domingo, 1 de marzo de 2026

Respuesta a los tradicionalistas de "Remnant"

¿Puede el Concilio Vaticano II haber traicionado la Tradición, como afirman algunos tradicionalistas, o más bien la ha confirmado y explicitado en continuidad con el Magisterio anterior? ¿No es acaso el pensamiento analógico, más cercano a Aristóteles que a Descartes, el que permite comprender cómo la doctrina progresa sin dejar de ser la misma? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli responde a las críticas de Remnant contra Francesco Arzillo y defiende la fidelidad del Concilio a la fe católica. ¿No es cierto que las aparentes discordancias se deben más a la ambigüedad del lenguaje conciliar y a las manipulaciones modernistas que a una ruptura real? ¿No deberíamos aprender a leer el Vaticano II a la luz del Catecismo, del Magisterio posterior y de la enseñanza viva de la Iglesia? La figura luminosa del padre Tomas Tyn aparece como modelo de teólogo que vivió el tradicionalismo en plena comunión con el postconcilio, mostrando que la verdadera obediencia es siempre obediencia a la Iglesia universal y a su legítimo Magisterio. [En la imagen: una fotografía del Concilio Vaticano II durante una de sus sesiones plenarias].

Respuesta a los tradicionalistas de "Remnant",
en defensa de Arzillo

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado el 5 de mayo de 2011 en el blog www.chiesa.expressonline.it)

