientras que en precedencia sus obras reflejan el pensamiento tomista. Esta tendencia gnóstica había permanecido latente, ya que, como diré, ya había sido parcialmente absorbida durante sus estudios en la Universidad Católica de Milán.
En efecto, Barzaghi asume la visión bontadiniana de la relación entre pensamiento medieval (santo Tomás) y pensamiento moderno (Hegel). Según Bontadini, el pensamiento moderno idealista no contradice al pensamiento medieval, sino que, al contrario revela su alma originaria y profunda, que Bontadini se encarga de poner en evidencia. En este sentido Bontadini, con aparente elogio a Tomás de Aquino, dice que el pensamiento de Tomás es "más moderno que el moderno".
Barzaghi, siguiendo los pasos de Bontadini, pretende proponer una nueva interpretación de la metafísica tomista inspirada en el monismo parménideo mediado por Bontadini y Severino, confundiendo en santo Tomás el esse con el ipsum Esse, el ser analógico con el Ser divino. De ahí un tomismo panteísta, que es lo más opuesto que se puede imaginar el verdadero tomismo, que todos saben que se basa en el realismo y no en el idealismo.
En cuanto a Bontadini, ve esta alma originaria de santo Tomás en el cogito cartesiano subsecuentemente desarrollado por el idealismo alemán hasta Gentile, del cual Bontadini ha sido discípulo, aunque él haya tratado de mitigar su idealismo.
Sin embargo, permanece en Bontadini la identificación del ser con el pensamiento, que es el dogma fundamental del idealismo. Sobre esto se basa la doctrina bontadiniana de la "Unidad de la Experiencia", que no es experiencia sensible, sino experiencia del ser. Nada es presupuesto al pensamiento, el ser es inmanente al pensamiento, el cual es "intrascendible". Estas ideas se rencuentran en Barzaghi. Siguiendo a Bontadini, Barzaghi sostiene así que no se da ser no pensado, porque en el momento en el cual lo pienso, deviene pensado.
En cambio, siguiendo a Bontadini, Barzaghi interpreta la gnoseología y la metafísica del Aquinate en sentido hegeliano-severiniano, con la mediación de Giovanni Gentile, maestro de Bontadini. En esta visual, el punto de partida del pensamiento es idéntico al punto de partida del ser.
Barzaghi interpreta en sentido idealista el axioma aristotélico-tomista según el cual en el acto del conocer "anima est quodammodo omnia", aplicándolo sobre el plano del ser: resulta que el alma es ontológicamente todo, es decir, en último análisis, Dios, como en la filosofía india.
Como para Severino, también para Barzaghi no existe un verdadero progreso en el conocimiento de la verdad, sino que la verdad o se la conoce toda entera desde el principio o no se la conoce, y esto siempre en nombre de su metafísica parmenídea, para la cual o el ser es el Todo, o no existe nada. Ninguna multiplicidad, sino que todo es Uno. Ningún pasaje de la potencia al acto, sino que todo es acto. No existe lo contingente, sino que todo es necesario. No hay término medio: ninguna idea de participación ni de similitud ni de analogía. El "progreso" no es otro que el desarrollo conceptual de cuanto el pensamiento capta originariamente y preconceptualmente en su totalidad.
Falsificación del pensamiento de Santo Tomás
Sabemos en cambio cuán diferente es el punto de vista de santo Tomás. Para el Aquinate, Dios no es el primum cognitum si no con respecto a la misma ciencia divina. El punto de partida de nuestro conocer no es el Ipsum Esse, sino que está en la experiencia sensible, por la cual el intelecto capta la quidditas rei materialis, por la cual subsecuentemente se puede recabar la afirmación de la existencia del Ipsum Esse, es decir, de Dios, aplicando el principio de causalidad.
El Ipsum Esse, para el Aquinate, es el punto de partida del ser, pero no del conocer. En efecto, de Dios Ipsum Esse proviene el ente causado, análogo y por participación, es decir, el mundo, fuera de Dios, distinto de Dios, por debajo de Dios y creado por Dios de la nada, de modo que el tiempo de este mundo tiene un inicio y un fin.
