domingo, 5 de abril de 2026

Por una Pascua de paz y de esperanza

¿Puede la Pascua ser hoy un signo de unidad en un mundo desgarrado por guerras y divisiones? ¿No es la resurrección de Cristo la prueba tangible de la superioridad del cristianismo frente a toda otra religión? ¿Qué sentido tiene celebrar juntos la Pascua si Oriente y Occidente siguen enfrentados en Ucrania y en sus propias fracturas internas? ¿No será que la verdadera Europa, la que garantiza paz y esperanza, es la de las raíces cristianas y no la de los proyectos racionalistas y masónicos? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli invita a redescubrir la Pascua como llamada a la comunión, a la fidelidad a la tradición y a la unidad bajo el único Pastor que Cristo ha querido para su Iglesia. [En la imagen: fragmento de "La resurrección de Cristo", óleo sobre tabla, pintado entre los años 1499-1502, obra de Rafael Sanzio, perteneciente a la colección del Museo de Arte de São Paulo, São Paulo, Brasil].

Por una Pascua de paz y de esperanza

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en su propio blog el día 18 de abril de 2025. Versión original en italiano: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/per-una-pasqua-di-pace-e-di-speranza.html)

Recordemos juntos la Pascua

Al aproximarse la Pascua, ofrezco a los Lectores estas mis reflexiones con la esperanza de que sean de su agrado, y acompañándolas con mis más sinceros augurios de paz en este mundo amenazado por la destrucción nuclear, y de esperanza en el Año Santo de la Esperanza.
La celebración de la Pascua tiene un significado altísimo en el horizonte del diálogo interreligioso. En efecto, desde el momento en que este diálogo nos hace conscientes del ser todos ya como simples varones y mujeres hermanos e hijos de Dios, en la variedad de las diversas religiones, como a menudo ha repetido el Papa, nos da ocasión de recordar con alegría y gratitud a Dios que la prueba histórica y tangible de la superioridad de la religión cristiana sobre las demás religiones está dada por el hecho de que su Fundador Jesucristo, como atestiguan los testimonios evangélicos, se ha resucitado a sí mismo de la muerte, dando prueba de su divinidad y, como narran los Hechos de los Apóstoles (Hch 1,3-8), en una serie de apariciones durante cuarenta días, ha dado a los Apóstoles sus últimas disposiciones concernientes a su misión: "Tendréis fuerza por el Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Galilea y la Samaria, hasta los extremos confines de la tierra" (v.8).
El testimonio de los Apóstoles consiste, como sabemos, en el anunciar a todo el mundo la posibilidad inaudita de llegar a ser hijos de Dios, a imagen del Hijo de Dios encarnado Jesucristo, una filiación, por ende, que se añade y supera la filiación natural y da al hombre, con la gracia, la posibilidad de llegar a ser, como dice san Pedro, partícipes o consortes de la naturaleza divina.
Ahora bien, ninguna religión, con excepción de la religión cristiana, ofrece al hombre la perspectiva de devenir hijo de Dios a imagen del Verbo encarnado, con la prospectiva de la resurrección del cuerpo.
El cristianismo muestra, por consiguiente, tanto para el alma humana como para el cuerpo, una estima altísima y al mismo tiempo una moderada consideración, tal como no se encuentra en las otras religiones: estima casi infinita, dando al alma la posibilidad de gozar de la vida divina y al cuerpo masculino y femenino una inmortalidad gloriosa; medida y moderada consideración, que no hace de esos dos componentes de la persona de los ídolos en lugar de Dios, sino que las reconoce humildemente en su limitación creatural.
Motivo de gran alegría para todos los cristianos este año es la circunstancia bendita, verdadero don y signo de la bondad divina, de poder celebrar todos la Pascua en el mismo día, lo que nunca ha sucedido hasta ahora a causa del milenario desacuerdo acerca de la fecha de la Pascua entre la Iglesia occidental y la Iglesia oriental, como presagio de pacificación, conciliación y comprensión mutua entre Occidente y Oriente, hoy dramáticamente divididos, como lo demuestra la guerra en Ucrania, el uno contra el otro armado de armas cuyo uso los destruiría a entrambos.

