domingo, 15 de febrero de 2026

Sobre los llamados "católicos tradicionales" y sobre la "misa tradicional"

Hoy vamos a leer un artículo del padre Giovanni Cavalcoli que cuestiona el uso de expresiones como “católicos tradicionales” y “misa tradicional”. ¿No es acaso tautológico hablar de un católico tradicional, si todo verdadero católico lo es por esencia? ¿No se confunde sustancia y accidente cuando se pretende que solo el vetus ordo sea la “Misa de siempre”? ¿No es un error identificar simpatía por la tradición con rechazo del progreso legítimo impulsado por el Concilio Vaticano II? ¿No se esconde detrás de esta etiqueta un riesgo de deslizarse hacia el lefebvrismo cismático, que congela la vida de la Iglesia en 1962? Este artículo invita a discernir entre un sano tradicionalismo fiel al desarrollo de la Tradición y un falso apego que, bajo apariencia de fidelidad, se convierte en desobediencia y obstinada obsolescencia. [En la imagen: los tradicionales ravioles italianos domingueros de la abuela].

Sobre los llamados "católicos tradicionales" y sobre la "misa tradicional"

(Traducción del artículo del padre Giovanni Cavalcoli, publicado en el blog L’Isola di Patmos, el 27 de marzo de 2015. Artículo original en italiano: https://isoladipatmos.com/sui-cosiddetti-cattolici-tradizionali-e-sulla-messa-tradizionale/)