Para Barzaghi, en cambio, que aquí sigue a Severino, el tiempo es mera apariencia. "El tiempo no existe". De aquí él saca la consecuencia de que "todo es ahora", que no existe un "antes" del inicio del tiempo y que la resurrección no es futura sino que es ya ahora en el instante de la muerte.
Siempre influenciado por la idea severiniana del ser, Barzaghi atribuye también a santo Tomás la tesis según la cual el ser "no puede no ser", o sea que no existe lo contingente, sino que el ser, objeto de una experiencia originaria preconceptual, es necesario, uno, único, unívoco, eterno, infinito y absoluto. No se ve, observo yo, cómo este "ser" debería distinguirse de Dios. Y, de hecho, para Barzaghi "sólo Dios existe", por lo cual el mundo no está fuera de Dios, sino "en Dios". Pero no en Dios en el sentido paulino del "in ipso sumus", sino precisamente en el sentido panteísta de que Dios es el ser de los entes. Los entes no son más que un "aparecer", una "teofanía" de este único "ser", el único verdadero ser.
Esta experiencia a priori del ser es pues "condición de posibilidad de la experiencia" de la que el intelecto humano recabaría el conocimiento de las cosas y de la misma existencia de Dios.
Pero debería quedar claro que este "ser" no es para nada el verdadero esse tomista, el cual en cambio es afirmado por el intelecto no en virtud de una simplex apprehensio o una "autoconciencia" cartesiana, sino en el acto del juicio, sobre la base de una precedente concepción del ens como id quod habet esse.
El esse tomista, por lo tanto, para Barzaghi no se remonta a Aristóteles o al realismo bíblico, sino a Parménides, con su característico principio de no contradicción: "el ser es, el no ser no es", fundamento de la univocidad del ser y por tanto del principio idealista ya expresado por el propio Parménides: "la misma cosa es el ser y el pensar" (to autón to einai kai to noéin). "La nada no existe", por lo cual no tiene sentido hablar de una creación "de la nada", sino que la creación no es otra cosa que la "dependencia" de los entes de Dios en el sentido de que son su "teofanía". Ningún pasaje del no ser al ser, sino sólo manifestación del Ser, que entonces es Dios.
Observamos en cambio que la dependencia de Dios no es el acto del ser creado, sino que es el estado de criatura, que es consecuencia del ser creado, porque el ser creado es efecto de causalidad eficiente, mientras que la dependencia se agrega como accidente a la sustancia de la creatura ³.
Se podría decir que es correcto conectar el Ipsum Esse (Dios) a Parménides, porque el ser de Parménides está más cercano que el de Aristóteles al Nombre del Dios bíblico (Ex 3,14), pero el error de Barzaghi es el enfoque monista y univocista que confunde el ens ut ens tomista, análogo y participativo (ens in communi vel universale), con el Ipsum Esse, o sea confunde el ente de la metafísica con el ente teológico, Dios mismo.
El esse tomista no es unívoco sino analógico, y es subsistente sólo en Dios, acto puro de ser. Barzaghi, en cambio, considera que el esse tomista "originario", que puede ser rastreado en Severino, es unívoco, mientras que el esse analógico del tomismo tradicional sólo sería "derivado", así como lo humano deriva de lo divino.
El método típico de los idealistas
El pensamiento para Barzaghi, según el método característico de los idealistas, se plantea sobre dos planos, podríamos decir "dos registros": un plano originario, de tipo monista, que debe ser descubierto por medio de la filosofía (es decir, del cogito), en el "puro pensamiento", que él llama el "punto de vista de Dios" o la "mirada de Dios", correspondiente a la gnoseología idealista. Es el plano "trascendental", el plano de la "verdad". Barzaghi luego confunde este "punto de vista" idealista con la fe.
Y se da un plano derivado, el de analogía y de la multiplicidad, correspondiente al ordinario sentido común no elevado a la filosofía, plano de la "apariencia" o del "aparecer", propio de la gnoseología realista, relativo a la letra del pensamiento de santo Tomás y de la misma Sagrada Escritura, y que corresponde a aquello que Barzaghi llama "punto de vista psicológico" o plano "categorial".