El drama del mundo ortodoxo

Nuestro pensamiento fraterno y afectuoso va dirigido de modo particular al noble mundo ortodoxo, hoy como nunca dividido en sí mismo, a causa del gravísimo e inaudito contraste surgido entre los dos principales exponentes de la Ortodoxia, el Patriarca Bartolomé, de Constantinopla, y el Patriarca de Moscú, Cirilo, un contraste surgido por el hecho de que mientras Cirilo aprobó y bendijo como "guerra santa" la agresión e invasión rusa a Ucrania, Bartolomé, con la gran mayoría del mundo ortodoxo, la ha condenado firme e indignadamente. ¿Dónde ha ido a parar la gloria de la Tercera Roma? ¿Y qué pasa con el primado de Constantinopla sobre las Iglesias ortodoxas?
Lo que está sucediendo hoy en Ucrania son los extremos frutos amarguísimos de la desgraciada separación de Constantinopla respecto de Roma en 1054, con la ulterior separación, la llamada "autocefalía" de Moscú respecto de Constantinopla en 1589.
Ante esta desastrosa situación, ¿querrán Cirilo y Bartolomé, junto con todo el mundo ortodoxo, tomar conciencia de las consecuencias últimas y lógicas de su separación de Roma? ¿Querrán pues comprender que todo esto es la trágica consecuencia última de su haberse separado orgullosamente de Roma en nombre de un primado o de una autonomía que se han atribuido arbitrariamente sin ningún fundamento ni razonable, ni evangélico, ni tradicional, ni patrístico, ni canónico, volviéndose esclavos del poder de los soberanos y del egocentrismo nacionalista, privados del fundamento y del principio cristiano de la unidad y de la concordia eclesiales?
Hoy la Iglesia de Cristo, en sus componentes, católica, ortodoxa y protestante, sufre a causa de un doble mal; uno a nivel sincrónico, es decir espacial o territorial, la contraposición y exclusión entre áreas geográficas o nacionales ocupadas por cristianos contrarios los unos a los otros, y otro a nivel diacrónico, relativo al tiempo y la historia, consistente en el contraste entre pasadistas y modernistas, como si el verdadero progreso no supusiera la continuidad y la permanencia de las mismas verdades, sino la discontinuidad o la ruptura.
Se debe romper con el pecado, no con la tradición y la verdad. Aquí debe valer la fidelidad y la continuidad. Si no, no hay progreso sino traición, falsificación y apostasía.
Se trata de conocer mejor la misma verdad inmutable, no de cambiarla. La diversidad no debe confundirse con la contraposición, porque en cambio es principio de integración recíproca, de intercambio y de mutua complementariedad y por tanto de comunión y de unidad.

La verdadera Europa

La verdadera Europa no es la Unión Europea. Esta es una construcción falaz del racionalismo y del esoterismo masónico anticristianos, acremente cerrada a las riquezas espirituales de la Santa Rusia bizantina y de la Virgen de Vladimir, Europa que en cambio es la mitad oriental de Europa, como nos ha recordado repetidas veces san Juan Pablo II.
La verdadera Europa, garantía de paz y motivo de esperanza para la humanidad, es la Europa de las raíces cristianas, nacida de las misiones que partieron desde Roma, la Europa de la civilización benedictina, la Europa de los derechos humanos universales, inviolables e inmutables, no los inventados por el iluminismo liberal, sino aquellos que se basan en la razón natural, en el decálogo mosaico y en la ley evangélica de la libertad, igualdad y fraternidad.
Recordamos también este año el 1700° aniversario del Concilio de Nicea, motivo más para la promoción de la unidad y comunión entre católicos y ortodoxos. En aquel año memorable el papa san Silvestre dio su placet a los decretos del Concilio, mientras todo el rebaño de Cristo, desde Occidente hasta Oriente, estaba unido y sujeto a él. ¿Cómo en los siglos siguientes las huestes de misioneros bajo la guía de Roma habrían de evangelizar Europa sino enseñando el Credo de Nicea?
¿Cómo no ver entonces en este bendito aniversario un llamamiento divino a los hermanos ortodoxos para volver a reconstituir el vínculo vital con Roma, para ver en el Romano Pontífice al doctor y custodio de la verdad, al Pastor universal, al principio de la unidad y de la concordia, el promotor de la libertad evangélica?
Cristo ha previsto la constitución de un solo rebaño bajo un solo pastor, es decir, Él. ¿Puede existir un rebaño unido sin el pastor que lo une? ¿Puede estar unido el rebaño de Cristo sin Pedro, encargado por Cristo de guiar en Su nombre el rebaño?
Incluso el pagano Aristóteles había comprendido que una multitud no se une por sí misma, sino que hace falta un jefe que la una mediante sus órdenes. Cuando la cabeza falta o es negligente, he aquí que existe la dispersión, la confusión, la anarquía, ña desobediencia, la indisciplina, el conflicto, el desorden, la injusticia.
La guerra en Ucrania es una ocasión de reflexión para nuestros hermanos ortodoxos. Estemos cerca de ellos en la comprensión, en la compasión, en la premura, en la plegaria, en la caridad, para ayudarles a encontrar el principio de la unidad, y en el respeto de sus riquezas espirituales, así como en la acogida de los dones que el Espíritu Santo les ha dado y les da.

