domingo, 1 de marzo de 2026

Padre Tomas Tyn, tradicionalista postconciliar y modelo actual hoy más que nunca

¿Puede un teólogo joven convertirse en modelo actual de equilibrio católico frente a las actuales tensiones del postconcilio? ¿No es acaso más urgente que nunca recuperar la claridad de un pensamiento que armonice tradición y progreso, fidelidad a santo Tomás de Aquino y apertura crítica al mundo moderno? En este artículo, el padre Giovanni Cavalcoli presenta la figura luminosa del Siervo de Dios Tomas Tyn, quien muestra cómo la verdadera justificación integra gracia, fe, razón y obras, y cómo el temor y la confianza se moderan mutuamente en la relación con Dios. ¿No es falso el cristianismo reducido al sola Scriptura y a un Cristo sin Iglesia, hoy disfrazado de modernismo existencialista o de lefebvrismo antiprogresista? La vida y el pensamiento de Tyn, ricos en dones del Espíritu Santo, se imponen como modelo de santidad y de visión sistemática, capaces de guiar el ecumenismo verdadero y de ofrecer a la Iglesia un camino de verdad y caridad heroica.

Padre Tomas Tyn, tradicionalista postconciliar y modelo actual hoy más que nunca

(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli publicado en el blog L’Isola di Patmos el 2 de enero de 2015. Versión original en italiano: https://isoladipatmos.com/padre-tomas-tyn-un-modello-attuale-oggi-piu-che-mai/)