Sobre este plano, las cosas parecen diferentes del yo y fuera del yo, contingentes, espaciales y temporales; excepto que, sin embargo, si nos colocamos "desde el punto de vista de Dios", que no es el del simple pensar común, sino el de la verdadera sabiduría, aquí a Barzaghi le gusta referirse al ver sub specie aeternitatis de Spinoza, y entonces aquí las cosas aparecen una cosa sola, eterna, inmanente al yo, sustancialmente idénticas al yo en la unidad del "ser", un yo que ya no es el yo empírico, sino el yo "trascendental", momento a su vez del "Yo absoluto".
También la afirmación realista, según la cual la realidad es externa al pensamiento, es un pensado, por lo cual Barzaghi cree poder reabsorberlo en su idealismo, siempre en su presupuesto de la identificación del pensamiento con el ser.
La univocidad del ser lleva por tanto a Barzaghi a interpretar a santo Tomás en sentido panteísta: como existe un único y solo ser, el "ser que no puede no ser", en nombre del mismo principio de no-contradicción, que excluye la existencia del no-ser (el no-ser no puede ser), así existe un único y solo Dios.
Aquí el monoteísmo parecería estar asegurado. Excepto porque para Barzaghi el monoteísmo quiere decir que existe sólo Dios, todo está en Dios y no hay nada fuera de él. Por consiguiente, él no se contenta con decir que no existe otro Dios fuera de Él, sino que afirma que no hay nada fuera de Él. Así que no sólo hay un solo Dios, sino que sólo hay Dios.
Para Barzaghi, Dios crea el mundo no de la nada, sino de su esencia y en su esencia. Por tanto, el acto creador no es productio de nihilo, sino que es teofanía divina, de modo que no se ve cómo esté garantizada la distinción entre Dios y el mundo. Barzaghi conduce la creación no a la causa eficiente, que puede ser trascendente, sino a la causa formal, la cual es evidentemente inmanente al ente (aquí el mundo), de la cual es forma. Barzaghi dice explícitamente que "Dios no es trascendente, sino inmanente". Dios es un pensado. Pero lo pensado está en mí. Y por lo tanto Dios no está por encima de mí.
Así como para Severino, la creación no es pasaje de lo posible a lo real o del no-ser al ser o producción del ser desde la nada, porque esto ofendería el principio de no-contradicción, sino que es determinación y aparecer del puro Esse divino. Nada existe posible, sino que todo es real y actuado.
El panteísmo
Por lo tanto, bajo el pretexto de que Dios es "todo" y que "nada se puede añadir a Dios", el mundo para Barzaghi no existe realmente distinto de Dios y fuera de Dios. El mundo sí existe, con la multiplicidad y el devenir, con su mezcla de afirmación y negación, ser y no ser, verdadero y falso, bueno y malo. Pero existe sólo en Dios. De aquí la consecuencia terrorífica de que afirmación y negación (la "dialéctica"), ser y no ser, verdadero y falso, bien y mal existen también en Dios. Por eso Barzaghi en un reciente libro dice que Dios no quita el sufrimiento, sino que existe junto al sufrimiento, ya que en Dios mismo existe el sufrimiento.
Por tanto, para Barzaghi, a pesar de su monismo aparentemente optimista, los opuestos se reclaman entre sí, son necesarios, lógicos y divinos, como en Hegel. La afirmación en Dios no quita la negación, lo verdadero no quita lo falso, el mal no quita el bien. Sino que todo está necesariamente y lógicamente conectado, todo es ser, todo es verdadero, todo es bueno, como en Spinoza, hacia quien Barzaghi no oculta su admiración.
En la visual de Barzaghi, donde todo es ser, el mal como privatio, como stéresis, es decir, como carencia de ser, no puede existir. Si de mal se quiere hablar, también él está en el horizonte del ser, como momento de la división de la unidad ⁴ y de la distinción entre las cosas o, para expresarnos en términos hegelianos, como momento de la antítesis preparatorio a la síntesis. El mal es, por lo tanto, una división de la unidad originaria divina, por la cual la unidad divina reconjuga los elementos dispersos, los llama a sí misma para recomponerse a sí misma.