P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 13 de abril de 2025
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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum Pascha Christi sit signum unitatis et spei, quod manifestat superioritatem fidei christianae et vocat ad communionem sub Romano Pontifice,
vel solum pia memoria comparabilis aliis religionibus  

Ad hoc sic procediturVidetur quod Pascha sit solum pia memoria.
1. Quia omnes religiones suas proprias festivitates celebrant, et nulla potest praetendere superioritatem super alias.
2. Praeterea, divisio inter Orientem et Occidentem ostendit quod Pascha non est signum unitatis, sed occasio discordiae.
3. Item, dicitur quod vera Europa non pendet a radicibus christianis, sed a modernis propositis libertatis et rationalitatis.

Sed contra est quod Evangelia testantur Christum seipsum resurrexisse a morte, divinitatis suae probationem praebens. Actus Apostolorum narrant quod per quadraginta dies discipulis suis ultimas dispositiones de missione tradidit. Petrus docet quod per gratiam efficimur consortes divinae naturae. Ioannes Paulus II commemorat Europam duobus pulmonibus respirare, Oriente et Occidente, radicibus christianis unitis.

Respondeo dicendum quod Pascha Christi est signum pacis et spei, quia in eo manifestatur victoria super mortem et inaudita possibilitas efficiendi filios Dei ad imaginem Filii incarnati. Nulla alia religio homini offert prospectum filiationis divinae et resurrectionis corporis. Celebratio communis Paschae inter Orientem et Occidentem est donum et signum divinae bonitatis, praesagium pacificationis et mutuae comprehensionis in mundo bellis diviso.
Cogitatio fraterna dirigitur ad mundum orthodoxum, hodie divisum inter Constantinopolim et Moscuam, ex separatione a Roma provenientem. Haec fractura ostendit necessitatem redeundi ad principium unitatis quod Christus in Petro voluit. Vera Europa non est constructio rationalistica et masonica, sed Europa radicum christianarum, orta ex missionibus quae ab Roma profectae sunt, ex civilitate benedictina et Concilio Nicaeno, ubi totus grex sub Papa unitus erat. Christus praevidit unum ovile sub uno pastore, et sine Petro unitas esse non potest. Etiam Aristoteles intellexit multitudinem non per se ipsam uniri, sed indigere capite. Bellum in Ucraina est occasio reflexionis pro fratribus orthodoxis, quos comitari debemus cum comprehensione, oratione et caritate, ut inveniant principium unitatis in respectu donorum spiritualium et in communione cum Roma.

Ad primum ergo dicendum quod Pascha non est solum pia memoria, sed probatio historica et tangibilis divinitatis Christi, et ideo religio christiana est superior omni alia religione, sola vera religio, quamvis aliae religiones aliquos veritatis aspectus contineant, erroribus tamen admixtos.
Ad secundum dicendum quod divisio inter Orientem et Occidentem est fructus separationis a Roma, et Pascha commune est signum reconciliationis et vocatio ad unitatem.
Ad tertium dicendum quod vera Europa non fundatur in propositis rationalisticis, sed in radicibus christianis, in lege naturali, in decalogo et in Evangelio, quae sunt pacis et spei humanae pignus.
   
JG

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