¿Sabemos todavía qué significa sacrificio en la religión cristiana, o hemos dejado que el modernismo lo reduzca a un mero gesto humano sin valor redentor? ¿Puede la Iglesia sobrevivir a la confusión entre lo sagrado y lo profano, entre lo santo y lo mundano, sin perder su identidad más profunda? ¿No es acaso el vaciamiento del sacrificio de Cristo la raíz del colapso de las vocaciones y de la asistencia a la Misa? ¿Qué sucede cuando el culto se convierte en espectáculo y la liturgia en ideología? ¿Es posible una cristiandad sin cuerpo, una Iglesia sin mediación sacramental, como pretende el falso interiorismo protestante? Esta cuarta parte del ensayo del padre Giovanni Cavalcoli nos invita a discernir con rigor qué es lo que edifica y qué es lo que destruye, devolviendo al sacrificio y a lo sagrado su verdadero sentido en la vida de la Iglesia. [En la imagen: Padre Pío da Pietrelcina].
Textos del Padre Giovanni Cavalcoli, OP, y otras reflexiones filosóficas, teológicas y de la actualidad eclesial
sábado, 21 de marzo de 2026
El problema serio no son los lefebvrianos, sino Rahner (4/5)
El problema serio no son los lefebvrianos, sino Rahner
Cómo resolver las divisiones en la Iglesia?
(Traducción al español del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, cuya cuarta parte ha sido publicada en su blog el 20 de marzo de 2026. Versión original en lengua italiana: https://padrecavalcoli.blogspot.com/p/il-problema-serio-non-sono-i-lefevriani_01150640239.html)
Cuarta Parte (4/5)
¿A qué se debe el éxito de Rahner?
El éxito de Rahner se debe también a su gran capacidad de expresarse en términos filosóficos para los ambientes intelectuales y en términos populares para la gran masa de los fieles. La ambigüedad de su modo de expresarse, a medio camino entre el realismo y el idealismo, suscita por un lado el interés tanto de los realistas como de los idealistas, tanto de los tomistas como de los hegelianos, tanto de los teístas como de los panteístas, pero por otro lado suscita entre ellos discusiones y contrastes acerca de lo que quiere decir y de cómo juzgar tantas de sus tesis, si son o no son heréticas. Las herejías existen, pero ello no debe impedirnos reconocer también muchas cosas válidas.
En cualquier caso, Rahner es muy hábil en saber vender, como suele decirse, su mercancía; es decir, en atraer hacia sí la atención. Conoce muy bien qué es lo que interesa a los hombres de hoy, y se dirige a sus intereses sin preocuparse de si son legítimos o ilegítimos, reales o ilusorios. Lo importante es obtener éxito, porque en su misma gnoseología el ser es el ser pensado, de modo que uno vale en cuanto es reconocido y se habla de él. Para lograr esto basta con que adopte el criterio de juicio de los demás, sin preocuparse de si es verdadero o falso.
Así, por ejemplo, su concepción del hombre como autoconciencia preconceptual, atemática, trascendental de la autotrascendencia hacia Dios se traduce en términos populares en la famosa tesis de los cristianos anónimos, según la cual todos, incluso los ateos y los blasfemos, están en gracia de Dios, perdonados y destinados a la salvación.
Es necesario entonces que la Iglesia aclare mejor el verdadero sentido de la reforma conciliar, excluya las malas interpretaciones, proponga verdaderos modelos de teólogos, conservando la tradicional recomendación de la teología de Santo Tomás, como oportunamente lo hizo el papa Francisco en 2024, con ocasión del VIII centenario de la muerte del Doctor Común de la Iglesia ¹.
Pero también es necesario que el Papa excluya las falsas y manipuladas interpretaciones del Aquinate, que lo presentan como un idealista o panteísta confundiéndolo con Hegel. Además, es preciso que se recomiende la doctrina tomista según las directrices del Concilio, es decir, aplicada a la problemática y temática de la modernidad.