El 1° de enero recordaremos el 25 aniversario de la piadosa muerte del Siervo de Dios padre Tomas Tyn, teólogo dominico de origen checoslovaco nacido en Brno en 1950 y sepultado en Neckargemünd en Alemania junto a la casa de sus padres, donde su madre, la Dra. Ludmila, sigue viva. Está en curso la Causa de Beatificación del Padre Tomás, promovida por la Provincia dominicana de Bohemia e inaugurada en Bologna en 2006 por el Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo de la Ciudad ¹. De hecho, el padre Tomás vivió de 1972 a 1989 en el convento dominicano de Bologna, enseñando teología moral e historia de la filosofía en el Estudio Teológico local, hoy Facultad Teológica de Emilia-Romaña.
Las páginas de nuestra revista online ya han tenido la oportunidad de tratar de este Siervo de Dios, sobre todo a cargo de Gianni T. Battisti, abogado de Rieti, fundador y presidente de la Asociación Internacional Tomas Tyn (AITT) ², que reúne devotos, admiradores y estudiosos de diversas partes de Italia y del mundo. En estos veinticinco años la fama de santidad del Siervo de Dios se ha extendido en su patria, la República Checa, en Italia y en el mundo gracias a la obra de sus devotos y al trabajo de la Causa de Beatificación, que ha recopilado numerosos testimonios y documentos. En particular, la teología del padre Tyn ha suscitado el interés de los estudiosos, los cuales han tratado algunos aspectos de su pensamiento, entre otras ocasiones, en un congreso internacional, que se celebró sobre él en Bolognia en 2011.
El padre Tomás a la vez un gran filósofo y un gran teólogo, como afirmó el cardenal Caffarra en la carta de apertura de la Causa ³. Aunque ha muerto en joven edad, su producción científica, considerando también los numerosos compromisos pastorales que había tomado, es sorprendentemente abundante y de alto nivel. Ella expresa no sólo el pensamiento personal del Autor, sino también una gran cantidad de doctrinas extraídas de otras fuentes y de otros autores, comenzando por la enseñanza bíblica, para pasar al Magisterio de la Iglesia, a santo Tomás de Aquino y a muchos otros teólogos y no sólo teólogos, antiguos y modernos, católicos y no católicos, a menudo conocidos en los textos originales, considerando que el padre Tyn dominaba ocho idiomas.
La misión primordial que la divina Sabiduría encomendó al padre Tomás fue la de recordar e ilustrar las verdades de la doctrina católica tradicional, la cual, en el convulso período del inmediato postconcilio, corría el peligro de ser olvidada a causa de una incomprensión modernista de las nuevas doctrinas del Concilio. El Siervo de Dios, que, gracias a su agudo discernimiento, supo reconocer el valor de aquellas doctrinas en su continuidad con la tradición, no se dejó engañar por estas imposturas y por aquellos teólogos que concebían el progreso teológico sobre el modelo de la Revolución francesa, sino que expresó, como buen católico, su plena y complacida adhesión a las enseñanzas conciliares.
Con sólo veinte años, joven fraile ya dotado de una excepcional madurez humana, cultural y teológica, siendo aún estudiante en el Estudio Teológico dominicano de Walberberg en Alemania, con extrema perspicacia se dio cuenta de la peligrosidad de Karl Rahner en un ambiente sugestionado por sus fascinantes imposturas. Y entonces compuso en latín, en 1970, como tesis anual, una aguda crítica en 104 páginas a la concepción rahneriana de la moral, titulada "Praesupposita philosophica Rahnerianae doctrinae de ethica existentiali. Aliquae notitiae spectantes ad articulum Caroli Rahneris SJ. qui intitulatur De Quaestione ethicae existentialis formalis", demostrando el enfoque existencialista-situacionista ya condenado en su momento por el papa Pío XII, y todo ello, cabe señalar, en un ambiente infectado de modernismo y luteranismo.
La claridad y la lealtad de tal comportamiento intelectual y moral obviamente le procuró a Fray Tomas, por parte del ambiente, envidia y hostilidad, que bien pronto le aconsejaron que saliera de ese ambiente, aunque con dolor y no sin reconocimiento y agradecimiento por cuanto había recibido, para arribar así a la comunidad y el Estudio Teológico boloñés. Aquí Fray Tomás, por su inteligencia, por la bondad y cordialidad de su carácter, por su humildad y por todas sus virtudes, se atrajo de inmediato la estima y el afecto de sus hermanos y de muchísimas otras personas, a las cuales ofrecía su ministerio de sabio, piadoso y celante sacerdote y guía de las almas a la perfección del Evangelio.
También en Alemania fray Tomás rechazó enérgicamente la tesis expuesta por uno de sus docentes que luego abandonaría la Orden, el padre Otto Pesch, quien, en el clima irenista y falsamente ecuménico del período del postconcilio, había publicado un voluminosísimo y eruditísimo libro en el cual sostenía que Tomás y Lutero estaban de acuerdo en la doctrina de la justificación, precisamente aquella en cambio acerca de la cual en realidad se encuentra la mayor oposición de Lutero a la doctrina católica.
Sin embargo, en la concepción luterana de la justificación no todo es erróneo. En Lutero se mantiene la enseñanza bíblica por la cual la gracia inicia la obra de la justificación haciendo justas las obras del hombre. Los Dominicos siempre han reconocido esta verdad, a tal punto que a fines del siglo XVI, en las fogosas polémicas con los Jesuitas en la famosa controversia De auxiliis, los Jesuitas acusaban a los Dominicos de filo-luteranismo por su doctrina de la premoción física sostenida por Domingo Báñez.
Este punto importante es reiterado en la Declaración Conjunta de sobre la doctrina de la justificación del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y la Federación Luterana Mundial de 1999. No se trata de un documento del Magisterio, porque no lleva la firma del Papa, sino, como dice la palabra, de un simple "Consejo", aunque indudablemente de la Santa Sede, pero que no tiene la autoridad de declaraciones similares a nivel superior, como por ejemplo la del Concilio Vaticano II sobre el ecumenismo Unitatis redintegratio. Aquí está la infalibilidad del Magisterio, que en cambio no está presente en el documento antes mencionado. Y por otra parte, en el documento conciliar no se hace mención del tema de la justificación.
El padre Tomás no tiene dificultad en reconocer el mencionado punto de contacto de la Iglesia con los luteranos. Pero en él latía la necesidad de recordar lo erróneo de la doctrina luterana de la justificación. Y por eso, llegado a Bologna, hizo su tesis de licenciatura en el Estudio Teológico dominicano en 1976 bajo la dirección del padre Alberto Galli con el título De gratia divina et iustificatione. Oppositio inter theologiam Sancti Thomae et Lutheri. En efecto, aquello que falta en la concepción luterana de la justificación es la doctrina del mérito de las buenas obras en gracia, en orden al premio de la vida eterna. Y esta ausencia está presente también en el citado documento conjunto. Por eso, el padre Tyn se dedica con particular cuidado en esta tesis y en la de su doctorado en el Angelicum de Roma en 1978, titulada La acción divina y la libertad humana en el proceso de la justificación según la doctrina de Santo Tomás de Aquino, a ilustrar la esencia, las causas y las funciones del mérito sobrenatural, don de Dios, con el cual, uniéndonos a los méritos infinitos de Cristo, obramos nuestra salvación.