Estimados amigos de "Remnant", soy un fraile dominico docente de teología sistemática en la facultad de teología de Bolonia, estudioso de las doctrinas del Concilio Vaticano II desde hace cuarenta años.
He leído vuestra crítica al artículo de Francesco Arzillo en www.chiesa y luego de haber solicitado su aprobación, con gusto asumo su defensa en un fraterno debate dentro de nuestra común fe católica y de nuestra voluntad de obedecer al magisterio de la Iglesia y al Papa.
Me detengo sólo en tres puntos de vuestro discurso que me parecen centrales *.
Primer punto. Se lee en "Remnant": "¿Qué pretende Arzillo hablando de la mentalidad 'cartesiana' como opuesta a la 'aristotélica'? ¿Quiere decir que este tradicionalismo que debe ser censurado es de alguna manera dualista? Lo que escribe no es para nada claro. Aquellos que pretenden los cambios de la formulación como cambios de la doctrina de veras a mí no me parece, al menos en una consideración a primera vista, que sean unos dualistas cartesianos. Ni me parece dualista, al menos en una consideración a primera vista, tratar los conceptos teológicos como si fueran ideas claras y distintas. No estoy diciendo que ellos deberían ser tratados así, pero no es específicamente hacerlo en cualquier caso".
Al comparar a Descartes con Aristóteles, Arzillo no pretendía referirse al dualismo de Descartes, del cual no dice ni una palabra, sino al modo cartesiano de pensar, demasiado pegado a la claridad y a la distinción, cosa que puede ser aceptable en el saber matemático, pero no en el teológico, que es un pensar basado más sobre la analogía que sobre lo unívoco. Ahora bien, precisamente el método de la analogía es característico de Aristóteles y no de Descartes.
El pensamiento analógico permite comprender cómo un concepto, permaneciendo idéntico a sí mismo, puede al mismo tiempo desarrollarse, progresar, explicitarse y aclararse. Esto es típico de todos los fenómenos vitales, desde el nivel biológico al espiritual. Por esto justamente el beato John Henry Newman comparaba el progreso dogmático o teológico al desarrollo de una planta, la cual crece y se desarrolla aunque sigue siendo la misma. Una encina de dos metros es siempre la misma también cuando alcanza los veinte metros.
Así las doctrinas del Vaticano II no se deben ver como un retractarse o como una ruptura respecto a las doctrinas del magisterio anterior, sino como su confirmación y explicitación. En otras palabras, con el Concilio Vaticano II nosotros conocemos mejor las mismas verdades de fe que ya conocíamos antes.
Indudablemente esta tesis debe ser demostrada, porque efectivamente no siempre se presenta evidente. Pero como católicos, suponiendo que se trate de materia de fe, podemos suponer ya a priori que el Concilio no puede enseñarnos lo falso de alguna cosa al contrario de cuanto la Iglesia enseñaba antes, porque esto supondría que Cristo nos ha engañado cuando prometió a los apóstoles que el Espíritu Santo habría de conducir a la Iglesia a la plenitud de la verdad y dijo además: "Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".
En cuanto se refiere en cambio a las disposiciones práctico-pastorales no habría de que maravillarse si con el Concilio la Iglesia nos ofrece una dirección que contrasta con las directivas del preconcilio. Aquí a veces no sólo se puede sino que se debe cambiar. ¿Qué diríamos si la Iglesia, como ocurría en el Medioevo, nos ordenase confesarnos sólo con nuestro párroco? Aquí no se plantea el problema: a cuál magisterio obedecer, al medieval o al de hoy. Es claro que debemos obedecer al de hoy.
Además en este campo la Iglesia puede incluso equivocarse: puede abandonar hábitos que deberían ser conservados o introducir leyes que los hechos prueban que son nocivas. En este caso será necesario obrar o para retomar aquello que se ha abandonado o para corregir las decisiones equivocadas.
Pero en el campo dogmático, donde las nociones son inmutables, todo ello no tiene sentido. El único progreso que se puede y se debe implementar no está en sustituir conceptos, sino en profundizarlos, en enriquecerlos y esclarecerlos, pero siempre con su mismo significado. Aquí a la Iglesia no se le ocurrirá jamás, por ejemplo, que Cristo no es Dios o que en Dios no hay tres Personas, sino dos o cuatro.
Y con ello inicio también la respuesta al segundo punto. Se lee también en "Remnant": "Arzillo omite del todo el núcleo de la argumentación tradicionalista. Los tradicionalistas no son unos desobedientes al magisterio de la Iglesia, especialmente cuando este toca las cuestiones del ecumenismo y de la libertad religiosa. Los tradicionalistas simplemente evidencian el hecho de que el magisterio de la Iglesia se ha contradicho a sí mismo. Las actuales enseñanzas del magisterio ordinario de la Iglesia respecto al ecumenismo y a la libertad religiosa son seguramente contrarias a lo que la Iglesia ha enseñado siempre antes del Concilio Vaticano II. No es una cuestión de desobediencia al magisterio, la cuestión es cuál es la enseñanza magisterial que debo obedecer. ¿El actual magisterio deroga la enseñanza anterior? Si es así, ¿por qué no se ha dicho eso con claridad? Si no lo es, ¿cuál es el motivo de la discordancia? ¿Cómo pueden interpretar los fieles estas enseñanzas del magisterio que parecen tan contrarias entre sí?".
En base a lo que he dicho, el problema, respecto a las doctrinas del Concilio Vaticano II, no es el de preguntarse si debemos obedecer a las de ahora o a las anteriores, porque son las mismas: las primeras expuestas en una modalidad más avanzada y adecuada a la cultura moderna, mientras que las segundas en una fase menos desarrollada, adaptada a los tiempos en los cuales fueron enunciadas. Viceversa, en las directivas práctico-pastorales-jurídicas es evidente que debemos obedecer a las disposiciones del Concilio y no a las anteriores a él.
Lo que sin embargo me parece que se ha de tomar en seria consideración en lo que "Remnant" escribe, es efectivamente el hecho de que el lenguaje del Concilio Vaticano II no es siempre claro, se presta a opuestas interpretaciones, incluso de tipo modernista, por lo que hoy los modernistas se aprovechan de ello como si el Concilio les diese razón, cuando son ellos los que falsifican las doctrinas del Concilio para ventaja suya.
Por otra parte es importante seguir las interpretaciones que ha dado del Concilio Vaticano II el magisterio subsecuente, considerando también las condenas doctrinales pronunciadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe, condenas que generalmente afectan la falsa interpretación del Concilio.
Además, una buena guía para entender el verdadero sentido de las doctrinas conciliares en continuidad con las anteriores es el Catecismo de la Iglesia Católica. Y es muy útil también seguir los discursos del Papa, en el cual es evidente la tendencia a proponer el Concilio en continuidad con la Tradición.
Con mis dos amigos teólogos, don Enrique Finotti y don Piero Cantoni, estoy preparando un libro en el cual nos proponemos demostrar la continuidad doctrinal entre el Concilio y el magisterio anterior mediante una cuidadosa comparación de los textos oficiales de la Iglesia.
En fin, para tener un modelo de teólogo que muestra la posibilidad de una continuidad entre el Concilio Vaticano II y el magisterio precedente, me permito remitirlos al sacerdote dominico checoslovaco, el siervo de Dios padre Tomas Tyn [1950-1990], de cuya causa de beatificación soy el vice-postulador. El padre Tomas Tyn estaba orgulloso de su tradicionalismo, pero lo vivía en plena comunión con la Iglesia del postconcilio. Al respecto los invito a visitar los sitios web www.studiodomenicano.com y www.arpato.org 
Un tercer punto es la interpretación de las palabras de San Ignacio de Loyola: "Lo que yo veo blanco lo creo negro, si lo establece la Iglesia jerárquica".
Al respecto Arzillo pretende simplemente elogiar el espíritu de obediencia del gran Santo, aunque este se expresase en una forma paradojal. No debemos pretender sacar de esa expresión que San Ignacio fuese casi un irracionalista.
También hoy, él, frente a las oscuridades de los textos conciliares, donde se trate de doctrina, en principio los habría considerado, sin duda, en continuidad con el magisterio anterior.
En cuanto a la solicitud de una aclaración de la Santa Sede, no sabemos cuál habría sido su reacción, pero ciertamente habría dado un aporte para aclarar la continuidad.