El mal, por lo tanto, no es algo repugnante, que deba o pueda ser removido, sino que es un ingrediente lógico y necesario de la unidad y de la totalidad. Querer eliminar el mal sería como querer eliminar la distinción entre las cosas. Por eso, para Barzaghi la Redención, como él dice expresamente con un acento de ironía, no es una reparación, sino simplemente una aparición de Dios en Cristo y en el hombre. Dios no salva del mal, sino que salva en el mal.
Como en toda visión dialéctico-panteísta, no existe el amor en el mundo de Barzaghi. En el mundo de la unidad absoluta, no puede existir la dualidad. Ahora bien, para amarse, es necesario ser en dos, se necesitan dos. O bien existe el conflicto, porque para el idealista distinguir quiere decir oponer.
De modo que, en conclusión, en los sistemas de la univocidad, donde falta la analogía, no existen la armonía, la diversidad y la reciprocidad, sino que por su esencia toda cosa, siendo todo, o se confunde con la otra cosa en la unidad absoluta o si es distinta, está contra la otra, porque un absoluto no puede tolerar otro absoluto, y está en oposición dialéctica, porque la distinción, que es oposición, es el principio del mal. Por tanto, existe sólo confusión o antagonismo, el conflicto y la exclusión recíproca. Al lado de mi yo no hay lugar para otros yo. O por lo menos los otros tienen que ser aprobados por mí. O te identificas conmigo, o desapareces. Homo homini lupus.
No existe para Barzaghi fuera de Dios una verdadera multiplicidad, sino que todo es uno en Dios, tanto que -por su expresa declaración- si fuera suprimido un solo elemento del todo, el todo sería negado, así como la negación de un atributo divino comportaría la negación de todos los demás.
Multiplicidad, devenir, espacio, tiempo, materia, generación y corrupción, nada, falso, mal, son meras apariencias, "puntos de vista psicológicos", que, para apreciar su valor, deben ser considerados sub especie aeternitatis o con la "mirada de Dios" y así tienen su propia necesidad en Dios o son apariciones de Dios.
Ciertamente que se puede hablar de ello a la manera ordinaria y "realista" de santo Tomás y del dogma católico. Pero aquí estamos sobre el plano antropomórfico, derivado de las apariencias ordinarias, no sobre el plano originario y especulativo del pensamiento y de la pura ciencia, que en este punto aparece como verdadera "gnosis". Es necesario, por lo tanto, para Barzaghi, superar el imaginario popular y la ingenua representación realista y alcanzar con un acto de autoconciencia y crítico, de elevación del pensamiento, el absoluto del Pensamiento y de la Conciencia.
Así Barzaghi habla de la necesidad de ir "más allá de Dios" ("oltre Dio" ⁵) para llegar al Absoluto. Los dogmas de la creación, del pecado, de la Trinidad, de la Encarnación, de la Redención y de la gracia, son figuras o metáforas de la Verdad absoluta que limitan en la mitología, aunque útiles para la educación del pueblo. Son figuras del pensamiento ordinario, como tales normales y debidos, pero que no corresponden a la ciencia suprema del puro Inteligible y del puro Pensamiento. El lenguaje de la Iglesia, de la liturgia y del dogma no supera este plano inferior del pensamiento y del mismo lenguaje.
Para Barzaghi el mundo es simple negación dialéctica del infinito, según el principio de Spinoza: omnis determinatio est negatio (infiniti). El mundo es o una "finitización de Dios" o una simple "explicación" de Dios, como en el Cusano. Es el "aparecer de los eternos", como en Severino.
Este concepto de creación, que excluye que el ser pueda tener inicio y fin, lleva como consecuencia, por cuanto respecta al dogma de la Encarnación, que Barzaghi haga suya la tesis de Severino según la cual la humanidad de Cristo no ha tenido inicio y fin en el tiempo, o sea en la historia (concepción y muerte de Cristo), sino que, como se expresa el mismo Severino, no es sino el aparecer en el mundo de una "Encarnación" que existe ab aeterno: "el Verbo que eternamente ha tomado la carne ha entrado en el aparecer" ⁶.