Lutero confunde la naturaleza humana como tal con la naturaleza caída a causa del pecado y tendiente al pecado. Identifica el pecado con la tendencia al pecado. He aquí que, entonces, para Lutero no existe una sana razón, una metafísica, una teología natural, una buena voluntad, una ley natural, un mérito, un fin último natural del hombre. Para él todo esto es paganismo, pelagianismo, incredulidad, hipocresía y soberbia. Por eso, la gracia en Lutero no cancela el pecado, sino que coexiste con él. El perdón divino es la mirada con la cual Dios mira a la justicia de Cristo y la imputa desde lo externo al pecador. La gracia no es una cualidad creada inherente al alma del justo, sino que es la justicia de Cristo por fuera del justo pero referida al justificado. Dios justifica, en cuanto que no mira al pecador, sino que mira a Cristo justo, es decir, mira al pecador, que no es justo en sí mismo, sino en relación a Cristo. Por lo tanto, el justo es al mismo tiempo un pecador, no simplemente propenso al pecado, sino perpetuamente en estado de pecado. Por eso no se dan obras meritorias de la salvación, sino la fe de ser salvados no obstante se permanece siendo pecadores.
En su relación con Dios, Lutero no llegó nunca a realizar el equilibrio característico del catolicismo. Partiendo de joven desde un sentimiento de terror y de desesperación hacia Dios, cosa que se le hizo insoportable y que creía erróneamente que era la concepción católica, con el famoso episodio de la Torre, creyó encontrar la solución en una presuntuosa certeza de salvarse sin las obras y sin méritos. No llegó a entender nunca lo que es el temor de Dios y siempre lo confundió con un terror irracional y un escrúpulo exagerado. Por eso, nunca logró armonizar el temor con la confianza, por lo cual, eliminando el temor, cayó en la presunción y en el desparpajo, sin por lo demás nunca lograr, como atestiguan muchos episodios de su vida, eliminar por completo la desesperación y el sentido de culpa. De ahí su dialéctica paradojal de la coexistencia de pecado y de gracia, de inocencia y de culpa, de paz y de tormento, que de algún modo parece preanunciar la tenebrosa mística de Jakob Böhme y la dialéctica hegeliana.
A esto se suma la excesiva y bien conocida preocupación de Lutero por el propio yo, que le llevó a resumir todo el cristianismo en el problema de la justificación y de la propia salvación, cuando en cambio el fin último del cristianismo es la contemplación y la visión de Dios. El cristianismo no lleva al replegamiento en uno mismo, como si fuéramos el centro de la realidad, sino a la apertura humilde y generosa a Dios y al prójimo. A fin de corregir estos errores de Lutero, el padre Tyn ha indagado a fondo sobre la naturaleza, la acción, los principios, los fines y las species de la gracia divina y sobre la naturaleza, los principios, el funcionamiento y los fines del libre albedrío. Esto le ha conducido también a ilustrar la naturaleza, los principios y los fines del hábito, de la ley y del acto moral, como docente de teología moral, así como sobre las virtudes naturales y sobrenaturales, sobre la vida espiritual y sobre la bienaventuranza. Profundizando el discurso, el padre Tyn ha arribado a las raíces metafísicas de la moral con interesantes estudios sobre el intelecto, sobre el conocimiento, con agudas refutaciones del idealismo, y sobre la voluntad, demostrando los fundamentos racionales de la libertad.
De aquí a la investigación sobre la naturaleza humana y sobre la persona hubo un paso corto, y he aquí su magistral tratado de unas 1000 páginas "Metafisica della sostanza. Partecipazione ed analogia entis", grandiosa y minuciosa indagación que conduce al teólogo a profundizar la relación entre el ser por participación y el ser por esencia, así como a los grados analógicos metafísicos de la persona. Con lo que tenemos una mirada amplísima y articulada sobre la relación del hombre con Dios. El padre Tomas opone así a la visión luterana de la relación de Dios con el hombre, la correcta concepción católica fundada sobre una noción analógica de la causalidad eficiente, por la cual la causa primera divina, en este caso específico la gracia, causa el acto libre del hombre como causa de sus actos -la premoción física- y por tanto como causa meritoria no de dignidad (de condigno), como la causalidad divina de Cristo, sino de congruencia (de congruo), de modo que la gracia como don creado no quita la tendencia al pecado, sino que quita el pecado mortal, incompatible con la gracia, mientras que ella puede coexistir con el pecado venial.
El padre Tomas corrige la atormentada y presuntuosa relación luterana con Dios mostrando cómo en el proceso de la justificación armonizan la obra de la gracia y de la fe con la de la razón, de las obras y del libre albedrío y cómo por tanto el temor debe moderar la confianza, considerando el pecado y la divina justicia, mientras que la confianza debe moderar el temor considerando la divina misericordia. Temer sin confiar conduce a la desesperación. Confiar sin temer conduce a la soberbia. Con su respeto tanto por la Escritura como por la Tradición, tanto por Cristo como por la Iglesia, el padre Tomás muestra cómo el cristianismo de Lutero del sola Scriptura y de un Cristo sin Iglesia es un cristianismo incompleto y por lo tanto falso, hoy peligrosamente representado por el modernismo existencialista e idealista, falso intérprete de las doctrinas del Concilio Vaticano II. Así el teólogo dominico nos muestra también el verdadero camino del ecumenismo con los protestantes: reconocimiento de las verdades comunes, pero también gran franqueza en el llamar a los hermanos apartados desde el camino del error hacia el camino de la verdad.
El padre Tomas Tyn nos hace entender que es falsa la idea hoy difundida de que ser protestantes sea simplemente un modo diferente de ser cristianos, y no ante todo un modo defectuoso e incompleto. Esa falsa idea es contraria al ecumenismo que nos enseña el mismo Concilio, el cual precisamente en el documento sobre el ecumenismo expresa el deber de los no-católicos de buscar la plena comunión con la Iglesia.
Concluyendo este breve retrato, podemos decir que la figura luminosa y santa del padre Tomas, rica en dones del Espíritu Santo, se impone en una situación eclesial de internos conflictos como la actual, por la imparcialidad y el superior equilibrio de su visión católica, que sintetiza la instancia de la tradición con la del progreso, el respeto por los valores inmutables con la sincera adhesión al mensaje evangelizador del Concilio Vaticano II, la fidelidad a santo Tomás de Aquino Doctor Communis Ecclesiae, con un amplio conocimiento crítico del pensamiento moderno, un amor adamantino por la verdad con la práctica de la más generosa caridad, que lo ha conducido al ejercicio de aquellas virtudes heroicas, testimoniadas por todos cuantos lo han conocido y se han beneficiado de su sabio y docto ministerio como sacerdote de Jesucristo.