El sentido de la reforma litúrgica conciliar
Indudablemente, los Padres al preparar la reforma de la liturgia tuvieron más en cuenta la liturgia protestante que la de los ortodoxos orientales. Esta última, con su rica simbología, nos hace percibir mejor la presencia del Misterio, pero ofrece un estímulo escaso para el compromiso con el prójimo y eleva más bien el espíritu. Sin embargo, sugiere una espiritualidad más platónica que bíblica, más un rechazo de la materia que una salvación de la materia, aunque el remedio ciertamente no es una liturgia materialista al estilo de Teilhard de Chardin o de la teología de la liberación.
Al reaccionar contra una liturgia desencarnada, surge entonces la tentación de buscar razones para el servicio al prójimo y para el compromiso social sobre una base puramente humana, distinta de la liturgia, como sucedió con la Revolución rusa de 1917. Los Padres del Vaticano II eran conscientes de este riesgo, y no se puede negar que la Misa del preconcilio sufría de este defecto. Por eso el Concilio quiso una reforma del rito de la Misa.
Los Padres esperaban de la reforma litúrgica una mayor convicción de fe, un mayor sentido de la sinodalidad de la Iglesia, un aumento de vocaciones sacerdotales y religiosas, una mayor frecuencia en los sacramentos, un mayor impulso misionero, así como un mayor compromiso social basado en la liturgia.
Por desgracia, esto no sucedió. No falta hoy una difundida sensibilidad social entre los católicos, una mayor familiaridad con la Biblia entre los fieles, un florecimiento de nuevas comunidades y movimientos. Pero todos sabemos del impresionante descenso en la frecuencia a los sacramentos y en las vocaciones sacerdotales y religiosas, del alejamiento de muchos de la fe, de la obstinada conflictividad entre tradicionalistas y modernistas, del silencio de los Obispos frente a hechos o injusticias que requerirían un gesto suyo de corrección, de advertencia o de orientación.
¿Cómo explicar estos fenómenos? La puesta en práctica de la reforma litúrgica fue en muchos casos tomada en manos de los modernistas, quienes, como era de esperar, obtuvieron exactamente lo contrario de lo que pretendía ser la reforma promovida por la Iglesia. Los lefebvrianos reaccionaron de manera inadecuada, creyendo que la solución sería volver a la Misa preconciliar. Pero tampoco esta es la solución. Ella requiere siempre la fiel aceptación del Concilio, al menos de los decretos doctrinales. De los pastorales, ha dicho Benedicto XVI, se puede discutir.
La primera cuestión que debe resolverse
Ahora bien, la cuestión gravísima hoy en la Iglesia, concerniente a la comunión eclesial y, en consecuencia, a la cuestión de la excomunión, no es tanto la de los lefebvrianos, quienes, a causa de su oposición al Concilio, ciertamente no están en plena comunión con la Iglesia.
La cuestión más seria hoy, que toca no solo al cisma sino también a la herejía, es qué actitud conviene al Papa asumir frente al rahnerismo, el cual, como he demostrado en mis escritos y está probado por otros críticos, no solo niega el dogma del sacrificio de Cristo y, por consiguiente, falsifica el concepto de sacerdote ² católico como aquel que ofrece el sacrificio de Cristo, sino que además niega la Misa como actualización incruenta del sacrificio de Cristo. Los lefebvrianos, al menos, tienen un concepto correcto del sacrificio de Cristo y, por tanto, del sacerdocio y de la Misa.
Rahner, en cambio, respecto al significado del sacrificio de Cristo, está más alejado del cristianismo aún que Lutero. Este reconoce al menos que Cristo, con su cruz, da satisfacción al Padre por las ofensas que le hemos infligido y, expiando por nuestras culpas, nos ha obtenido la misericordia del Padre, que nos perdona nuestras deudas y absuelve la ofensa de nuestro pecado, de modo que somos salvos al precio de su sangre.
Lo que Lutero niega, como es sabido, es que nosotros podamos colaborar con obras y méritos en nuestra redención, la cual sería puramente gratuita (sola gratia), independiente de nuestro libre albedrío, extinguido a consecuencia del pecado original y, por tanto, esclavo del pecado. De aquí la conclusión de que no existe sacerdocio alguno capaz de ofrecer un sacrificio expiatorio, y por tanto la negación de la Misa como sacrificio reparador, porque ello implicaría la impía pretensión de añadir un acto humano a la obra divina de Cristo, ya perfecta en sí misma, sin que sea necesario añadirle nada.