Para Barzaghi, el hombre no es un animal racional, si no sobre el plano del saber empírico ordinario (véase la antropología tomista), pero en su esencia profunda, que es la verdadera concepción cristiana del hombre, el hombre es "la eterna mirada de Dios con la cual Dios se contempla a sí mismo". Por eso, como en Eckhart, "la mirada con la cual el sabio mira a Dios es la misma mirada con la cual Dios mira al hombre".
Para Barzaghi, el pecado es, sí ciertamente, una negación, pero no se plantea sobre el plano de un no-ser externo a Dios, porque no existe nada externo a Dios, sino que se plantea sobre el plano de la única existencia del no-ser que es aquella interna a Dios. Por consiguiente, el mal tiene origen en Dios, y sustancialmente el mal es bien, aunque sólo sea como relativo al bien, puesto que Dios es bondad infinita.
De ahí el hecho de que la redención y la misericordia divinas no deben ser entendidas como expiación y liberación del mal y del sufrimiento, sino como Dios que ve el mal como bien y "está al lado del sufrimiento". Es necesario tener la "mirada de Dios sobre el sufrimiento", en cuanto Dios lo ve como un bien y Él mismo sufre.
Como en Rahner, la gracia no es don de Dios, creado por Dios, sino que es Dios mismo, de modo que el cristiano se identifica con Cristo, es decir, con Dios, de manera similar a la concepción de Eckhart y de Rahner. La naturaleza humana no es un ente realmente distinto de otro ente, el ente divino, sino que es simplemente el aparecer de Dios.
Todos están ya salvados desde ahora y arraigados en Dios, aunque sean pecadores (simul iustus et peccator) o, como dice Barzaghi con una de sus características frases icásticas: "Todo es ahora". O como recita el subtítulo de uno de sus libros: omnia in omnibus. "Todo está en todo", "Todo está bien tal como está": el problema es sólo el de darse cuenta de esto. Visión spinozista.
El sistema de Barzaghi puede ser clasificado como una forma de gnosticismo panteísta monista no de tipo historicista, como el hegeliano, sino de tipo eternalista como el de Severino.
En efecto, en este sistema está el principio fundamental del gnosticismo, que es la orientación del pensamiento no hacia el ser como otro o distinto del pensamiento, para adecuarse -adaequatio- al ser, sino que el pensamiento es entendido él mismo como ipsum esse, así como el ser es pensamiento, por lo cual se da el retorno del pensamiento sobre sí mismo a causa de la resolución del ser en el ser pensado: esse est percipi. El pensamiento gira sobre sí mismo autónomamente de la realidad.
En estas condiciones, la fe dogmática con su sello realista evidentemente pierde su sentido. A lo sumo queda como un "punto de vista psicológico", pero no se eleva a la ciencia suprema del sabio o, como ama decir Barzaghi, del "genio"; por lo cual viene sustituida con una razón o con la "conciencia" del "Yo trascendental", última consecuencia del cogito cartesiano, que invoca para sí la infinidad del saber divino. Y esto es precisamente el gnosticismo.
La ética que desciende de este pensamiento evidentemente tiende a la libertad como absoluta y autofundada, libre de cualquier ley que no sea la voluntad del individuo, o bien como divina necesidad, independiente de un Dios trascendente, así como el pensamiento se eleva a la absolutidad del pensamiento divino.
Si el "genio" mantiene la observancia de un código moral honesto y cristiano, lo hace sólo por condescendencia o conveniencia y para permanecer sobre ese plano ordinario y parcial del "punto de vista psicológico", desde el cual el "genio" asciende para elevarse al plano divino del "Entero" o del "puro pensamiento".
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 15 de agosto de 2012
Notas
¹ Para no agobiar la exposición sin privarla del debido rigor científico, me remito a la amplia y comentada documentación de los errores de Barzaghi existente en la Congregación para la Doctrina de la Fe y también disponible del autor de este artículo.
² Vera e falsa telogia. Come distinguere l’autentica "scienza della fede" da un’equivoca "filosofia religiosa", Casa Editrice Leonardo da Vinci, Roma 2012, pp.239-240.