P. Giovanni Cavalcoli,
Fontanellato, 22 de diciembre de 2014


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Anexo

Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.

Articulus unicus

Utrum pater Thomas Tyn sit hodiernus exemplar
aequilibrii catholici in synthesi traditionis et progressus 

Ad hoc sic procediturVidetur quod pater Thomas Tyn non debeat haberi ut hodiernus exemplar aequilibrii catholici in synthesi traditionis et progressus.
1. Quia iuvenis mortuus est nec potuit suum cogitatum ad plenam maturitatem perducere.
2. Praeterea, quidam dicunt eius censuram Rahner et Lutheri nimis severam esse nec favere oecumenismo.
3. Item, videri posset quod eius insistentia in traditione eum adducat ad positiones conservativas et contrarias Concilio Vaticano II.
4. Denique, tempore pluralismi insuperabilis, non esset possibile proponere cogitationem systematicam ut exemplar.

Sed contra est quod Concilium Vaticanum II docet depositum fidei in Ecclesia progredi sub assistentia Spiritus Sancti (Dei Verbum n.8). Sanctus Thomas Aquinas dicitur Doctor Communis Ecclesiae, quia eius doctrina aequilibrium et universalitatem praebet. Ergo qui unit fidelitatem Concilio cum fidelitate sancto Thomae potest haberi ut hodiernus exemplar cogitationis catholicae.

Respondeo dicendum quod figura patris Thomae Tyn hodie se imponit ut exemplar aequilibrii catholici, quia scivit componere traditionem et progressum, fidelitatem doctrinae et aperturam criticam ad cogitationem modernam. Ipsius primaria missio fuit recordari et illustrare veritates doctrinae catholicae traditae in turbulento tempore postconciliari, ostendens continuationem doctrinarum Concilii cum traditione et respuens imposturas modernistarum.
Iam iuvenis, perspicaciter, reprehendit errores Rahner et Lutheri, ostendens iustificationem requirere cooperationem gratiae et operum, et quod fides sine timore ducit ad superbiam, timor sine fiducia ad desperationem. Explicavit christianismum non esse retractionem in se ipsum, sed aperturam humilem et generosam ad Deum et proximum.
Investigatio eum adduxit ad profunditatem metaphysicae personae, libertatis, legis naturalis et virtutum, culminans in tractatu de substantia et analogia entis. Hoc ostendit quomodo gratia divina causat actum liberum hominis et eum reddit meritorium, distinguens inter meritum de condigno et de congruo.
Denique eius visio oecumenismi cum protestantibus clara fuit: agnoscere veritates communes, sed etiam franche vocare fratres separatos ab errore ad veritatem. Ipsius figura luminosa, divinis Spiritus Sancti donis dives, componit reverentiam Scripturae et Traditionis, fidelitatem sancto Thomae et adhaesionem Concilio, amorem veritatis et exercitium caritatis heroicae.

Ad primum dicendum quod, etsi iuvenis mortuus est, eius productio scientifica abundans et altissimi gradus est, et sufficit ad ostendendam maturitatem intellectualem et spiritualem.
Ad secundum dicendum quod eius censura Rahner et Lutheri non impedit oecumenismum, sed purificat, quia verum oecumenismus requirit franche indicare errorem.
Ad tertium dicendum quod eius fidelitas traditioni non fuit conservatismus, sed plena adhaesio Concilio in continuatione cum traditione.
Ad quartum dicendum quod pluralismus potest et debet superari per cogitationem systematicam et speculativam, sicut ipsius, quae potest integrare traditionem et modernitatem.
   
JG

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