Se está entrando en el uso de una expresión que, examinada más de cerca, crea dificultades y parece equívoca, por no decir que es errónea y peligrosa: católicos "tradicionales", expresión en apariencia innocua, quizás incluso bella. Ella puede parecer también correcta, oportuna y apropiada, evidentemente dotada, para quien la usa para sí mismo y la difunde, con un sentido positivo, casi para decir: los católicos fieles a la Sagrada Tradición.
Una expresión aparentemente clarificadora pero que en realidad, como intentaré demostrar, crea confusión y puede, más allá de las buenas intenciones, abrir una ventana al lefebvrismo. Por eso, al fin de cuentas, creo que es mejor no usarla o al menos no usarla en el sentido que explicaré.
Al respecto, propongo las siguientes observaciones.
Primera. El ser tradicional, como ya enseñaba san Pío X, es una característica del católico como tal, en cuanto la doctrina de la fe surge de la confluencia de la Sagrada Escritura con la Sagrada Tradición. Entra en la definición de ser católico. Por eso, hablar de católico tradicional no es más que una tautología, es decir lo mismo de lo mismo, es como decir que el caballo es el caballo. O a lo sumo es una enunciación del principio de identidad, también conocido por los niños. ¡Vaya descubrimiento!
El ser tradicional entra en la esencia misma del ser católico, así como el pertenecer a la raza equina pertenece a la esencia del caballo. En tal sentido, un católico que no sea tradicional, no es un católico. Así como un caballo que no sea equino no es un caballo. Por lo tanto, quien se califique como católico tradicional, parece decir: "¡Nosotros sí, que somos los verdaderos católicos! ¡Nosotros solamente lo somos!". El católico no tradicional, por lo tanto, no puede ser un buen católico.
No tiene sentido, por consiguiente -comento yo- añadir el adjetivo "tradicional" al término "católico", porque este atributo ya está implícito en el concepto de católico, del mismo modo que no tendría sentido o sería un añadido inútil hablar de un caballo equino.
Así también: ¿por qué llamar Misa "tradicional" sólo a la Misa vetus ordo? También la Misa novus ordo es la Misa tradicional, es la "Misa de siempre". El Concilio no ha cambiado en absoluto la substancia o esencia de la Misa; sino que sólo le ha hecho algunas modificaciones accidentales y contingentes, y como ha sustituido las modalidades de antes, así mañana las actuales podrán ser sustituidas por otras, sin que por ello se cambie la Misa en su esencia.
¿Es que esta gente miope no puede distinguir la sustancia de los accidentes? La reforma litúrgica simplemente ha introducido un nuevo rito, un nuevo modo contingente de celebrar la misma e idéntica Misa instituida por Nuestro Señor Jesucristo. ¿Acaso Jesucristo ha celebrado la Eucaristía según el... vetus ordo?
Segunda. El hablar de católicos tradicionales parece aludir al hecho de que existen católicos no tradicionales, los que entonces serían catolicismo nuevo o moderno. Pero, de acuerdo a su razonamiento, en tal caso este católico sería un falso católico, porque no es "tradicional".
En realidad, debemos precisar que no nos está prohibido el adjetivo "tradicional" aplicado a la vida del espíritu, haciéndolo por analogía a como nos expresamos en el campo material, como por ejemplo en el del arte o de la comida. Así, por ejemplo, son apreciadas ciertas canciones tradicionales o ciertas comidas tradicionales, sin que ello implique desprecio por las canciones y las comidas modernas. Cada uno es libre de elegir.
Ningún propietario de restaurante que promueva comida tradicional nos invita a no consumir comidas modernas. Sin embargo, estos católicos "tradicionales", por una especie de desprecio indiscriminado frente a la modernidad, parecen tener este desprecio frente a los católicos que quieren ser modernos; y ser modernos -seamos claros- no quiere decir en absoluto ser "modernista", todo lo contrario.
En la Iglesia no tiene nada de malo que algunos sientan más simpatía por la tradición y otros en cambio por la renovación y por el progreso, siempre y cuando todos estén dentro del ámbito de la ortodoxia. Pero entonces no conviene usar para quien ama en especial modo la tradición, el término “tradicional”, que hace aparecer a los progresistas, es decir, los que aman el progreso, como falsos católicos, contrarios a la Tradición y modernistas. Progresar es un deber; ser modernista es una herejía.
Mejor sería mantener el término "tradicionalista" desde hace tiempo ampliamente usado, dándole un sentido positivo y legítimo como arriba. Yo mismo he escrito un libro sobre el Siervo de Dios Tomás Tyn con el subtítulo de "Tradicionalista posconciliar" (Tomas Tyn, un tradizionalista postconciliare, Edizioni Fede&Cultura, Verona 2007), aludiendo al hecho que existe un sano tradicionalismo el cual, contrariamente al tradicionalismo lefebvriano, acepta el desarrollo de la Tradición operado por el Concilio y por los Papas del post-concilio, rechazando netamente ver una contradicción del magisterio conciliar respecto al del pre-concilio.
Tercera. Pero aquello que suscita preocupación es que quienes han difundido esta expresión y se consideran con jactancia católicos tradicionales, expresan ideas que se acercan peligrosamente al lefebvrismo, en cuanto rechazan como anti-tradicionales las doctrinas del Concilio Vaticano II y las de los Papas siguientes, considerando que el verdadero catolicismo, fiel a la Tradición, es sólo ese tipo de catolicismo, en esas formas particulares -por ejemplo, el rito tridentino de la Misa-, que existían antes del Concilio.
Cuarta. El verdadero católico tradicional es el católico del post-concilio. Todo verdadero católico, como he dicho, es ciertamente por esencia tradicional, pero lo es -y esto no parece contradicción- incluso el progresista, como lo fue por ejemplo Jacques Maritain (no el modernista que es un hereje), sino en el sentido del desarrollo operado por el Concilio y por el post-concilio. De hecho, un sano progreso, como aquel impulsado por el Concilio, no es más que un desarrollo y un mejor conocimiento del dato inmutable de la Tradición.
Este es el verdadero respeto por la Tradición. Querer detenerse en 1962 y querer bloquear todo a antes del Concilio, como si él no hubiera sucedido o hubiera desviado a la Iglesia de su camino, no es un verdadero ser tradicional, no es fidelidad coherente y constante en la verdad, sino un congelar un organismo viviente, es impedir el camino de la Iglesia, es obstinada obsolescencia y presuntuosa desobediencia a la Iglesia que avanza en la historia, es un engaño del demonio que conduce a la perdición.

P. Giovanni Cavalcoli
Varazze, 24 de marzo de 2015

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Anexo

Habiendo seleccionado lo que me ha parecido la tesis central de este texto, he aquí mi transcripción de este artículo del padre Giovanni Cavalcoli, pero sintetizado en un muy breve esquema según el método escolástico de Santo Tomás de Aquino, que prefiero ofrecer en lengua latina, de manera que pueda ser aprovechado no sólo por los lectores hispanohablantes, sino también por quienes pertenecen a otras tradiciones lingüísticas, particularmente los estudiantes de filosofía y teología.
   
Articulus unicus

Utrum appellatio “catholicus traditionalis” et locutio “missa traditionalis”
sint legitimae vel potius aequivocae et periculosae

Ad hoc sic procediturVidetur quod appellatio “catholicus traditionalis” et locutio “missa traditionalis” sint legitimae.
1. Quia esse traditionalem significat fidelitatem ad Sacram Traditionem, et ideo distinguit veros catholicos ab iis qui non sunt.
2. Quia vocare “missam traditionalem” vetus ordinem videtur ostendere eius continuationem cum historia Ecclesiae et fidelitatem ad formam antiquam.
3. Quia in vita spirituali commune est loqui de traditionibus, sicut in arte vel in cibo, et ideo non videtur inconveniens applicare hoc nomen etiam ad religionem.
4. Quia qui se vocant catholicos tradicionales intendunt fidem defendere contra modernitatem, et ideo videtur quod eorum positio sit securior contra errores.