³ En efecto, como enseña santo Tomás, la "creatio in creatura" -es decir, el ser creado como estado de la criatura- "non est nisi relatio quaedam ad Creatorem, ut ad principium sui esse", Sum.Theol., I, q.45, a.3. Ahora bien, la relación es un accidente de la creatura.
⁴ Ideas de tal género, que he expuesto en un artículo reciente sobre el blog Isola di Patmos, también se las puede encontrar en el cardenal Giacomo Biffi, que es, por lo demás, un admirador de Giuseppe Barzaghi: véase el prefacio que ha hecho al libro de Barzaghi Lo sguardo di Dio, Cantagalli, Siena 2003.
⁵ Este es el título de uno de sus libros.
⁶ Barzaghi apoya esta concepción sobre una falsa traducción de Ap 13,8, según la cual "El Cordero ha sido inmolado desde la fundación del mundo".
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este artículo, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Articulus unicus
Utrum systema gnóstico‑pantheisticum Barzaghi
cum veritate catholica conveniat vel ad errorem ducat
Ad hoc sic proceditur. Videtur quod cum veritate catholica conveniat.
1. Nam Barzaghi, secutus Bontadini et Severinum, doctrinam sancti Thomae in sensu moderno interpretatur, ostendens cogito cartesianum et idealismum germanicum profunditatem thomismi revelare, unde videtur eius doctrina legitima renovatio.
2. Praeterea applicat axioma aristotelico‑thomisticum “anima est quodammodo omnia” ad planum essendi, concludens animam esse ontologice totum, quod videtur concordare cum verbo Apostoli: in Deo vivimus, movemur et sumus.
3. Item, cum affirmet mundum esse in Deo et omnia esse nunc, videtur corroborare omnipraesentiam et aeternitatem divinam, monotheismum confirmans.
4. Denique, cum dicat gratiam esse ipsum Deum et omnes iam salvos esse, videtur maiorem vim dare universalitati Redemptionis et misericordiae divinae.
Sed contra est quod Scriptura dicit: In principio creavit Deus caelum et terram. Et: Verbum caro factum est. Magisterium docet creationem esse ex nihilo, peccatum esse privationem boni, Redemptionem veram expiationem, gratiam donum creatum a Deo. Sanctus Thomas docet esse esse analogicum et participativum, distinctum ab Ipso Esse divino, et cognitionem incipere ab experientia sensibili, non ab autoconscientia idealistica.
Respondeo dicendum quod systema Barzaghi cum veritate catholica non convenit, sed ad errorem ducit, quia ens ut ens cum Ipso Esse confundit, creationem ad theophaniam reducit, Dei transcendens negatur et distinctio inter Deum et mundum dissolvitur. Cum dicat malum esse in Deo et Redemptionem non esse reparationem, doctrinam christianam de peccato et salute destruit. Cum affirmet gratiam esse ipsum Deum et omnes iam salvos esse, necessitatem fidei, sacramentorum et vitae moralis tollit.
Esse thomisticum est analogicum, non univocum, et solum in Deo subsistit ut actus purus essendi. Mundus ex nihilo creatus est per causalitatem efficientem, distinctus a Deo et ab Ipso dependens ut creatura. Malum non est in Deo, sed privatio boni in creatura. Redemptio est vera liberatio a peccato et a passione per Incarnationem et sacrificium Christi. Gratia est donum creatum quod nos Deo coniungit et participes vitae divinae facit.
Ad primum dicendum quod interpretatio idealistica thomismi non est legitima renovatio, sed falsificatio, quia analogiam essendi negat et esse cum Ipso Esse confundit.
Ad secundum dicendum quod axioma “anima est quodammodo omnia” ad cognoscendum refertur, non ad esse, nec implicat animam esse Deum.
Ad tertium dicendum quod monotheismus Barzaghi est pantheismus, quia distinctionem inter Deum et mundum negat et malum in Deo ponit quasi necessarium.
Ad quartum dicendum quod gratia non est ipse Deus, sed donum creatum, et salus non est automatica, sed fructus fidei et Redemptionis Christi.
JG
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.