P. Giovanni Cavalcoli
Bologna, 5 de mayo de 2011

   * La nota de Francesco Arzillo en www.chiesa del 8 de abril de 2011: "Los grandes desilusionados por el Papa Benedicto" en http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1347420ffae.html?sp=yLa réplica de "Remnant", el 18 de abril de 2011: "Traditionalist Attacked... Again. A Response to Francesco Arzillo’s Essay On Continuity" en https://www.remnantnewspaper.com/Archives/2011-0415-tradition-attacked-werling.htm 

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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum Concilium Vaticanum II contradicat Traditionem Ecclesiae

Ad hoc sic procediturVidetur quod Concilium Vaticanum II contradicat Traditionem Ecclesiae.
1. Quia, secundum traditionalistas Remnant, Concilium Vaticanum II introducit dispositiones pastorales diversas ab anterioribus, unde oritur confusio circa quod magisterium sit obediendum.
2. Praeterea, iidem traditionalistae affirmant Concilium doctrinas contrarias prioribus tradidisse, praesertim de oecumenismo et libertate religiosa.
3. Item, videri posset quod sermo Concilii tam ambiguus est ut interpretationes modernisticas admittat, quod esset signum rupturae cum Traditione.
4. Denique, cum traditionalistae Remnant dicant se non Magisterio inoboedire, sed eius contradictionem internam ostendere, videretur quod Concilium continuitatem doctrinalem rupisset.

Sed contra est quod Concilium Vaticanum II docet Traditionem progredi et crescere in cognitione veritatum revelatarum, cum Scriptura unam constituens Verbum Dei a Magisterio custoditum. Ergo non potest esse contradictio inter Concilium et Magisterium prius, sed continuatio et explicatio.

Respondeo dicendum quod in campo dogmatico notiones sunt immutabiles, et solus progressus possibilis est eas profundare, ditare et illustrare, non autem substituere. Ideo Concilium Vaticanum II doctrinas priores non contradicit, sed eas exhibet modo magis provecto et culturae modernae apto. Doctrinae conciliariae sunt eademe veritates fidei quas iam noveramus, clarius et explicatius propositae.
In campo practico-pastorali autem normale et necessarium est Ecclesiam dispositiones mutare secundum circumstantias historicas. Hic obediendum est magisterio hodierno, etsi potest errare in legibus vel consuetudinibus, quae postea corriguntur. In materia vero dogmatica nulla est contradictio: Christus enim promisit Spiritum Sanctum Ecclesiam ad plenitudinem veritatis ducturum.
Problema reale est quod sermo Concilii non semper est clarus et se praebet interpretationibus oppositis, quod modernistae ad suum commodum abutuntur. Ideo necesse est sequi interpretationes Magisterii subsequentes, condemnationes doctrinales Congregationis pro Doctrina Fidei et Catechismum Ecclesiae Catholicae, quae ostendunt continuitatem inter Concilium et Traditionem.  

Ad primum dicendum quod dispositiones pastorales mutari possunt, sed hoc non implicat contradictionem doctrinalem, sed aptationem ad tempora.
Ad secundum dicendum quod Concilium doctrinas contrarias non tradidit, sed easdem veritates forma magis evoluta et apta proposuit.
Ad tertium dicendum quod ambiguitas sermonis conciliarii requirit interpretationem authenticam Magisterii subsequentes, quae continuitatem cum Traditione confirmat.
Ad quartum dicendum quod traditionalistae falluntur cum contradictionem doctrinalem vident, quia revera doctrinae conciliariae sunt eademe ac priores, in statu magis provecto propositae. 

JG

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