Sed contra est quod sanctus Pius X docuit: esse traditionalem intrat in ipsam definitionem catholici, quia doctrina fidei oritur ex coniunctione Sacrae Scripturae cum Sacra Traditione. Ergo loqui de catholico traditionalis est tautologia.

Respondeo dicendum quod appellatio “catholicus traditionalis” et locutio “missa traditionalis” sunt aequivocae et periculosae, quia suggerunt exsistere catholicos non tradicionales et missas non tradicionales, quod est falsum. Esse traditionalem pertinet ad essentiam ipsam catholici, sicut pertinere ad genus equinum pertinet ad essentiam equi. Catholicus qui non est traditionalis non est catholicus. Ideo addere adiectivum “traditionalis” termino “catholicus” est superfluum et confusum.
Similiter, non habet sensum vocare “missam traditionalem” solum vetus ordinem, quia etiam novus ordo est missa traditionalis, missa semper eadem. Concilium non mutavit substantiam missae, sed tantum accidentia. Reformata liturgica introduxit novum ritum, sed est ide sacrificium eucharisticum a Christo institutum.
Verum est quod possumus loqui de traditionibus analogice, sicut in arte vel in cibo, sed in Ecclesia usus vocabuli “catholicus traditionalis” divulgatus est cum iactantia ab iis qui periculose appropinquant ad lefebvrianos, recusantes doctrinas Concilii Vaticani II et Pontificum sequentium. Verus catholicus traditionalis est catholicus post-concilii, qui accipit progressionem Traditionis a Concilio et Pontificibus factam, agnoscens quod sanus progressus non est proditio, sed melior cognitio immutabilis dati Traditionis.
Volere subsistere anno 1962 et omnia ante Concilium claudere non est fidelitas Traditioni, sed obstinata obsolescentia et inoboedientia Ecclesiae quae procedit in historia. Est deceptio diaboli quae ducit ad perditionem.  

Ad primum dicendum quod esse traditionalem non distinguit aliquos catholicos ab aliis, quia omnis catholicus verus est traditionalis per essentiam.
Ad secundum dicendum quod tam vetus ordo quam novus ordo sunt missa traditionalis, quia substantia est eadem.
Ad tertium dicendum quod usus analogicus vocabuli traditio in aliis campis non iustificat eius applicationem aequivocam in Ecclesia.
Ad quartum dicendum quod qui se vocant catholicos tradicionales cum contemptu modernitatis accedunt ad lefebvrianos, dum verus respectus Traditionis consistit in legitima eius progressione in Concilio Vaticano II et in magisterio pontificio post-concilii.
   
JG

3 comentarios:

  1. Me ha parecido conveniente transcribir del blog L'Isola di Patmos, el comentario de un lector, que, en su momento, recibió una extensa y generosa respuesta del padre Giovanni Cavalcoli, que nos será útil como explicitación y desarrollo de los conceptos que el docto dominico expresa en su artículo.
    El mensaje del lector, Alberto T., que escribió el 26 de marzo de 2015, fue el siguiente:

    Muy estimado Padre. Vos lográis explicar cosas difíciles con palabras comprensibles, tocar y dejar huella. Nunca me he sentido una eminencia; sí, estoy licenciado en disciplinas humanísticas, aunque trabajo en un banco desde hace veinte años; sin embargo me gusta leer… escuchar… pero en cierto momento comencé a preguntarme si era yo quien no entendía las predicaciones abstrusas o si era el sacerdote quien no sabía predicar; si era yo quien no entendía las catequesis para adultos o si era aquel joven teólogo “ye-ye” llamado por el párroco para hablar de todo y luego del contrario de todo, que no sabía catequizar. Dije una vez al párroco: “Invita al padre Cavalcoli y al padre Levi de Gualdo a darnos una conferencia” (porque en el círculo de adultos de Acción Católica de mi parroquia os leen varios). Él me respondió: “… pero sabes, son dos un poco demasiado conservadores”. “¡Caramba!”, respondí: “¡han repartido golpes a los tradicionalistas como arroz a la salida de los esposos de la iglesia, y todavía los llaman demasiado conservadores!”. Y días después leí un artículo suyo donde explicaba que todo católico es, en cuanto católico, un tradicionalista, si por tradicionalismo se entiende la defensa del patrimonio de fe de la tradición católica. ¡Gracias! Buen trabajo y feliz Pascua.