Rahner destruye el sacrificio de Cristo, el sacerdocio y la Misa
Rahner va más allá y niega el mismo sacrificio expiatorio de Cristo ³ con su satisfacción vicaria, en abierto contraste con la enseñanza del Concilio de Trento: "Nuestro Señor Jesucristo, con su santísima pasión en el madero de la cruz, mereció la justificación y satisfizo al Padre por nosotros" (Denz. 1529).
Es a la luz de esta verdad que el Concilio de Trento declara la esencia del sacerdocio y de la Misa: "Dios y Señor nuestro Jesucristo, aunque estaba para ofrecerse a Dios Padre una sola vez en el altar de la cruz, interviniendo la muerte, a fin de realizar allí una eterna redención, puesto que, sin embargo, su sacerdocio no debía extinguirse con la muerte (Hb 7,24.27), en la última Cena, en la noche en que fue entregado (1 Co 11,23), a fin de dejar a su amada esposa la Iglesia (como lo requiere la naturaleza humana) un sacrificio con el cual fuese representado aquel cruento que habría de realizar una sola vez en la cruz, y su memoria permaneciese hasta el fin del mundo y fuese aplicada su virtud salutífera para la remisión de los pecados que cometemos diariamente, declarándose sacerdote eterno según el orden de Melquisedec (Sal 109,4), ofreció a Dios Padre su cuerpo y su sangre bajo las especies de pan y vino y, bajo los símbolos de esas cosas, los dio a los Apóstoles (que entonces constituía sacerdotes del Nuevo Testamento), para que los recibieran, y a ellos y a sus sucesores en el sacerdocio mandó que los ofrecieran con estas palabras: haced esto en memoria mía" (Lc 22,19; 1 Co 11,24) (Denz. 1740).
Para Rahner, Cristo no murió en obediencia al Padre que quiso una reparación de la ofensa causada por el pecado, no nos perdonó nuestras deudas porque las hubiera pagado Cristo en nuestro lugar, no quiso que Cristo pagara con su sangre el precio de nuestro rescate, no quiso encargados especiales para ofrecerle sacrificios expiatorios y propiciatorios, ni quiso que nos uniéramos a su pasión ofreciendo sacrificios para colaborar con Él en nuestra salvación.
Nada de todo esto para Rahner. Simplemente, según él, Cristo murió como mártir de la justicia, de la verdad y de la libertad, testigo de la misericordia del Padre, que a todos perdona y a todos salva. Cristo no es otra cosa que el supremo modelo del hombre, aquel que mejor que nadie ha realizado la esencia humana, que consiste en ser el ente cuyo horizonte de trascendencia es Dios, mientras que Dios, por su esencia, es autocomunicación de sí mismo al hombre. Rahner no tiene dificultad en sostener la divinidad de Cristo, pero precisamente porque sostiene la divinidad del hombre. Dice Rahner:
"Bajo el perfil histórico, no está irreprochablemente establecido si el Jesús prepasual haya ya interpretado él mismo su muerte… como sacrificio expiatorio" ⁴. "El evento de la cruz no proviene de la justicia de Dios airada y exigente una satisfacción, sino de su amor inmotivadamente perdonador" ⁵. "Con toda prudencia se puede decir que los conceptos paulinos de sacrificio, de rescate, de sangre de reconciliación, etc., no reflejan la comprensión originaria del alcance salvífico universal de la cruz de Jesús" ⁶. "Si decimos que este sacrificio debe entenderse como libre acto de obediencia por parte de Jesús; que Dios da al mundo la posibilidad de satisfacer la justa santidad divina, hemos no solo aclarado, sino también criticado la idea de la víctima expiatoria" ⁷.
Estas afirmaciones son claramente mentirosas y heréticas. Las consecuencias morales son gravísimas y destruyen la naturaleza del sacerdocio y de la Misa. Desde este punto de vista, los lefebvrianos tienen razón en oponerse a Rahner. Su error consiste en creer que el Concilio y la reforma de la Misa están influidos por los errores de Rahner. Y se equivocan al desconocer los aspectos positivos de la teología rahneriana, que han influido en las doctrinas del Concilio.
