¿Puede un Concilio ecuménico equivocarse en materia de fe? ¿No es más bien el modernismo el que se disfraza de fidelidad al Vaticano II para difundir sus errores, o el pasadismo lefebvriano que cree que el Vaticano II es modernista, cayendo así en la herejía? ¿Qué significa realmente la infalibilidad de las enseñanzas conciliares cuando tocan el dogma, aunque no lo definan explícitamente? ¿No es un engaño pensar que la pastoralidad del Concilio contaminó la doctrina, cuando en realidad la hizo progresar en continuidad con la Tradición? En estas dos cartas, el padre Giovanni Cavalcoli responde con claridad y firmeza a las críticas de Cristina Siccardi, mostrando que el Vaticano II es auténtico desarrollo doctrinal, que sus enseñanzas en materia de fe son infalibles, y que el verdadero remedio contra el modernismo está en la sana modernidad que el Concilio Vaticano II nos enseña.
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
lunes, 15 de junio de 2026
Dos cartas a Cristina Siccardi
Una carta a Cristina Siccardi
(Traducción al español de una nota del padre Giovanni Cavalcoli publicada en el blog Riscossa Cristiana el 11 de julio de 2012. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/una-lettera-di-padre-giovanni-cavalcoli-a-cristina-siccardi/. La carta pública del padre Cavalcoli surgió a raíz del artículo "Gracias, Mons. Gherardini. Una carta de Cristina Siccardi", publicado en el mismo blog, y que todavía puede ser encontrado en el enlace:
Estimada Cristina,
estoy de acuerdo con las observaciones que haces al Concilio Vaticano II, sobre todo en lo que respecta a tu referencia a aquellas del padre Calmel, mi Co-hermano, el cual, sin embargo, no hace cuestión de contenidos, sino de modos expresivos, de método y de lenguaje.
Sin embargo, diría que pisas demasiado cuando hablas de "nudos presentes en los documentos del Concilio, nudos que es necesario resolver para tener las ideas claras" y cuando dices que la pastoralidad del Concilio "ha contaminado la doctrina". Siempre es el mismo problema: ¿cómo pueden suceder tales cosas en la doctrina de un Concilio ecuménico que en nombre de Cristo y con la asistencia del Espíritu Santo nos ayuda a profundizar y aclarar el sentido de la divina Revelación y por lo tanto el sentido de la Escritura y de la Tradición?
Sabes bien en qué medida soy enemigo del modernismo, pero ¿no te das cuenta de que el remedio del modernismo está precisamente en esa sana modernidad que nos es enseñada por el Concilio? Es cierto que los modernistas pretenden remitirse al Concilio para difundir sus herejías. ¿Pero no te has dado cuenta todavía de que son impostores? El Concilio nos enseña a ser sanamente modernos, pero no modernistas. Ser modernos en el sentido de progresar en la verdad y en el bien no es un pecado, sino un preciso deber prescrito por el Evangelio.
Existe un sano progreso, existen sanas innovaciones que no están en absoluto en contraste con la Tradición, sino que son un desarrollo y una explicitación en la continuidad. Y este es precisamente el caso del Concilio Vaticano II, como vienen repitiendo los Papas desde el fin del Concilio. ¿O acaso es que los Papas se equivocan?
¿O es que el Concilio mismo ha caído en el error? ¿Debería corregirse? Si se tratara simplemente de cuestiones pastorales, la cosa es posible. Pero, ¿puede un Concilio estar equivocado cuando, aunque sea indirectamente y no explícitamente, toca el dogma o la doctrina de fe, como lo ha hecho el Vaticano II?
Cordialmente.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 11 de julio de 2012
Respuesta a Cristina Siccardi
(Traducción al español de la nota del padre Giovanni Cavalcoli publicada en el blog Riscossa Cristiana el 13 de julio de 2012. Versión original en italiano: https://www.ricognizioni.it/il-dibattito-sul-concilio-padre-giovanni-cavalcoli-risponde-a-cristina-siccardi/, como respuesta a la nota publicada en el mismo blog el día anterior por la Siccardi, en diálogo con el autor)
Querida Cristina,
te trato con el tú no por no sé cuales modernistas veleidades jacobinas, sino según la tradicional actitud del sacerdote que habla con una hija, ¿y a la hija no se la trata de tú? Aprecio en cambio y comprendo el uso del Usted hacia mí, siempre referido a mi ser sacerdote, aunque incluso al padre se puede tratar de tú.
Hecha esta premisa, entremos en temas más importantes.
La cita que tú haces del dogma de la infalibilidad pontificia no es pertinente. Te invito, en cambio, a tener presente que la Instrucción del Beato Juan Pablo II "Ad tuendam fidem" de 1998 está munida con un comentario de la Congregación para la Doctrina de la Fe donde se presentan tres grados de autoridad de las doctrinas: el primer grado es el de los dogmas definidos como tales (sólo aquí entra el dogma de la infalibilidad pontificia). Aquí la Iglesia declara definir, por lo cual la infalibilidad de la doctrina es evidente. El Concilio no tiene enseñanzas de este nivel.
Sin embargo, existen otros dos grados inferiores de autoridad de las doctrinas. También aquí se trata de materia de fe o conexa a la fe. Aquí la Iglesia puede explicitar o profundizar verdades de fe precedentemente definidas. En el segundo grado, la Iglesia no declara que quiere definir y, sin embargo, se trata de doctrinas "definitivas". En el tercer grado ni siquiera se habla de doctrinas definitivas y sin embargo se trata siempre de doctrinas verdaderas.
Ahora bien, como han declarado los últimos Pontífices, el Concilio Vaticano II no ha sido solo pastoral, sino también doctrinal, es decir, ha tocado temas de fe o conexos a la fe, haciendo progresar el conocimiento: por ejemplo, se da un concepto de Revelación que hace avanzar el conocimiento que de ello se tenía en el Concilio Vaticano I. Ahora tú estarás de acuerdo en que se trata de materia de fe.
¿Doctrina infalible? ¿Y por qué no? ¿Qué quiere decir "infalible"? Que no puede "fallar", no puede estar equivocado o no podrá en el futuro ser falsificado. Ahora bien, ¿te parece acaso que un Concilio, tratando de materia de fe, puede darnos enseñanzas "falibles", es decir, que pueden o podrán inducirnos al error? ¡Ni siquiera pensarlo! Y no importa que aquí la Iglesia no declare que quiere definir.
Para saber que se trata de enseñanzas infalibles basta controlar de qué tipo es la materia: si se trata de materia de fe, no podemos ABSOLUTAMENTE pensar que un Concilio nos enseña lo falso, de lo contrario deberíamos pensar que cuando Cristo ha prometido a los apóstoles aquel Espíritu que habría conducido a la Iglesia a la plenitud de la verdad, la ha engañado. ¿Acaso podríamos nosotros, como católicos, suponer una cosa de tal género?
En cuanto respecta a otros pasajes de carácter pastoral que considero discutibles o incluso erróneos, evidentemente no hay espacio aquí para enumerarlos. Me gustaría remitirme a mi libro "Progresso nella continuità", Edizioni Fede&Cultura, Verona 2011.
Cordialmente.
P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 13 de julio de 2012
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