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    1. El padre Cavalcoli le respondió:

      El padre Cavalcoli respondió: El señor Alberto T., comentando mi artículo sobre el católico tradicional, me atribuye la siguiente tesis: “todo católico es, en cuanto católico, un tradicionalista, si por tradicionalismo se entiende defensa del patrimonio de fe de la tradición católica”. Ahora bien, yo no he dicho esto, sino que he afirmado que el católico en cuanto tal es tradicional. Lo cual es otra cosa. En efecto, el ser tradicional entra en la esencia misma del ser católico, de modo que el católico que no es tradicional no es verdadero católico. En cambio, un católico puede ser perfectamente católico, aunque no sea tradicionalista. En efecto, el ser tradicionalista es una opción facultativa, cuya alternativa es ser progresista.
      Debe notarse además que el sano progresismo nada tiene que ver con el modernismo, con el cual a veces se confunde, dado que mientras este es una herejía, el progresismo no es otra cosa en la Iglesia que la tendencia de quienes concentran de modo especial su interés en aquello que hace avanzar a la Iglesia hacia el Reino de Dios en un sano y crítico aprovechamiento de la modernidad.
      ¿En qué sentido y por qué el ser tradicional entra en la esencia del ser católico? En cuanto que el ser católico tiene su origen y fundamento en la Sagrada Tradición junto con la Escritura, bajo la interpretación del Magisterio de la Iglesia. La defensa del patrimonio de fe de la tradición católica no es el tradicionalismo, sino el ser tradicional, porque tal defensa es deber del católico como tal, sin la cual el católico no es católico. El tradicionalismo, en cambio, consiste en un interés particular por la tradición, no necesario al ser católico como tal, sino dejado a la libre elección de cada uno. Por ejemplo, el teólogo dominico Siervo de Dios Tomás Tyn se gloriaba de su declarado tradicionalismo. En cambio, otro gran maestro, Jacques Maritain, elogiado y recomendado por el Beato Pablo VI y por san Juan Pablo II, era de tendencia progresista, sin que ello afectara en lo más mínimo su ser católico, es decir, tradicional.
      De hecho, hay quienes entienden el término “tradicionalista” en sentido negativo, como falso defensor de la Tradición, y en tal sentido lo ha usado el Papa Francisco en su discurso al término del Sínodo de los Obispos sobre la Familia.

      (sigue)

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    2. Por esto, el término debe usarse con cautela, explicando el sentido en el cual lo empleamos, para no ser malinterpretados. O bien es necesario atender al contexto. El Papa, por ejemplo, no explicó en qué sentido lo usaba, pero se entendió perfectamente atendiendo al contexto del discurso.
      Tradicionalismo y progresismo son dos modalidades del ser católico normales y necesarias para la vida de la Iglesia, la cual, como todo organismo viviente, sobre todo espiritual, necesita de un factor de conservación, por tanto tradicional, y de un factor de avance y de progreso. Lo importante es que unos y otros permanezcan dentro del cauce de la ortodoxia y de la obediencia al Magisterio de la Iglesia.
      Mientras las ideas de estas dos corrientes son a menudo opinables, inciertas, parciales y mudables, y pueden ser erróneas, el ser tradicional, en cuanto concierne a la Tradición, toca los fundamentos esenciales, dogmáticos, universales e inmutables del ser y vivir católico; por lo cual deben ser para todos, bajo la guía de Pedro, patrimonio común indiscutible de la fe.
      La distinción entre lo tradicional y el tradicionalismo se funda respectivamente en la distinción en el catolicismo entre los valores universales de razón y de fe, por una parte, y por otra, las opciones particulares y facultativas, o las diversas corrientes y tendencias, como pueden ser el tradicionalismo y el progresismo.
      Es necesario tener cuidado de no relativizar lo tradicional, que es esencial al catolicismo, y de no absolutizar lo particular, donde encontramos el tradicionalismo.
      Es necesario evitar los dos excesos contrarios: el falso tradicional, que es el lefebvrismo, y el falso progresismo, que es el modernismo.
      Es necesario realizar aquella imparcialidad que se adhiere a lo universal, sin por ello renunciar a hacer las propias libres elecciones, evitando la parcialidad de reducir lo tradicional a tradicionalismo y el progreso a modernismo.

      P. Giovanni Cavalcoli

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