Es evidente en Rahner la falta o el malentendido del concepto religioso de sacrificio expiatorio, acto fundamental de la virtud de religión, bien conocido y precisado incluso por los antiguos paganos. Tanto es así que los términos mismos de expiatio e hilasmós, que significan precisamente expiación, ya están presentes respectivamente en la antigua Roma y en la antigua Grecia.
Sacrificio, sacrum-facio, no significa otra cosa que realizar una acción sagrada. Acción sagrada quiere decir acción que concierne a la relación del hombre con Dios, sobre todo el culto divino. Se distingue de la acción profana, que concierne en cambio al ámbito de lo humano. Grave delito, por tanto, es profanar lo sagrado o sacralizar lo profano, mundanizar la Iglesia y sacralizar el Estado. Pero esto, por desgracia, es precisamente lo que hace Rahner, para quien lo sagrado no es otra cosa que la profundidad de lo profano y lo profano es la manifestación de lo sagrado.
La lengua hebrea es rica en vocablos en lo que respecta al sacrificio, testimonio de la vivísima sensibilidad por el culto divino. En general, tenemos la minháh, que significa tanto el sacrificio cruento como el incruento. Cruentos son el sacrificio de reparación por una transgresión (ashám), el sacrificio de expiación por el pecado (hattát) y el holocausto (oláh). Incruento es el sacrificio pacífico (selamim).
Cristo eligió un sacrificio cruento porque quiso que nosotros utilizáramos, unidos a su cruz, las mismas consecuencias penales del pecado para liberarnos del pecado y del sufrimiento y obtener la vida eterna.
En la religión cristiana existe ciertamente un sacrificio cruento eficaz para la remisión de los pecados, agradable a Dios, pero es solo el de Cristo. La muerte de los mártires, los votos religiosos o el sacrificio de sí mismo por la salvación de la patria son únicamente participaciones en el único Sacrificio de Cristo. La celebración de la Misa es ciertamente su actualización, pero, como todos saben, incruenta.
Los hombres carnales, egoístas, apegados al placer y los perezosos comprensiblemente sienten disgusto u horror ante la perspectiva del sacrificio, y hacen lo posible por volver odiosa la palabra sacrificio ⁸, sin comprender que no hay verdadero amor sin sacrificio y que este se vuelve dulce cuando se hace o se acepta por amor, antes incluso de ser la solución de una deuda.
Sin embargo, hay que decir que existen también formas autolesionistas de religiosidad, que nada tienen que ver con la verdadera religión. El Concilio vino también a remediar esta mentalidad dolorista y victimista que aún serpenteaba en tiempos de Pío XII. Pero la reacción modernista fue tan extremista que terminó por arrojar el desprecio sobre la misma religión y sobre la práctica del sacerdocio.
Así también el término expiatio, de donde proviene expiación, está conectado con la virtud de la pietas, la virtud de religión, de la cual deriva el adjetivo pio, y no tiene nada que ver con alguna irracional autopunición, sino que, al contrario, ya desde la religión romana, tiene el significado de acción penosa purificadora mediante un acto de culto que expía por las propias culpas, haciendo propicia a la divinidad y obteniendo de ella misericordia.
No es esencial al sacrificio cultual la matanza de la víctima ni el aspecto doloroso. La anciana que enciende una vela delante de la estatua de San Antonio realiza un sacrificio. Lo esencial del sacrificio es ofrecer a Dios algo precioso para darle gracias, honrarlo y pedirle gracias y perdón de los pecados. Ciertamente, el sacrificio se vuelve costoso cuando comporta esfuerzo o la renuncia a algún bien o incluso a la propia vida.
Rahner se resiente del concepto freudiano del sacrificio como autolesionismo. No saber qué es el sacrificio equivale a no saber qué es la religión, y no saber qué es la religión equivale a no saber qué es el culto cristiano. La difusión de las ideas de Rahner es la causa del impresionante descenso en la asistencia a la Misa y en las vocaciones sacerdotales. ¿Queremos seguir defendiendo sus ideas?
Lo sagrado y lo santo
Es necesario distinguir lo sagrado (sacrum) de lo santo (sanctum). Lo primero es aquello que se requiere para el culto divino: templo, altar, liturgia, ritos, sacerdocio, estado religioso, sacramentos, objetos, signos, lugares, utensilios y vestiduras sagradas. Lo santo, en cambio, es la propiedad de lo divino, es decir, la vida sobrenatural, la imitación de Cristo, los dones del Espíritu Santo, la gracia, las virtudes teologales, la vida mística, la perfección de la caridad.
Lo sagrado media entre lo profano y lo santo, así como la teología natural media entre la simple razón y la teología cristiana, y así como la justicia media entre la voluntad y la caridad. La pretensión de saltar directamente de lo profano a lo santo, percibido originaria e inmediatamente, es una ilusión del protestantismo, que querría alcanzar a Dios sin mediación humana.
Lo sagrado es funcional a lo santo, pero puede practicarse de modo falso e hipócrita, de manera que no conduzca a lo santo, sino que se encierre en el pecado. A la inversa, la santidad es sobre todo requerida al sacerdote y al religioso, pero también el profano y el laico pueden ser santos. En cualquier caso, también para el laico el uso de lo sagrado es necesario para acceder a lo santo. Lo sagrado es la mediación de lo santo. El programa de la santidad laical es uno de los grandes mensajes del Concilio ⁹. El mensaje social del Concilio es la nueva «cristiandad profano-cristiana» profetizada por Maritain ya en 1932 en Humanismo Integral, superación de la cristiandad sacral-cristiana de la Edad Media.
Es falso y dañino afirmar, como hacen algunos, que después del Concilio la cristiandad ha terminado. Esta es la falsedad sostenida por quienes no quieren la presencia de los católicos en la política y rechazan el cristianismo como principio de humanismo, de cultura y de civilización.
Lo que ha terminado es la cristiandad medieval, y no tendría sentido querer resucitarla ¹⁰; pero no ha terminado la cristiandad como tal, no puede ni debe terminar, porque es absolutamente necesaria para la vida de la Iglesia, que no vive en el aire, sino en el mundo como luz y salvación del mundo. La cristiandad no es otra cosa que realización histórica particular, según los tiempos, de la vida de la Iglesia. Una Iglesia sin cristiandad es como un alma sin cuerpo.
El defecto de Lutero fue pretender, en nombre de un falso interiorismo, alcanzar inmediatamente lo santo (sola gratia, sola fides, sola Scriptura) sin, e incluso contra, el uso de lo sagrado (abolición de los sacramentos y de la Misa).
P. Giovanni Cavalcoli
Fontanellato, 14-18 de marzo de 2026
Notas
¹ El cuadro encomiástico que Mons. Ignazio Sanna hace de la teología rahneriana no corresponde a lo que ella es realmente. La presenta como si fuese una propuesta teológica moderna en línea con el Concilio. Según Sanna, «la intención de la teología rahneriana es la de devolver Dios al hombre y el hombre a Dios». Él habría «purificado conceptualmente el arquetipo divino y dado un fuerte impulso para la purificación del concepto cristiano de Dios». En realidad, Rahner, con su identificación del pensamiento con el ser, propone un cristianismo panteísta de matriz hegeliana, siguiendo las huellas del panteísmo ya condenado por la Iglesia. Véase de Sanna: La visione antropologica di Karl Rahner en L’eredità teologica di Karl Rahner, Ed. della Pontificia Università Lateranense, Roma 2005, pp. 11-12.
² Como he demostrado en mi relación Il concetto del sacerdozio in Rahner en Il sacerdozio ministeriale: «L’amore del Cuore di Gesù», a cargo de S. Lanzetta y S. Manelli, Casa Mariana Editrice, Frigento (AV), 2010, pp. 183-230.
³ Un tratado importante sobre el sacerdocio de Cristo de C.V. Héris, Il mistero di Cristo, Edizioni Morcelliana, Brescia 1938.
⁴ Corso fondamentale sulla fede, Edizioni Paoline 1978, p. 365.
⁵ Teologia dell’esperienza dello Spirito, Edizioni Paoline 1978, p. 321.
⁶ Ibid., p. 326.
⁷ Corso fondamentale sulla fede, op. cit., pp. 364-365.
⁸ Véase, por ejemplo, el libro de Massimo Recalcati, cuyo título es todo un programa: Contro il sacrificio. Al di là del fantasma sacrificale, Raffaello Cortina Editore, Milano 2017. Llega incluso a expresar envidia por los animales, que no están atormentados por el sacrificio.
⁹ Congar anticipó esta enseñanza del Concilio con su obra Jalons pour une théologie du laïcat, Les Éditions du Cerf, Paris 1961.
¹⁰ No me refiero obviamente a la fe ejemplar de los medievales: ella debe vivir también hoy, y en este sentido es necesario volver a esa fe. Gilson fue un grandísimo narrador de la fe vivida medieval. Basta pensar en el arte sacro medieval: ¿quién hoy se impondría las fatigas que ellos soportaban para construir las iglesias y el gasto de medios que empleaban, mucho más atrasados que los nuestros? ¿Qué no habrían hecho si hubieran podido usar los medios de los que disponemos hoy? Véase, por ejemplo, su libro Lo spirito della filosofia medioevale, Edizioni Morcelliana, Brescia 1964.
_________________________
Anexo
Habiendo individuado la que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
Quaestio: De causa principali divisionum hodiernarum in Ecclesia
Articulus quartus
Utrum interpretatio rahneriana sacrificii Christi
sit accipienda tamquam valida pro theologia catholica
Ad quartum sic proceditur. Videtur quod interpretatio rahneriana sacrificii Christi sit accipienda tamquam valida pro theologia catholica.
1. Quia dicitur quod Christus mortuus est simpliciter ut martyr iustitiae, veritatis et libertatis, testis misericordiae Patris, qui omnes ignoscit et omnes salvat.
2. Praeterea, asseritur quod conceptus Paulini de sacrificio, redemptione et sanguine reconciliationis non repraesentant comprehensionem originariam crucis, et quod idea victimae expiatoriae sit criticanda.
3. Item arguitur quod sacrum non est nisi profunditas profani, et profanum est manifestatio sacri, ita ut nulla sit necessitas mediationis cultualis.
Sed contra est quod Magisterium Ecclesiae docet Dominum nostrum Iesum Christum, per sanctissimam passionem suam in ligno crucis, meruisse iustificationem et Patri pro nobis satisfecisse (Denz.1529), atque in ultima Cena instituisse sacrificium incruentum, ut permaneret usque ad finem mundi et virtus salutaris eius applicaretur ad remissionem peccatorum (Denz.1740).
Respondeo dicendum quod interpretatio rahneriana sacrificii Christi est falsa et destructiva, quia negat satisfactionem vicariam et ipsam essentiam sacerdotii et Missae. Sacrificium cultuale non est autolesionismus nec mera expressio humana, sed actus fundamentalis virtutis religionis, bene notus etiam apud antiquos paganos. Christus elegit sacrificium cruente, ut nos, cruci eius uniti, participaremus poenas peccati et obtineremus vitam aeternam. Sacrum, tamquam mediatio ad sanctum, est omnino necessarium ad vitam Ecclesiae, nec reduci potest ad solam profunditatem profani. Quapropter Ecclesia debet falsas interpretationes excludere et doctrinam thomisticam confirmare, ad problematica et themata modernitatis applicatam.
Ad primum dicendum quod Christus non solum ut martyr mortuus est, sed ut victima expiatoria quae Patri pro peccatis nostris satisfecit.
Ad secundum dicendum quod conceptus Paulini vere exprimunt universalitatem salutarem crucis, et negare victimam expiatoriam est contra Concilium Tridentinum.
Ad tertium dicendum quod sacrum non identificatur cum profano, sed mediat inter profanum et sanctum; et sine hac mediatione Ecclesia esset sicut anima sine corpore.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios que carezcan del debido respeto hacia la Iglesia y las personas, no serán publicados.